« mucho en llegar. / Día tras día iban mis pasos comprendiendo el camino, »
Luis Felipe Vivanco · Balada del camino
Biografía y amplia selección de poemas de Luis Felipe Vivanco. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de Luis Felipe Vivanco. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
He tardado mucho en llegar. Día tras día iban mis pasos comprendiendo el camino, unas veces me alejaba de Dios, y otras me acercaba más a él; a veces me besaban unos labios, y a veces los sentía muy lejanos de mí y casi muertos en la noche. He caminado con las estaciones del año, con los ríos silenciosos y con las estrellas; he caminado con la tierra de trigo y con el viento triste de las calles abandonadas que agitaba sus alas en mi espíritu. He tardado mucho tiempo en llegar y muchas ilusiones perdidas como flores de almendro a largo del sueño mantenido en las horas entreabiertas de estudio. He tardado muchos días inolvidables, a veces al borde de un arroyo, a veces al borde de la música, sintiendo el corazón viajero como las nubes y la mano dispuesta para apretar el silencio de otra mano. He caminado la tierra más desnuda, y los días más claros y más hermosos, y las noches más altas y transparentes, a solas con la llanura y con el cielo, sin desear otra hermosura sino el nombre sereno del Señor, mientras su voz amiga consolaba mi humana permanencia. He tardado en llegar, pero no estoy al fin de mi camino. El tiempo se desnuda de sus galas antiguas en la madurez del corazón, y quedan sus horas ofrecidas en carne limpia. He llegado por fin, y está el hogar encendido, esperando la mirada más lenta de mis ojos, la mirada que no termine nunca mientras los árboles renuevan su belleza inmortal y pasajera. Ya no quiero ser más de lo que soy porque la luz y la sombra sienten la gratitud nacida de mi palabra, y el canto que afirmaba mi presencia ideal entre los hombres desmaya suavemente como si sólo fuera posible la piedad. De "Baladas interiores" 1941
A Camilo José Celá Cansado de palabras (y también de silencios). Cansado de evidencias (y también de misterios). Tu horizonte está lejos, y en él cada simiente viva, cada minuto sensible de distancias. ¡Qué bien estás, Señor, alrededor de cada pueblo! Tú, ¡qué bien! , ¡Y qué bien yo, si una tarde nos une con rojas arenarias y botones azules, y una yunta, y un perro que ladra, y algún pájaro! ¡Qué bien se está, Señor, con distancias de campo pujanza y colores activos levemente ondulando! ¡Qué bien se está, Señor, y qué poco hace falta! (Las casas, tan pegadas a la tierra, y la entrega, tan alta.) Cansado de ser otro (tal vez de ser yo mismo), me entregaré a las cosas que no ambiciona nadie para ignorar con ellas, libre de otros dominios. Sólo tuya, Señor, la realidad del mundo (y la palabra viva que se acerca y reduce su exceso de conciencia para ser algo tuyo). Cansado de lecciones (y de imaginaciones), quiero andar por la vía del tren, por el paisaje que se opone a los sitios pintorescos, se aleja del pueblo sin más bienes que su cielo y su fuerza. Allí he crecido en años de secreto abandono que fueron las raíces de un ramaje sonoro. Y allí Tú te abandonas a tu mejor pobreza. De "El descampado" 1957
Hoy quiero cantar mi amor sobre todas las cosas
y que mi voz llegue a tu oído con su tristeza verdadera
Hoy quiero decirte lo que soy, para que tú comprendas
la soledad del hombre.
Quiero
huir de todas mis palabras antiguas, para volar a ellas.
A través del mar, y de las montañas, y de los días de
ilusión y de encendimiento,
a través del sueño, y del pensamiento, y de los amigos verdaderos,
a través de todo te amo y te llevo en mi corazón con
una llama purísima ensalzada.
Quiero cantar mi amor sobre todas las cosas
porque llevo dentro de mí el dolor de todo lo que he callado
en tu presencia!
Y hoy, Viernes Santo, con los altares desnudos, como torres sin
campanas,
con el cuerpo blanco de Cristo muerto y la soledad de María,
con el corazón fortalecido por ese dolor que procede de la esperanza,
hoy quiero que mi voz ahonde en su propia miseria de criatura.
Quiero cantar mi amor con el recuerdo de tu nombre.
Tú sabes que la mano de Dios es un consuelo y que no se puede pedir
otro.
Tú sabes que la raíz del hombre está en su clara voluntad divina.
Y yo quiero que la prueba más alta de mi fe preceda a mi canto:
¡Señor, hágase tu Voluntad y no la mía!
En el silencio de la tierra y en el silencio de los cielos
una dulce flor ha nacido para mi locura.
Todo calla, y mi alma aspira el aroma de su viva presencia sensible.
La distancia, y el silencio, y el misterio se encienden,
para que su hermosura se aposente en mis ojos.
Nuestras palabras se juntan en el aire sereno,
nuestros labios se sienten humildes
como capullos entreabiertos.
Tú estás a mi lado, y yo siento el principio de tu confianza.
Tú eres una mujer que derramas el llanto sobre el paisaje,
atraes a tu cintura flexible el fino
resplandor de la lejanía.
Y yo soy un hombre que estoy a tu lado,
y pierdo tus sonrisas porque estoy soñando contigo.
Yo me levanto en mí con el nombre del Señor en mis labios,
decidido a estar siempre como al alcance de su voz humana.
Tú eres
una criatura nada más, pero tengo fe en ti.
Yo te veo desde la altura de mis días y desde mis ensueños terminados.
Yo quiero levantar sencillamente tu alegría para después residir en
ella,
pero pierdo mis ilusiones con la misma ternura, con el mismo
temblor en el alma.
Ya que no tu alegría levantada por mí, aquí están el temblor y la
ternura.
Ya que no tus ojos profundos acariciando mi vida,
aquí está mi voluntad que todo puede quererlo.
¡Mi amor
sobre todas las cosas!
Mi amor en las palabras para hablar lentamente contigo,
mi amor en las miradas para ver contigo los árboles y en
ellos la primavera y el otoño,
mi amor en los libros para envolver tu juventud con sus páginas
preferidas,
mi amor en las penas para sufrir contigo como dos niños solos,
mi amor en la alegría para ser a tu lado la encarnación del sueño.
Frente a ti he llegado al límite de mí mismo.
Me conozco en mi oscuridad, me conozco en la pura intensidad de mi
anhelo.
Todo está consumado en mis ojos y en mi sangre.
Tú estás sola, presidiendo el sereno dolor que reina en mi locura.
Tú estás en mí como amor: amor preciso, loco, verdadero, triste y
desierto.
Mi amor es un desierto que busca su horizonte sencillo
en tu débil voluntad silenciosa.
Mi amor nada te pide, pero atiende al silencio de tu sombra profunda.
Tú profunda, tú incierta y misteriosa.
¿Dónde está nuestra alegría? ¿Dónde está nuestra dicha?
¿Dónde está nuestro gozo?
Mi alegría y mi gozo están en mis ojos cuando te miran y te ven cercana,
y descubren tu abierta intimidad, como la lumbre excelsa de los cielos.
Mañana será día de gloria y de resurrección.
¡Que mi amor resucite en tu pecho dulcísimo!
¡Que tus ojos me miren, renovando la gloria de otros días azules!
¡Mañana, con el aire engalanado! Pero no he de decir siempre: mañana.
¡Que la esperanza se cumpla en la alegría!
¡Que la gloria descienda al corazón!
Un cuerpo luminoso sube a los cielos.
Los hombres estamos obligados a la sangre más alta.
Todo nuestro misterio reside en la luz.
Oh amor, somos criaturas y la luz nos ensalza!
Yo siempre me sentiré unido a ti en la luz!
¡Por encima del aire y del silencio mi amor solo en la luz resucitada!
Mi amor que eres tú, y tu nombre pequeño, preferido en mis labios.
Y tú también llevas la luz en tus ojos, la claridad más sola, el
misterio
la gracia de la esposa,
la obediencia en la luz, la mano del Señor, el consuelo perfecto
de su voz humana.
Hoy quiero cantar mi amor que eres tú, y mañana serás
toda la luz del cielo!
De
"Cantos de primavera" 1936
«Añicos de corazón por tierra gritando:
recogednos, ya es hora»
Juan Larrea
La tristeza con que te amo tiene un ritmo que no construye lo que te
dosifica
e inmuniza sobre sueños de hamaca
Perpleja como esquina peligrosa y como si esperara temiera adivinara y
empezara otra vez a suspirar cuando ya no es hora
El caso es que no tengo ni la menor sospecha de evasión a tu
costa por los
alrededores y pasillos asiduos de una herida prohibida
El caso es
que suspiro de no poder abrir la senda y el color del precipicio
la maleza de tu voz
y desmayo de un párpado atractivo
Silencio los achaques de mi experiencia nueva desde el profundo malestar
de un hado que no tiene ya fuerzas para triunfar
contigo plenamente
La tristeza con que te amo no se escapa a la noche y su estirón de
altura
no duerme en tus rodillas plegadas junto al fuego
Tendría que ahuyentar las dudas atmosféricas y echar mano de ti para mi
agregación al cuarzo y otras límpidas sonrisas
minerales
Tendría que agotar la conjetura frágil que espía el nacimiento de tus
ojos
y tus labios cantando de oreja transparente y
piedrecillas sueltas
El caso es que te amo sin memoria pero con ave-fénix de tus piernas
desnudas
que afirman su juventud curiosa y estudiante a
cada salto
Tu futuro amueblado con ternura de amante y vocación de idilio de Rut la
Moabita
se aleja entre pisadas y resaca fatal de mis
lecturas rusas
Pero tu aguja enhebra el helio y el hidrógeno de una estrella naciente
donde aprende
a ocupar su lugar en el verso la tristeza con que
te amo
De
"Prosas propicias"
I
¿En qué brisa ligera mis sueños arrebatados comulgan con
la sombra encendida de tus ojos?
¿En qué dolor de pozo solitario el agua me acaricia como la palma
silenciosa
que se humilla a tu figura?
¿En qué monte de aromas juveniles oigo palpitar tu sinrazón
como una verdad ajena a la perseverancia de mi vida.
Yo sé que en la mañana de fuego excesivo,
y en la tarde tranquila de chopos soñadores,
y en la noche brillante que atraviesa mis dudas
como una cierva ligerísima,
tú eres una sola flor que conserva en sus pétalos
el nevado principio de la piel más suave y más profunda,
todas las cosas son tu exigencia sencilla
y tus manos transparentan la precisión gozosa del mundo verdadero.
Y a mí, que siento y canto tu blancura pequeña y tu excelencia breve,
no me es posible otro gozo sino seguir inclinado sobre tus huellas.
II
Las montañas se levantan dispuestas a unir nuestros dos corazones,
la mañana dichosa es como el ambiente inefable de nuestras dos almas
unidas,
pero yo no me atrevo a pedirte que me mires,
y no quiero suplicarte que reposen tus ojos sobre mi locura.
Sólo tu luz inaccesible me recoge
con su ligera claridad que rinde los ecos de mi angustia,
la angustia del hombre de la tierra
y de sus huesos duros que sufren por el ágil destino de los pájaros.
Pero en el dulce asilo de tu vigilia luminosa
mi infancia crece como una aurora en fiesta de rocío,
mi deseo se siente oprimido por el agua sonriente
y mi sorpresa se eleva como brote divino.
Oh ensueño feliz que me obligas a suspirar en esta soledad conmovida!
Oh brillo de ausencia que me conservas puro entre tus brazos luminosos!
Tú eres la sombra tierna en el regazo de los valles
y la dorada lumbre que perfecciona el viento en las espigas.
Y yo me lanzo hacia las estrellas porque después del resplandor de tus
ojos
Sólo la transparencia de la noche puede albergar mi sangre enamorada,
que prefiriendo siempre tu claridad alegre
hace eterna mi vida en su gozo más hondo.
III
Muchos versos he escrito desde que tenía quince años
pero éstos que se encienden con tanta ilusión de puros amores
son un risueño escorial apartado, un residuo de pureza
que ha resistido al fuego de mi anhelo más íntimo.
Tú has suprimido la tristeza que brotaba debajo de mis pies solitarios,
tú me mantienes en una pura intensidad de nubes y de montañas,
y mi corazón es como un ala marchita
que recoge el temprano morir de su esperanza
sobre el tiempo seguro de tu unidad resplandeciente.
Por eso persevera mi asombro, y es mi vida nueva ,
y es mi luna romántica en su cuarto creciente de miradas fieles
que envuelven tu figura con tus propios encantos.
¡Qué dolor más alto me humilla a sus visiones!
¡Qué purísimo edificio levanto en tu blancura,
cuando toda mi sangre enajenada
es el claro sonido de mi voz que pronuncia tu nombre.
De "Tiempo de dolor" 1940
descampado
A
Dámaso Alonso
Tú estás en ese taxi parado, sí, eres Tú
-un bulto en el crepúsculo- junto al bordillo blanco
donde se acaba el campo de enfrente o descampado.
Lo sé, aunque no te he visto (y aunque dentro del taxi
no hay nadie). Está lloviendo con fuerza. Está empezando
a oler en la ciudad a campo de muy lejos...
Y tú estás en el taxi como en una capilla
que fuera entre las hazas ermita solitaria.
(Lo sé, porque esos trigos que se iluminan, lejos...,
y ese río parado, con sus aguas crecidas
de pronto...) Llueve fuerte y estás dentro del taxi
(tal vez junto a ese chofer fatigado al volante).
Sé que dentro del taxi no hay nadie, pero huele
a lluvia de muy lejos. Suena esa lluvia. Y pienso
sin ganas: ser poeta, suspender en el aire
laborioso de un día y otro día unas pocas
palabras necesarias, y quitarse de en medio.
Porque uno -su difícil vivir- ya no hace falta
si quedan las palabras. Ser poeta: orientarse,
como esa luz dudosa cruzando el descampado
y en vez de una existencia brillante, tener alma.
Por eso, algo me quito de en medio: estoy viviendo
como un taxi parado junto al bordillo blanco
(y hay un cerco de alegres sonrisas y de manos
fieles a sus celestes contactos en la sombra).
Porque Tú, el más activo -y el más ocioso- estabas
aquí, junto al farol de luz verde en la noche.
Tú, sin libros; Tú, libre con brazos, con miradas,
estabas sin testigos y medías -ocioso-
mis pasos por mi cuarto (donde caben mis años).
Y los trigos en éxtasis de Castilla la Vieja,
los ríos llameantes con sus aguas crecidas,
seguían a lo lejos relevándote (mientras
detrás de mis cristales aparece el retraso
de ese barro, esos charcos del ancho descampado,
¡yo también descampado, desterrado del campo!)
De "El
descampado" 1957
No le nombramos nunca.
No hace falta nombrarle
cuando avanza el otoño:
sus grandes nubes bajas,
sus cielos y horizontes
húmedos, en tardanza
labradora, los plátanos
cobrizos de las calles,
los charcos en el suelo
y las mal trajeadas
mujeres del tranvía.
No hace falta nombrarle.
Aunque el campo esté lejos,
sus grandes nubes bajas
nos traen los paisajes
anchos, vividos, nuestros,
nuestra diaria vereda
de aislamiento amoroso.
Rocas de musgo y alba
junto al crecido arroyo.
Encinares quebrándose
mansamente hacia el río.
Los negrillos. Los finos
dibujos de los surcos.
La tapia y los frutales
del huerto, donde flota
matinal en la niebla
la oración de las monjas.
Los trenes y sus largos
silbidos.
No hace falta
nombrarle. Está en el mundo.
Sabemos que está aquí, dorando las distancias mirando, caminando su cosecha, dejándola bien crecida y andada: olas constantes sobre un rumor de antiguas letanías. Sabemos que está aquí, donde todas las fechas tienen pausa de islotes que escuchan, apagados, la espuma del naufragio, donde todas las fechas tienen algo de esa barca sin remos, tan lejos de la orilla... Sabemos que está aquí, donde todos los rostros mezclan lentas arrugas, donde los brazos, sueltos, se apartan de sus cuerpos, donde ya no hay miradas, ni mejillas, ni labios, sino un rescoldo gris de noviembre, enfriándose.
Sabemos de aquel carro
que ha volcado en la noche,
de aquel monte y sus rojas
hogueras de pastores,
del color de la tierra
con disparos de otoño,
del frío y la humedad, cuando la tarde
moja su cuerpo herido entre los tallos
del mimbreral.
Sabemos
de las jaras ahumadas
y las manos del guarda
que, una vez destripados
los conejos, se ausentan
patriarcales y encienden,
ahuecadas, su negro
cigarro, sin nombrarle.)
Aunque el campo esté lejos, amor es fuego. El fuego se enciende por las tardes, dura toda la noche. El fuego son imágenes, silenciosos viajes... Desde la lluvia oblicua de la acera miramos las estampas y pasamos las páginas del fuego solitario: sus llamas interiores. Prontos obedeceres: las luces que se encienden en las calles estrechas, y en los pisos cerrados las fugas en los juegos de los niños que han vuelto del colegio.
Se alargan los
crepúsculos,
los senderos, el viento.
No hace falta nombrarle.
Por un lado, aprendemos
a olvidar, y por otro
somos como los niños
aunque tanta experiencia
sin querer nos ha hecho
un poco menos tristes ).
No estamos embriagados.
(Debiéramos estarlo?)
No decimos blasfemias.
(Debiéramos decirlas ?)
Y la Muerte? Su heroica
figura nos convence,
nos lleva de la mano...
pero sabemos poco
de morir, y salimos
de las estrellas falsas.
Dentro, había una sombra
buena, había una esposa
y un hijo que se espera
tal vez, y se le espera
dibujando, cosiendo,
cuando avanza el otoño.
No hace falta nombrarle
tampoco.
Envejecemos,
somos como los niños:
los niños solitarios
viajando junto al fuego
tardes, noches enteras
de amor envejecido.
(Y morir es lo último
de todo.)
Estamos vivos
locamente abrazados
en la vida y el sueño
(aunque haya tanta muerte
contagiosa en el mundo.)
De "Continuación de la vida" 1949
« mucho en llegar. / Día tras día iban mis pasos comprendiendo el camino, »
« A Camilo José Celá / Cansado de palabras (y también de silencios). »
« Hoy quiero cantar mi amor sobre todas las cosas / y que mi voz llegue a tu oído con su tristeza verdadera »
« «Añicos de corazón por tierra gritando: / recogednos, ya es hora» »
Ediciones recomendadas para disfrutar de su obra poética completa y estudio crítico: