« "Tú serás del que te ame, del que corte / en tu huerto lo que he sembrado yo". »
Luis Zalamea Borda · A una desposada
Biografía y amplia selección de poemas de Luis Zalamea Borda. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de Luis Zalamea Borda. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
"Tú serás del que te ame, del que corte
en tu huerto lo que he sembrado yo".
Pablo Neruda
Blancas. Blancas serán tus bodas.
Las
nuestras ya lo fueron de musgo, sangre, tierra,
inexhausto ritual,
surgido desde el templo del mar.
La tribu. Concurrirá la tribu en
filisteo corrillo.
Nuestros testigos fueron el bosque y el silencio,
la savia del estío, los duendes, el rocío.
Azahares. Disimularán tu
compra los azahares.
No llevarás entonces la dulce soledad del
jaramago,
ni trepará a las ramas el grito de tu dicha.
Sábanas.
Desesperadamente blancas serán tus
sábanas nupciales.
Verde y coral, se hundió la hierba bajo tu peso
ansioso.
Manos. Cuando la torpe mano lime, hosca, tu piel,
buscarás la ternura de los días ya fundidos.
Muerta. Muerta
estará en ti la ternura que mi semilla dio.
Y tú. Tú también habrás
muerto en el día de tu boda.
Nueva, impoluta, pura,
compañera de mañaneras risas,
lejana
madre-niña, fuente de la ternura,
ancla de nuestras lágrimas y mutuo
desvarío.
Así quisiera verte.
Mitad ardilla en medio de los
sueños,
hembra fundamental, valerosa argonauta,
¿cuántas veces
llevaste la tristeza a calles
cenicientas
fundiéndote en la noche con la ciudad de llanto?
Volver, volver a ti, quisiera.
Encendida matriz de rebeldes
destellos,
cuajada soledad que ni los gritos rompen,
pirámide
aislada, taciturna y urbana.
Ante tu recia rosa se estrella la
nostalgia.
Mas así no te quiero.
Quisiera verte nueva, lavada por
el alba.
Limpia tu alma de hollín cosmopolita,
como en la mañana
verde que se pierde en
el trópico,
donde el amor ya juega y la ternura nace.
Así, así
quisiera verte.
Oh antigua capitana de mi bajel vagante
déjame que
te conduzca a la escondida rada.
Oh niña ardilla que una vez fuiste
mía:
déjame que cure tus heridas noctámbulas.
Y entonces, quizás, una
vez más te vea
-tus antiguas formas vuelvan poco a poco a mis
manos-
nueva, impoluta, pura... colmada de esperanza.
salvaje
¡Ah, qué nidada de caricias salvajes descubrí!
Guardadas en tu
bosque, desde el alba del mundo,
esperaban la mano que llegara a
arrancarlas,
la mirada que las volcara sobre tus venas todas,
el
temblor que iniciara tu espasmo y tu locura.
Vaivén en tus pupilas despertadas,
ojos que danzan al ritmo de
los hombros,
larga piel en su raíz estremecida,
la ansiosa
estalactita del deseo,
caracol que se incrusta en las orejas;
tus
ojos súbitos, terribles. ¡Ah tus ojos!
Y locura, embeleso y más locura.
Pantera que se escapa,
cervatilla rendida,
la sierpe envolvente de tus brazos,
abrazo de
mil lianas zapadoras,
largo césped donde los senos nacen,
ensenada
candente de los muslos,
playa con la blanca tersura de tu vientre.
Y locura, ternura y más locura.
Cadencia resonante de músicas
selváticas,
tambor noctambulario suena sobre tu espalda,
la flauta
imperceptible del suspiro,
largos gemidos de destrozados labios,
y
el grito sempiterno, tan guardado,
al fin la noche rompe en agudos
pedazos.
Y locura, cadencia y más locura.
Cavernas, grutas, lagos, musgos
leves;
hongos colgantes, zarzas en tu boca;
frutos ignotos, zumos
descubiertos;
mieses en la alborada, sed que ya se apaga;
venas
que se rebelan, sangre libertada;
yegua ululante, jinete que espolea.
Y locura, locura y más locura.
¡Ah qué nidada de caricias
salvajes descubrí!
¡Y qué voces intactas en tus prístinos fondos!
¡Y qué flores que se abren al tacto de mis manosl
Salvaje mía: ¡ámame
así, envuélveme en tu brumal
¡Y bebamos del manantial de esta locura
primitiva!
"Siempre es el mar donde mejor se quiere".
Andrés Eloy Blanco
No quiero oír tu voz,
ni adivinar tu
angustia
desde el destierro,
ni revivir en momentos de celo o de
locura
aquella nuestra entrecortada despedida.
(Las voces de la
noche eran nuevas, sutiles;
tus amplios pechos se encogieron,
tremendos en su lucha,
buscando encarcelarse en la tiniebla tibia. )
Ella, la despedida, no era marina como en lejano día,
sino
terrestre, final, definitiva;
molde de soledad, herida, grieta, tajo
de nuestras vidas.
Y así quiero que sea.
(Tu imagen está ya condenada al limbo de las horas perdidas
en la
inmensidad de un mar que se despierta, atónito,
de un sueño de
ondinas, madréporas en flor y barcos asesinos.)
No quiero reflejar mi
triste mirada en tu recuerdo.
Quiero olvidarte toda, poro a poro,
exánime, jadeante, casi muerta sobre la tierra plena
que conjuga el
amor ígneo de la euforia volcánica.
(En la lejanía mueren en coro, de tedio,
con dignidad crustácea,
los pálidos cangrejos,
y la tarde se disfraza de buzo.)
En mi memoria serás desde hoy,
como en los días de julio,
un
sudor hecho hembra
al final del camino.
"...es tan corto el amor
y es tan largo el olvido... "
Pablo Neruda
Te fuiste.
Como se va la primavera.
Como
se van todas las cosas.
Como se pierden en el mar las velas.
Y yo
me quedé solo,
con las uñas clavadas en la arena,
viendo como se
alejan las mareas.
Te fuiste.
Ni tu nombre recuerdo,
ni el color de tus ojos.
Sólo que por las tardes leíamos a Neruda;
aún me llega el timbre de
tu voz profunda,
y el alarido de tu dicha, suelto,
huyendo a
medianoche por la playa.
Te fuiste.
Irremediablemente huiste de mi vida.
Fue el océano
tu cómplice fortuito:
zarpaste al borde de un balandro cualquiera
una tarde cualquiera.
Yo me quedé sobre la playa dilatada,
salpicado de ocaso, solitario en la arena.
Te fuiste.
Nos habíamos
amado con la furia de los 25 años.
Todo fue cerca al mar:
besos de
sal y yodo,
mordiscos de medusa enloquecida,
saltos de delfines en
celo,
abrazos hasta brotar la sangre marinera.
Te fuiste.
Como se fueron también la rada familiar,
las velas
madrugadoras de los camaroneros,
el lecho duro de nuestros combates
clandestinos.
Hasta el mar cambió de rostro y de fragancia;
la
codicia del hombre corrompió las aguas.
El aire mismo se llenó de
venenos y de miasmas.
Te fuiste.
Como se van todas las cosas.
Y yo me quedé solo,
con las uñas clavadas en la arena,
viendo como se alejaban las
mareas.
el comienzo Eres el comienzo, la luz y la esperanza. Antes de ti era la nada y no habían nacido las palomas. Qué angustioso vacío el vivir sin saberte, aunque mis ojos adivinaran tu mirada lánguida y fueran construyendo mis manos tu presencia, inventando mis sueños piel, risa y esencia de tus besos. Sin ti andaba yo al garete, en un mar de borrasca, cuán alejado de todo puerto conocido. Y el mar también era la nada. Tendrías que llegar a darle un día el verdor de tus ojos, la sal de tus pupilas, un hontanar de lágrimas, y la suave madrépora que crece entre tus labios. Sin ti mi voz no tenía forma y su eco faltaba, era el lloro de un niño que se pierde. Tú le entregaste acento y le fijaste rumbo. Y entonces pude cantarte toda, con la voz que me diste. Antes de ti, la nada, la pegajosa angustia, la voz muda. Mas hoy comienza a respirar mi mundo, nutrido con tu luz, fincado en la esperanza.
Germinación del alba Dueña de los crepúsculos, tú en mí todo lo sabes y me has visto llorar. conoces mi congoja cuando la tarde llega meciendo entre su eclipse mi diaria solitud. Es el instante de la partida, la fuga del poniente que tú ya has compartido en mi zozobra viva, en mi sed de vagar. Ah niña que sollozas entre mis brazos trémulos, tu miras a la tarde como se mira el hijo, como se mira el pan. Y me miras a mí desde tu inmediata lejanía como se mira el fuego, como se mira el mar. (Mirada incierta, en espera, como trigo sin pilar ante el molino.) Señora del ocaso, vuelve hacia mí tus ojos a la hora tremenda del ciprés, en que la luz se alarga, en que todo se va. Dime con tu mirada que tú ya no me dejas, que estás siempre conmigo cuando los potros de la noche oímos cabalgar. Y tú estarás aquí. No viviré en cada atardecer mi escape ni ahogará entonces las sombras mi cantar. Estás aquí, realidad y mujer, y eres en la penumbra el sosiego anhelado, el faro vislumbrado, el ancla suspensa entre la luz.
« "Tú serás del que te ame, del que corte / en tu huerto lo que he sembrado yo". »
« Nueva, impoluta, pura, / compañera de mañaneras risas, »
« salvaje / ¡Ah, qué nidada de caricias salvajes descubrí! »
« "Siempre es el mar donde mejor se quiere". / Andrés Eloy Blanco »
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