Poesía Universal

Leopoldo Panero

Biografía y amplia selección de poemas de Leopoldo Panero. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Leopoldo Panero. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Leopoldo Panero

11 poemas seleccionados
1.

A mis hermanas

Estamos siempre solos. Cae el viento

		entre los encinares y la vega.

		A nuestro corazón el ruido llega

		del campo silencioso y polvoriento.

		

		Alguien cuenta, sin voz, el viejo cuento

		de nuestra infancia, y nuestra sombra juega

		trágicamente a la gallina ciega;

		y una mano nos coge el pensamiento.

		

		Ángel, Ricardo, Juan, abuelo, abuela,

		nos tocan levemente, y sin palabras

		nos hablan, nos tropiezan, les tocamos.

		

		¡Estamos siempre solo, siempre en vela,

		esperando, Señor, a que nos abras

		los ojos para ver, mientras jugamos!
2.

A una encina solitaria

La gracia cenicienta de 
		la encina, 
		
hondamente celeste y castellana, 
remansa su hermosura cotidiana

		en la paz otoñal de la colina. 
		

Como el silencio de la nieve fina, 
vuela la abeja y el 
		romero mana, 
		
y empapa el corazón a la mañana
de su secreta soledad divina. 

		
La luz afirma la unidad del cielo
en el agua dorada del remanso

		y en la miel franciscana del aroma, 
		

y asida a la esperanza por el vuelo
la verde encina de 
		horizonte manso
siente el toque de Dios en la paloma.
3.

Canciã“n

Canción con tu humildad


		¡Cómo apagas mi sed

		con tu humildad! ¡Tu mano
estremece en mi pecho
la sombra del 
		dolor, igual que un pájaro
entre las ramas verdes, junto al cielo!

		¡Cómo traes a mis labios
con tu humildad la luz sobre tu frente
lo 
		mismo que la nieve sobre el campo,
y me apagas la sed de haber 
		llorado
de humildad, al tenerte,
dormida, como un niño, entre mis 
		brazos!
4.

Canción crédula de los ojos

Hoy te 
		miro lentamente
como un camino al andar.
Te miro y pienso: mañana

		caerá la noche en el mar.

		
Lentamente, poco a poco,
como se empaña el cristal,
te miro y 
		pienso en las cosas
que no se acaban jamás
porque Dios las ha 
		mirado
y no las puede olvidar.

		
Fundiendo sueño y penumbra
mezclando el agua y el pan,
hoy 
		somos fruto en semilla,
que se desprende al azar
de la mano que 
		hace el siempre,
y el mañana, y el quizá.

		
Una noche cerraremos
nuestros ojos. Lo demás
es del viento y 
		de la espuma.
Pero el amor vivirá.
Como el hombre que camina
y 
		que el rostro vuelve atrás,
al filo de una montaña
contemplando su 
		honda paz,
mi corazón en el tiempo
sabe que va más allá,

		contigo, solo y contigo,
tras de la cumbre al mirar.

		
A través de ti te veo
como un camino que está
siempre en los 
		pies empezando,
hecho por los pies detrás,
con costumbre y lejanía

		que es en los ojos piedad.

		
Limpia en los párpados tienes
la luz de los ojos, cual
si el 
		corazón desde dentro
se alzara en pie, y al marchar,
como el 
		báculo a la mano,
diera apoyo a tu humildad,
y a tu cansancio 
		hermosura
como el sol al descansar.

		
Y eres así, lentamente,
como un paisaje al quedar
su historia 
		en los ojos, suave,
desvivida, rota ya
del corazón, pero siempre

		con propia luz virginal
dando al recuerdo la forma
perpetuamente 
		fugaz
del destino, y al instante
luz de suprema verdad.

		
Mientras los valles se cubren
de dudosa claridad,
hoy te 
		contemplo, y mis ojos
trémulos de tiempo están,
dorados en tu 
		belleza,
dulces en tu oscuridad
como en la sombra de un templo

		sagradamente mortal.

		
Tú eres mi luz tenebrosa.
Tú que la mano me das
hacia el 
		origen viviente
de mi misma soledad.
Tú y tu recuerdo. Te miro

		lejos ya del manantial,
y bajo el puente la oscura
corriente se ve 
		temblar.
5.

Canción de la belleza mejor

¿Tan alegre estás tú 
		que te has quedado, 
corazón, sin palabras? 
¿Ya no sabes decir? 
		¿Hablar no sabes 
		
como ayer? ¿Estás mudo 
para siempre y en paz? ¿No ves los ojos 
		
más dulces cada día que cantaste; 
la frente un poco triste, 
		levantada. 
		
pálidamente hacia el cabello leve 
la cabeza de niña...? 
¿No 
		es mejor y más honda su belleza? 
		
¿Tan alegre estás tú que te has quedado 
ciego como al andar 
		sobre la nieve? 
		
¿No ves ya su hermosura? ¿No la sabes 
decir? ¿Estás callado 

		para mejor soñar lo que has vivido? 
		
¿No queda primavera entre tus huesos? 
¡Oh vida retirada en lo 
		más dulce!
		
¡Oh límite en penumbra, casi el alma!
6.

Cántico

Es verdad tu hermosura. 
		Es verdad. ¡Cómo entra
la luz al corazón! ¡Cómo aspira tu aroma
de 
		tierra en primavera el alma que te encuentra!
Es verdad. Tu piel 
		tiene penumbra de paloma.


		Tus ojos tienen toda la 
		dulzura que existe.
Como un ave remota sobre el mar tu alma vuela.

		Es más verdad lo diáfano desde que tú naciste.
Es verdad. Tu pie 
		tiene costumbre de gacela.


		Es verdad que la tierra 
		es hermosa y que canta
el ruiseñor. La noche es más alta en tu 
		frente.
Tu voz es la encendida mudez de tu garganta.
Tu palabra es 
		tan honda, que apenas si se siente.


		Es verdad el milagro. 
		Todo cuanto ha nacido
descifra en tu hermosura su nombre verdadero.

		Tu cansancio es espíritu, y un proyecto de olvido
silencioso y 
		viviente como todo sendero.


		Tu amor une mis días y 
		mis noches de abeja.
Hace de mi esperanza un clavel gota a gota.

		Desvela mis pisadas y en mi sueño se aleja,
mientras la tierra 
		humilde de mi destino brota.


		¡Gracias os doy, Dios 
		mío, por el amor que llena
mi soledad de pájaros como una selva mía!

		Gracias porque mi vida se siente como ajena,
porque es una promesa 
		continua mi alegría,


		porque es de trigo 
		alegre su cabello en mi mano,
porque igual que la orilla de un lago 
		es su hermosura,
porque es como la escarcha del campo castellano

		el verde recién hecho de su mirada pura.


		No sé la tierra fija de 
		mi ser. no sé dónde
empieza este sonido del alma y de la brisa,

		que en mi pecho golpea, y en mi pecho responde,
como el agua en la 
		piedra, como el niño en la risa.


		No sé si estoy ya 
		muerto. No lo sé. No sé, cuando
te miro, si es la noche lo que miro 
		sin verte.
No sé si es el silencio del corazón temblando
o si 
		escucho la música íntima de la muerte.


		Pero es verdad el 
		tiempo que transcurre conmigo.
Es verdad que los ojos empapan el 
		recuerdo
para siempre al mirarte, ¡para siempre contigo,
en la 
		muerte que alcanzo y en la vida que pierdo!

		
La esperanza es la sola verdad que el hombre inventa.
Y es verdad 
		la esperanza, y es su límite anhelo
de juventud eterna, que aquí se 
		transparenta
igual que la ceniza de una sombra en el suelo.


		Tú eres como una isla 
		desconocida y triste,
mecida por las aguas, que suenan, noche y día,

		más lejos y más dulce de todo lo que existe,
en un rincón del alma 
		con nombre de bahía.


		Lo más mío que tengo 
		eres tú. Tu palabra
va haciendo débilmente mi soledad más pura.

		¡Haz que la tierra antigua del corazón se abra
y que sientan cerca la 
		muerte y la hermosura!


		Haz de mi voluntad un 
		vínculo creciente.
Haz melliza del niño la pureza del hombre.
haz 
		la mano que tocas de nieve adolescente
y de espuma mis huesos al 
		pronunciar tu nombre.


		El tiempo ya no existe. 
		Sólo el alma respira.
Sólo la muerte tiene presencia y sacramento.

		Desnudo y retirado, mi corazón te mira.
Es verdad. Tu hermosura me 
		borra el pensamiento.


		Tengo aquí mi ventura. 
		Tengo la muerte sola.
Tengo en paz mi alegría y mi dolor en calma.

		A través de mi pecho de varón que se inmola
van corriendo las frescas 
		acequias de tu alma.


		La presencia de Dios 
		eres tú. Mi agonía
empieza poco a poco como la sed. ¡Tú eres
la 
		palabra que el Ángel declaraba a María,
anunciando a la muerte la 
		unidad de los seres!
7.

En esta paz del corazón alada...

En esta paz del 
		corazón alada
		
descansa el horizonte de Castilla, 
y el vuelo de la nube sin 
		orilla 
		
azula mansamente la llanada. 


		Solas quedan la luz y 
		la mirada 
		
desposando la mutua maravilla 
de la tierra caliente y amarilla 
		
y el verdor de la encina sosegada. 


		¡Decir con el lenguaje 
		la ventura 
		
de nuestra doble infancia, hermano mío, 
y escuchar el silencio 
		que te nombra! 
		


		La oración escuchar del 
		agua pura, 
		
el susurro fragante del estío 
y el ala de los chopos en la 
		sombra.
8.

En tu sonrisa

Ya empieza tu sonrisa,

		como el son de la lluvia en los cristales.
La tarde vibra al fondo de 
		frescura,
y brota de la tierra un olor suave,
un olor parecido a 
		tu sonrisa,
y a mover tu sonrisa como un sauce
con el aura de 
		abril; la lluvia roza
vagamente el paisaje,
y hacia adentro se 
		pierde tu sonrisa,
y hacia dentro se borra y se deshace,
y hacia 
		el alma me lleva,
desde el alma me trae,
atónito, a tu lado.
Ya 
		tu sonrisa entre mis labios arde,
y oliendo en ella estoy a tierra 
		limpia,
y a luz, y a la frescura de la tarde
donde brilla de nuevo 
		el sol, y el iris,
movido levemente por el aire,
es como tu 
		sonrisa que se acaba
dejando su hermosura entre los árboles...
9.

Para inventar a Dios, nuestra palabra busca, dentro del pecho, su propia semejanza y no lo encuentra, como las olas de la mar tranquila, una tras otra, iguales, quieren la exactitud de lo infinito medir, al par que cantan... Y su nombre sin letras, escrito a cada instante por la espuma, se borra a cada instante mecido por la música del agua; y un eco queda solo en las orillas. ¿Qué número infinito nos cuenta el corazón? Cada latido, otra vez es más dulce, y otra y otra; otra vez ciegamente desde dentro va a pronunciar Su nombre. Y otra vez se ensombrece el pensamiento, y la voz no le encuentra. Dentro del pecho está. Tus hijos somos, aunque jamás sepamos decirte la palabra exacta y tuya, que repite en el alma el dulce y fijo girar de las estrellas.

Escrito a cada momento...
		Para inventar a Dios, nuestra palabra
busca, dentro del pecho,
su propia semejanza y no lo encuentra,
como las olas de la mar tranquila,
una tras otra, iguales,
quieren la exactitud de lo infinito
medir, al par que cantan...
Y su nombre sin letras,
escrito a cada instante por la espuma,
se borra a cada instante
mecido por la música del agua;
y un eco queda solo en las orillas.
¿Qué número infinito
nos cuenta el corazón?
Cada latido,
otra vez es más dulce, y otra y otra;
otra vez ciegamente desde dentro
va a pronunciar Su nombre.
Y otra vez se ensombrece el pensamiento,
y la voz no le encuentra.
Dentro del pecho está. 
Tus hijos somos,
aunque jamás sepamos
decirte la palabra exacta y tuya,
que repite en el alma el dulce y fijo
girar de las estrellas.
10.

Fluir

de España


		Voy bebiendo en la luz, 
		y desde dentro 
		
de mi caliente amor, la tierra sola 
que se entrega a mis pies 
		como una ola 
		
de cárdena hermosura. En mi alma entro; 


		hundo mis ojos hasta el 
		vivo centro 
		
de piedad que sin límites se inmola 
lo mismo que una madre. Y 
		tornasola 
		
la sombra del planeta nuestro encuentro. 


		Tras el límpido mar la 
		estepa crece, 
		
y el pardo risco, y la corriente quieta 
al fondo del barranco 
		repentino 
		


		que para el corazón y 
		lo ensombrece, 
		
como gota del tiempo ya completa 
que hacia Dios se desprende en 
		su camino.
11.

Hasta

mañana dices, y tu voz ... 


		Hasta mañana dices, y 
		tu voz 
se apaga y se desprende 
como la nieve. Lejos, poco a 
		poco, 
va cayendo, y se duerme, 
tu corazón cansado, 
donde el 
		mañana está. Como otras veces, 
hasta mañana dices, y te pliegas 

		al mañana en que crees, 
como el viento a la lluvia, 
como la luz 
		a las movibles mieses. 
Hasta mañana, piensas; y tus ojos 
cierras 
		hasta mañana, y ensombreces, 
y guardas. Tus dos brazos 
cruzas, y 
		el peso leve levantas, de tu pecho confiado. 
Tras la penumbra de tu 
		carne crece 
la luz intacta de la orilla. Vuela 
una paloma sola y 
		pasa tenue 
la luna acariciando las espigas 
lejanas. Se oyen 
		trenes 
hundidos en la noche, entre el silencio 
de las encinas y 
		el trigal que vuelve 
con la brisa. Te vas siempre 
hasta mañana, 
		lejos. Tu sonrisa 
se va durmiendo mientras Dios la mece 
en tus 
		labios, lo mismo 
que el tallo de una flor en la corriente; 

		mientras se queda ciega tu hermosura 
como el viento al rodar sobre 
		la nieve; 
mientras te vas hasta mañana, dulcemente 
por esa senda 
		pura que, algún día, 
te llevará dormida hacia la muerte.

Versos y pensamientos de Leopoldo Panero

4 citas
« Estamos siempre solos. Cae el viento / entre los encinares y la vega. »
Leopoldo Panero · A mis hermanas
« La gracia cenicienta de / la encina, »
Leopoldo Panero · A una encina solitaria
« Canción con tu humildad / ¡Cómo apagas mi sed »
Leopoldo Panero · Canciã“n
« miro lentamente / como un camino al andar. »
Leopoldo Panero · Canción crédula de los ojos
Biblioteca poética

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