Poesía Universal

Manuel Scorza

Biografía y amplia selección de poemas de Manuel Scorza. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Manuel Scorza. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Manuel Scorza

14 poemas seleccionados
1.

América, no puedo escribir tu nombre sin morirme...

América,

		no puedo escribir tu nombre sin morirme.

		Aunque aprendí de niño,

		no me salen derechos los renglones;

		a cada sílaba tropiezo con cadáveres,

		detrás de cada letra encuentro un hombre ardiendo,

		y no puedo ni cerrar la a

		porque alguien grita como si se quedara dentro.

		

		Vengo del Odio,

		vengo del salto mortal de los balazos;

		está mi corazón sudando pumas:

		sólo oigo el zumbido de la pena.

		

		Yo atravesé negras gargantas,

		crucé calles de pobreza,

		América, te conozco,

		yo mismo tendí la cama

		donde expiró mi vida vacía. 

		

		Yo tenía dieciocho años

		yo vivía

		en un pueblo pequeño,

		oyendo el diálogo de musgo de las tardes,

		pero pasó mi patria cojeando,

		los ahogados empezaron a pedir más agua,

		salían de mi boca escarabajos.

		Sordo, oscuro, batracio, desterrado,

		¡era yo quien humeaba en las cocinas!

		

		¡Amargas tierras,

		patrias de ceniza,

		no me entra el corazón en traje de paloma!

		¡Cuando veo la cara de este pueblo

		hasta la vida me queda grande!


		
		¡Pobre América! 

		En vano los poetas

		deshojan ruiseñores.

		No verán tu rostro mientras no se atrevan

		a llamarte por tu nombre, ¡América mendiga,

		América de los encarcelados,

		América de los perseguidos,

		América de los parientes pobres!

		¡Nadie te verá si no deshacen

		este nudo que tengo en la garganta!


		
		* * * * *
2.

Años de los castigos

¡Años de los castigos!

		¡Años de las prisiones!

		¡Años que se comieron las arañas!

		No tuve paz,

		ni dónde reclinar la cabeza.

		Los trenes me llevaban,

		entraban a las tumbas,

		cruzaban los infiernos,

		mas mi corazón salía

		de los hornos tiritando.

		

		¡Años de los perseguidos!

		¡Años de los flagelados!

		¡Años como ratas echadas a morir!

		Como piedra atravesé la vida,

		las miserias, las prisiones,

		anduve por los pueblos,

		llegué a la comarca

		donde el pan sólo se viste de fantasma.

		

		Desde casas vacías,

		desde catres solteros,

		desde trajes gastados y pálidos deudores,

		desde domingos sin nadie con quien pasear,

		vengo diciendo que los hombres sufren,

		las aguas sufren, las camas sufren.

		

		A verme vienen quejándose las tardes,

		las piedras quieren que cuente las pisadas,

		el túnel tiene hinchado su único ojo,

		toca el gallo su corneta lastimera.

		¡Oscura es la vida,

		la tierra sólo sirve para enterrarnos!


		
		

		* * * * *
3.

Epístola

Epístola de los poetas que vendrán


		
		Tal vez mañana los poetas pregunten

		por qué no celebramos la gracia de las muchachas;

		tal vez mañana los poetas pregunten

		por qué nuestros poemas

		eran largas avenidas

		por donde venía la ardiente cólera.

		

		Yo respondo:

		por todas partes oíamos el llanto,

		por todas partes nos sitiaba un muro de olas negras.

		¿Iba a ser la Poesía

		una solitaria columna de rocío?

		Tenía que ser un relámpago perpetuo.

		

		Mientras alguien padezca,

		la rosa no podrá ser bella;

		mientras alguien mire el pan con envidia,

		el trigo no podrá dormir;

		mientras llueva sobre el pecho de los mendigos,

		mi corazón no sonreirá.

		

		Matad la tristeza, poetas.

		Matemos a la tristeza con un palo.

		No digáis el romance de los lirios.

		Hay cosas más altas

		que llorar amores perdidos:

		el rumor de un pueblo que despierta

		¡es más bello que el rocío!

		El metal resplandeciente de su cólera

		¡es más bello que la espuma! 

		Un Hombre Libre

		¡es más puro que el diamante!


		El poeta 
		libertará el fuego

		de su cárcel de ceniza.

		El poeta encenderá la hoguera

		donde se queme este mundo sombrío.




		
		* * * * *
4.

Soy el desterrado

América, 

		a mí también debes oírme.

		Yo soy el estudiante

		que tiene un solo traje y muchas penas.

		Yo soy el desterrado

		que no encuentra la puerta en las pensiones.

		Te digo que en las calles

		y en las azoteas y en las cocinas,

		y al fin de cada día y en mi pecho,

		algo está muriendo.

		

		Escúchame:

		Yo soy el desterrado,

		yo vagué por las calles

		hasta que los perros

		lamieron mi amor desesperados.

		¡Acuérdate de mí!

		Hay días que no tengo ganas

		de ponerme los ojos,

		días en que hasta los pájaros

		se pudren a la mitad del vuelo.

		

		¡Amor, amor,

		tú no has dormido

		en cuartos inmundos;

		tú no sabes lo que es vivir

		con una mujer que zurce su ropa llorando!

		

		Ay, durante siglos los poetas callaron

		y en el silencio sólo se escuchaba

		un susurro de abejas que sonaba,

		hasta que ya no pudimos más,

		y el dolor empezó a mancharlo todo:

		la mañana,

		el amor,

		el papel donde cantábamos.

		Un día el dolor

		empezó a gotear desde abajo, 

		daban los muros gritos desgarradores,

		una mano amarguísima volcó mi pecho.

		Ahora vengo a ti gimiendo,

		aquí está mi voz encarcelada debajo de esta frente, derrumbado.


		
		
		De "Las imprecaciones" 1955
5.

Crepãšsculo

Crepúsculo para Ana


		
		Sólo para alcanzarte escribí este libro.

		Noche a noche,

		en la helada madriguera

		cavé mi pozo más profundo,

		para que surgiera, más alta,

		el agua enamorada de este canto.

		

		Yo sé que un día las gentes

		querrán saber por qué hay tanto rocío en las praderas,

		yo sé que un día

		irán ansiosas a los campos,

		seguirán los hilos de los prados,

		y a través de las florestas

		llegarán hasta mi pecho,

		y comprenderán,

		-lo siento, estoy sintiéndolo-,

		que es mi amor quien platea por ti el mundo en las mañanas,

		y verás esta hoguera.

		

		Desde ciudades enterradas,

		desde salones sumergidos,

		desde balcones lejanísimos,

		verás este amor,

		y escucharás mi voz

		ardiendo de hermosura,

		y comprenderás que sólo por ti he cantado.

		Porque sólo por ti estoy cantando.

		

		¡Sólo por ti resplandece

		mi corazón extraviado!

		¡Sólo para que me veas,

		ilumino mi rostro oscurecido!

		¡Sólo para que en algún lugar me mires

		enciendo, con mis sueños, esta hoguera!


		
		¡El Mudo,

		El Amargo,

		El Que Se Quedaba Silencioso,

		te habla ahora a borbotones,

		te grita cataratas, inmensidades!

		

		Algún día amarás,

		alguna vez

		en las lianas de la ternura enredada

		comprenderás que cuando el dolor nos llega

		es imposible hablar;

		cuando la vida pesa, las manos pesan:

		es imposible escribir.

		

		
		
		Hasta que con los años las escamas se nos caen.

		Y un día, al volver el rostro,

		vemos a lo lejos,

		como remotos barcos encallados,

		cosas que creíamos llevar dentro,

		y miramos que son musgo los amores más ardientes.

		¡El hombre enceguecido

		no escucha las campanadas silenciosas de la hierba,

		hasta que encuentra en los caminos,

		como culebra, su antigua piel,

		y reconoce entre las ruinas

		su vieja máscara oxidada,

		y descubre agujeros rotos

		do eran ojos fulgurantes,

		porque el tiempo crudelísimo

		injurió el Rostro Puro,

		y los años nos pusieron

		anteojos de melancolía,

		con los ojos que se mira la ruina,

		el otoño,

		la grosura de las mujeres!

		

		Surge entonces

		el Dolor inextinguible,

		cual surge ahora esta voz

		que llora por los días hermosos,

		cuando la vida era azul.

		Porque todo lo que nace ha de morir.

		¡No digo más porque me entiendes!

		Tú sabes que sólo quiero

		que, en algún lugar, leas esta carta,

		antes que envejezcan los carteros

		que te buscan

		a la salida de las iglesias,

		entre las recién casadas,

		a la hora del jazmín rendido.

		

		¡Quiero que el rayo de mi ternura

		traspase con lanza a los que no conozco,

		y salte noche hirviendo

		a los ojos de los que abran este libro,

		y en algún lugar

		un día de este mundo,

		me oigas

		y te vuelvas,

		como quien se vuelve extrañado

		al sentir detrás el resplandor de un incendio,

		y comprendas que estoy ardiendo por ti,

		quemándome

		sólo para que veas,

		desde tan lejos, esta luz!

		 


		
		* * * * *
6.

El rey

No eres nada,

		vives oscuro,

		en una ciudad perdida.

		Pero, de pronto, un día,

		al despertar, eres Rey.

		

		Arden musicales

		remotos países

		avasallados por tu valentía.

		Poderoso monarca:

		todo lo que tocas es resplandor,

		y en tu honor cambian los arcos iris de plumaje.

		

		Y cuando Ella sonríe,

		brota agua

		en la remota infancia

		adonde se asoma,

		tu pequeña vida ansiosa,

		rapaz distante de todo.

		

	
		Mas viene el Viento

		y lo derriba todo:

		cristal roto es tu monarquía;

		vives en una ciudad malvada;

		el tiempo sólo significa

		que tus zapatos ya no resisten otro invierno.

		

		Eras Rey

		pero ya no te sonríe Esa Mujer.


		
	
		* * * * *
7.

Elegía de los desconocidos

Ya no nos conocemos, ya no nos entendemos,

		¿qué pasa?

		

	
		Nuestro amor como los árboles daba pájaros.

		¿Qué está pasando?

		

	
		El viento del mar desesperado

		agita pañuelos de musgo en las esquinas.

		

	
		Me voy. 

		Pañuelo de llorar: mejor me voy.

		


		Al atardecer los pájaros también se van,

		viajan a las torres buscando picos tiernos.

		

	
		A los reptiles, yo.

		Al fondo del agua a vivir ardiendo.

		

	
		Porque para esta sed el agua está vacía,

		vacía está el agua para mi corazón sediento.


		
	
		

		* * * * *
8.

La casa vacía

Voy a la casa donde no viviremos

		a mirar los muros que no se levantarán.

		


		Paseo las estancias

		y abro las ventanas

		para que entre el Tiempo de Ayer envejecido.

		


		¡Si vieras!

		Entre las buganvillas

		cansadamente juegan

		los hijos que jamás tendremos.

		

	
		Yo los miro. Ellos me miran.

		Mi corazón humea.

		Éste es el sitio

		donde mi corazón humea.

		

	
		Y a esta hora,

		en el balcón, callada,

		yo sé que tú también te mueres

		y piensas en mí hasta ensangrentarte,

		Yo también pienso en ti.

		

	
		Óyeme donde estés:

		por esta herida no sale sólo sangre:

		me salgo yo.

		

	
		* * * * *
9.

* * * * *

La cita

		

	
		Son las siete;

		la calle está oscura;

		ya no vendrás.

		

	
		Aunque llegaras

		todas las tardes

		a la orilla de esta cita,

		y aguardaras, inmóvil,

		todas las horas que en el mundo faltan

		ya no me hallarás,

		porque esperándote perdí mi juventud.

		

		
		Y no como el guerrero

		que las manos moja

		en la espuma bermeja de la guerra.

		¡No como los ardientes varones que conocí! :

		¡Alexander extraviado en la espesura!

		¡Gabriel amarrado a los torrentes!

		¡Eugenio deshojado a la aventura!

		¡Amaro, que un día solo con tu fusil partiste!

		¡Os envidio, jóvenes vehementes,

		a quienes no bastándoles los crepúsculos,

		por mirar llamaradas

		incendiaron su propia edad florida!

		

	
		Yo, miserablemente

		perdí mi juventud;

		aguardando que cumplieras

		la cita de los parques,

		gasté los veloces años.

		¡Oh cafés humosos donde fingí

		leer los diarios de mi feroz melancolía!

		

	
		Esperándote perdí la juventud

		y me pesa.

		Son las siete:

		y estoy solo.


		
		* * * * *
10.

La lámpara

Como la lámpara olvidada

		arde invisible en el día,

		así mi corazón se ha consumido

		sin que tú lo vieras.

		


		Mas ya pasaron para ti las mieses,

		y tardos los años, 

		yo sé que ahora

		tus ojos buscan

		las huellas bermejas de mi pasión.

		

	
		Es tarde:

		mi corazón calcinado

		apenas soporta sus cenizas,

		y aunque estás cercana,

		y quiero llamarte

		mudas están las hogueras

		donde antaño ardieron

		airadas voces tiernas.

		

	
		Mi tristeza ya no puede

		ni con el peso del rocío.

		

	
		Es tarde:

		la vida se nos gasta en actos vanos

		

	
		Es tarde:

		detrás de mis ojos ya no hay nadie.


		
		* * * * *
11.

La

sombra

		

		Como el centinela

		que en la agreste torre

		lucha por no rendir los ojos al invencible sueño,

		yo resisto al olvido.

		

		Pero te me vuelves pequeña;

		la lluvia moja

		las calles de 1943;

		la lluvia rompe

		el cristal en que te guarda

		mi juventud.

		

		¡Miseria de los amantes

		que locamente sueñan

		eterna la eternidad!

		El Día es de espuma,

		niebla es la carne,

		humo el ayer.

		

		El país luciente

		de nuestra juventud hermosa,

		el tiempo asoló con sus ejércitos potentes.

		Marcial acampó la herrumbre

		donde ardió la rosa.

		

		En la memoria sólo una calle queda

		por donde caminas lentamente.

		Ya casi no te miro,

		y el moribundo sol, atardeciendo,

		te torna cada día más pequeña.

		

		Pero pasan los años,

		y a medida que te vuelves más pequeña,

		arrojas una sombra más larga.


		* * * * *
12.

Música lenta

Para que tú entres,

		a veces de tristeza, el corazón se me abre.

		

		Como una puerta tímida,

		para que tú entres, el corazón se me abre.

		

		Pero tú no vienes,

		no vuelas más sobre los campos.

		

		En vano mi corazón

		a la ventana de su dolor se asoma.

		Pasas de largo,

		como si el viento

		soplase sólo para allá.

		

		Pasa la mañana y no viene la tarde.

		Y el corazón se me cierra,

		como una mano sin nadie, el corazón se me cierra.


		* * * * *
13.

Nocturno salvadoreño

La noche era bellísima.

          Yo te quería.

		San Salvador brillaba entre las flores.

          Yo te quería.

		La Felicidad nunca tendrá tus ojos azules.

          Yo te quería.

		Dueña de los Crepúsculos.

          Yo te quería.

		Pastora de la Brisa.

          Yo te quería.

		Ruiseñor Malvado.

          Yo te quería.

		Espuma del Silencio.

          Yo te quería.

		Agua bajo los Puentes.

          Yo te quería.

		Olvida los cantos que te escribí.

          Yo te quería.

		Aun ahora, aunque sea tarde,

		y una paloma ciega

		vuele para siempre entre nosotros.

		

		Adiós a las bandadas,

		adiós al tesoro enterrado en tu infancia,

		adiós a las Hadas porque las Hadas no existen.

		

		Ya dije las cosas que dije.

		Por las que callo ha de crecerme musgo en la voz.

		Cuando termine de contar esta agonía,

		otro hombre se levantará de esta mesa.

		

		Tal vez él no recuerde.

		¡Pero yo me acuerdo tanto!

		¡Si supieras cuánto te recuerdo!


		* * * * *
14.

Rosa única

La hierba crece ahora

		en todos los crepúsculos donde antes sonreías.

		

		La hierba o el olvido. Es igual.

		Entre mi dolor y tu silencio,

		hay una calle por donde te marchas lentamente.

		

		Hay cosas que no digo porque ciertas palabras

		son como embarcarse en interminables viajes.

		Para mi amor siempre tendrás veinte años.

		Mientras yo cante en tus ojos habrá agua limpia.

		Ya para siempre

		mi amor te circunda de cristal.

		

		Puedes morir mil veces.

		Inmutable en mi canto estás.

		Puedo olvidarte.

		Mas olvidada, resplandecerás.

		

		¿Qué son las luciérnagas

		sino remotas luces

		que extintos amadores antaño encendieron?

		¿Qué son sino carbones

		de hogueras que perduran,

		tras que sus caras y sus bocas se rompieron?

		

		Te digo que ni el rocío

		con tu rostro se atreverá

		

		No envejecerá la muchacha

		que, reclinada en mi sangre,

		un día miró una rosa hasta volverla eterna.

		

		Ahora la Rosa eterna está.

		Yo la distingo única,

		perfecta, en los jardines.

		Por las montañas y collados

		búscanla gentíos.

		Sólo mis ojos que tus ojos vieron,

		la pueden mirar.


		* * * * * 
		*

Versos y pensamientos de Manuel Scorza

4 citas
« América, / no puedo escribir tu nombre sin morirme. »
Manuel Scorza · América, no puedo escribir tu nombre sin morirme...
« ¡Años de los castigos! / ¡Años de las prisiones! »
Manuel Scorza · Años de los castigos
« Epístola de los poetas que vendrán / Tal vez mañana los poetas pregunten »
Manuel Scorza · Epístola
« América, / a mí también debes oírme. »
Manuel Scorza · Soy el desterrado
Biblioteca poética

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