Poesía Universal

Luis de Góngora y Argote

Luis de Góngora y Argote es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus ...

Biografía lírica

Vida

Luis de Góngora y Argote es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras composiciones, cautivó a los amantes del verso gracias a una mirada poética singular capaz de transformar las emociones cotidianas en arte universal.

Su poesía explora con elegancia el paso del tiempo, el misterio del amor y el anhelo de trascendencia ante los enigmas del destino humano. Hoy en día, su legado lírico sigue conmoviendo a nuevas generaciones de lectores por la belleza musical de sus estrofas y la sinceridad de sus palabras.

Lírica y Versos

Poemas de Luis de Góngora y Argote

13 poemas seleccionados
1.

1608

Las flores del romero,

		niña Isabel,

		hoy son flores azules,

		mañana serán de miel.

		

		Celosa estás, la niña,

		celosa estás de aquél,

		dichoso, pues le buscas,

		ciego, pues te ve.

		Ingrato, pues te enoja,

		y confiado, pues

		no se disculpa hoy

		de lo que hizo ayer.

		Enjuguen esperanzas

		lo que lloras por él,

		que celos entre aquellos

		que se han querido bien,

		hoy son flores azules,

		mañana serán miel.

		

		Aurora de ti misma,

		que, cuando a amanecer

		a tu placer empiezas,

		te eclipsan tu placer;

		serénense tus ojos,

		y más perlas no des,

		porque al sol le está mal

		lo que a la aurora bien.

		Desata como nieblas

		todo lo que no ves,

		que sospechas de amantes

		y querellas después,

		hoy son flores azules,

		mañana serán miel.
2.

A una rosa

Ayer naciste, y morirás mañana.
Para tan breve ser, ¿quién te dio 
		vida?
¿Para vivir tan poco estás lucida?
Y, ¿para no ser nada 
		estás lozana?

		
Si te engañó su hermosura vana,
bien presto la verás desvanecida,

		porque en tu hermosura está escondida
la ocasión de morir muerte 
		temprana.

		
Cuando te corte la robusta mano,
ley de la agricultura permitida,

		grosero aliento acabará tu suerte.
No salgas, que te aguarda algún 
		tirano;

		
dilata tu nacer para la vida,
que anticipas tu ser para tu 
		muerte.
Ya besando unas manos cristalinas,
ya anudándose a un 
		blanco y liso cuello,

		
ya esparciendo por él aquel cabello
que Amor sacó entre el oro de 
		sus minas,
ya quebrando en aquellas perlas finas
palabras dulces 
		mil sin merecello,

		
ya cogiendo de cada labio bello
purpúreas rosas sin temor de 
		espinas,
estaba, oh, claro sol invidïoso,
cuando tu luz, 
		hiriéndome los ojos,

		
mató mi gloria y acabó mi suerte.
Si el cielo ya no es menos 
		poderoso,
porque no den los suyos más enojos,
rayos, como a tu 
		hijo, te den muerte.
3.

Al

tramontar del sol, la 
		ninfa mía...

		
Al tramontar del sol, la ninfa mía,
de flores despojando el verde 
		llano,
cuantas troncaba la hermosa mano,
tantas el blanco pie 
		crecer hacía.

		
Ondeábale el viento que corría
el oro fino con error galano,

		cual verde hoja del álamo lozano
se mueve al rojo despuntar del día;

		
mas luego que ciñó sus sienes bellas
dé los varios despojos de su 
		falda
(término puesto al oro ya la nieve),

		
juraré que lució más su guirnalda
con ser de flores, la otra ser 
		de estrellas,
que la que ilustra el cielo en luces nueve.
4.

ánde

Ande yo caliente y ríase la gente


		Traten otros 
		del gobierno
del mundo y sus monarquías,
mientras gobiernan mis 
		días
mantequillas y pan tierno;
y las mañanas de invierno

		naranjada y aguardiente,
y ríase la gente.


		Coma en dorada 
		vajilla
el Príncipe mil cuidados
como píldoras dorados,
que yo 
		en mi pobre mesilla
quiero más una morcilla
que en el asador 
		reviente,
y ríase la gente.

		
Cuando cubra las montañas
de blanca nieve el enero,
tenga yo 
		lleno el brasero
de bellotas y castañas,
y quien las dulces 
		patrañas
del Rey que rabió me cuente,
y ríase la gente.


		Busque muy en 
		buena hora
el mercader nuevos soles;
yo conchas y caracoles

		entre la menuda arena,
escuchando a Filomena
sobre el chopo de la 
		fuente,
y ríase la gente.


		Pase a media 
		noche el mar
y arda en amorosa llama
Leandro por ver su dama;

		que yo más quiero pasar
del golfo de mi lagar
la blanca o roja 
		corriente,
y ríase la gente.


		Pues Amor es 
		tan cruel
que de Píramo y su amada
hace tálamo una espada,
do 
		se junten ella y él,
sea mi Tisbe un pastel
y la espada sea mi 
		diente,
y ríase la gente.
5.

Canción

¡Qué de 
		envidiosos montes levantados,
de nieves impedidos,
me contienen 
		tus dulces ojos bellos!
¡Qué de ríos del hielo tan atados,
del 
		agua tan crecidos
me defienden el ya volver a vellos!
Y, cuál, 
		burlando de ellos
el noble pensamiento,
por verte viste plumas, 
		pisa el viento!


		Ni a las 
		tinieblas de la noche oscura
ni a los hielos perdona,
y a la mayor 
		dificultad engaña;
no hay guardas hoy de llave tan segura,
que 
		nieguen tu persona,
que no desmienta con discreta mañana,
ni 
		emprenderá hazaña
tu esposo cuando lidie,
que no registre él, y yo 
		no envidie.


		Allá vuelas, 
		lisonja de mis penas,
que con igual licencia
penetras el abismo, 
		el cielo escalas;
y mientras yo te aguardo en las cadenas
de esta 
		rabiosa ausencia,
el viento agravian tus ligeras alas.
Ya veo que 
		te calas
donde bordada tela
un lecho abriga y mil dulzores cela.


		Tarde batiste 
		la envidiosa pluma,
que en sabrosa fatiga
vieras (muerta la voz, 
		suelto el cabello)
la blanca hija de la blanca espuma,
no sé si en 
		brazos diga
de un fiero Marte, de un Adonis bello,
y anudada a su 
		cuello,
podrás verla dormida,
y a él casi trasladado a nueva vida.


		Desnuda el 
		brazo, el pecho descubierta,
entre templada nieve
evaporar 
		contempla un fuego helado,
y al esposo en figura casi muerta,
que 
		el silencio le bebe
del sueño, con sudor solicitado;
dormid, que 
		el dios alado,
de vuestras almas dueño,
con el dedo en la boca os 
		guarda el sueño;


		dormid, copia 
		gentil de amantes nobles,
en los dichosos nudos
que a los lazos de 
		amor os dio Himeneo;
mientras yo, desterrado, de estos robles
y 
		peñascos desnudos
la piedad con mis lágrimas granjeo;
coronad el 
		deseo
de gloria, en recordando;
sea el lecho de batalla campo 
		blando.
Canción, di al pensamiento
que corra la cortina,
y 
		vuelva al desdichado que camina.
6.

Ceñida, si asombrada no, la frente...

A Don Antonio de las Infantas, en la muerte 
		

                                           
		de una señora con quien estaba concertado 

                                                                          
		de casar en Segura de la Sierra 

		

		Ceñida, si asombrada no, la frente 

		De una y otra verde rama obscura, 

		A los pinos dejando de Segura 

		Su urna lagrimosa, en son doliente, 

		

		Llora el Betis, no lejos de su fuente, 

		En poca tierra ya mucha hermosura: 

		Tiernos rayos en una piedra dura 

		De un sol antes caduco que luciente. 

		

		¡Cuán triste sobre el pórfido se mira 

		Casta Venus llorar su cuarta gracia, 

		Si lágrimas las perlas son que vierte! 

		

		¡Oh Antonio, oh tú del músico de Tracia 

		Prudente imitador! Tu dulce lira 

		Sus privilegios rompa hoy a la muerte.
7.

Cosas,

Celalba mía, he visto extrañas...


		Cosas, Celalba 
		mía, he visto extrañas:
cascarse nubes, desbocarse vientos,
altas 
		torres besar sus fundamentos,
y vomitar la tierra sus entrañas; 
		


		duras puentes 
		romper, cual tiernas cañas,
arroyos prodigiosos, ríos violentos,

		mal vadeados de los pensamientos,
y enfrenados peor de las montañas; 
		


		los días de 
		Noé, gentes subidas
en los más altos pinos levantados,
en las 
		robustas hayas más crecidas. 
		


		Pastores, 
		perros, chozas y ganados
sobre las aguas vi, sin forma y vidas,
y 
		nada temí más que mis cuidados.
8.

De la ambición humana

Mariposa, no sólo no cobarde,
mas temeraria, fatalmente ciega,
lo 
		que la llama el Fénix aún le niega.
quiere obstinada que a sus alas 
		guarde:

		
pues en su daño arrepentida larde,
del esplendor solicitada, 
		llega
a lo que luce, y ambiciosa entrega
su mal vestida pluma a lo 
		que arde.

		
¡Yace gloriosa en la que dulcemente
huesa le ha prevenido abeja 
		breve,
suma felicidad a yerro sumo!

		
No a mi ambición contrario tan luciente,
menos activo, si cuanto 
		más leve,
cenizas la hará, si abrasa el humo.
9.

De la brevedad engañosa de la vida

Menos solicitó veloz saeta
destinada señal, que mordió aguda; 

		agonal carro por la arena muda 
		
no coronó con más silencio meta, 

que presurosa corre, que 
		secreta
a su fin nuestra edad. A quien lo duda, 
		
fiera que sea de razón desnuda, 
cada sol repetido es un cometa. 
		

¿Confiésalo Cartago y tu lo ignoras?
Peligro corres, Licio, 
		si porfías 
		
en seguir sombras y abrazar engaños. 

Mal te perdonarán a ti 
		las horas;
las horas, que limando están los días, 
		
los días, que royendo están los años.
10.

De la jornada de Larache

-¿De dónde bueno, Juan, con pedorreras?
-Señora tía, de 
		Cagalarache.
-Sobrino, ¿y cuántos fuistes a Alfarache?
-Treinta 
		soldados en tres mil galeras.
-¿Tanta gente? -Tomámoslo de veras.

		-¿Desembarcastes, Juan? -¡Tarde piache!,
que al dar un Santiago de 
		azabache,
dio la playa más moros que veneras.
-Luego, ¿es de 
		moros? -Sí, señora tía;
mucha algazara, pero poca ropa.
-¿Hicieron 
		os los perros algún daño?
-No, que en ladrando con su artillería,

		a todos nos dio cámaras de popa.
-¡Salud serían para todo el año!
11.

De pura honestidad templo sagrado...

De pura honestidad templo sagrado,
cuyo bello cimiento y gentil 
		muro 
		
de blanco nácar y alabastro duro 
fue por divina mano fabricado; 
		

pequeña puerta de coral preciado,
claras lumbreras de mirar 
		seguro, 
		
que a la esmeralda fina el verde puro 
habéis para viriles 
		usurpado; 
		

soberbio techo, cuyas cimbrias de oro
al claro sol, en cuanto 
		en torno gira, 
		
ornan de luz, coronan de belleza; 

ídolo bello, a quien 
		humilde adoro,
oye piadoso al que por ti suspira,
		
tus himnos canta y tus virtudes reza.
12.

Descaminado,

enfermo, peregrino...


		Descaminado, 
		enfermo, peregrino,
en tenebrosa noche, con pie incierto
la 
		confusión pisando del desierto,
voces en vano dio, pasos sin tino. 
		


		Repetido latir, 
		si no vecino,
distinto, oyó de can siempre despierto,
y en 
		pastoral albergue mal cubierto,
piedad halló, si no halló camino. 
		


		Salió el Sol, y 
		entre armiños escondida,
soñolienta beldad con dulce saña
salteó 
		al no bien sano pasajero. 
		


		Pagará el 
		hospedaje con la vida;
más le valiera errar en la montaña
que 
		morir de la suerte que yo muero.
13.

En crespa tempestad del oro undoso...

En crespa 
		tempestad del oro undoso 
nada golfos de luz ardiente y pura 
mi 
		corazón, sediento de hermosura, 
		
si el cabello deslazas generoso.

Leandro en mar de fuego 
		proceloso 
		
su amor ostenta, su vivir apura; 
ícaro en senda de oro mal 
		segura
		
arde sus alas por morir glorioso.

Con pretensión de fénix, 
		encendidas 
		
sus esperanzas, que difuntas lloro, 
intenta que su muerte 
		engendre vidas.

		
Avaro y rico y pobre, en el tesoro, 
el castigo y la hambre imita 
		a Midas, 
		
Tántalo en fugitiva fuente de oro.

Versos y pensamientos de Luis de Góngora y Argote

4 citas
« Las flores del romero, / niña Isabel, »
Luis de Góngora y Argote · 1608
« Ayer naciste, y morirás mañana. / Para tan breve ser, ¿quién te dio »
Luis de Góngora y Argote · A una rosa
« Al tramontar del sol, la ninfa mía, / de flores despojando el verde »
Luis de Góngora y Argote · Al
« Ande yo caliente y ríase la gente / Traten otros »
Luis de Góngora y Argote · ánde
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