Poesía Universal

Luis Zalamea Borda

Biografía y amplia selección de poemas de Luis Zalamea Borda. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Luis Zalamea Borda. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Luis Zalamea Borda

7 poemas seleccionados
1.

A una desposada

"Tú serás del que te ame, del que corte
                                          
		en tu huerto lo que he sembrado yo".
                                                                                        
		Pablo Neruda

Blancas. Blancas serán tus bodas.
Las 
		nuestras ya lo fueron de musgo, sangre, tierra,
inexhausto ritual, 
		surgido desde el templo del mar.
La tribu. Concurrirá la tribu en 
		filisteo corrillo.
Nuestros testigos fueron el bosque y el silencio,

		la savia del estío, los duendes, el rocío.
Azahares. Disimularán tu 
		compra los azahares.
No llevarás entonces la dulce soledad del 
		jaramago,
ni trepará a las ramas el grito de tu dicha.
Sábanas. 
		Desesperadamente blancas serán tus
                                                    
		sábanas nupciales.
Verde y coral, se hundió la hierba bajo tu peso 
		ansioso.
Manos. Cuando la torpe mano lime, hosca, tu piel, 
		
buscarás la ternura de los días ya fundidos. 
Muerta. Muerta 
		estará en ti la ternura que mi semilla dio.
Y tú. Tú también habrás 
		muerto en el día de tu boda.
2.

A una mujer cosmopolita

Nueva, impoluta, pura,
compañera de mañaneras risas,
lejana 
		madre-niña, fuente de la ternura,
ancla de nuestras lágrimas y mutuo 
		desvarío.
Así quisiera verte.
Mitad ardilla en medio de los 
		sueños,
hembra fundamental, valerosa argonauta,
¿cuántas veces 
		llevaste la tristeza a calles 
		
                                                            
		cenicientas
fundiéndote en la noche con la ciudad de llanto?

		Volver, volver a ti, quisiera.
Encendida matriz de rebeldes 
		destellos,
cuajada soledad que ni los gritos rompen,
pirámide 
		aislada, taciturna y urbana.
Ante tu recia rosa se estrella la 
		nostalgia.
Mas así no te quiero.
Quisiera verte nueva, lavada por 
		el alba.
Limpia tu alma de hollín cosmopolita,
como en la mañana 
		verde que se pierde en 
		
                                                           
		el trópico,
donde el amor ya juega y la ternura nace.
Así, así 
		quisiera verte.
Oh antigua capitana de mi bajel vagante
déjame que 
		te conduzca a la escondida rada.
Oh niña ardilla que una vez fuiste 
		mía:
déjame que cure tus heridas noctámbulas.


		Y entonces, quizás, una 
		vez más te vea
-tus antiguas formas vuelvan poco a poco a mis 
		
                                                                  
		manos-
nueva, impoluta, pura... colmada de esperanza.
3.

Amor

salvaje


		¡Ah, qué nidada de caricias salvajes descubrí!
Guardadas en tu 
		bosque, desde el alba del mundo,
esperaban la mano que llegara a 
		arrancarlas,
la mirada que las volcara sobre tus venas todas,
el 
		temblor que iniciara tu espasmo y tu locura.

		
Vaivén en tus pupilas despertadas,
ojos que danzan al ritmo de 
		los hombros,
larga piel en su raíz estremecida,
la ansiosa 
		estalactita del deseo,
caracol que se incrusta en las orejas;
tus 
		ojos súbitos, terribles. ¡Ah tus ojos!
                   
		Y locura, embeleso y más locura.

Pantera que se escapa, 
		cervatilla rendida,
la sierpe envolvente de tus brazos,
abrazo de 
		mil lianas zapadoras,
largo césped donde los senos nacen,
ensenada 
		candente de los muslos,
playa con la blanca tersura de tu vientre.
                   
		Y locura, ternura y más locura.

Cadencia resonante de músicas 
		selváticas,
tambor noctambulario suena sobre tu espalda,
la flauta 
		imperceptible del suspiro,
largos gemidos de destrozados labios,
y 
		el grito sempiterno, tan guardado,
al fin la noche rompe en agudos 
		pedazos.
                    
		Y locura, cadencia y más locura.

Cavernas, grutas, lagos, musgos 
		leves;
hongos colgantes, zarzas en tu boca;
frutos ignotos, zumos 
		descubiertos;
mieses en la alborada, sed que ya se apaga;
venas 
		que se rebelan, sangre libertada;
yegua ululante, jinete que espolea.
                     
		Y locura, locura y más locura.

¡Ah qué nidada de caricias 
		salvajes descubrí!
¡Y qué voces intactas en tus prístinos fondos!

		¡Y qué flores que se abren al tacto de mis manosl
Salvaje mía: ¡ámame 
		así, envuélveme en tu brumal
¡Y bebamos del manantial de esta locura 
		primitiva!
4.

Como en los días de julio

"Siempre es el mar donde mejor se quiere".
                                                                                     
		Andrés Eloy Blanco

No quiero oír tu voz,
ni adivinar tu 
		angustia
desde el destierro,
ni revivir en momentos de celo o de 
		locura
aquella nuestra entrecortada despedida.
(Las voces de la 
		noche eran nuevas, sutiles;
tus amplios pechos se encogieron, 
		tremendos en su lucha,
buscando encarcelarse en la tiniebla tibia. )

		
Ella, la despedida, no era marina como en lejano día,
sino 
		terrestre, final, definitiva;
molde de soledad, herida, grieta, tajo 
		de nuestras vidas.
Y así quiero que sea.

		
(Tu imagen está ya condenada al limbo de las horas perdidas
en la 
		inmensidad de un mar que se despierta, atónito,
de un sueño de 
		ondinas, madréporas en flor y barcos asesinos.)
No quiero reflejar mi 
		triste mirada en tu recuerdo.
Quiero olvidarte toda, poro a poro,

		exánime, jadeante, casi muerta sobre la tierra plena
que conjuga el 
		amor ígneo de la euforia volcánica.

		
(En la lejanía mueren en coro, de tedio,
con dignidad crustácea, 
		los pálidos cangrejos,
y la tarde se disfraza de buzo.)

		
En mi memoria serás desde hoy,
como en los días de julio,
un 
		sudor hecho hembra
al final del camino.
5.

Despedida

"...es tan corto el amor
                                             
		y es tan largo el olvido... "
                                                                      
		Pablo Neruda

Te fuiste.
Como se va la primavera.
Como 
		se van todas las cosas.
Como se pierden en el mar las velas.
Y yo 
		me quedé solo,
con las uñas clavadas en la arena,
viendo como se 
		alejan las mareas.

		
Te fuiste.
Ni tu nombre recuerdo,
ni el color de tus ojos.

		Sólo que por las tardes leíamos a Neruda;
aún me llega el timbre de 
		tu voz profunda,
y el alarido de tu dicha, suelto,
huyendo a 
		medianoche por la playa.

		
Te fuiste.
Irremediablemente huiste de mi vida.
Fue el océano 
		tu cómplice fortuito:
zarpaste al borde de un balandro cualquiera

		una tarde cualquiera.
Yo me quedé sobre la playa dilatada,

		salpicado de ocaso, solitario en la arena.
Te fuiste.
Nos habíamos 
		amado con la furia de los 25 años.
Todo fue cerca al mar:
besos de 
		sal y yodo,
mordiscos de medusa enloquecida,
saltos de delfines en 
		celo,
abrazos hasta brotar la sangre marinera.

		
Te fuiste.
Como se fueron también la rada familiar,
las velas 
		madrugadoras de los camaroneros,
el lecho duro de nuestros combates 
		clandestinos.
Hasta el mar cambió de rostro y de fragancia;
la 
		codicia del hombre corrompió las aguas.
El aire mismo se llenó de 
		venenos y de miasmas.

		
Te fuiste.
Como se van todas las cosas.
Y yo me quedé solo,

		con las uñas clavadas en la arena,
viendo como se alejaban las 
		mareas.
6.

En

el comienzo


		Eres el comienzo, la luz y la esperanza.
Antes de ti era la nada y no 
		habían nacido las palomas.
Qué angustioso vacío el vivir sin saberte,

		aunque mis ojos adivinaran tu mirada lánguida
y fueran construyendo 
		mis manos tu presencia,
inventando mis sueños piel, risa y esencia de 
		tus besos.

		
Sin ti andaba yo al garete, en un mar de borrasca,
cuán alejado 
		de todo puerto conocido.
Y el mar también era la nada.
Tendrías 
		que llegar a darle un día
el verdor de tus ojos, la sal de tus 
		pupilas,
un hontanar de lágrimas,
y la suave madrépora que crece 
		entre tus labios.

		
Sin ti mi voz no tenía forma y su eco faltaba,
era el lloro de un 
		niño que se pierde.
Tú le entregaste acento y le fijaste rumbo.
Y 
		entonces pude cantarte toda, con la voz que me diste.

		
Antes de ti, la nada, la pegajosa angustia, la voz muda.
Mas hoy 
		comienza a respirar mi mundo,
nutrido con tu luz, fincado en la 
		esperanza.
7.

Germinaciã“n

Germinación del alba


		Dueña de los crepúsculos,
tú en mí todo lo sabes y me has visto 
		llorar.
conoces mi congoja cuando la tarde llega
meciendo entre su 
		eclipse mi diaria solitud.
Es el instante de la partida, la fuga del 
		poniente
que tú ya has compartido
en mi zozobra viva, en mi sed de 
		vagar.

		
Ah niña que sollozas entre mis brazos trémulos,
tu miras a la 
		tarde como se mira el hijo,
como se mira el pan.
Y me miras a mí 
		desde tu inmediata lejanía
como se mira el fuego, como se mira el 
		mar.
(Mirada incierta, en espera,
como trigo sin pilar ante el 
		molino.)

		
Señora del ocaso,
vuelve hacia mí tus ojos
a la hora tremenda 
		del ciprés,
en que la luz se alarga, en que todo se va.
Dime con 
		tu mirada que tú ya no me dejas,
que estás siempre conmigo
cuando 
		los potros de la noche oímos cabalgar.

		
Y tú estarás aquí.
No viviré en cada atardecer mi escape
ni 
		ahogará entonces las sombras mi cantar.
Estás aquí, realidad y mujer,

		y eres en la penumbra
el sosiego anhelado,
el faro vislumbrado,

		el ancla suspensa entre la luz.

Versos y pensamientos de Luis Zalamea Borda

4 citas
« "Tú serás del que te ame, del que corte / en tu huerto lo que he sembrado yo". »
Luis Zalamea Borda · A una desposada
« Nueva, impoluta, pura, / compañera de mañaneras risas, »
Luis Zalamea Borda · A una mujer cosmopolita
« salvaje / ¡Ah, qué nidada de caricias salvajes descubrí! »
Luis Zalamea Borda · Amor
« "Siempre es el mar donde mejor se quiere". / Andrés Eloy Blanco »
Luis Zalamea Borda · Como en los días de julio
Biblioteca poética

Libros de Luis Zalamea Borda recomendados

Ediciones recomendadas para disfrutar de su obra poética completa y estudio crítico: