Louis Aragon

Selección antológica de la obra poética y versos inolvidables de Louis Aragon.

Antología lírica (9 poemas seleccionados)

Cántico a Elisa

(Obertura)

Te toco y veo tu cuerpo y
tú respiras,
ya no es el
tiempo de vivir separados.
Eres tú; vas y vienes y yo sigo tu imperio

para lo mejor y para lo peor.
Y jamás fuiste tan lejana a mi gusto.

Juntos encontramos en el
país de las maravillas
el serio placer color de absoluto.
Pero cuando
vuelvo a vosotros al despertarme

si suspiro a tu oído
como palabras de adiós tú no las oyes.

Ella duerme. Profundamente
la escucho callar.
Ésta es ella presente en mis brazos, y, sin embargo,

más ausente de estar en ellos y más solitaria

de estar cerca de su misterio,
como un jugador que lee en los dados

el punto que le
hace perder.

El día que parecerá arrancarla a la ausencia
me la descubre más
conmovedora y más bella que él.
De la sombra guarda ella el perfume y la
esencia.
Es como un
sueño de los sentidos.
El día que la devuelve es todavía una noche.

Zarzales cotidianos en que nos desgarramos.
La vida habrá pasado como
un viento enfadoso.
Jamás saciado de esos ojos que me dan hambre.

Mi cielo, mi desesperación de mujer,
trece años habré espiado tu silencio
cantando.

Como las madréporas inscriben el mar,
embriagando mi
corazón trece años, trece inviernos,

trece veranos;
habré temblado trece años sobre un suelo de quimeras,

trece años de un miedo dulce amargo,
y conjurado peligros aumentados
trece años.

¡Oh niña mía!, el tiempo no está a nuestra medida
que
mil y una noche son poco para los amantes.
Trece años son como un día y
es fuego de pajas.

El que quema a nuestros pies malla por malla
el mágico tapiz de nuestra
soledad.

Versión de: María
Dolores Sartorio

Louis Aragon

Carlitos místico

El ascensor descendía siempre hasta perder aliento
y la escalera subía
siempre
Esta dama no entiende lo que se habla
es postiza
Yo que ya
soñaba con hablarle de amor
Oh el dependiente
tan cómico con su bigote
y sus cejas
artificiales
Dio un grito cuando yo tiré de ellos
Qué
raro
Qué veo Esa noble extranjera

Señor yo no soy una mujer liviana
Uh la fea

Por suerte nosotros

tenemos valijas de piel de cerdo

a toda prueba
Ésta

Veinte dólares
Y contiene mil
Siempre el mismo sistema
Ni medida

ni lógica

mal tema

Feu de joie

Versión de Aldo
Pellgrini

Louis Aragon

Ce

Todo empezará
en el CE,
el puente que yo crucé.

Habla un romance perdido
del buen caballero herido;
de una
rosa en la calzada
y una túnica soltada;
de un castillo misterioso

y albos cisnes en el foso,
y una pradera en que danza

la novia sin esperanza.

Como una noche de hielo,
el lay de
glorias en duelo.

Se van con mis pensamientos
por el Loire los armamentos;
y los
convoyes volcados
y llantos mal enjugados.

¡Oh Francia, mi bien-amada!
¡Oh mi dulce abandonada!
qué sola yo
te dejé
cruzando el puente de CE.

Versión de: Carlos López Narváez

Louis Aragon

Del poeta a su "Estrella"

Dirá alguien
que un hombre

no debe exponer su amor

en la plaza pública.

Yo responderé
que un hombre

no tiene nada mejor,

más puro y más digno

de ser perpetuado, que su amor...

Versión de: María Dolores Sartorio

Louis Aragon

La rosa y la reseda

El que en el Cielo creía,
el que no creía en él,
los dos con idolatría

amaban a la rehén.
Uno a mirarla subía,
otro tendíase al pie:
el
que en el Cielo creía,
el que no creía en él.

Nada importa cuál sería
la luz que alumbrando fue;
uno del templo
salía,
otro esquivó su dintel:
el que en el Cielo creía,
el que no
creía en él.

Cuerpo y alma en alegría,
cada cual amante fiel,
que Ella vive se
decía,
y quien viva lo ha de ver:
el que en el Cielo creía,
el que
no creía en él.

Loco pedir cortesía
viendo arrasada la mies,
rumiando melancolía

de la metralla al vaivén:
el que en el Cielo creía,
el que no creía en
él.

Desde lo alto el vigía
tiró una y otra vez;
uno tras otro caía;

¿cuál de ellos muerto fue:
el que en el Cielo creía,
el que no creía
en él?

¿En la prisión cuál sería
el de más duro yacer;
cuál de los dos
prefería
de las ratas el tropel:
el que en el Cielo creía,
el que
no creía en él?

Sollozar de rebeldía,
¿a quién puede conmover?
Dejan la terrena
vía
al rayar el alba cruel
el que en el Cielo creía,
el que no
creía en él.

Al caer, nombrar se oía
a la que adorada fue;
con brillo igual
relucía
la roja sangre al caer

del que en el Cielo creía,
del que no creía en él.

Cárdeno
arroyo teñía

la tierra de su nacer
para que madure un día
vendimias de
moscatel
el que en el Cielo creía,
el que no creía en él.

Corren, vuelan a porfía
el bretón y el lorenés;
vuelve el grillo a
su tonía
en el huerto y el vergel.
Flauta o viola en melodía,
en
doble amor van a arder
las aves entre la umbría,
rosa y reseda
también.

Versión de: Carlos
López Narváez

Louis Aragon

Licantropía contemporánea

El grado más alto de la tristeza tanto puede ser

un general ciego mendigando a través de las islas

como hacia las 3 de la mañana la avenida de la Ópera

No hay límites para la melancolía humana

Se cuenta siempre con una piedra para colocar sobre la pirámide de las
lágrimas

Estáis seguros de padecer tanto como una mujer estrangulada

en el momento en que ella sabe que todo ha terminado y desea acabar

Estáis seguros de que no valdría más

ser estrangulado si uno piensa en los cuchillos de las horas que se acercan

Desde hace tiempo vivo mi último minuto

La arena que mastico es la de una agonía invisible y perpetua

Las llamas que hago recortar de tiempo en tiempo por el peluquero

son las únicas en delatar el negro infierno interior que me habita

Como cuerpos privados de sepultura

los hombres se pasean por el jardín de mi mirada

Soñadores inexplicables

o soy el único a quien golpea una mano desecada

en este desierto poblado entre estas flores áridas

Amo y soy amado Nada nos separa

Por qué entonces estar triste en el corazón espléndido del amor

El mundo sacude su estúpida cabeza Sabelotodo

Amo aunque la vida sea mortalmente intolerable

Amo aunque luego me vea obligado a aullar

Detrás de mí arrastro el manto fantasmal de las intenciones ocultas

Una cadena de perfeccionamientos del dolor moral

suena a mis pies espantosamente desdichados

Amo y nos amamos pero en medio de un naufragio

pero en la punta de un puñal y no puedo

no puedo soportar el mal que esto ha de hacerte

Tus ojos tus ojos amor mío desorbitados por todo lo que sea placer

Que me arranquen el corazón con tenazas

que terminen con mi cabeza que se despega

Bebo una leche como tinta y la hora del mediodía

se parece al carbón de los pantanos

donde se marchita el Sphagnum al que tomo por mi imagen en los espejos

Yo amo Yo te amo pero

en la cala de un barco en el instante de dar el salto Impaciencia

Innoble impaciencia de saber si eso podrá soportarse

Es probable que todos me juzguen un criminal

guiándose sólo por las debilidades y el aspecto

Ese hombre que según los diarios de la mañana decapitó a su amante

mientras dormía a su lado sollozó en el juzgado

La había asesinado en el cuarto después

en el sótano primero con un cuchillo luego con una sierra

separó la cabeza adorable para poner

el cuerpo en una bolsa lamentablemente algo pequeña

Sollozó en el juzgado

No somos acaso parecidos a las palmas

que crecen unidas florecen y fructifican

para dar una imagen del amor perfecto

El otoño llega con las manos llenas de ilusiones resplandecientes

Qué crimen es ese que me hace sollozar

Mirad mi amor está vivo Muéstrate querida mía

Nada podréis probar La coartada verde como una floresta

Se extiende por el horizonte donde graznan inútilmente los cuervos

Sin embargo en cada árbol hay un ahorcado que se balancea

en cada hoja una mancha de sangre

Qué puede haber peor que el cielo al amanecer o el betún de la tarde

Qué es eso que me impide morder a los paseantes en los bulevares

La amargura que siento crecer en mí puede ser el primer torrente de un
diluvio

a cuyo lado el otro parece un vulgar desborde de cloacas

Recuerdo que en mil quinientos cuarenta y uno

cerca de Pavía

cuando me apresaron en la campiña por donde deambulaba

víctima de los primeros efectos del mal

los campesinos no quisieron creerme cuando les dije la verdad

Rehusaron tomarme por lobo furioso

a causa de mi piel humana y Santos Tomases

eternos de la ciencia experimental

cuando les confesé que mi piel lupina estaba oculta

entre pellejo y carne

con sus puñales me hicieron tajos en los miembros y el cuerpo

para verificar mis melancólicas afirmaciones

no me tocaron la cara

espantados por la atroz poesía de mis rasgos

Qué es eso que me impulsa a aullar en las tumbas

qué es eso que me obliga a escarbar irresistiblemente en el polvo

donde duermen los enamorados en descomposición

Qué vas tú a exhumar como si la luz viviente

no tuviera bastante con las heridas de los vivos

Dadme el lenguaje tenebroso de los ajusticiados en la silla eléctrica

el vocabulario último de los guillotinados

La existencia es un ojo reventado Que se me entienda

bien un ojo que hacen reventar a cada instante

el harakiri sin fin Me enfurezco

al ver la calma idiota con que reciben mis gritos

Por eso quiero sacar de las fosas hipócritas

a los fallecidos de muerte violenta con sus pupilas horrorizadas

quiero desterrar a las víctimas de las catástrofes

cuyos esqueletos conservan las posturas del terror

que se adaptan maravillosamente a estos días que corren

Decía precisamente mi vecina que hay

gentes que se tiran al agua

Si soy una bestia babosa a quien el asco del mundo

hace babear sería muy fácil acabar con todo

amor mío amor mío oyes esta blasfemia

No es la palidez del amor no es la palidez de la muerte

sino la de los lobos ésta que hay en mi rostro

No puedo morir a causa de esta flor inmensa

cuyo cáliz no puedo soportar que se cierre

Se ha logrado un notable progreso en materia de torturas

sobre el cobayo que soy

sobre el cobayo salvaje que soy las dos manos

atrapadas en dos puertas

el amor la muerte

y unos hércules abstractos se apoyan sobre las dos puertas

con la tranquila seguridad de un número de music-hall

ejecutado sin ningún esfuerzo aparente

Cómo nunca notaste que mis besos se parecían a las palabras sacrílegas

que son todo lo que queda por decir a los esclavos descuartizados

Cómo nunca notaste que te amo en el instante mismo en me matan

que es siempre la última vez que gozo abominablemente en tus brazos

Tus brazos tan bellos que ahí está justamente

ahí está lo más terrible

Todo tendrá que acabar de modo salvaje

Yo te perteneceré haré arrojar a tu amante a las fieras

O lo haré examinar con engaños por un médico alienista

o bien lo mataré fríamente

amor mío

durante su sueño mientras yace pálido y desnudo

mientras los lobos surgen en torno de los cementerios donde duermen

los bellos días que pasamos juntos amor mío.

De Persécuté Persécuteur

Versión de Aldo Pellegrini

Louis Aragon

Lo que dice Elsa

Me dices que estos versos son oscuros, y acaso
lo son, sin embargo, menos
de lo que he querido.
Cerremos nuestra ventana sobre la felicidad robada,

por miedo a que entre el día,
y vele para siempre la foto que deseaste.

Me dices nuestro amor si es que inaugura un mundo,
es un mundo en el
que la gente gusta de hablar

sencillamente.
Deja allá a Lancelot, deja la Tabla Redonda,

Ireo Virnana Esclarnionda,
que por espejo tenía una espada deformadora.

Lee el amor en mis ojos y no en las sombras.
No trastornes tu corazón
con sus antiguos filtros.
Las ruinas a mediodía son solamente escombros.

Ésa es la hora en que tenemos dos sombras
para mejor estorbar el arte de
los románticos.

Tendría acaso la noche más encanto que el día.

Vergüenza para aquellos que ante el puro cielo no

suspiran.
Vergüenza para aquellos que, un niño de golpe no

desarma.
Vergüenza para aquellos que no tienen lágrimas
para un canto
callejero una flor en los prados.

Tú me dices si tú quieres que te ame y te ame.
Es preciso que ese
retrato que vas a pintarme
tenga como un verde nido sobre fondo de
crisantemo.

Un tema escondido en su tema.
Y une al amor el sol que ha de venir.

Versión de: María
Dolores Sartorio

Louis Aragon

Versión de: Carlos López Narváez

Los ojos de Elsa

Inclinando a tus ojos los míos sitibundos
en su fondo vi todos los soles
reflejados,
y el salto hacia la muerte de los desesperados,
como el de
mis recuerdos a tus ojos profundos.

Es un mar en tinieblas bajo el palio de un vuelo;
de pronto el día
plácido de tus pupilas sube;
en los linos del ángel recorta el sol la
nube
y sobre las espigas se azula más el cielo.

Vuelve al azul la bruma del viento perseguida;
-más diáfanos tus ojos
abiertos bajo el llanto;
ni aún tras de la lluvia los cielos fulgen
tanto;
el vaso azul no es tan azul como en la herida.

Madona de Dolores, humedecida lumbre,
siete espadas rompieron el
prisma de colores;
el día es más punzante nacido entre clamores,
y el
nocturno relente, más azul en quejumbre.

De las melancolías en la plácida fiebre
reabres con tus ojos sendas
de epifanía.
Latiendo el corazón, el manto de María
al tiempo los Tres
Magos vieron en el pesebre.

Al Mayo de las voces basta con un salterio
para todos los ayes y
todas las canciones;
guarda un trozo de cielo luceros por millones,

donde faltan tus ojos con su doble misterio.

El infante absorbido por miríficos viajes
desmesuradamente menos
asombro espacia
que si agrandas tus ojos -insoluble falacia-
como
racha que abriera dos capullos salvajes.

¿Escondes tus relámpagos en medio del espliego
donde el insecto vive
su voluptuoso instante?
Preso estoy en el lazo de la estrella filante,

como ahogado marino bajo estival sosiego.

Yo extraje ese metal sutil de su pechblenda;
yo calciné mis dedos en
su fuego prohibido;
paraíso mil veces recobrado y perdido,
tus ojos mi
Golconda, mi dorada leyenda.

Y sucedió que el mundo bajo la tarde excelsa
rompiose en arrecifes de
pérfidos fanales,
en tanto yo veía desde los litorales
sobre lívidas
ondas brillar los ojos de Elsa.

Versión de: Carlos
López Narváez

Louis Aragon

Versión de: Andrés Holguín

Los viejos puentes

Yo pasé por los viejos puentes
Todo allí comenzó después

Una canción del tiempo ido
Habla de un herido doncel

De un
traje que fué desceñido
Y de un desangrado clavel

Del castillo de un duque loco
De los negros cisnes de un rey

De la pradera donde canta
La eterna novia del ayer

Yo bebí el canto de las glorias
Falsas como una helada miel

El
Loira arrastra mis recuerdos
Con el ejército francés

Con las armas ya disparadas
Y el llanto sin borrar también

Oh
abandonada oh Francia mía!
Yo los viejos puentes pasé

Versión
de: Andrés Holguín

Louis Aragon

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