« Estamos siempre solos. Cae el viento / entre los encinares y la vega. »
Leopoldo Panero · A mis hermanas
Biografía y amplia selección de poemas de Leopoldo Panero. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de Leopoldo Panero. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
Estamos siempre solos. Cae el viento entre los encinares y la vega. A nuestro corazón el ruido llega del campo silencioso y polvoriento. Alguien cuenta, sin voz, el viejo cuento de nuestra infancia, y nuestra sombra juega trágicamente a la gallina ciega; y una mano nos coge el pensamiento. Ángel, Ricardo, Juan, abuelo, abuela, nos tocan levemente, y sin palabras nos hablan, nos tropiezan, les tocamos. ¡Estamos siempre solo, siempre en vela, esperando, Señor, a que nos abras los ojos para ver, mientras jugamos!
La gracia cenicienta de la encina, hondamente celeste y castellana, remansa su hermosura cotidiana en la paz otoñal de la colina. Como el silencio de la nieve fina, vuela la abeja y el romero mana, y empapa el corazón a la mañana de su secreta soledad divina. La luz afirma la unidad del cielo en el agua dorada del remanso y en la miel franciscana del aroma, y asida a la esperanza por el vuelo la verde encina de horizonte manso siente el toque de Dios en la paloma.
Canción con tu humildad ¡Cómo apagas mi sed con tu humildad! ¡Tu mano estremece en mi pecho la sombra del dolor, igual que un pájaro entre las ramas verdes, junto al cielo! ¡Cómo traes a mis labios con tu humildad la luz sobre tu frente lo mismo que la nieve sobre el campo, y me apagas la sed de haber llorado de humildad, al tenerte, dormida, como un niño, entre mis brazos!
Hoy te miro lentamente como un camino al andar. Te miro y pienso: mañana caerá la noche en el mar. Lentamente, poco a poco, como se empaña el cristal, te miro y pienso en las cosas que no se acaban jamás porque Dios las ha mirado y no las puede olvidar. Fundiendo sueño y penumbra mezclando el agua y el pan, hoy somos fruto en semilla, que se desprende al azar de la mano que hace el siempre, y el mañana, y el quizá. Una noche cerraremos nuestros ojos. Lo demás es del viento y de la espuma. Pero el amor vivirá. Como el hombre que camina y que el rostro vuelve atrás, al filo de una montaña contemplando su honda paz, mi corazón en el tiempo sabe que va más allá, contigo, solo y contigo, tras de la cumbre al mirar. A través de ti te veo como un camino que está siempre en los pies empezando, hecho por los pies detrás, con costumbre y lejanía que es en los ojos piedad. Limpia en los párpados tienes la luz de los ojos, cual si el corazón desde dentro se alzara en pie, y al marchar, como el báculo a la mano, diera apoyo a tu humildad, y a tu cansancio hermosura como el sol al descansar. Y eres así, lentamente, como un paisaje al quedar su historia en los ojos, suave, desvivida, rota ya del corazón, pero siempre con propia luz virginal dando al recuerdo la forma perpetuamente fugaz del destino, y al instante luz de suprema verdad. Mientras los valles se cubren de dudosa claridad, hoy te contemplo, y mis ojos trémulos de tiempo están, dorados en tu belleza, dulces en tu oscuridad como en la sombra de un templo sagradamente mortal. Tú eres mi luz tenebrosa. Tú que la mano me das hacia el origen viviente de mi misma soledad. Tú y tu recuerdo. Te miro lejos ya del manantial, y bajo el puente la oscura corriente se ve temblar.
¿Tan alegre estás tú que te has quedado, corazón, sin palabras? ¿Ya no sabes decir? ¿Hablar no sabes como ayer? ¿Estás mudo para siempre y en paz? ¿No ves los ojos más dulces cada día que cantaste; la frente un poco triste, levantada. pálidamente hacia el cabello leve la cabeza de niña...? ¿No es mejor y más honda su belleza? ¿Tan alegre estás tú que te has quedado ciego como al andar sobre la nieve? ¿No ves ya su hermosura? ¿No la sabes decir? ¿Estás callado para mejor soñar lo que has vivido? ¿No queda primavera entre tus huesos? ¡Oh vida retirada en lo más dulce! ¡Oh límite en penumbra, casi el alma!
Es verdad tu hermosura. Es verdad. ¡Cómo entra la luz al corazón! ¡Cómo aspira tu aroma de tierra en primavera el alma que te encuentra! Es verdad. Tu piel tiene penumbra de paloma. Tus ojos tienen toda la dulzura que existe. Como un ave remota sobre el mar tu alma vuela. Es más verdad lo diáfano desde que tú naciste. Es verdad. Tu pie tiene costumbre de gacela. Es verdad que la tierra es hermosa y que canta el ruiseñor. La noche es más alta en tu frente. Tu voz es la encendida mudez de tu garganta. Tu palabra es tan honda, que apenas si se siente. Es verdad el milagro. Todo cuanto ha nacido descifra en tu hermosura su nombre verdadero. Tu cansancio es espíritu, y un proyecto de olvido silencioso y viviente como todo sendero. Tu amor une mis días y mis noches de abeja. Hace de mi esperanza un clavel gota a gota. Desvela mis pisadas y en mi sueño se aleja, mientras la tierra humilde de mi destino brota. ¡Gracias os doy, Dios mío, por el amor que llena mi soledad de pájaros como una selva mía! Gracias porque mi vida se siente como ajena, porque es una promesa continua mi alegría, porque es de trigo alegre su cabello en mi mano, porque igual que la orilla de un lago es su hermosura, porque es como la escarcha del campo castellano el verde recién hecho de su mirada pura. No sé la tierra fija de mi ser. no sé dónde empieza este sonido del alma y de la brisa, que en mi pecho golpea, y en mi pecho responde, como el agua en la piedra, como el niño en la risa. No sé si estoy ya muerto. No lo sé. No sé, cuando te miro, si es la noche lo que miro sin verte. No sé si es el silencio del corazón temblando o si escucho la música íntima de la muerte. Pero es verdad el tiempo que transcurre conmigo. Es verdad que los ojos empapan el recuerdo para siempre al mirarte, ¡para siempre contigo, en la muerte que alcanzo y en la vida que pierdo! La esperanza es la sola verdad que el hombre inventa. Y es verdad la esperanza, y es su límite anhelo de juventud eterna, que aquí se transparenta igual que la ceniza de una sombra en el suelo. Tú eres como una isla desconocida y triste, mecida por las aguas, que suenan, noche y día, más lejos y más dulce de todo lo que existe, en un rincón del alma con nombre de bahía. Lo más mío que tengo eres tú. Tu palabra va haciendo débilmente mi soledad más pura. ¡Haz que la tierra antigua del corazón se abra y que sientan cerca la muerte y la hermosura! Haz de mi voluntad un vínculo creciente. Haz melliza del niño la pureza del hombre. haz la mano que tocas de nieve adolescente y de espuma mis huesos al pronunciar tu nombre. El tiempo ya no existe. Sólo el alma respira. Sólo la muerte tiene presencia y sacramento. Desnudo y retirado, mi corazón te mira. Es verdad. Tu hermosura me borra el pensamiento. Tengo aquí mi ventura. Tengo la muerte sola. Tengo en paz mi alegría y mi dolor en calma. A través de mi pecho de varón que se inmola van corriendo las frescas acequias de tu alma. La presencia de Dios eres tú. Mi agonía empieza poco a poco como la sed. ¡Tú eres la palabra que el Ángel declaraba a María, anunciando a la muerte la unidad de los seres!
En esta paz del corazón alada descansa el horizonte de Castilla, y el vuelo de la nube sin orilla azula mansamente la llanada. Solas quedan la luz y la mirada desposando la mutua maravilla de la tierra caliente y amarilla y el verdor de la encina sosegada. ¡Decir con el lenguaje la ventura de nuestra doble infancia, hermano mío, y escuchar el silencio que te nombra! La oración escuchar del agua pura, el susurro fragante del estío y el ala de los chopos en la sombra.
Ya empieza tu sonrisa, como el son de la lluvia en los cristales. La tarde vibra al fondo de frescura, y brota de la tierra un olor suave, un olor parecido a tu sonrisa, y a mover tu sonrisa como un sauce con el aura de abril; la lluvia roza vagamente el paisaje, y hacia adentro se pierde tu sonrisa, y hacia dentro se borra y se deshace, y hacia el alma me lleva, desde el alma me trae, atónito, a tu lado. Ya tu sonrisa entre mis labios arde, y oliendo en ella estoy a tierra limpia, y a luz, y a la frescura de la tarde donde brilla de nuevo el sol, y el iris, movido levemente por el aire, es como tu sonrisa que se acaba dejando su hermosura entre los árboles...
Escrito a cada momento... Para inventar a Dios, nuestra palabra busca, dentro del pecho, su propia semejanza y no lo encuentra, como las olas de la mar tranquila, una tras otra, iguales, quieren la exactitud de lo infinito medir, al par que cantan... Y su nombre sin letras, escrito a cada instante por la espuma, se borra a cada instante mecido por la música del agua; y un eco queda solo en las orillas. ¿Qué número infinito nos cuenta el corazón? Cada latido, otra vez es más dulce, y otra y otra; otra vez ciegamente desde dentro va a pronunciar Su nombre. Y otra vez se ensombrece el pensamiento, y la voz no le encuentra. Dentro del pecho está. Tus hijos somos, aunque jamás sepamos decirte la palabra exacta y tuya, que repite en el alma el dulce y fijo girar de las estrellas.
de España Voy bebiendo en la luz, y desde dentro de mi caliente amor, la tierra sola que se entrega a mis pies como una ola de cárdena hermosura. En mi alma entro; hundo mis ojos hasta el vivo centro de piedad que sin límites se inmola lo mismo que una madre. Y tornasola la sombra del planeta nuestro encuentro. Tras el límpido mar la estepa crece, y el pardo risco, y la corriente quieta al fondo del barranco repentino que para el corazón y lo ensombrece, como gota del tiempo ya completa que hacia Dios se desprende en su camino.
mañana dices, y tu voz ... Hasta mañana dices, y tu voz se apaga y se desprende como la nieve. Lejos, poco a poco, va cayendo, y se duerme, tu corazón cansado, donde el mañana está. Como otras veces, hasta mañana dices, y te pliegas al mañana en que crees, como el viento a la lluvia, como la luz a las movibles mieses. Hasta mañana, piensas; y tus ojos cierras hasta mañana, y ensombreces, y guardas. Tus dos brazos cruzas, y el peso leve levantas, de tu pecho confiado. Tras la penumbra de tu carne crece la luz intacta de la orilla. Vuela una paloma sola y pasa tenue la luna acariciando las espigas lejanas. Se oyen trenes hundidos en la noche, entre el silencio de las encinas y el trigal que vuelve con la brisa. Te vas siempre hasta mañana, lejos. Tu sonrisa se va durmiendo mientras Dios la mece en tus labios, lo mismo que el tallo de una flor en la corriente; mientras se queda ciega tu hermosura como el viento al rodar sobre la nieve; mientras te vas hasta mañana, dulcemente por esa senda pura que, algún día, te llevará dormida hacia la muerte.
« Estamos siempre solos. Cae el viento / entre los encinares y la vega. »
« La gracia cenicienta de / la encina, »
« Canción con tu humildad / ¡Cómo apagas mi sed »
« miro lentamente / como un camino al andar. »
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