Manuel José Arce

Biografía y amplia selección de poemas de Manuel José Arce. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica. Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Antología lírica (8 poemas seleccionados)

Amor, si fueras aire y respirarte

Y si fueras, Amor, vino y beberte.
Si fueras sombra para no perderte.

O si fueras camino y caminarte.
Amor, fueras cantar para cantarte.

Fueras hilo en mis manos y tejerte.
Que mi alimento fueras y comerte.

Si fueras tierra, Amor, para labrarte.
Si fueras para más que para
amarte:
Amor, Amor, Amor, si fueras muerte.

Manuel José Arce

Décimas

Manso remanso del río.
Estrella en el cocotero.
Tanta paz cabe en
enero
para tanto dolor mío.
Tanto color. Tanto frío.
Cocotero
con su estrella.
Camino con tanta huella.
El río con su remanso.

La hamaca con su descanso.
Y yo, aquí, solo, sin ella.

* * *

Pasaste como cantando
aquella semana aciaga.
Tú
me curaste una llaga
que se me abrió no sé cuándo.
Ya me estaba
acostumbrando
al calor de tu cintura,
a tu caliente ternura
y a
tu modo de besar.
Pero te empecé a olvidar
con dolor y sin
premura.

* * *

No sé qué casualidad
te trae hoya mi recuerdo.

Pero te busco y me pierdo
y sigo en mi soledad.
Sé que es una
necedad
querer volver a la infancia
como es, en última instancia,

algo tan torpe y tan fútil
llamarte, porque es inútil:
ya te tragó
la distancia.

Manuel José Arce

Epigrama para Antonio

Es famosa la méntula de Antonio
por su tamaño, en todo desmedido.

Mas, mientras él la luce por las termas,
su mujer me murmura en
el oído:
-prefiero tu pequeño gladiador
al gigante dormido

Manuel José Arce

Epigrama para Casia

Conmigo, en el amor, mi dulce Casia
es más que Cicerón en la tribuna:

conoce los secretos de la cama,
es entusiasta y única.

Mas su torpe marido
la olvidó y sólo busca cortesanas de puerto.

Qué sabio fue quien dijo
que no es la margarita para el cerdo.

Manuel José Arce

Epigrama para Fedra

Sin saber que de Lesbos practicabas
los rituales extraños,
un día
gris, inadvertidamente,
puse un beso en tus labios.

Hoy sonrío en la calle y me pregunto
-tras aquel desencanto-:

¿no sienten algo al verme tus amigas,
las que indirectamente yo he
besado?

Manuel José Arce

Hola

Tú, que
vienes caminando
desde el fondo de mi vida;
que traes como bandera

la música de tu risa;
tú que en tus ojos escondes
lo que mi alma
necesita;
tú, que en mi pecho has vivido
por años como dormida

y hoy me despiertas de golpe
hasta que no da cabida
mi pequeño
corazón
para esta explosión de dicha.
Eres el río al que quise

ponerle diques un día.
Hoy que subió tu corriente
ya no hay diques
que resistan.
En la casa de mi pecho,
en mi sueño y mi vigilia,

en las calles de mis manos,
en la ciudad de mis días,
en la patria
de mis pasos
y en el país de mi vida
ven, entra y manda: es tu
reino,
tu victoria, tu conquista.

Manuel José Arce

Masacre en el dormitorio

Estábamos tranquilos,
dulces y agradecidos
con nuestras simples
vísceras que nos dieron pretexto
para satisfacerlas.
Y estábamos
haciéndolo
contentos.

Y he aquí que de pronto,
sin previo aviso
y sin pedir permiso,
todos ellos
han venido a meterse en nuestra propia cama,
aquí,

entre nuestras sábanas,
y ponen los zapatos en la almohada
-donde
pusiste el sueño-
y amenazan quebrar la cabecera que me costó
serruchos y martillo.
No nos dejan estar,
nos registran los pelos
de las ingles en busca del pecado,
sacan el código y el dedeté,
la
indagación y los escapularios.
Yo no sé
ni me importa
si es que
tienen derecho.
Me consta, nada más, que me son antipáticos,
que
me molestan como las agruras
y los soporto sólo por ver si los alejo.

Son un tropel de gansos metidos en la cama,
graznan y ensucian
todo con sus patas palmípedas,
amenazan con picos y miradas
y me
parece que te me acobardan.

Lo único que quiero es besarte completa,
y poderme acostar sobre
tu vientre
y saberte feliz de estar conmigo.

Amarte sin sofisma ni retórica.

Llenar los dos desnudos
nuestra cama.
Creo que es suficiente.

No sé qué hacer con todos estos molestos pajarracos.
Miedo de que
te lleven.
De que no nos permitan terminar nuestro abrazo.
Nos
están estorbando.
No sé cómo espantarlos.

Creo que ahora mismo me sacaré los ojos.

Manuel José Arce

Paisaje

Igual que las antenas de los televisores
tiendo a veces mis brazos
para captar tu imagen.
Frío árbol de aluminio,
Y voy por la ciudad
buscándote,
llamándote,
auscultando uno a uno los canales del
viento.
Se me llenan los ojos de anuncios y señales,
de violencias
ajenas, de misterios vulgares.
Pero tú no apareces.
Igual que las
antenas de los televisores
tiendo mis fríos brazos de aluminio
en
todas direcciones

para ver si te encuentro.
Abro mi pecho acústico para oír tus
palabras
que lleguen por mis brazos
al corazón sonoro.
Pero tu
voz no llega.
¿Dónde estás?
¿Por dónde pasa el río tembloroso de
tu imagen?
¿Dónde estás?
No te encuentro. No capto
tu huella de
luciérnagas.

Y me quedo en la noche
igual que las antenas de los televisores,

con mis rígidos brazos como árbol de aluminio.

Manuel José Arce

Libros recomendados de Manuel José Arce

Edición física y antologías recomendadas para disfrutar de su obra lírica completa: