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María Beneyto · De "Casi un poco de
nada" 2000
Biografía y amplia selección de poemas de María Beneyto. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de María Beneyto. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
Amigo íntimo Y, con todo, ya veis, no tengo miedo. Lo tuve, sí, lo tuve cuando era la luna un círculo de luz helada, el agua una llamada irresistible, los árboles un grito monstruoso de la tierra, y mis manos un extraño temblor. Hoy no. Estoy libre, estoy atenta a mis propias pisadas, que no evitan tropezar con los huesos esparcidos de la desolación que me rodea. Estoy casi contenta de irme lejos, acarreo abundancias abusivas, enseres inservibles, semilleros que tienen que brotar por el camino... El miedo era un hermano muy pequeño que había que cuidar de que pudiera caerse y añadirse hasta volverse un pánico feroz, era una leve suavísima ternura, tan querida, que había que cubrir hasta asfixiarla para que no creciese más. (Su muerte se duerme aquí en la mía de algún modo). No tengo miedo, y por lograr ahora la paz, me voy sin él. (Dadle una tierra benigna a su cadáver, casi el mío). Ya veis, por no tener, ya ni siquiera tengo a mi amor de siempre, al pobre miedo que tan fiel compañía dio a mi vida. De "Casi un poco de nada" 2000
llegada Estoy aquí. Pasa. Un momento y termino. Algo difícil sobre consonantes absurdas... ¿Hace frío? ¿Hace amor, lluvia, viento? ¿Qué me traes? ¿Hemos tenido hijos esta noche? Siéntate. ¿Puedes? Quito libros, papeles. Como siempre la invasión de las letras que ya trepan, ¿las ves?, por paredes y techos. Tienes las manos pálidas y en tu cara amanece el cansancio. Deja que también pasen los árboles, contigo, el bosque, el mar, las grandes cataratas. Esa ardilla que tengo aquí, en el hombro, me cuchichea brisas y los pájaros llenan de insurrección la casa. ¿Quieres café, un zumo, coca-cola? La silla tiene flojos los huesos, has de perdonarla, ya es vieja... (¿Un ave lira? ¿La flor del Paraíso a punto ya de ser manzana? ¡Qué detalle!) Quiero que estés contento de mí. Escribo mucho. Tanto como querías tú. ¿Qué ocurre? La niebla se interpone, no te veo. Los pájaros te ocultan y esas ramas me vuelven parte del bosque. Habla. Que te oigan mis hojas. Que mis ojos vegetales te sepan cerca. Tengo nidos en los brazos y el pelo. Llega una taza de café volando del comedor, y a la terraza le nace un sauce, ese árbol triste, ese árbol que llora. De "El mar desde la playa" 1999
Criatura múltiple
"Pero Dios, deshabítame el alma de este enjambre
de estas abejas negras que yo dulce alimento..."
Ni siquiera yo sé por qué me vive
la vida, este aluvión de torpes luces
en criaturas reunidas, aguas
que vienen a mezclarse al caudal mío...
Soy yo tantas mujeres en mí misma!
¡Están viviendo en mí tantas promesas,
tantas desolaciones y amarguras,
tanta verdad que no me pertenece!
Tengo la vida demasiado ciega
con recuerdos -¿de dónde?- que me agobian,
con nostalgias profundas -¿de qué cimas?-
¡Y mi voz, viene a veces tan lejos!
¿Qué estéril hembra
honda me recorre
esta heredad vital que soy, gritando?
¿Qué mujer oscurísima y humilde
dispone en mí este sol para el consuelo?
¿Qué caminante altísima se cansa
de poblarse en la luz hacia la sombra
y se acoge al origen, a mi orilla,
junto a los dulces animales vivos?
¿Vengo de raza de mujeres tristes,
con todas las tristezas silenciadas,
o que callaron el susurro exacto
del amor, y me empujan a decirlo?
¿Quién me ha ordenado ineludiblemente
hablar con voz ajena a mi silencio,
presintiendo, crecida, o recordando,
existiendo a la vez de tantos modos?
Yo, múltiple, plural, amigos míos,
no soy nada. Soy todo. Soy aquélla
que se quejaba a Dios de no ser río
y ser mar, ser clamor y no palabra,
ser laberinto y no sencilla ruta,
ser colmena y no ser única abeja...
De "Criatura
múltiple" 1954
veces siete y una más... Diez veces siete y una más. Ya sabes: setenta y siete cabriolas, once mujeres de cristal que se rompieron en mí, y en mí se quedan enterradas, calcinadas algunas, otras libres de escogerse final. Yo, soportándolas, muriéndome con ellas, como ellas se morirán conmigo. Once mujeres en donde estoy, salen a escena juntas se despiden por mí con reverencias teatrales, y acusan al misterio de tenerlas con fuerza encadenadas las unas a las otras. Yo renuncio en su favor, a lo que me negasteis. Ellas serán, así, mis sustitutas, soportarán mejor el menosprecio, y hasta quizás pondrán la otra mejilla a vuestras manos sucias. No me importa esa puesta en escena. Me despido en voz baja o afónica, en la esquina de la pena, con todos mis errores alrededor. Que Dios os dé la vida que merecéis, ya mí me dé el descanso de no pertenecer a vuestro mundo brutal, machista, hipócrita y cobarde. Once mujeres os dirán .que lloro perdón y amor aún. Y, genuflexas, esperarán que me aplaudáis la huida. De "Eva en el laberinto" 2006
"No soy de aquí". No. Procedía de lugares mineros. De tinieblas totales encerradas y ocultas. De la sombra apresada que ya la hizo suya, así, predestinándola a ser noche, a ser dura claustrofobia que se disfraza de panal, que inventa brazos para el contacto y senos, piernas y sexo acogedor. "No soy de aquí." Él último en saberlo miró la mina en ella: antracita rabiosa en el cabello, ojos de acecho en donde se encrespaban grillos enfebrecidos. Era el muchacho que iba de la novia -casta o así- a sus profundidades flácidas. Novia inocente o algo parecido. Desde ella a la tan ensayada entregada de algo vacío y sórdido.) "No soy de aquí." De aquí, ¿quién es? Todos vinimos de úteros felices, paraísos de nata y luz atónita. ¿En dónde estaban, al llamarnos, ellos? ¿Cuál era su país, entonces, cuál su pequeña patria, la parcela de amor y de placer, su desmesura en la alegría y en el ansia...? No es de aquí. Pero aquí está y aquí espera. ¿Qué? Ella sabe que está aguardando algo distinto, extraño, que no será nunca el cotidiano santo y seña. Algo quizás que estuvo el1 el principio y va a volver a recobrarla, a desnacerla, a darle finalmente, parte mínima en lo suyo: así, espera. Cada noche. Impasible. De "Nocturnidad y alevosía" 1993
Greta I de Suecia
A Rosa Mª Rodríguez Magda
Se llamaba -yo creo que
se ha muerto
y lo que a veces surge es su cadáver-
Greta Garbo o Gustafson, una sombra,
una mujer que siempre regresaba
de mundos golpeados, derruidos,
y se acostaba, leve, en el silencio,
larga, flotante Ofelia de las nieves.
Era la niebla de una isla nórdica
poblada por abetos y abedules.
Una santa Lucía sin corona
de resplandor, sonámbula y felina,
que siempre parecía estar sacando
su mirada del agua. Mujer presa
de la fatalidad y la amenaza,
tenía horror al viento, miedo al día
y se huía a sí misma, distanciándose
como si al verse no se conociera.
Bebía siempre luz glacial. Llevaba
la luz por dentro, en lugar de sangre
y goteaba luz cuando lloraba.
Sin embargo, más que estrella era luna
sola y feliz, en soledad creciendo,
satélite que roba claridades
para vivir en claridad perfecta.
Era además, la extraña criatura
de la lluvia, el ser febril y altivo
tormentoso y feroz de la tragedia,
el gesto femenino despertándose
en un tiempo de bruma y desconcierto,
después de haber dormido sueños hondos
sin más amanecer que la esperanza.
Era el amor, pero otro amor, traía
con carne estremecida y beso fiero
la pasión, no encubierta, de la hembra
que no se deja poseer, posee...
Ignoro si era actriz, pero tenía
de todas las mujeres que se fueron
y anticipó el futuro como suyo.
Ella se reinventó, con la energía
de esgrimir su elección y su derecho
a esa absoluta soledad, tremenda,
de los seres nacidos islas libres
y se fue, se perdió bajo la lluvia
de donde nos llegó a través del agua.
(Una anciana sarcástica, pasea
soledades vestidas con su nombre.
No nos recuerda ya. Ni se recuerda.)
De "Hojas para algún
día de noviembre" 1993
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« Diez veces siete y una más. Ya sabes: / setenta y siete cabriolas, once »
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