Poesía Universal

María Elena Walsh

Biografía y amplia selección de poemas de María Elena Walsh. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de María Elena Walsh. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de María Elena Walsh

8 poemas seleccionados
1.

Ahora

Ahora como 
		un ángel apareces
y me rodeas sin decirme nada.
Ángel que yo 
		cuidara tantas veces
sin saberlo, callada.


	
	
		En todo lo 
		que miro permaneces
como el aire feliz de la mirada.
Me parezco a 
		tu ausencia y te pareces
a mí resucitada.


	
	
		Porque 
		viniste cuando me moría
a devolverme a vivas caridades;
porque mi 
		noche muda se hizo día


	
	
		por gracia 
		de tu voz iluminada,
en esta eternidad con que me invades
yo que 
		no era, soy tu enamorada.
2.

Balada de la alondra persuasiva

En otra madrugada,
por vientos de ceniza,
obedecí al latido de 
		la alondra.
El cielo no era cielo todavía.

		
La zona del hornero,
el tiempo de la encina
se inquietaban en 
		lento aprendizaje
y el cielo no era cielo todavía.

		
Hubo un encantamiento
de flor y hierba fina,
un cauteloso 
		antaño de rocío,
y el cielo no era cielo todavía.

		
Septiembre constelado
de dos campanas frías
rodaba por lugares 
		de silencio
y el cielo no era cielo todavía.


		En clima de obediencia

		mi pulso recorría
todo un advenimiento de corolas
y el cielo no 
		era cielo todavía.


		No regresó conmigo

		la alondra persuasiva
porque me desterró de su latido
cuando el 
		cielo fue luz de mediodía.
3.

Balada del tiempo perdido

"Yo dormía pero mi corazón velaba..."
                                                                                              
		Cantares

Como a sus vanas hojas 
el tiempo me perdía.

		Clavada a la madera de otro sueño
volaban sobre mí noches y días.


	
	
		Poblándome 
		de una
nostalgia distraída,
la tierra, el mar, me entraban en los 
		ojos
y por ociosas lágrimas salían.


	
	
		Cuántos 
		papeles ciegos
en la tarde vacía.
Qué multitud de imágenes miradas

		como a través de una mortal llovizna.


	
	
		
		Entorpecidas sombras
en vez de manos mías,
de tanto enajenarse en 
		los espejos,
todo lo que tocaba se moría.


	
	
		Memorias y 
		esperanzas
callaban su agonía:
un porfiado presente demoraba

		siempre las mismas ramas amarillas.


	
	
		Qué tiempo 
		sin sentido 
		
el que mi amor perdía.
Qué lamentable primavera inútil

		haciendo en vano flores que se olvidan.


	
	
		Pero mi 
		corazón
velaba y no sabía.
Recuperada su pasión secreta
ahora 
		enamorado resucita.


	
	
		Y el 
		tiempo que hoy me guarda
entre sus hojas vivas
es un tiempo feliz 
		desde hace tantos
sueños que nacerán en la vigilia.
4.

Balada triste

Era el otoño y era la llovizna,
la inicial certidumbre del poniente.

		Mis pasos desandaban su tristeza
mientras sobre la tierra conmovida

		era el otoño y era la llovizna.

		
En el transcurso de las avenidas
todos los pájaros habían muerto,

		y las hojas llovían cautamente
sobre la hierba, cerca de mi sangre,

		en el transcurso de las avenidas.

		
¿Qué llanto conocí, qué desconsuelo
bajo los árboles 
		deshabitados?
Cuando en la fuente se reconocía
un cielo de palomas 
		lejanísimas
qué llanto conocí, qué desconsuelo.

		
Oh muros de mi sed, aquellos muros
que no sé si existieron a mi 
		lado;
bebí en ellos soledad de siglos,
luz funeraria, fríos 
		alusivos.
Oh muros de mi sed, aquellos muros.


		Triste ejercicio el de 
		invadir la niebla
por ámbitos inciertos, declinando.
Atravesé 
		desconocidos puentes
en el amanecer de los faroles.
Triste 
		ejercicio el de invadir la niebla.


		Todos los pájaros 
		habían muerto
en el transcurso de las avenidas.
Qué llanto conocí, 
		qué desconsuelo:
era el otoño y era la llovizna,
todos los pájaros 
		habían muerto.
5.

Canción

Alma sin 
		el amor, ave dejada
en los terrenos de la maravilla:
cuando no 
		haya más hojas
y se acaben los días
yo seguiré buscando
tu luz 
		recién nacida
-alma sobre rebaños levantada-
para hacer las 
		mañanas de mi vida.


		El 
		enlutado mundo que habitaba
ahora es el cielo que la frente pisa.

		(Si se apagaran todas
las uvas de la viña
o se muriera el pan

		en las espigas,
este incendio frutal de mi esperanza
en otra 
		tierra se levantaría.)


		Tu mano 
		era mi mano desde siempre,
tu voz mi voz, y yo no lo sabía.
Anduve 
		con tu sombra
al lado de la mía
por mortales caminos
y celestes 
		orillas.
Eras un sueño en busca de mi frente
para nacer, y yo no 
		lo sabía.


		Ya mis 
		ojos usaron la belleza
y fueron en sedienta cacería
-con su 
		lastimadura
de límites y aristas-
al pámpano desnudo
y a la 
		rosa vestida,
buscándote desde los miradores
con el 
		Amor-Que-Todo-Lo-Imagina.


		Cuando tú 
		fuiste la increíble imagen
yo era la sed y el vaso y la bebida.

		Las puertas y los frascos,
cubiertos de ceniza,
guardaban el 
		perfume
de la melancolía,
mientras los palomares te esperaban

		con el Amor-Que-Nada-Te-Imagina.


		Aunque la 
		providencia me negara
el alimento para la alegría,
aunque me 
		entristecieras
la intemperie divina
con pájaros callados
y 
		sombras pensativas,
aunque olvidaras, aunque no existieras,
mi 
		corazón igual te cantaría.
6.

El 45

Te acordás hermana qué 
		tiempos aquellos, 
la vida nos daba la misma lección. 
En la 
		primavera del cuarenta y cinco
tenias quince años lo mismo que yo. 
		


		Te acordás hermana de 
		aquellos cadetes,
		
del primer bolero y el té en El Galeón 
cuando los domingos la 
		lluvia traía 
		
la voz de Bing Crosby y un verso de amor. 


		Te acordás de la Plaza 
		de Mayo
		
cuando «el que te dije» salía al balcón. 
Tanto cambió todo que 
		el sol de la infancia 
		
de golpe y porrazo se nos alunó. 


		Te acordás hermana qué 
		tiempos de seca 
		
cuando un pobre peso daba un estirón 
y al pagarnos toda una edad 
		de rabonas 
		
valía más vida que un millón de hoy. 


		Te acordás hermana que 
		desde muy lejos
		
un olor a espanto nos enloqueció: 
era de Hiroshima donde tantas 
		chicas 
		
tenían quince años como vos y yo. 


		Te acordás que más 
		tarde la vida
		
vino en tacos altos y nos separó. 
Ya no compartimos el mismo 
		tranvía, 
		
sólo nos reúne la buena de Dios.
7.

El viaje

Sólo 
		quiero tu casa de ternura,
vivir en su calor.
Eres el mar y la 
		orilla segura
porque el único viaje es el amor.


	
	
		Reconocer 
		tu alma, qué aventura
de mágico sabor.
Allí tendré profundidad y 
		altura
porque el único viaje es el amor.


	
	
		Besos 
		desconocidos como puertos
esperan bajo un cielo de mirada.
-Lo 
		demás es dolor.


	
	
		Hoy vuelvo 
		de países que están muertos,
después de un mar que no me dijo nada,

		porque el único viaje es el amor.
8.

Entonces

Cuando yo 
		no te amaba todavía
-oh verdad del amor, quien lo creyera-
para mi 
		sed no había
ninguna preferencia verdadera.


	
	
		Ya no 
		recuerdo el tiempo de la espera
con esa niebla en la memoria mía:

		¿El mundo cómo era
cuando yo no te amaba todavía?


	
	
		Total 
		belleza que el amor inventa
ahora que es tan pura
su navidad, para 
		que yo la sienta.


	
	
		Y sé que 
		no era cierta la dulzura,
que nunca amanecía
cuando yo no te amaba 
		todavía.

Versos y pensamientos de María Elena Walsh

4 citas
« un ángel apareces / y me rodeas sin decirme nada. »
María Elena Walsh · Ahora
« En otra madrugada, / por vientos de ceniza, »
María Elena Walsh · Balada de la alondra persuasiva
« Cantares / Como a sus vanas hojas »
María Elena Walsh · Balada del tiempo perdido
« Era el otoño y era la llovizna, / la inicial certidumbre del poniente. »
María Elena Walsh · Balada triste
Biblioteca poética

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