« Como un hilo o aguja que casi no se / siente »
Leopoldo María Panero · 20.000 Leguas de viaje submarino
Biografía y amplia selección de poemas de Leopoldo María Panero. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de Leopoldo María Panero. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
Como un hilo o aguja que casi no se
siente
como un débil cristal herido por el fuego
como un lago en
que ahora es dulce sumergirse
oh esta paz que de pronto cruza mis
dientes
este abrazo de las profundidades
luz lejana que me llega a
través de la inmensa lonja de
la
catedral desierta
quién pudiera quebrar estos barrotes como espigas
dejad me descansar en este silencioso rostro que nada
exige
dejadme esperar el iceberg que cruza callado el mar sin
luna
dejad que mi beso resbale sobre su cuerpo helado
cuando
alcance la orilla en que sólo la espera es posible
oh dejadme besar
este humo que se deshace
este mundo que me acoge sin preguntarme nada
este
mundo de titíes disecados
morir en brazos de la niebla
morir sí, aquí, donde todo es nieve o silencio
que mi pecho ardiente
expire tras de un beso a lo que
es
sólo aire
más allá el viento es una guitarra poderosa pero él no
nos llama
dejadme entonces besar este astro apagado traspasar el
espejo y llegar así adonde ni siquiera el suspiro es
posible
donde sólo unos labios inmóviles
ya no dicen o sueñan
y recorrer así este inmenso Museo de Cera
deteniéndome
por ejemplo en las plumas
recién nacidas
o en el instante en que la luz deslumbra a la
crisálida
y algo más tarde la luna y los susurros
y examinar
después los labios que fulgen
cuando dos cuerpos se unen formando una
estrella
y cerrar por fin los ojos cuando la mariposa próxima a
caer sobre la
tierra sorda quiere en vano volver sus alas hacia lo
verde
que ahora la desconoce
A Claudio Rodríguez, recordando el día en que, con un
cigarrillo temblándole en los labios, me dijo, en el Drugstore
de Fuencarral, «a esta gente hay que ganarla».
Aun cuando
tejí mi armadura de acero
el terror en mis ojos muertos.
Aun
cuando con mano blanca y nula
hice de silencio tus orines
y la
nieve cae aún sobre mi cuerpo
pese a ello se impone un silencio aún
más hondo
a los clavos que habían horadado mi cráneo:
aun cuando
sean huesos quizá lo que no tiembla
aun cuando el musgo concluye mi
pecho¹
el terror remueve las cuencas vacías.
¹Este
poema puede leerse también con la siguiente variante:
Aun cuando
el musgo es certeza en mi pecho
"Teoría" 1973
Suave como el peligro atravesaste un día con tu mano imposible la frágil medianoche y tu mano valía mi vida, y muchas vidas y tus labios casi mudos decían lo que era el pensamiento. Pasé una noche a ti pegado como a un árbol de vida porque eras suave como el peligro, como el peligro de vivir de nuevo. "Last night together" 1980
(reivindicación de una hermosura)
Escucha en
las noches cómo se rasga la seda
y cae sin ruido la taza de té al
suelo
como una magia
tú que sólo palabras dulces tienes para los
muertos
y un manojo de flores llevas en la mano
para esperar a la
Muerte
que cae de su corcel, herida
por un caballero que la apresa
con sus labios brillantes
y llora por las noches pensando que le
amabas,
y dice sal al jardín y contempla cómo caen las estrellas
y
hablemos quedamente para que nadie nos escuche
ven, escúchame
hablemos de nuestros muebles
tengo una rosa tatuada en la mejilla y
un bastón con
empuñadura en forma de pato
y dicen que llueve por nosotros y que la
nieve es nuestra
y ahora que el poema expira
te digo como un niño,
ven
he construido una diadema
(sal al jardín y verás cómo la noche
nos envuelve)
"Poemas del manicomio de Mondragón" 1987
En la playa de la noche mostraba mis ojos a las sirenas que jugaban impunemente con mi pene con el falo que en el lecho maloliente deshacen los sueños y cae la piedra del pensamiento al suelo. "Poesía" 1970 - 1985
Qué es la magia, preguntas en una habitación a oscuras. Qué es la nada, preguntas, saliendo de la habitación. Y qué es un hombre saliendo de la nada y volviendo solo a la habitación. "Poesía" 1970 - 1985
Prometo escribiros, pañuelos que se pierden en el horizonte, risas que palidecen, rostros que caen sin peso sobre la hierba húmeda, donde las arañas tejen ahora sus azules telas. En la casa del bosque crujen, de noche, las viejas maderas, el viento agita raídos cortinajes, entra sólo la luna a través de las grietas. Los espejos silenciosos, ahora, qué grotescos, envenenados peines, manzanas, maleficios, qué olor a cerrado, ahora, qué grotescos. Os echaré de menos, nunca os olvidaré. Pañuelos que se pierden en el horizonte. A lo lejos se oyen golpes secos, uno tras otro los árboles se derrumban. Está en venta el jardín de los cerezos. "Así se fundó Carnaby Street" 1970
Canción para una discoteca No tenemos fe al otro lado de esta vida sólo espera el rock and roll lo dice la calavera que hay entre mis manos baila, baila el rock and roll para el rock el tiempo y la vida son una miseria el alcohol y el haschisch no dicen nada de la vida sexo, drogas y rock and roll el sol no brilla por el hombre, lo mismo que el sexo y las drogas; la muerte es la cuna del rock and roll. Baila hasta que la muerte te llame y diga suavemente entra entra en el reino del rock and roll. "Poesía" 1970 - 1985
Cuando
cansado desde el lecho, me
levanto a mirarte,
Juvencio, y otra vez
el cansancio reencuentro
de nuevo pienso en Cieno que los ojos de
semen
sin cansarse cegaba; y cuando una vez solo
miro
vacía la cama
como siempre lo estuvo
recuedo
el látigo aun, con la última fuerza.
De
Dioscuro
Más allá de donde aún se esconde la vida, queda un reino, queda cultivar como un rey su agonía, hacer florecer como un reino la sucia flor de la agonía: yo que todo lo prostituí, aún puedo prostituir mi muerte y hacer de mi cadáver el último poema. De "Last River Together" 1980
de ser piel roja La llanura infinita y el cielo su reflejo. Deseo de ser piel roja. A las ciudades sin aire llega a veces sin ruido el relincho de un onagro o el trotar de un bisonte. Deseo de ser piel roja. Sitting Bull ha muerto: no hay tambores que anuncien su llegada a las Grandes Praderas. Deseo de ser piel roja. El caballo de hierro cruza ahora sin miedo desiertos abrasados de silencio. Deseo de ser piel roja. Sitting Bull ha muerto y no hay tambores para hacerlo volver desde el reino de las sombras. Deseo de ser piel roja. Cruzó un último jinete la infinita llanura, dejó tras de sí vana polvareda, que luego se deshizo en el viento. Deseo de ser piel roja. En la Reservación no anida serpiente cascabel, sino abandono. DESEO DE SER PIEL ROJA. (Sitting Bull ha muerto, los tambores lo gritan sin esperar respuesta. )
No es tu
sexo lo que en tu sexo busco
sino ensuciar tu alma:
desflorar
con todo el barro de la vida
lo que aún no ha vivido.
"El que no ve" 1980
circo
Dos atletas saltan de un lado a otro de mi alma
lanzando gritos y
bromeando acerca de la vida:
y no sé sus nombres. Y en mi alma vacía
escucho siempre
cómo se balancean los trapecios. Dos
atletas saltan de un lado a otro de mi alma
contentos de que esté
tan vacía.
Y oigo
oigo en el espacio sonidos
una y otra vez el
chirriar de los trapecios
una y otra vez.
Una mujer sin rostro
canta de pie sobre mi alma,
una mujer sin rostro sobre mi alma en el
suelo,
mi alma, mi alma: y repito esa palabra
no sé si como un
niño llamando a su madre a la luz,
en confusos sonidos y con llantos,
o bien simplemente
para hacer ver que no tiene sentido.
Mi alma.
Mi alma
es como tierra dura que pisotean sin verla
caballos y
carrozas y pies, y seres
que no existen y de cuyos ojos
mana mi
sangre hoy, ayer, mañana. Seres
sin cabeza cantarán sobre mi tumba
una canción incomprensible.
Y se repartirán los huesos de mi alma.
Mi alma.
Mi hermano muerto fuma un cigarrillo junto a mí.
"Poesía"
1970 - 1985
Vosotros, todos vosotros, toda esa carne que en la calle se apila, sois para mí alimento, todos esos ojos cubiertos de legañas, como de quien no acaba jamás de despertar, como mirando sin ver o bien sólo por sed de la absurda sanción de otra mirada, todos vosotros sois para mí alimento, y el espanto profundo de tener como espejo único esos ojos de vidrio, esa niebla en que se cruzan los muertos, ese es el precio que pago por mis alimentos. "Last night together" 1980
Tengo un idiota dentro de mí, que llora, que llora y que no sabe, y mira sólo la luz, la luz que no sabe. Tengo al niño, al niño bobo, como parado en Dios, en un dios que no sabe sino amar y llorar, llorar por las noches por los niños, por los niños de falo dulce, y suave de tocar, como la noche. Tengo a un idiota de pie sobre una plaza mirando y dejándose mirar, dejándose violar por el alud de las miradas de otros, y llorando, llorando frágilmente por la luz. Tengo a un niño solo entre muchos, as a beaten dog beneath the hail, bajo la lluvia, bajo el terror de la lluvia que llora, y llora, hoy por todos, mientras el sol se oculta para dejar matar, y viene a la noche de todos el niño asesino a llorar de no se sabe por qué, de no saber hacerlo de no saber sino tan sólo ahora por qué y cómo matar, bajo la lluvia entera, con el rostro perdido y el cabello demente hambrientos, llenos de sed, de ganas de aire, de soplar globos como antes era, fue la vida un día antes de que allí en la alcoba de los padres perdiéramos la luz. "Last night together" 1980
Inspirado en una pesadilla que tuvo por nombre
«Marava Domínguez Torán»
Todo aquel que atraviesa el
corredor del Miedo
llega fatalmente al Ãltimo Espejo
donde una
mujer abrazada a tu esqueleto nos muestra
cara a cara el infierno de
los ojos sellados
de los ojos cerrados para siempre como en una
máscara
de muerta representando en el más allá el teatro último:
así miré yo a los ojos que borraron mi alma
así he mirado yo un día
que no existe en el Ãltimo Espejo
"Teoría" 1973
¿Quién me engaña en la noche, y aúlla
pidiéndome que salga, que salga
a la calle y camine,
y corra, y atraviese las calles como perro
rabioso
las calles desiertas en que es siempre de noche,
buscando
locamente el baccarrá en la noche?
¿Quién despierta, qué hembra mortal o pájaro para decirme
que aún
vivo, que aún deseo, que tengo
todavía que imprimir una última
dirección a mis ojos
para buscar el baccarrá en la noche?
¿Qué uñas escarban mi vejez, y qué mano que no perdona
tortura mi
muñeca, conduciéndome
como a un lugar seguro, al baccarrá en la
noche?
¿Qué mano de madre, qué oración susurran
luna tras luna los
labios de la luna
gritando en medio de la calle a solas
descubriéndome en la acera, denunciando a todos
mi testamento
secreto, mi pavor y mi miedo
sin descanso de encontrarme, no sé si
hoy quizás,
tal vez mañana, jugando
ya para siempre al baccarrá en la noche?
"Last
River together"
(Vida y
mujer en hebreo, y en inglés, víspera)
A Mercedes, por el hilo que la une al secreto
Porque hiciste mi gesto eterno supe
que eras la muerte: porque
ella sólo podía
amarme si no había
hombres
para mí, vivos:
sólo ella podía
amarme:
y supe también que tú eras
la muerte, y que me amabas.
El
rostro de la Humanidad era
para mí el de nadie: como para ella,
como para ti: eres negra y no quieres
nada de lo que vive y no sabe
hasta morir que te desea.
Y vi a través de ti, cómo surgían
y surgen
cabezas de la tierra helada:
cabezas,
yelmos, corazas, espadas
es el fruto que cosecha la tierra en este a
ño
que tanto recuerda al Ãltimo, al
siguiente,
y me amaste porque yo lo veía, porque
veía crecer ya en el huerto el fruto
monstruoso que incorporaba en sí
todo dolor
e injusticia y desastre
y me dijiste: «He aquí mi primer hijo
yo que nada sabía del ridículo gesto
de
nacer» y agregaste:
«Este reirá de todo,
y lo encenagará todo con
el veneno de su risa mortal:
cuando no haya nadie
que
recuerde cómo se reía, este reirá»
Y te
reíste de mí, como mi madre
al ver que yo había nacido de ella.
Tan inmenso
era el frío en las ciudades
que algunos sabían que no
era locura
ni es, creer que caerán sobre mí
o seré yo el que caiga al morir sobre tu cuerpo.
Pero en el frío crecían
seguían creciendo -la peor de las
alfombras de césped
los huesos y la carne de los soldados
que crecían sobre la tierra helada. Y me dijiste
«ellos no tendrán miedo, porque están
muertos, lo mismo que tú que me amas,
a mí que soy negra
como la vida e hice una piedra de tu gesto»
Y los muertos brotaban sobre la tierra húmeda
-cabezas, yelmos, corazas y espadas
porque la Muerte se había hecho vida.
Y pregunté
-te pregunté entonces-: «Será mi
alma buen
alimento para perros?»
Y contestaste: «no esperes
que ella
sirva para otra cosa: aquella
fue creada
y pensada lo mismo que tu
cuerpo y huesos para
nutrición de los perros finales -lo mismo
que tu palabra. «Y ¿nada he de esperar?» «Nada»
Y vi como espadas y corazas y yelmos
surgían sobre el campo más
yermo.
Y me olvidé.
"Narciso en el acorde último de las flautas" 1979
(carta al padre)
«And fish to catch regeneration»
Samuel Butler, Pescador de muertos.
Solos tú y yo, e
irremediablemente
unidos por la muerte: torturados aún por
fantasmas que dejamos con torpeza
arañarnos el cuerpo y luchar por
los despojos
del sudario, pero ambos muertos, y seguros
de nuestra
muerte; dejando al espectro proseguir en vano
con el turbio negocio
de los datos: mudo,
el cuerpo, ese impostor en el retrato, y los dos
siguiendo
ese otro juego del alma que ya a nada responde,
que
lucha con su sombra en el espejo-solos,
caídos frente a él y viendo
detrás del cristal la vida como lluvia, tras del cristal
asombrados
por los demás, por aquellos-Vous etes combien? que nos
sobreviven
y dicen conocernos, y nos llaman
por nuestro nombre
grotesco, ¡ah el sórdido, el
viscoso templo de lo humano!
Y sin embargo
solos los dos, y unidos por el frío
que apenas roza
brillante envoltura
solos los dos en esta pausa
eterna del tiempo
que nada sabe ni quiere, pero dura
como la piedra, solos los dos, y
amándonos
sobre el lecho de la pausa, como se aman
los muertos
«amó», dijiste, autorizado por la muerte
porque sabías
de ti como de una tercera persona
bebió dijiste, porque Dios estaba
(Pound dixit)
en tu vaso de whiski
amo bebió, dijiste, pero ahora
espera
¿espera? y en efecto la resurrección
desde un cristal
inválido te avisa
que con armas nuestra muerte florece
para ti que sólo
sabías de la muerte. Aquí
¿debajo o por encima?
de esta piedra
tú que doraste la sobrenatural dureza y el
dolor
sobrenatural de los edificios desnudos
¿en qué perspectiva
-dime- acoger la muerte?
en la mesa de disección
tú que danzaste
enloquecido en la plaza desierta
tropezando
hiriéndote las manos
en el trapecio del silencio
en pie contra las hojas muertas que
se
adherían a tu cuerpo, y contra la hiedra que tapaba
obsesivamente tu
boca hinchada de borracho,
danzas, danzaste
sin espacio, caído, pero
no quiero errar en la
mitología
de ese nombre del padre que a todos nos falta,
porque
somos tan sólo hermanos de una invasión de lo imposible
y tus pasos
repiten el eco de los míos en un largo
corredor donde
retrocedo infatigable, sin
jamás moverme
¡ah los hermanos, los hermanos invisibles
que florecen,
en el Terror! ¡Ah los hermanos, los hermanos que se
defienden
inútilmente de la luz del mundo con las manos,
que se
guardan del mundo por el Miedo, y cultivan en la
sombra
de su huerto nefasto la amenaza de lo eterno, en
el ruin
mundo de los vivos! ¡Ah los hermanos,
Y el ave,
el ave que vuela sobre el mundo en llamas, diciendo sólo
a los mortales que se agitan debajo, diciendo
sólo: ABISMO, ABISMO!
Abismo, sí, tibia guarida
de nuestro amor de hermanos, padre.
¡Pero tan solos!
¡Tan solos! Fantasmas que hace visible la hiedra
-como hiedramerlín como niñadecabezacortada como
mujermurciélago la
niña que ya es árbol-
crecen hojas
en la foto, y un florecer te arranca
de los labios
caníbales de nuestra madre Muerte, madre
de nuestro rezo
florecen
los muertos florecen
unidos acaso por el sudor helado
muerto de
muchas cabezas hambrientas de los vivos
te esperamos ave, ave nacida
de la cabeza que explotó al crepúsculo
ave dibujada en la piedra y
llena
de lo posible de la dulzura, de su sabor
ajeno que es más
que la vida, de su crueldad
que es más que la vida
¡ira
de la piedra, ira que a la realidad insulta,
que apalea
a la cabaña torpe de la mentira con verbos
que no son,
resplandecen, ira
suprema de lo mudo!
(te esperamos
en la delgada orilla de lo que cae, en el prado
nocturno que atraviesan lentos
los elefantes
percibís el frío
la
conspiración de las algas,
gelatina, escamas, mano
que sobresale de la tumba
manos que
surgen de la tierra como tallos
surcos arados por la muerte,
cabezas de ahorcados que echan flor:
decapitados que dialogan
a la luz decreciente de las velas,
¡oh quién nos traerá la rima
la música, el sonido que rompa la
campana
de la asfixia, y el cristal borroso
de lo posible, la
música del beso!
De ese beso, final, padre, en
que
desaparezcan
de un soplo nuestras sombras, para
asidos de ese
metro imposible y feroz, quedarnos
a salvo de los hombres para
siempre,
solos yo y tú mi amada
"Teoría" 1973
restos de mi figura y ladra un perro... Hay restos de mi figura y ladra un perro. Me estremece el espejo: la persona, la máscara es ya máscara de nada. Como un yelmo en la noche antigua una armadura sin nadie así es mi yo un andrajo al que viste un nombre. Dime ahora, payo al que llaman España si ha valido la pena destruirme bañando con tu inmundo esperma mi figura. Tus ángeles orinan sobre mí. San Pedro y San Rafael en una esquina comentan mientras avanzo borracho sobre esa piedra, payo, que llaman España. De Piedra negra o del temblor
Hembra
Hembra que
entre mis muslos callabas
de todos los favores que pude prometerte
te debo la locura.
"El
último hombre" 1984
«Ten piedad de mi larga miseria»
Le
fleurs du mal
Charles Baudelaire
Tú que eres tan
sólo
una herida en la pared
y un rasguño en la frente
que
induce suavemente a la muerte:
tú ayudas a los débiles
mejor que
los cristianos
tú vienes de las estrellas
y odias esta tierra
donde moribundos descalzos
se dan la mano día tras día
buscando
entre la mierda
la razón de su vida;
yo
que nací del excremento
te amo
y amo
posar sobre tus manos delicadas mis heces.
Tu símbolo es el ciervo
y el mío la luna:
que caiga la lluvia sobre
nuestras faces
uniéndonos en un abrazo
silencioso y cruel en que
como el
suicidio, sueño
sin ángeles ni mujeres
desnudo de todo
salvo de
tu nombre
de
tus besos en mi ano
y tus caricias en mi cabeza calva
rociaremos
con vino, orina y sangre
las iglesias
regalo de los magos
y debajo del crucifijo
aullaremos.
"Poemas del manicomio de Mondragón"
« Como un hilo o aguja que casi no se / siente »
« A Claudio Rodríguez, recordando el día en que, con un / cigarrillo temblándole en los labios, me dijo, en el Drugstore »
« Suave como / el peligro atravesaste un día »
« (reivindicación de una hermosura) / Escucha en »
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