Poesía Universal

Manuel Magallanes Moure

Biografía y amplia selección de poemas de Manuel Magallanes moure. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Manuel Magallanes moure. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Manuel Magallanes Moure

10 poemas seleccionados
1.

Adoración

Tus manos presurosas se 
		afanaron y luego,
como un montón de sombra, cayó el traje a tus pies,

		y confiadamente, con divino sosiego,
surgió ante mí tu virgen y suave 
		desnudez.


	


	
		Tu cuerpo fino, 
		elástico, su esbelta gracia erguía.
Eras en la penumbra como una 
		claridad.
Era un cálido velo que toda te envolvía,
la inefable 
		dulzura de tu serenidad.


	
	
		Con el alma en los ojos 
		te contemplé extasiado.
Fui a pronunciar tu nombre y me quedé sin 
		voz....
Y por mi ser entero pasó un temblor sagrado,
como si en 
		ti, desnuda, se me mostrara Dios.
2.

Alma mía, pobre alma mía...

Alma mía, pobre alma mía,
tan solitaria en tu dolor.
Enferma 
		estás de poesía,
alma mía llena de amor.

		
Crees que la vida es un cuento,
crees que vivir es soñar...

		Pobre alma sin entendimiento,
hora es esta de razonar.

		
Ve que la vida no es aquella
que te forjaste en tu candor:
la 
		vida con amor es bella,
pero es más bella sin amor.

		
Ve, alma mía, pobre alma mía
ve y empéñate en comprender
que 
		el amor es melancolía
y es amargura la mujer.

		
Sin amor y sin sentimiento
serás fuerte, podrás triunfar.

		Alma, la vida no es un cuento;
alma, el vivir no es el soñar.

		
Que en ti el vivir no deje huella
ni de placer ni de dolor:
la 
		vida con amor es bella,
pero es más bella sin amor.

		
Sé cauta, sé diestra, sé fría;
no te dejes enternecer
que es 
		el amor a la mujer 
		
por tu amor a la Poesía.

Coge, alma, la flor del momento
y 
		no la quieras conservar.
Si se marchita, échala al viento,
que lo 
		demás fuera soñar.

		
Esta mujer es como aquélla:
todas son fuente de dolor.
Alma 
		mía, la vida es bella,
pero es más bella sin amor.

		
Y mi alma dijo: «En mi embeleso
oí tu voz como un cantar.

		¿Sabes? Soñaba con un beso
robado a orillas de la mar.
3.

Amor

Amor que vida pones en 
		mi muerte
como una milagrosa primavera:
ido ya te creí, porque en 
		la espera,
amor, desesperaba de tenerte.


		era el sueño tan largo 
		y tan inerte,
que si con vigor tanto no sintiera
tu renacer, 
		dudara, y te creyera,
amor, sólo un engaño de la suerte.


		Mas te conozco bien, y 
		tan sabido
mi corazón, te tiene, que, dolido,
sonríe y quiere 
		huirte y no halla modo.


		Amor que tornas, entra. 
		Te aguardaba.
Temía tu regreso, y lo deseaba.
Toma, no pidas, 
		porque tuyo es todo.
4.

Ansiedad

Ella:

		Sus ojos suplicantes me pidieron
una tierna mirada, y por piedad

		mis ojos se posaron en los suyos...
Pero él me dijo : ¡más!

		
Sus ojos suplicantes me pidieron
una dulce sonrisa, y por piedad

		mis labios sonrieron a sus ojos...
Pero él me dijo : ¡más!

		
Sus manos suplicantes me pidieron
que les diera las mías, y en mi 
		afán
de contentarlo, le entregué mis manos...
Pero él me dijo : 
		¡más!

		
Sus labios suplicantes me pidieron
que les diera mi boca, y por 
		gustar
sus besos, le entregué mi boca trémula...
Pero él me dijo : 
		¡más!

		
Su ser, en una súplica suprema,
me pidió toda, ¡toda!, y por 
		saciar
mi devorante sed fui toda suya
Pero él me dijo: ¡más!

		
Él:

		La pedí una mirada, y al 
		mirarme
brillaba en sus pupilas la piedad,
y sus ojos parece que 
		decían:
¡No puedo darte más!

		
La pedí una sonrisa. Al sonreírme
sonreía en sus labios la 
		piedad,
y sus ojos parece que decían:
¡No puedo darte más!


		La pedí que sus manos 
		me entregara
y al oprimir las mías con afán,
parece que en la 
		sombra me decía:
¡No puedo darte más!

		
La pedí un beso, ¡un beso!, y al dejarme
sobre sus labios el amor 
		gustar,
me decía su boca toda trémula:
¡No puedo darte más!

		
La pedí en una súplica suprema,
que me diera su ser..., y al 
		estrechar
su cuerpo contra el mío, me decía:
¡No puedo darte más!
5.

Apaisement

Tus ojos y mis ojos se 
		contemplan
en la quietud crepuscular.
Nos bebemos el alma 
		lentamente
y se nos duerme el desear.


		Como dos niños que 
		jamás supieron
de los ardores del amor,
en la paz de la tarde nos 
		miramos
con novedad de corazón.


		Violeta era el color de 
		la montaña.
Ahora azul, azul está.
Era una soledad el cielo. Ahora

		por él la luna de oro va.


		Me sabes tuyo, te 
		recuerdo mía.
Somos el hombre y la mujer.
Conscientes de ser 
		nuestros nos miramos
en el sereno atardecer.


		Son del color del agua 
		tus pupilas:
del color del agua del amar.
Desnuda, en ellas se 
		sumerge mi alma,
con sed de amor y eternidad.
6.

Aquella

tarde única se ha quedado en mi 
		alma...


		Aquella tarde única se 
		ha quedado en mi alma.
Su luz flota en la sombra de mi noche 
		interior.


		Sólo una fugitiva 
		vislumbre en la ventana,
sólo un azul reflejo, nada más que un vapor

		de luz que se filtraba por las breves junturas,
sólo un vaho de 
		cielo, no más que una ilusión
de claridad fluyendo por entre los 
		postigos.
Nada más  que el ensueño de aquel suave fulgor.


		Sólo esa fugitiva 
		vislumbre en la ventana.
No más. Y en la penumbra, libres al fin, tú 
		y yo.
En silencio llegaba yo al fondo de la dicha;
con infantil 
		dulzura, tú gemías de amor.


		Sólo el azul reflejo de 
		aquella tarde única...
¿No ves tú en la ventana? ¿No ves tú? Quizá 
		no.
Acaso no lo viste, porque cuando yo inmóvil
me quedé 
		contemplando aquel suave fulgor,
tú en aquellos momentos de lánguido 
		reposo
dormías dulcemente sobre mi corazón.


		Veo la fugitiva 
		vislumbre en la ventana,
oigo el ritmo apacible de tu respiración.

		Te siento. En la penumbra te siento. Eres tú misma
que te duermes, ya 
		mía, sobre mi corazón.
7.

De mis días tristes

Quedo, muy quedo penetré a tu alcoba
y ahogando el rumor de mis 
		pisadas.

		
Avancé...

Ya la luz desfallecía.
El aposento sumergido 
		estaba
en una claridad tenue y dudosa;
y era esa claridad así tan 
		lánguida
como la suave luz de tus pupilas
cuando mi boca 
		febriciente y ávida
muerde la dulce carne de tus labios...

		Entonces languidecen tus miradas
con desfallecimientos de crepúsculo.

		
En el limpio cristal de la ventana
agonizan reflejos purpurinos

		y las sombras germinan en la estancia.
como un  florecimiento de 
		tristezas
en los pliegues recónditos de un alma.


		Flota un 
		vago perfume... Así el perfume
de tu alma de mujer enamorada.
Así 
		tan leve, así tan vago... Acaso
este perfume delicioso es tu alma!

		

		Acaso este perfume es el espíritu
de aquellas pobres rosas deshojadas

		que por buscar el sol del vaso huyeron
y sin sol se quedaron y sin 
		agua...
Acaso este perfume delicioso
así tan leve, así tan vago, 
		es tu alma!

		
Aquí la mesa pequeñita en donde
llorando escribes tus amantes 
		cartas:
allí tu traje rosa, cuya seda
el tibio aroma de tu cuerpo 
		guarda;
allá en el muro, hundida en la penumbra,
la silueta 
		borrosa de una santa;
acá el vacío espejo de Venecia
como un pozo 
		de sombra, y de la estancia
en un ángulo oscuro, el blanco lecho,

		como un altar de albura inmaculada!

		
De rodillas caí junto a aquel lecho
y convulso de amor besé la 
		almohada,
y el tibio aroma de tu carne virgen
busqué, besando las 
		revueltas sábanas
que ajé ardorosamente en mi locura...

		
Y hallé las dulces huellas que buscaba
y el tibio aroma de tu 
		cuerpo amado
llegó hasta el fondo mismo de mi alma.

		
Y lloré de placer y de amargura,
y amoroso besé, mordí con rabia

		y fué un delirio enorme y angustioso...

		
Temblé.

               
		Miré en redor y mi mirada
se hundió en la negra sombra de la noche.


		Sentí fuego en los ojos...  Eran lágrimas.
Tambaleando salí, 
		como un demente,
y abierta y sola se quedó tu estancia...
8.

El baño

A Pedro Gil

		
En un rincón discreto del parque legendario
sus muros que 
		recubren viejas enredaderas
alza el baño, al través de las brumas 
		ligeras
que suben de la tierra como de un incensario.

		
Dentro de la vacía piscina un solitario
sauce va dejando caer sus 
		postrimeras
hojas. mientras los sapos desde sus madrigueras

		gargarizan las notas de un vibrante rosario.

		
Dentro de la vacía piscina un solitario
sauce va dejando caer sus 
		postrimeras
hojas, mientras los sapos desde sus madrigueras

		gargarizan las notas de un  vibrante rosario.

		
Flota en aquel recinto misterioso el ensueño
de las blancas 
		mujeres que con reír sonoro
se hundieron en el agua de la piscina 
		aquella.

		
Todo habla de caricias, y hasta un rayo risueño
del sol poniente, 
		vuela como un beso de oro
que buscara una boca para posarse en ella.
9.

El

buen olvido


		¡Hace ya tanto tiempo! 
		Te creí tan distante,
tan perdida en el hondo sendero del olvido,

		y ha bastado esta noche tranquila e inquietante,
y han bastado este 
		aroma en el aire doemido,
y estas sombras profundas y este vago 
		claror
de la luna en creciente, para que yo te tienda
mi alma a 
		través de todo, como una buena senda
lunada de esperanza y olorosa de 
		amor.


		Porque olvidé tus 
		besos, tengo sed de tu boca,
porque olvidé tu acento, tengo ansias de 
		tu voz,
porque olvidé tu alma, mi alma ahora te evoca
al pie de la 
		montaña, bajo el cielo de dios.


		Amada, ¿ves la luna? 
		Dame, dame tu mano.
Dame también tus labios. seremos como hermano

		y hermana. Nos iremos por el vago sendero
que se interna en la noche. 
		Nos seguirá un austero
silencio, y poco a poco será el buen recordar.


		roces, palabras, besos. 
		¡Te creí tan distante!
Y en la pálida noche, el placer fulgurante

		de sentirnos de nuevo, de volvernos a hallar.
10.

El regreso

Me detuve en la 
		entreabierta
puerta de mi oscuro hogar
y besó mi boca yerta

		aquella bendita puerta
que me convidaba a entrar.


		Mi corazón fatigado

		de luchar y de sufrir,
cuando escuchó el sosegado
rumor del hogar 
		amado
de nuevo empezó a latir.


		Fue como el lento 
		regreso
de la muerte hacia la vida,
como quien despierta ileso

		tras fatal caída al beso
de alguna boca querida.


		Adentro una voz serena

		decía cosas triviales
y había un dejo de pena
en esa voz suave y 
		llena
de cadencias musicales.


		La voz suave de la 
		esposa
despertó mi corazón,
aquella voz amorosa
que en otra 
		edad venturosa
me arrulló con su canción.


		Desfallecido de tanto

		batallar y padecer,
llevando en los ojos llanto
y en el alma 
		desencanto
llegué ante aquella mujer.


		Caí junto a su regazo

		y en él mi cabeza hundí,
y unidos en mudo abrazo
de nuevo atamos 
		el lazo
que en mi locura rompí.


		Ni reproches ni 
		gemidos...
sólo frases de perdón
brotaron de esos queridos

		labios empalidecidos
por tanta y tanta aflicción.


		«Llora, llora -me 
		decía-.
Yo sé que llorar es bueno»...
Mudo mi llanto caía
y 
		ella mi llanto bebía
y me estrechaba a su seno.


		Nunca, nunca he de 
		olvidar
sus palabras de cariño
ni el amoroso cantar
con que 
		tras lento llorar
me hizo dormir como a un niño.

Versos y pensamientos de Manuel Magallanes Moure

4 citas
« Tus manos presurosas se / afanaron y luego, »
Manuel Magallanes Moure · Adoración
« Alma mía, pobre alma mía, / tan solitaria en tu dolor. »
Manuel Magallanes Moure · Alma mía, pobre alma mía...
« Amor que vida pones en / mi muerte »
Manuel Magallanes Moure · Amor
« Ella: / Sus ojos suplicantes me pidieron »
Manuel Magallanes Moure · Ansiedad
Biblioteca poética

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