« un ángel apareces / y me rodeas sin decirme nada. »
María Elena Walsh · Ahora
Biografía y amplia selección de poemas de María Elena Walsh. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de María Elena Walsh. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
Ahora como un ángel apareces y me rodeas sin decirme nada. Ángel que yo cuidara tantas veces sin saberlo, callada. En todo lo que miro permaneces como el aire feliz de la mirada. Me parezco a tu ausencia y te pareces a mí resucitada. Porque viniste cuando me moría a devolverme a vivas caridades; porque mi noche muda se hizo día por gracia de tu voz iluminada, en esta eternidad con que me invades yo que no era, soy tu enamorada.
En otra madrugada, por vientos de ceniza, obedecí al latido de la alondra. El cielo no era cielo todavía. La zona del hornero, el tiempo de la encina se inquietaban en lento aprendizaje y el cielo no era cielo todavía. Hubo un encantamiento de flor y hierba fina, un cauteloso antaño de rocío, y el cielo no era cielo todavía. Septiembre constelado de dos campanas frías rodaba por lugares de silencio y el cielo no era cielo todavía. En clima de obediencia mi pulso recorría todo un advenimiento de corolas y el cielo no era cielo todavía. No regresó conmigo la alondra persuasiva porque me desterró de su latido cuando el cielo fue luz de mediodía.
"Yo dormía pero mi corazón velaba..."
Cantares
Como a sus vanas hojas
el tiempo me perdía.
Clavada a la madera de otro sueño
volaban sobre mí noches y días.
Poblándome
de una
nostalgia distraída,
la tierra, el mar, me entraban en los
ojos
y por ociosas lágrimas salían.
Cuántos
papeles ciegos
en la tarde vacía.
Qué multitud de imágenes miradas
como a través de una mortal llovizna.
Entorpecidas sombras
en vez de manos mías,
de tanto enajenarse en
los espejos,
todo lo que tocaba se moría.
Memorias y
esperanzas
callaban su agonía:
un porfiado presente demoraba
siempre las mismas ramas amarillas.
Qué tiempo
sin sentido
el que mi amor perdía.
Qué lamentable primavera inútil
haciendo en vano flores que se olvidan.
Pero mi
corazón
velaba y no sabía.
Recuperada su pasión secreta
ahora
enamorado resucita.
Y el
tiempo que hoy me guarda
entre sus hojas vivas
es un tiempo feliz
desde hace tantos
sueños que nacerán en la vigilia.
Era el otoño y era la llovizna, la inicial certidumbre del poniente. Mis pasos desandaban su tristeza mientras sobre la tierra conmovida era el otoño y era la llovizna. En el transcurso de las avenidas todos los pájaros habían muerto, y las hojas llovían cautamente sobre la hierba, cerca de mi sangre, en el transcurso de las avenidas. ¿Qué llanto conocí, qué desconsuelo bajo los árboles deshabitados? Cuando en la fuente se reconocía un cielo de palomas lejanísimas qué llanto conocí, qué desconsuelo. Oh muros de mi sed, aquellos muros que no sé si existieron a mi lado; bebí en ellos soledad de siglos, luz funeraria, fríos alusivos. Oh muros de mi sed, aquellos muros. Triste ejercicio el de invadir la niebla por ámbitos inciertos, declinando. Atravesé desconocidos puentes en el amanecer de los faroles. Triste ejercicio el de invadir la niebla. Todos los pájaros habían muerto en el transcurso de las avenidas. Qué llanto conocí, qué desconsuelo: era el otoño y era la llovizna, todos los pájaros habían muerto.
Alma sin el amor, ave dejada en los terrenos de la maravilla: cuando no haya más hojas y se acaben los días yo seguiré buscando tu luz recién nacida -alma sobre rebaños levantada- para hacer las mañanas de mi vida. El enlutado mundo que habitaba ahora es el cielo que la frente pisa. (Si se apagaran todas las uvas de la viña o se muriera el pan en las espigas, este incendio frutal de mi esperanza en otra tierra se levantaría.) Tu mano era mi mano desde siempre, tu voz mi voz, y yo no lo sabía. Anduve con tu sombra al lado de la mía por mortales caminos y celestes orillas. Eras un sueño en busca de mi frente para nacer, y yo no lo sabía. Ya mis ojos usaron la belleza y fueron en sedienta cacería -con su lastimadura de límites y aristas- al pámpano desnudo y a la rosa vestida, buscándote desde los miradores con el Amor-Que-Todo-Lo-Imagina. Cuando tú fuiste la increíble imagen yo era la sed y el vaso y la bebida. Las puertas y los frascos, cubiertos de ceniza, guardaban el perfume de la melancolía, mientras los palomares te esperaban con el Amor-Que-Nada-Te-Imagina. Aunque la providencia me negara el alimento para la alegría, aunque me entristecieras la intemperie divina con pájaros callados y sombras pensativas, aunque olvidaras, aunque no existieras, mi corazón igual te cantaría.
Te acordás hermana qué tiempos aquellos, la vida nos daba la misma lección. En la primavera del cuarenta y cinco tenias quince años lo mismo que yo. Te acordás hermana de aquellos cadetes, del primer bolero y el té en El Galeón cuando los domingos la lluvia traía la voz de Bing Crosby y un verso de amor. Te acordás de la Plaza de Mayo cuando «el que te dije» salía al balcón. Tanto cambió todo que el sol de la infancia de golpe y porrazo se nos alunó. Te acordás hermana qué tiempos de seca cuando un pobre peso daba un estirón y al pagarnos toda una edad de rabonas valía más vida que un millón de hoy. Te acordás hermana que desde muy lejos un olor a espanto nos enloqueció: era de Hiroshima donde tantas chicas tenían quince años como vos y yo. Te acordás que más tarde la vida vino en tacos altos y nos separó. Ya no compartimos el mismo tranvía, sólo nos reúne la buena de Dios.
Sólo quiero tu casa de ternura, vivir en su calor. Eres el mar y la orilla segura porque el único viaje es el amor. Reconocer tu alma, qué aventura de mágico sabor. Allí tendré profundidad y altura porque el único viaje es el amor. Besos desconocidos como puertos esperan bajo un cielo de mirada. -Lo demás es dolor. Hoy vuelvo de países que están muertos, después de un mar que no me dijo nada, porque el único viaje es el amor.
Cuando yo no te amaba todavía -oh verdad del amor, quien lo creyera- para mi sed no había ninguna preferencia verdadera. Ya no recuerdo el tiempo de la espera con esa niebla en la memoria mía: ¿El mundo cómo era cuando yo no te amaba todavía? Total belleza que el amor inventa ahora que es tan pura su navidad, para que yo la sienta. Y sé que no era cierta la dulzura, que nunca amanecía cuando yo no te amaba todavía.
« un ángel apareces / y me rodeas sin decirme nada. »
« En otra madrugada, / por vientos de ceniza, »
« Cantares / Como a sus vanas hojas »
« Era el otoño y era la llovizna, / la inicial certidumbre del poniente. »
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