Poesía Universal

Luisa Castro

Biografía y amplia selección de poemas de Luisa Castro. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....

Biografía lírica

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Biografía y amplia selección de poemas de Luisa Castro. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Luisa Castro

14 poemas seleccionados
1.

Agonía

Tú no vienes.

		Te sientas a mi lado

		y te gusta hacer preguntas

		y esperas

		que yo extraiga un pez brillante

		del fondo del lago.

		

		Pescadora no soy.

		Nadie me ha visto enturbiando la orilla del río

		con unas botas de agua.

		

		Lo que estremece al buscador de oro,

		ese brillo convulso,

		para mí es dolor.


		De "De mí haré una 
		estatua ecuestre" 1997
2.

Antes de ser árbol fui cazador...

Antes de ser árbol fui cazador,

		cacé ciervos,

		cacé orugas,

		cacé negros caballos de río,

		cacé pájaros distintos en el ala de la noche,

		cacé nobles dentaduras de conejo,

		cacé un asno antiguo en el ojo de la higuera,

		cacé vacas gordas con el cuerno habitado de pistilos.

		cacé larvas para ti de pequeñita muerte,

		cacé libélulas con el cuello dibujado

		y rostros de sirena en el culo del invierno

		cacé.

		

		Antes de ser puente fui incendiaria

		y en cada cabello abrí una brecha

		como un barco.

		Sabía el fuego,

		conocía las artes. Parte de mis dedos

		se ardieron y así vistes: piel bajo

                                                 
		la piel, en el útero

		cenizas

		y así nazco.

		

		Ahora soy domador. Vivo en el circo

		y luego lo peor

		cuando la fatiga y la tarde

		y una plantación de eunucos que regar

		en el corazón imberbe de la tierra.


		De "Los 
		versos del Eunuco" 1986
3.

Aunque se rían de los versos que te escribo...

Aunque se 
		rían de los versos que te escribo

		y que dejo escondidos en las mantas del catre,

		pedaleo.

		Y Vegadeo es de lejos un fósforo encendido,

		llevo alas en las ruedas,

		voy en llanta,

		pero conozco el paisaje y tengo alma

		porque hago amistades

		con recuas de perros de varios pueblos

		y diversa índole.

		

                
		Me ladran porque te amo.

                
		Se arrojan a mis zapatos como fanecas salvajes.


		De 
		"Ballenas" 1988
4.

Bucea

No llenes el foso de cocodrilos,

		no lo hagas, bésame,

		yo luego no podré tirarme de cabeza

		y todo terminará como siempre

		sin haber empezado.

		Llévate mi vida, deja en paz mi pelo,

		lleva todo lo que tengo, nunca encontrarás

		el nudo oculto de mi cabeza, no me des

		la lata más, no me dejes un regalo

		ni quieras beberte mi copa, llévate

		mi vida

		y no me mires más.

		

		Sólo bucea,

		clava el arpón en tu presa,

		afina y discierne

		porque ya no eres joven.


		De "De 
		mí haré una estatua ecuestre" 1997
5.

Buenas noches

Yo sólo espero

		que llegue la noche para poder dormir.

		

		Darán las once -no es la hora

		todavía

		de que se acuesten los niños-.

		

		Un poco más y podré cerrar los ojos

		hasta mañana.

		

		El día me despertará

		con la misma disculpa de siempre.

		

		Le perdonaré, sí.

 


		**

		

		

		Yo sólo deseo

		que pase el tiempo y por fin llegue la muerte.

		Que pase sobre mi cabeza y mi cuerpo

		corriendo

		hasta que pueda decir

		basta, ya me has bautizado,

		nada nuevo sucederá

		si dejas caer sobre mí

		el agua y tus bendiciones.


		Sólo deseo 
		eso.

		Que pase el tiempo deprisa,

		que llegue la vejez

		y ya nada importe,

		sólo lo que a solas en mi corazón sobreviva,

		sólo lo que me acompañe hasta allí

		y también allí

		todo eso me abandone.


		De "De 
		mí haré una estatua ecuestre" 1997
6.

Cae impenitente una lluvia de palos una virgen se lamenta

De noche cuando el eunuco

		duerme

		soñando con mi tercera muerte y mi corazón

		divide el oro de la sangre

		un pequeño temblor me habita por la boca.

		

		Pulsar útiles arpas

		entonces,

		templar cálido hierro, cerrar

		sobre algún sexo las manos aún gritando

		sólo puedo morir, sólo puedo morir,

		quizás signifique

		estar cerca

		de mi soledad con un nudo.

		Quizás signifique verter fotografías en una zona

		a menudo extranjera

		golpeando una arena cimentada.

		

		Pero cuando duerme o se empeña en la venta de

		mis bienes,

		en mi rostro sobre el palo, sólo queda

		morir, sólo

		queda morir, lo doloroso

		es la mañana con himno y camareras,

		lo doloroso

		es mi cuerpo con andamiaje de ola como edificio

		de

		aire.

		

		A las cinco se llena de mujeres como

		un parque.


		A las seis 
		un viento que oscurece

		lo recorre como un

		sable.


		De "Los 
		versos del Eunuco" 1986
7.

Casi mediodía

I 

		Pero te dejo ir, te marchas, y yo ya no recuerdo

		si debo sufrir, si es mi hora, mi llanto, 

		mi Penélope,

		mi asiento duro y fácil

		de tejedora a la sombra de una espera inconmovible:

		te dejo ir y la mañana

		cae espesa y ruidosa,

		se postra en mis pasillos,

		invade las cocinas y yo ya no te amo

		porque no, no es del todo cierto un dolor tan constatable.

		

		Te dejo ir y avanzas confusamente entre los parques,

		estropeándolo todo con las huellas de

		tus botas

		grandes de soldado rubio.

		Te vas a la guerra y decir miedo,

		verte desaparecer diciendo hambre,

		verte caminar con la muerte sonriéndote en la espalda,

		prostituta de quince minutos estrechos

		en la primera esquina, junto

		a la tienda de puñales.


		II

		Y no, no es del todo cierto un dolor tan apreciable

		porque hay una cosa entre los frigoríficos

		que se llama resurrección

		y cada hora decapitada, cada segundo

		mutilado, cada vinculación ahí afuera

		supone que los perros van a desaparecer algún día

		con su fidelidad que traiciona rebaños,

		con su estúpida conducta de amor incondicional y severo.

		No es del todo cierto eso de que yo sufra,

		pregúntale a una esfinge sin brazos

		y con la nariz incompleta

		si me ha visto pasar con lágrimas y duelo.

		Quieren responderte con la misma frase lapidaria,

		hija de siglos,

		¡ah!, qué terrible llanto las cariátides, qué terrible llanto, 

		pero yo

		no pertenezco a la historia

		y no tengo amistades de piedra.

		Yo, dulcemente, he llegado a la desmesura del amor,

		a la cintura estrechísima de la soledad, dulcemente,

		etcétera,

		y mi alma alargada por el uso, estirada

		y ensanchada

		por los viajes fugitivos de tu cuerpo

		acumula el aire y flota,

		mi alma floja, preguntándose

		qué es esa cosa de que te miren

		todas las ciudades, de que te acojan todas las

		Venecias.


		De 
		"Odisea definitiva" 1984
8.

Dejé de transmitir sus señales e interpreté las mías

Cuando las gaviotas se lo coman todo

		y en los esqueletos de los barcos proliferen

		los insectos,

		seguirás preguntándote qué hice contigo

		después de recordarte.

		

		Porque después del recuerdo vienen otras cosas

		que no conociste,

		que tampoco conocí porque desaparecían

		al ritmo ligero de lo no deseado.

		Pequeñas rozaduras que envejecían el instinto

		de retenerte

		y que no hacían daño, como ahora las gaviotas.

		

		Todavía no, pero las veo gordas

		sobre sus patas tiesas de aferrarse a los ahogados

		y comerles los ojos

		sin movimiento.

		

		Porque no opone resistencia la carroña

		engordarán tranquilas.

		

		Pero todavía no,

		aunque las vea.


		De "Los 
		hábitos del artillero" 1990
9.

Divido

el mundo por dos

		

		I

		Divido el mundo por dos.

		No hace falta ser antigua para comprenderlo:

		de un lado está mi cabeza,

		del otro está mi padre pescando pez espada

		en las costas irlandesas, en las heladas aguas

		donde mis abuelos tenían

		amantes jovencísimas

		e hijos confundidos con nombres de botella.

		

		Mi cabeza es pura inteligencia.

		El trabajo de mi padre es domesticador.

		Mi cabeza cabe en la boca del león.

		

		Es siniestro

		que yo me criase en la boca del león. Todas las noches

		salíamos a echarles comida a los leones.

		Me acuesto cansada,

		Silvia,

		todo el día

		arrojando comida a los leones.

		Mi padre me llama a gritos y tengo miedo

		todo el día. Trabajo

		todo el día.

		Les tengo un miedo a los leones, un miedo...

		

		Me acuesto con una pierna de menos

		pero pienso en la otra y en los leones.

		la ley de la selva es dura. Trabajo todo el día

		y los romanos tienen unos látigos que dan un miedo...

		

		Mi padre pescaba pez espada para que yo pudiese

		-es siniestro-

		alimentar al león con mi cabeza hermosísima.

		Nunca puedo dormir sin que el bostezo de un león

		me interrumpa el descanso.

		Como tengo un cuerpo lindo

		los leones me prefieren;

		Comen con ojos y dientes.

		Los romanos tienen unos látigos que dan un miedo...

		

		Yo pienso de camino, sobre una sola pierna,

		en la pierna que me queda.

		Voy feliz porque soy inteligente.

		Me acuesto

		y enseguida me levanto: tienen hambre los leones.

		¡Ah, maricón!,

		los leones tienen un cerebro de mosquito

		y yo soy inteligente.

		Los romanos tienen unos látigos que dan un miedo...

		

		Sobrevivo sin las piernas, este león

		me devora la última, ¡ah, maricón!, qué cerebro

		de mosquito,

		quien me obligará a trabajar ahora

		que no tengo piernas

		para alimentar al león.

		

		Me acuesto cansada de cintura para arriba.

		De cintura para abajo soy pura inteligencia.

		Los hijos de mi padre

		se llamaban ron, caña, pez espada

		yo

		soy hija de mi padre,

		el domesticador.

		

		Quiero ver esas caras de jabón imperial.

		Nunca me acariciaron.

		Yo le metía mi inteligencia al león hasta el estómago

		y no tenía miedo.

		

		En la oreja izquierda llevo el pendiente

		de una amante hermosísima.

		Un día

		mi abuelo me dijo: llevarás este pendiente

		mientras la interpol permanezca

		en aguas irlandesas,

		vigilarás las mareas

		mientras los labios de tu padre huelan a contrabando.

		

		Dividido el mundo por dos.

		

		De cintura para arriba soy pura inteligencia.

		De cintura para abajo me gustan los leones.

		

		Divido el mundo por dos.

		Mi padre tiene las manos terminadas en punta

		y vive en una casa sin remos.

		Yo comeré toda mi vida apestosa carne de león.

		No pasaré hambre.

		Mi oreja izquierda sabe a pez espada.

		

		"De "Ballenas", 1988
10.

El

inventario de la muerte

		

		Al alquimista una fuga lenta de soldados

		solicito, un solo golpe para mí

		con amigas almas que se incendian para nadie

		y la fiera sorda del cuerpo

		a veces ya patria o ya derrota que conozco

		sin derribos.

      Puedes empezar a decir

                                        
		¿y la intemperie?

             Puedes 
		empezar a tocarte las manos.

		Que no vendrá una guerra de treinta años a llevarte,

		no vendrá mi voz con presagios y terrazas

		a perderte.

                       
		Es la alegría de mis uñas sucias,

		el olor de la piel y los zapatos de estratega

		que no abandonaré, que no

		abandonaré

		en las llamas aunque ardas

		para nadie

		con un verso de urgencia y largo olvido en la garganta.

		

		Al alquimista

		dadle

		el fuego, para mí el cuerpo extranjero

		que no conoce mi país de penas

		donde los cónsules del cieno se aburren libremente

		con muchachos dulces que no saben

		besar.


		De "Los 
		versos del Eunuco" 1986
11.

El sueño de la muerte

I

		Despiértame de este sueño de la muerte,

		príncipe de mis días,

		acércate,

		encuéntrame tendida en este sueño de la muerte.

		

		Tan bella como pueda serlo

		aquella que ha cruzado huyendo un bosque

		y se ha rendido,

		

		así soy yo de bella. 

		

		Muerta y llorada por pequeños amigos.


		II

		Despiértame de este sueño de la muerte.

		Atiende toda señal del camino

		y presta oídos al rumor de los árboles.

		Ellos te guiarán.

		Ábrete paso, príncipe de mis días,

		encuéntrame aquí bella y dormida

		y bésame.

		

		Tanto

		como puedas besar a aquella

		que ha cruzado huyendo un bosque

		perseguida y sin culpa

		hasta perderse.

		

		Así de bella soy.


		III

		Tu caballo,

		escúchalo,

		sabe hacia dónde va,

		no lo reprendas.

		Sus pequeñas y sensibles orejas

		te guiarán.

		

		Hasta este claro en el bosque.

		

		Hasta mí,

		que sabía que vendrías a caballo.


		IV

		Escondida

		del filo mortal del malvado

		hasta aquí he llegado.

		

		Refugiada

		de los venenos que acechan,

		nadie

		puede arrancarme el corazón.

		

		Así de muerta estoy.


		V

		Pero la casa es pequeña

		y las herramientas,

		diminutas en mis manos.

		

		La bondad de mis amigos,

		un hermoso ataúd de cristal

		y un entierro hermoso.

		

		Y esa roja manzana

		de piel resplandeciente

		y maligna semilla,

		no más dura y más bella que este fruto de mi muerte.


		De "De 
		mí haré una estatua ecuestre" 1997
12.

Estoy haciendo pruebas de velocidad

Retrocede.

		

		No soy yo, que conozco la cinta del tiempo

		y navego

		a sabiendas

		de que en el mar las horas tienen otro arbitrio

		y otra medida

		las fuerzas.

		

		Es el mundo,

		que retrocede.


		De "Los 
		hábitos del artillero" 1990
13.

Inocencia

Se acabó 
		la inocencia.

		Era una bebida empalagosa y breve,

		una comida exótica,

		ahora ya lo sé.

		

		La probé.

		

		De esas cosas que se toman un día

		y siempre las recuerdas,

		de esa gente que te encuentras

		y no vuelves a ver.

		

		Nunca sabrás lo que pasaría

		en el banco de la inocencia.

		Con los pies colgando

		allí sólo vive la gente que no recuerdas,

		lo que nunca ha pasado.

		

		Te sentaste un momento

		a escuchar desde lejos la orquesta.

		Era duro y solitario

		el banco de la inocencia.

		Demasiada prisa en volver

		como para no olvidarte algo.

		

		Ahora ya lo sabes,

		la inocencia es esa gente

		que se quedó tu chaqueta.


		De "De 
		mí haré una estatua ecuestre" 1997
14.

La amiga muerta

Averigua,

		dulce corazón de hermana imperdonable,

		cómo llegó hasta casa la discordia

		y cómo nos estalló en las manos

		un juguete que nunca deseamos, recuerda.

		

		Nos estalló en las manos.

		A ti te llevó la cara

		y a mí la mano izquierda.

		Ahora sólo puedo escribir

		pensando en mi amiga muerta.

		Ahora, dulce corazón de hermana imperdonable,

		sólo puedo escribir. 

		

		

		** 

		

		Averigua,

		dulce hermana que nada perdonas

		ni a tus huestes eliges,

		dónde prendió el mal

		y qué he hecho y qué has hecho,

		quién de todas las furias

		(enmascarada, soberbia),

		desbarató la obra que el tiempo había erguido

		y se comió el papel donde quedaba escrito

		para el hombre venidero,

		aquel que te llamaba al fondo de la carretera

		con los brazos abiertos y el color de los ojos

		aún por determinar,

		la forma en que habrías de reconocerlo:

		

		Llegará de día con los rayos del sol,

		no enturbiará su mirada

		el frío del amanecer

		ni los oscuros reclamos del bosque.

		

		Pero cuando sea la hora tú ya no estarás. Estaré yo.

		y en ese momento del baile

		la muerte

		cambiará de pareja.

 


		***

		

		Abre los ojos, es ella otra vez.

		No tengas miedo, es

		una cara amiga

		y te hablará con las mismas palabras de siempre.

		No deben sorprenderte

		sus frases de agradecimiento por oírla ya muerta

		ni sus gestos de disculpa por yacer en el suelo.

		

		Sabes que no se irá

		aunque tú te vayas

		y tus ojos no quieran ver. 

		Sabes que no se irá,

		seguirá aquí,

		por una eternidad seguirá aquí.

		Eres tú la que ocupas su lugar.

		Eres tú la que llenas su tiempo.


		De "De 
		mí haré una estatua ecuestre" 1997

Versos y pensamientos de Luisa Castro

4 citas
« Tú no vienes. / Te sientas a mi lado »
Luisa Castro · Agonía
« Antes de ser árbol fui cazador, / cacé ciervos, »
Luisa Castro · Antes de ser árbol fui cazador...
« Aunque se / rían de los versos que te escribo »
Luisa Castro · Aunque se rían de los versos que te escribo...
« No llenes el foso de cocodrilos, / no lo hagas, bésame, »
Luisa Castro · Bucea
Biblioteca poética

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