Poesía Universal

Luis Felipe Vivanco

Biografía y amplia selección de poemas de Luis Felipe Vivanco. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Luis Felipe Vivanco. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Luis Felipe Vivanco

11 poemas seleccionados
1.

Balada del camino

He tardado 
		mucho en llegar.

		Día tras día iban mis pasos comprendiendo el camino,

		unas veces me alejaba de Dios, y otras me acercaba más a él;

		a veces me besaban unos labios, y a veces los sentía

		muy lejanos de mí y casi muertos en la noche.

		

		He caminado con las estaciones del año,

		con los ríos silenciosos y con las estrellas;

		he caminado con la tierra de trigo

		y con el viento triste de las calles abandonadas

		que agitaba sus alas en mi espíritu.

		

		He tardado mucho tiempo en llegar

		y muchas ilusiones perdidas como flores de almendro

		a largo del sueño mantenido en las horas entreabiertas de estudio.

		He tardado muchos días inolvidables,

		a veces al borde de un arroyo, a veces al borde de la música,

		sintiendo el corazón viajero como las nubes

		y la mano dispuesta para apretar el silencio de otra mano.

		

		He caminado la tierra más desnuda,

		y los días más claros y más hermosos,

		y las noches más altas y transparentes,

		a solas con la llanura y con el cielo,

		sin desear otra hermosura sino el nombre sereno del Señor,

		mientras su voz amiga consolaba mi humana permanencia.

		

		He tardado en llegar, pero no estoy al fin de mi camino.

		El tiempo se desnuda de sus galas antiguas en la madurez del corazón,

		y quedan sus horas ofrecidas en carne limpia.

		He llegado por fin, y está el hogar encendido,

		esperando la mirada más lenta de mis ojos,

		la mirada que no termine nunca

		mientras los árboles renuevan su belleza inmortal y pasajera.

		

		Ya no quiero ser más de lo que soy

		porque la luz y la sombra sienten la gratitud nacida de mi palabra,

		y el canto que afirmaba mi presencia ideal entre los hombres

		desmaya suavemente como si sólo fuera posible la piedad.

		

		De "Baladas interiores" 1941
2.

Cansado de palabras

A Camilo José Celá

		

		Cansado de palabras (y también de silencios). 

		Cansado de evidencias (y también de misterios).

		Tu horizonte está lejos, y en él cada simiente 

		viva, cada minuto sensible de distancias.

		

		¡Qué bien estás, Señor, alrededor de cada pueblo! 

		Tú, ¡qué bien! , ¡Y qué bien yo, si una tarde nos une 

		con rojas arenarias y botones azules, 

		y una yunta, y un perro que ladra, y algún pájaro! 

		¡Qué bien se está, Señor, con distancias de campo pujanza

		y colores activos levemente ondulando!

		¡Qué bien se está, Señor, y qué poco hace falta!

		(Las casas, tan pegadas a la tierra, y la entrega, tan alta.)

		

		Cansado de ser otro (tal vez de ser yo mismo),

		me entregaré a las cosas que no ambiciona nadie

		para ignorar con ellas, libre de otros dominios.

		Sólo tuya, Señor, la realidad del mundo

		(y la palabra viva que se acerca y reduce

		su exceso de conciencia para ser algo tuyo).

		

		Cansado de lecciones (y de imaginaciones),

		quiero andar por la vía del tren, por el paisaje

		que se opone a los sitios pintorescos, se aleja

		del pueblo sin más bienes que su cielo y su fuerza.

		Allí he crecido en años de secreto abandono

		que fueron las raíces de un ramaje sonoro.

		Y allí Tú te abandonas a tu mejor pobreza.


		De "El 
		descampado" 1957
3.

Canto de resurrección

Hoy quiero cantar mi amor sobre todas las cosas

		y que mi voz llegue a tu oído con su tristeza verdadera

		Hoy quiero decirte lo que soy, para que tú comprendas

                    
		la soledad del hombre.


		Quiero 
		huir de todas mis palabras antiguas, para volar a ellas.

		A través del mar, y de las montañas, y de los días de

                    
		ilusión y de encendimiento,

		a través del sueño, y del pensamiento, y de los amigos verdaderos,

		a través de todo te amo y te llevo en mi corazón con

                    
		una llama purísima ensalzada.

		

		Quiero cantar mi amor sobre todas las cosas

		porque llevo dentro de mí el dolor de todo lo que he callado

                    
		en tu presencia!

		

		Y  hoy, Viernes Santo, con los altares desnudos, como torres sin 
		campanas,

		con el cuerpo blanco de Cristo muerto y la soledad de María,

		con el corazón fortalecido por ese dolor que procede de la esperanza,

		hoy quiero que mi voz ahonde en su propia miseria de criatura.

		Quiero cantar mi amor con el recuerdo de tu nombre.

		

		Tú sabes que la mano de Dios es un consuelo y que no se puede pedir 
		otro.

		Tú sabes que la raíz del hombre está en su clara voluntad divina.

		Y yo quiero que la prueba más alta de mi fe preceda a mi canto:

		¡Señor, hágase tu Voluntad y no la mía!

		

		En el silencio de la tierra y en el silencio de los cielos

                     
		una dulce flor ha nacido para mi locura.

		Todo calla, y mi alma aspira el aroma de su viva presencia sensible.

		La distancia, y el silencio, y el misterio se encienden,

		para que su hermosura se aposente en mis ojos.

		Nuestras palabras se juntan en el aire sereno,

        nuestros labios se sienten humildes 
		como capullos entreabiertos.

		Tú estás a mi lado, y yo siento el principio de tu confianza.

		Tú eres una mujer que derramas el llanto sobre el paisaje,

        atraes a tu cintura flexible el fino 
		resplandor de la lejanía. 

		Y yo soy un hombre que estoy a tu lado,

		y pierdo tus sonrisas porque estoy soñando contigo.

		

		Yo me levanto en mí con el nombre del Señor en mis labios,

		decidido a estar siempre como al alcance de su voz humana.


		Tú eres 
		una criatura nada más, pero tengo fe en ti.

		Yo te veo desde la altura de mis días y desde mis ensueños terminados.

		Yo quiero levantar sencillamente tu alegría para después residir en 
		ella,

		pero pierdo mis ilusiones con la misma ternura, con el mismo 

                  
		temblor en el alma.

		Ya que no tu alegría levantada por mí, aquí están el temblor y la 
		ternura.

		Ya que no tus ojos profundos acariciando mi vida,

		aquí está mi voluntad que todo puede quererlo. 


		¡Mi amor 
		sobre todas las cosas!

		Mi amor en las palabras para hablar lentamente contigo,

		mi amor en las miradas para ver contigo los árboles y en

                    
		ellos la primavera y el otoño,

		mi amor en los libros para envolver tu juventud con sus páginas 
		preferidas,

		mi amor en las penas para sufrir contigo como dos niños solos,

		mi amor en la alegría para ser a tu lado la encarnación del sueño.

		

		Frente a ti he llegado al límite de mí mismo. 

		Me conozco en mi oscuridad, me conozco en la pura intensidad de mi 
		anhelo. 

		Todo está consumado en mis ojos y en mi sangre. 

		Tú estás sola, presidiendo el sereno dolor que reina en mi locura. 

		Tú estás en mí como amor: amor preciso, loco, verdadero, triste y 
		desierto.

		Mi amor es un desierto que busca su horizonte sencillo

                      
		en tu débil voluntad silenciosa.

		Mi amor nada te pide, pero atiende al silencio de tu sombra profunda.

		

		Tú profunda, tú incierta y misteriosa.

		¿Dónde está nuestra alegría? ¿Dónde está nuestra dicha?

                      
		¿Dónde está nuestro gozo?

		Mi alegría y mi gozo están en mis ojos cuando te miran y te ven cercana,

		y descubren tu abierta intimidad, como la lumbre excelsa de los cielos.

		

		Mañana será día de gloria y de resurrección.

		¡Que mi amor resucite en tu pecho dulcísimo!

		¡Que tus ojos me miren, renovando la gloria de otros días azules!

		¡Mañana, con el aire engalanado! Pero no he de decir siempre: mañana.

		¡Que la esperanza se cumpla en la alegría!

		¡Que la gloria descienda al corazón!

		Un cuerpo luminoso sube a los cielos.

		Los hombres estamos obligados a la sangre más alta.

		Todo nuestro misterio reside en la luz.

		Oh amor, somos criaturas y la luz nos ensalza!

		Yo siempre me sentiré unido a ti en la luz!

		¡Por encima del aire y del silencio mi amor solo en la luz resucitada!

		Mi amor que eres tú, y tu nombre pequeño, preferido en mis labios.

		Y tú también llevas la luz en tus ojos, la claridad más sola, el 
		misterio

                          
		la gracia de la esposa,

		la obediencia en la luz, la mano del Señor, el consuelo perfecto

                          
		de su voz humana.

		

		Hoy quiero cantar mi amor que eres tú, y mañana serás

                          
		toda la luz del cielo!


		De 
		"Cantos de primavera" 1936
4.

Confidencia

«Añicos de corazón por tierra gritando:

		                                                                                                         
		recogednos, ya es hora»

                                                                                                                                 
		Juan Larrea

		

		La tristeza con que te amo tiene un ritmo que no construye lo que te 
		dosifica 

      e inmuniza sobre sueños de hamaca

		

		Perpleja como esquina peligrosa y como si esperara temiera adivinara y

      empezara otra vez a suspirar cuando ya no es hora

		

		El caso es que no tengo ni la menor sospecha de evasión  a tu  
		costa por los

		alrededores y pasillos asiduos de una herida prohibida


		El caso es 
		que suspiro de no poder abrir la senda y el color del precipicio 

      la maleza de tu voz                
		y desmayo de un párpado atractivo 

		

		Silencio los achaques de mi experiencia nueva desde el profundo malestar
		

      de un hado que no tiene ya fuerzas para triunfar 
		contigo plenamente

		

		La tristeza con que te amo no se escapa a la noche y su estirón de 
		altura 

      no duerme en tus rodillas plegadas junto al fuego
		

		

		Tendría que ahuyentar las dudas atmosféricas y echar mano de ti para mi
		

      agregación al cuarzo y otras límpidas sonrisas 
		minerales

		

		Tendría que agotar la conjetura frágil que espía el nacimiento de tus 
		ojos 

      y tus labios cantando de oreja transparente y 
		piedrecillas sueltas

		

		El caso es que te amo sin memoria pero con ave-fénix de tus piernas 
		desnudas 

      que afirman su juventud curiosa y estudiante a 
		cada salto

		

		Tu futuro amueblado con ternura de amante y vocación de idilio de Rut la 
		Moabita 

      se aleja entre pisadas y resaca fatal de mis 
		lecturas rusas

		

		Pero tu aguja enhebra el helio y el hidrógeno de una estrella naciente 
		donde aprende 

      a ocupar su lugar en el verso la tristeza con que 
		te amo 


		De 
		"Prosas propicias"
5.

Corona firme

I

		¿En qué brisa ligera mis sueños arrebatados comulgan con

                    
		la sombra encendida de tus ojos? 

		¿En qué dolor de pozo solitario el agua me acaricia como la palma 
		silenciosa 

                   
		que se humilla a tu figura?

		¿En qué monte de aromas juveniles oigo palpitar tu sinrazón 

		como una verdad ajena a la perseverancia de mi vida.

		

		Yo sé que en la mañana de fuego excesivo,

		y en la tarde tranquila de chopos soñadores,

		y en la noche brillante que atraviesa mis dudas

		como una cierva ligerísima, 

		tú eres una sola flor que conserva en sus pétalos 

		el nevado principio de la piel más suave y más profunda,

		todas las cosas son tu exigencia sencilla

		y tus manos transparentan la precisión gozosa del mundo verdadero.

		Y a mí, que siento y canto tu blancura pequeña y tu excelencia breve,

		no me es posible otro gozo sino seguir inclinado sobre tus huellas.

		

		II

		Las montañas se levantan dispuestas a unir nuestros dos corazones,

		la mañana dichosa es como el ambiente inefable de nuestras dos almas 
		unidas,

		pero yo no me atrevo a pedirte que me mires,

		y no quiero suplicarte que reposen tus ojos sobre mi locura.

		

		Sólo tu luz inaccesible me recoge

		con su ligera claridad que rinde los ecos de mi angustia,

		la angustia del hombre de la tierra

		y de sus huesos duros que sufren por el ágil destino de los pájaros.

		

		Pero en el dulce asilo de tu vigilia luminosa

		mi infancia crece como una aurora en fiesta de rocío,

		mi deseo se siente oprimido por el agua sonriente

		y mi sorpresa se eleva como brote divino.

		

		Oh ensueño feliz que me obligas a suspirar en esta soledad conmovida!

		Oh brillo de ausencia que me conservas puro entre tus brazos luminosos!

		Tú eres la sombra tierna en el regazo de los valles

		y la dorada lumbre que perfecciona el viento en las espigas.

		

		Y yo me lanzo hacia las estrellas porque después del resplandor de tus 
		ojos

		Sólo la transparencia de la noche puede albergar mi sangre enamorada,

		que prefiriendo siempre tu claridad alegre

		hace eterna mi vida en su gozo más hondo.

		

		

		III

		Muchos versos he escrito desde que tenía quince años

		pero éstos que se encienden con tanta ilusión de puros amores

		son un risueño escorial apartado, un residuo de pureza

		que ha resistido al fuego de mi anhelo más íntimo.

		

		Tú has suprimido la tristeza que brotaba debajo de mis pies solitarios,

		tú me mantienes en una pura intensidad de nubes y de montañas,

		y mi corazón es como un ala marchita

		que recoge el temprano morir de su esperanza

		sobre el tiempo seguro de tu unidad resplandeciente.

		

		Por eso persevera mi asombro, y es mi vida nueva , 

		y es mi luna romántica en su cuarto creciente de miradas fieles 

		que envuelven tu figura con tus propios encantos.

		¡Qué dolor más alto me humilla a sus visiones! 

		¡Qué purísimo edificio levanto en tu blancura, 

		cuando toda mi sangre enajenada

		es el claro sonido de mi voz que pronuncia tu nombre.

		

		De "Tiempo de dolor" 1940
6.

El

descampado

		

                                                   
		            A 
		Dámaso Alonso

		

		Tú estás en ese taxi parado, sí, eres Tú

		-un bulto en el crepúsculo- junto al bordillo blanco

		donde se acaba el campo de enfrente o descampado.

		Lo sé, aunque no te he visto (y aunque dentro del taxi

		no hay nadie). Está lloviendo con fuerza. Está empezando

		a oler en la ciudad a campo de muy lejos...

		Y tú estás en el taxi como en una capilla

		que fuera entre las hazas ermita solitaria.

		(Lo sé, porque esos trigos que se iluminan, lejos...,

		y ese río parado, con sus aguas crecidas

		de pronto...) Llueve fuerte y estás dentro del taxi

		(tal vez junto a ese chofer fatigado al volante).

		Sé que dentro del taxi no hay nadie, pero huele

		a lluvia de muy lejos. Suena esa lluvia. Y pienso

		sin ganas: ser poeta, suspender en el aire

		laborioso de un día y otro día unas pocas

		palabras necesarias, y quitarse de en medio.

		Porque uno -su difícil vivir- ya no hace falta

		si quedan las palabras. Ser poeta: orientarse,

		como esa luz dudosa cruzando el descampado

		y en vez de una existencia brillante, tener alma.

		Por eso, algo me quito de en medio: estoy viviendo

		como un taxi parado junto al bordillo blanco

		(y hay un cerco de alegres sonrisas y de manos

		fieles a sus celestes contactos en la sombra).

		Porque Tú, el más activo -y el más ocioso- estabas

		aquí, junto al farol de luz verde en la noche.

		Tú, sin libros; Tú, libre con brazos, con miradas,

		estabas sin testigos y medías -ocioso-

		mis pasos por mi cuarto (donde caben mis años).

		Y los trigos en éxtasis de Castilla la Vieja,

		los ríos llameantes con sus aguas crecidas,

		seguían a lo lejos relevándote (mientras

		detrás de mis cristales aparece el retraso

		de ese barro, esos charcos del ancho descampado,

		¡yo también descampado, desterrado del campo!)


		De "El 
		descampado"  1957
7.

1.

No le nombramos nunca.

		

		No hace falta nombrarle

		cuando avanza el otoño:

		sus grandes nubes bajas,

		sus cielos y horizontes

		húmedos, en tardanza

		labradora, los plátanos

		cobrizos de las calles,

		los charcos en el suelo

		y las mal trajeadas

		mujeres del tranvía.

		

		No hace falta nombrarle.

		Aunque el campo esté lejos,

		sus grandes nubes bajas

		nos traen los paisajes

		anchos, vividos, nuestros,

		nuestra diaria vereda

		de aislamiento amoroso.

		Rocas de musgo y alba

		junto al crecido arroyo.

		Encinares quebrándose

		mansamente hacia el río.

		Los negrillos. Los finos

		dibujos de los surcos.

		La tapia y los frutales

		del huerto, donde flota

		matinal en la niebla

		la oración de las monjas.

		Los trenes y sus largos

		silbidos.

                  
		No hace falta

		nombrarle. Está en el mundo.
8.

2.

Sabemos que está aquí, dorando las distancias

		mirando, caminando su cosecha, dejándola

		bien crecida y andada: olas constantes

		sobre un rumor de antiguas letanías.

		

		Sabemos que está aquí, donde todas las fechas

		tienen pausa de islotes

		que escuchan, apagados, la espuma del naufragio,

		donde todas las fechas tienen algo

		de esa barca sin remos, tan lejos de la orilla...

		

		Sabemos que está aquí, donde todos los rostros

		mezclan lentas arrugas,

		donde los brazos, sueltos, se apartan de sus cuerpos,

		donde ya no hay miradas, ni mejillas, ni labios,

		sino un rescoldo gris de noviembre, enfriándose.
9.

3.

Sabemos de aquel carro

		que ha volcado en la noche,

		de aquel monte y sus rojas

		hogueras de pastores,

		del color de la tierra

		con disparos de otoño,

		del frío y la humedad, cuando la tarde

		moja su cuerpo herido entre los tallos

		del mimbreral.

                              
		Sabemos

		de las jaras ahumadas

		y las manos del guarda

		que, una vez destripados

		los conejos, se ausentan 

		patriarcales y encienden, 

		ahuecadas, su negro

		cigarro, sin nombrarle.)
10.

4.

Aunque el campo esté 
		lejos,

		amor es fuego. El fuego

		se enciende por las tardes,

		dura toda la noche.

		El fuego son imágenes,

		silenciosos viajes...

		

		Desde la lluvia oblicua de la acera

		miramos las estampas

		y pasamos las páginas

		del fuego solitario:

		sus llamas interiores.

		

		Prontos obedeceres:

		las luces que se encienden

		en las calles estrechas,

		y en los pisos cerrados

		las fugas en los juegos

		de los niños que han vuelto del colegio.
11.

5.

Se alargan los 
		crepúsculos,

		los senderos, el viento.

		No hace falta nombrarle.

		Por un lado, aprendemos

		a olvidar, y por otro

		somos como los niños

		aunque tanta experiencia

		sin querer nos ha hecho

		un poco menos tristes ).

		

		No estamos embriagados.

		(Debiéramos estarlo?)

		No decimos blasfemias.

		(Debiéramos decirlas ?)

		Y la Muerte? Su heroica

		figura nos convence,

		nos lleva de la mano...

		pero sabemos poco

		de morir, y salimos

		de las estrellas falsas.

		

		Dentro, había una sombra

		buena, había una esposa

		y un hijo que se espera

		tal vez, y se le espera

		dibujando, cosiendo,

		cuando avanza el otoño.

		No hace falta nombrarle

		tampoco.

                     
		Envejecemos,

		somos como los niños:

		los niños solitarios

		viajando junto al fuego

		tardes, noches enteras

		de amor envejecido.

		(Y morir es lo último 

		de todo.)


		                   
		Estamos vivos

		locamente abrazados

		en la vida y el sueño

		(aunque haya tanta muerte

		contagiosa en el mundo.)

		

		De "Continuación de la vida" 1949

Versos y pensamientos de Luis Felipe Vivanco

4 citas
« mucho en llegar. / Día tras día iban mis pasos comprendiendo el camino, »
Luis Felipe Vivanco · Balada del camino
« A Camilo José Celá / Cansado de palabras (y también de silencios). »
Luis Felipe Vivanco · Cansado de palabras
« Hoy quiero cantar mi amor sobre todas las cosas / y que mi voz llegue a tu oído con su tristeza verdadera »
Luis Felipe Vivanco · Canto de resurrección
« «Añicos de corazón por tierra gritando: / recogednos, ya es hora» »
Luis Felipe Vivanco · Confidencia
Biblioteca poética

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