Manuel Altolaguirre

Selección antológica de la obra poética y versos inolvidables de Manuel Altolaguirre.

Antología lírica (19 poemas seleccionados)

Abandono

¡Qué dulce dolor de ancla

en el corazón sentías!
Tu corazón reteniendo,
duro coral, mi
partida.

Ahogada en amor, tu amor

como un mar me sostenía.
Altos vientos me empujaron
solitario a
la deriva.

Si mi nave se fue lejos

más profunda quedó hundida

tu dura rama de sangre,
rota el ancla de mi vida.

Solo, entre las grises
nubes

que mis sienes acarician,
sin ti voy por entre nieblas

recordando tu agonía.

Manuel Altolaguirre

Al ver por donde huyes...

Al ver por donde huyes

dichoso cambiaría
las sendas interiores de tu alma
por la de alegres
campos.
Que si tu fuga fuera
sobre verdes caminos
o sobre las
espumas
y te vieran mis ojos,
seguirte yo sabría.
No hacia dentro
de ti.
donde te internas,
que al querer perseguirte
me doy contra
los muros de tu cuerpo.
No hacia dentro de ti,
porque no estemos:

tú, pálida, escondida;
yo, como ante una puerta
ante tu pecho frío.

Manuel Altolaguirre

Amor

Mi forma inerte grande como
un mundo
no tiene noche alrededor ni día
pero tiniebla y claridad por
dentro
hacen que yo, que tú, vivamos.
Mares y cielos de mi sangre tuya

navegamos los dos. No me despiertes.
No te despiertes, no, sueña la vida.

Yo también pienso en mí cuando te sueño
y robo al tiempo todas mis edades

para poblar mis íntimas moradas
y acompañarte siempre, siempre, siempre.

Manuel Altolaguirre

Beso

¡Qué sola estabas por
dentro!

Cuando me asomé a tus
labios

un rojo túnel de sangre,
oscuro y triste, se hundía
hasta el
final de tu alma.

Cuando penetró mi beso,

su calor y su luz daban

temblores y sobresaltos
a tu carne sorprendida.

Desde entonces los caminos

que conducen a tu alma
no quieres que estén desiertos.

¡Cuántas flechas, peces,
pájaros,

cuántas caricias y besos!

Manuel Altolaguirre

Cerrando los ojos

Huyo del mal que me enoja

buscando el bien que me falta.

Más que las penas que tengo

me duelen las esperanzas.

Tempestades de deseos

contra los muros del alba

rompen sus olas. Me ciegan

los tumultos que levantan.

Nido en el mar. Cuna a flote.

La flor que lucha en el agua

me sostiene mar adentro

y mar afuera me lanza.

Cierro los ojos y miro

el tiempo interior que canta.

Manuel Altolaguirre

Como un ala negra

Como un ala negra de aire

desprendida de hombro alto,
cuerpo de un muerto reflejo
en duras
tierras ahogado,

la sombra quieta, tendida,
flota sobre el liso campo.

La
nube, sombra en el viento

de la sombra, flor sin tallo,
de la amplia campana azul

adormecido badajo,

techo azul y suelo verde
tiene en la tarde de mayo.

Como una
rama de almendro

el horizonte nublado.

La sombra quieta, tendida,
flota sobre
el liso campo,

cuerpo de un muerto reflejo
en duras tierras ahogado.

Manuel Altolaguirre

Contigo

No estás tan sola sin mí.
Mi soledad te acompaña.
Yo desterrado,
tú ausente.
¿Quién de los dos tiene patria?

Nos une el cielo y el mar.
El pensamiento y las lágrimas.
Islas y
nubes de olvido
a ti y a mí nos separan.

¿Mi luz aleja tu noche?
¿Tu noche apaga mis ansias?
¿Tu voz
penetra en mi muerte?
¿Mi muerte se fue y te alcanza?

En mis labios los recuerdos.
En tus ojos la esperanza.
No estoy
tan solo sin ti.
Tu soledad me acompaña.

Manuel Altolaguirre

Desnudo

El cielo de tu tacto

amarillo cubría
el oculto jardín
de pasión y de música.
Altas
yedras de sangre
abrazaban tus huesos.
La caricia del alma
-brisa
en temblor- movía
todo lo que tú eras.
¡Qué crepúsculo bello
de
rubor y cansancio
era tu piel! Estabas
como un astro sin brillo,

recibiendo del sol

la luz de tu contorno.
Sólo bajo tus pies era de noche.
Eres
cárcel de música
de la música presa,
que intentaba escapar
en cada
gesto tuyo,
pero que no podía salir
y se asomaba como un niño
a los
cristales de tus ojos claros.

Manuel Altolaguirre

El alma es igual que el aire...

El alma es igual que el
aire.
Con la luz se hace invisible,
perdiendo su honda negrura.

Sólo en las profundas noches

son visibles alma y aire.
Sólo en las noches profundas.

Que se ennegrezca tu alma
pues quieren verla mis ojos.
Oscurece tu
alma pura.

Déjame que sea tu noche,
que enturbie tu transparencia.
¡Déjame ver tu
hermosura!

Manuel Altolaguirre

El ciego amor no sabe de distancias...

El ciego amor no sabe de distancias
y, sin embargo, el corazón
desierto
todo su espacio para mucho olvido
le da lugar para perderse a
solas
entre cielos abismos y horizontes.
Cuando me quieres, al mirarme
adentro,

mientras la sangre nuestra se confunde,
una redonda lejanía profunda

hace posible nuevas ilusiones.
Ser tuyo es renacerme porque logras

borrar, hundir, que se retiren todos
los espejos, los muros de mi
alma.
Blancura del amor. Con cuánto fuego

se anunció tu presencia. Tengo ahora
la luz de aquel incendio y un
vacío

donde esperar, donde temer tu vida.

Manuel Altolaguirre

Encuentro

nocturno

Profeta de mis fines no dudaba

del mundo que pintó mi fantasía

en los grandes desiertos invisibles.

Reconcentrado y penetrante, solo,

mudo, predestinado, esclarecido,

mi aislamiento profundo, mi hondo centro,

mi sueño errante y soledad hundida,

se dilataban por lo inexistente,

hasta que vacilé cuando la duda

oscureció por dentro mi ceguera.

Un tacto oscuro entre mi ser y el mundo,

entre las dos tinieblas, definía

una ignorada juventud ardiente.

Encuéntrame en la noche. Estoy perdido.

Manuel Altolaguirre

Estoy perdido

Profeta de mis fines no dudaba
del mundo que pintó mi fantasía

en los grandes desiertos invisibles.

Reconcentrado y penetrante,
solo,

mudo, predestinado, esclarecido,
mi aislamiento profundo, mi hondo
centro,

mi sueño errante y soledad hundida,
se dilataban por lo inexistente,

hasta que vacilé cuando la duda
oscureció por dentro mi ceguera.

Un tacto oscuro entre mi ser y el mundo,
entre las dos tinieblas,
definía

una ignorada juventud ardiente.
Encuéntrame en la noche. Estoy
perdido.

Manuel Altolaguirre

Fin de un amor

No sé si es que cumplió ya
su destino,
si alcanzó perfección o si acabado
este amor a su límite
ha llegado
sin dar un paso más en su camino.

Aún le miro subir, de donde
vino,
a la alta cumbre donde ha terminado
su penosa ascensión. Tal ha
quedado
estático un amor tan peregrino.

No me resigno a dar la
despedida
a tal altivo y firme sentimiento
que tanto impulso y luz
diera a mi vida.

No es su culminación lo que
lamento,
su culminar no causa la partida,
la causará, tal vez, su
acabamiento.

Manuel Altolaguirre

Fuga

Al ver por dónde huyes

dichoso cambiaría

las sendas interiores de tu alma
por las de alegres campos.

Que si tu fuga fuera

sobre verdes caminos

y sobre las espumas,
y te vieran mis ojos,
seguirte yo sabría.

No hacia dentro de ti,

donde te internas,

que al querer perseguirte
me doy contra los muros de tu cuerpo.

No hacia dentro de ti,

porque no estemos:

tú, pálida, escondida,
yo como ante una puerta
ante tu pecho
frío.

Manuel Altolaguirre

Hice bien en herirte...

Hice bien en herirte,

mujer desconocida.
Al abrazarte luego
de distinta manera,
¡qué
verdadero amor,
el único, sentimos,
y qué besos eléctricos
se
dieron nuestras nubes!
Como el mueble y la tela, tus denudo
no tenía
importancia bajo el aire,
bajo el alma, bajo nuestras almas.
Nosotros
ya no entendíamos de aquello.
Era el suelo de un ámbito
celeste,
imponderable.
Éramos transparencias
altísimas, calientes.

Manuel Altolaguirre

Hoy puedo estar contigo...

Hoy puedo estar contigo. He deseado
para ti todo el bien y me acompaña

la bondad del amor. A ti te debo
gozar en soledad la compañía
más
difícil del hombre, la que tiene
consigo mismo. No me causa miedo

reconocerme, ni busco a nadie, no.
Le has dado a mi semblante sin saberlo

una luz interior que me hace fuerte,
para vencer mayores soledades.

Manuel Altolaguirre

La

nube

Oh libertad errante, soñadora,
desnuda de verdor, libre de venas,

arboleda del mar, errante nube;
si en lluvia el desengaño te convierte,

la forma de mi copa podrá darte
una pequeña sensación de cielo.

Vuelve a la tierra, oh mar, vuelve a la vida,
a las cadenas de los
largos ríos,
a las prisiones de los hondos lagos;
vuelve afiliada a
penetrar mil veces
angostos laberintos vegetales.

¡Oh libertad, tus puertas son heridas!
No las quieras abrir, sigue
encerrada
en la sedienta piel o te sostenga
el inclinado cauce del
torrente.

Todo sueño que es nube se deshace.
Vuelva a brillar el sol, pues la
blancura
de esa ilusión de libertad celeste
es tan sólo una sombra
hecha jirones.

No sueñe más el agua, y tenga vida
en la savia o la sangre, tenga
sólo
en mí su libertad, libre en mis lágrimas.

Manuel Altolaguirre

La voz cruel

A Octavio Paz

Alzan la voz cruel

quienes no vieron el paisaje,

los que empujaron por el declive pedregoso

la carne ajena,

quienes debieron ser almas de todos

y se arrancaban de ellos mismos

cuerpos parásitos

para despeñarlos.

Mil muertos de sus vidas brotaban,

mil muertos solitarios

que miraban desde el suelo,

durante el último viaje,

la colosal estatua a la injusticia.

No eran muertos,

eran oprimidos,

seres aplastados,

ramas cortadas de un amante o de un padre,

seres conducidos por un deseo imposible,

topos de vicio

que no hallarán la luz

por sus turbias y blandas galerías.

Alzan la voz cruel

quienes no vieron el paisaje,

los que triunfaron

por la paz interior de sus mentiras.

¡Oh mundo desigual!

Mis ojos lloren

el dolor, la maldad:

la verdad humana.

Manuel Altolaguirre

Las

caricias

¡Qué música del tacto

las caricias contigo!
¡Qué acordes tan profundos!

¡Qué escalas de ternuras,
de durezas, de goces!
Nuestro amor
silencioso

y oscuro nos eleva
a las eternas noches
que separan altísimas

los astros más distantes.
¡Qué música del tacto
las caricias
contigo!

Manuel Altolaguirre

Libros recomendados de Manuel Altolaguirre

Edición física y antologías recomendadas para disfrutar de su obra lírica completa: