« Supón que me presento / cualquier día en tu casa. »
María Rosal · A mano armada
Biografía y amplia selección de poemas de María Rosal. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de María Rosal. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
Supón que me presento cualquier día en tu casa. Que digo: "Hasta aquí hemos llegado" que cierro las ventanas, apago las cortinas, los libros, los periódicos. Supón que me presento cuando menos lo esperas. Ya puedo disfrutar tu mirada de asombro, el lecho abandonado, los sentidos alerta. Supón que te desnudo con besos y sonrisas, conjuro tus fantasmas, asalto tu desvelo, amanezco en tu sombra, y me marcho, y me juras -dentro de un orden, claro- fidelidad eterna.
No he de callar, por más que con el dedo o con la mano prieta me amordaces. Orgullosa estaré, aunque disfraces los vaivenes certeros donde cedo. No he de callar, y en tan airoso ruedo, cuando cerques mi orgullo y atenaces mi fuste en altivez, cuando amenaces no rendiré ni almena ni mi credo. Y pues que en soledad luces mi arcilla y te mantiene el deje de mi lumbre, sigue frotando siempre, no hay mancilla. No ha de mudar el tiempo tu costumbre de alumbrarme en el gozo, ¡oh maravilla, herida o sima y sin embargo cumbre!
Mala bestia el amor
Mariano Roldán
Pongamos por ejemplo
que hoy es jueves.
Que un sol de plomo
cae tras los cristales
y recuerdo
tu mano en día de lluvia.
Digamos que estoy sola
y te deseo.
Que no hallo el escenario
donde acoplar tu imagen
con mi aliento.
Bebamos y brindemos
por la triste ironía
de estar vivos
y no poder amarnos.
(Inédito)
Aunque me envíen a galeras no he de aborrecerte,
amado mío.
Envolveré tu barco, reventaré la proa contra rocas hostiles.
Comeremos con la sucia ralea de marinos sin patria, bebiendo
a morro barriles de ginebra.
No habrá losa de muerto que aplaque mis
antojos. Ni antorcha
humana capaz de arder tu fuego.
Aunque pagues personal entrenado para
guardar tu casa.
Así compres un perro y amaestres lagartos, sabré burlar la
guardia de absurdos mercenarios, agostar tus alarmas.
Desconectar ingenios de la era digital.
Convéncete.
Hay cosas que no cambian.
Por mucho que haya avanzado el mundo, en
estas lides, no
he de capitular sin condiciones.
Prepárate a la lucha cuerpo
a cuerpo.
De "Otra vez Bartleby"
Rendida por tu luz, por tu grandeza, brazo crepuscular, espacio enhiesto, cuerpo de la memoria manifiesto en las lides de amor: arte y nobleza, cóncava identidad a tu belleza se te ofrece y reclama, bien dispuesto. Debes hendir gallardo, tierno, apuesto para velar tus armas con destreza. Armado caballero en la colina del monte donde fue reina y señora digna Venus triunfal, dale contento con sabio gesto a la oquedad divina. No dudes sumergirte sin demora en tan filosofal conocimiento.
Desmedida en tu huella,
eres hija inocente
del desierto y las
olas.
Azul incandescencia.
Remota en tus senderos,
en la cumbre
perfecta
del racimo y los labios,
cíngulo de tu aliento,
dormido en las adelfas.
¿Eres
diosa o camino?
Mujer acaso. Y basta.
Era bello y prohibido, lo que hacía aún más deseable su estatura, el arco de su pecho, su grandeza, su forma de mirar, como una herida. Era altivo, inasible. Nos tenía bajo el yugo febril, en la penumbra del amor incumplido largamente. Sabiéndonos perdidas, decidimos que no importaba el precio: la victoria habría de ser su piel o nuestra vida. Bajo un cielo de neón de luna muerta velamos nuestras armas. Apostadas en el rincón canalla, en la espesura del último garito, dispusimos el cerco tras el horno, imaginando que bien valía el botín tanta batalla. Era hermosa la noche. Consintieron los dioses que el combate se inclinara a mi estrella. Cuerpo a cuerpo, feroces, desnudos y silentes demoramos la huida. Mas cuando despeñamos erguidos los deseos y coloqué mi beso sobre su frente esquiva, como en todos los cuentos se deshizo el hechizo y mi príncipe-rana se perdió con la noche.
Cruzas las avenidas leales de mi cuerpo, desarmando la noche con jazmines desnudos, soldados ojivales que alertan las columnas. Es estertor el viento, gótica letanía, pájaro deshojado, mártir de tu capricho.
Descifrar los augurios de la espiral perdida. Sumergirme en la entraña del azar y sus lizas. Interpretar prodigios, inciertas letanías. Alimentar la llama secreta de la vida... Ese es mi oficio. Al fin, sibila día a día.
Mi amor no tiene rostro. Sólo tiene palabras luminosas. Mi amor es puntual y cada noche recojo en mi buzón su mensaje cifrado. Enciendo el aparato, parpadea... Escribe con mayúsculas los besos y acaricia su cuerpo en letras de colores. No hay temor al contagio. Tan sólo su locura me estremece y yo se la devuelvo en megabytes desordenados, -ebria de amor, ya libre-, acariciando mi sistema binario desbocado, mis ventanas al viento con el alba, el CD Rom tan terso, la memoria... Tantas noches de amor son un regalo.
Érase un cráter dulce, almibarado, era un hueco ancestral, grieta festiva, érase cicatriz con lomo y giba, érase una quimera de cuidado. Era un cuenco de anís certificado, érase una hendidura en ofensiva, érase sombra astral, vuelta en ojiva. Era un pozo sin fin, nunca saciado. Érase del placer audaz distrito, era volcán umbrío, cordillera, era de los deleites el garito. Era, según se mire, una chistera guarida de ilusión. Fuera delito que no llevara el mundo por montera.
Del salón en el ángulo oscuro... con cuánta precisión, con qué destreza -¡voto a Dios que me espanta esta grandeza!- hiende Venus triunfal de amor el muro. La huella digital talla el conjuro. Andante... molto allegro -qué proeza- contra el fragor erguido de cereza. Cascada y vendaval, dulce cianuro. Hospes comesque corporis: ¡oh dedo! ¡Ariete dispuesto al buen suceso y a no cejar en mengua ni agonía! Sirve otra ronda. Que te importe un bledo vivir o fenecer en el exceso. Labra orgulloso tu caligrafía. Y porque nada, ¡oh dedo! te derrote, otra oportunidad -algarabía- te brinda a discreción el estrambote.
Lengua indagadora en las profundidades de las jaulas... Lengua indagadora en las profundidades de las jaulas. Boca niña inocente detrás de los deseos. Boca mártir de labios erectos como espadas. Boca beso de muerte henchida de cicuta. Boca núbil de sueño que besa cuanto ignora. Boca de doble filo de aves taciturnas. Doble hilera de dientes, de dientes y arrecifes. Lengua del vendaval taladrando lo restos de un amor compulsado. Lengua de terciopelo sobre un manto de nácar. Lengua fileteada lista para el banquete, para la salazón de la carne. Lengua de esquirlas frescas. Lengua de corazón expuesta en la vitrina. Lengua de ofidio con un ojo en el vientre. Lengua para limpiar el sudor, para acallar los centinelas del frío, sus máscaras de níquel. Lengua para el dolor, para gozar despacio. Lengua del alacrán sembrando su simiente. Lengua ramo de flores sobre el vértice erecto de una fosa común entre las piernas.
No me basta tu piel para tenerte, bálsamo, oscuridad, labio de arena, turbia sublevación que me encadena al abrazo sin alas de la muerte. No basta mi dolor, paloma inerte, para calmar la sed que me gangrena. Pídeme siempre más, es tu condena, conjuro desleal para perderte. Porque ya no me basta con tu vida. Porque tu sangre amaso en mi locura, yerto mi corazón, potro sin brida. Entrégate, desgrana tu cintura en mis labios de sal. Lame la herida que nos labrara Amor con desmesura.
« Supón que me presento / cualquier día en tu casa. »
« No he de callar, por más que con el dedo / o con la mano prieta me »
« Mala bestia el amor / Mariano Roldán »
« (Inédito) / Aunque me envíen a galeras no he de aborrecerte, »
Ediciones recomendadas para disfrutar de su obra poética completa y estudio crítico: