Poesía Universal

Leopoldo Marechal

Biografía y amplia selección de poemas de Leopoldo Marechal. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Leopoldo Marechal. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Leopoldo Marechal

12 poemas seleccionados
1.

Canción

El 
		Río de tu Sueño cantará el abecedario del agua.
Tendrá árboles, como 
		llamas verdes
chisporroteando alondras;
y altos bambúes cazarán el 
		girasol de las lunas
en el Río de tu Sueño que sólo tú remontas.

		
El alba será un loto que perfuma
la muerte de tus noches;
de 
		picotear estrellas estarán ebrios tus pájaro-moscas.
Habrá remansos y 
		un polen que hace dormir al viento
en el Río de tu Sueño que sólo tú 
		remontas.

		
Con mi remo al hombro he visto zarpar cien días.
Mis hermanos 
		pelarán la fruta del mundo, la más roja...
Con mi remo inútil, a lo 
		largo de las noches,
busco el Río de tu Sueño que sólo tú remontas.

		
De "Días como flechas" 1926
2.

Canción para que una mujer madure

¡Fruto nuevo, amasijo de tierra y de agua!
Cristalizó en el gajo 
		más curvado del mundo
la sal de tu ternura.

		
¡Afilando puñales de sed,
trenzando los cabellos de una esperanza 
		niña,
desvaneciendo sombras he cuidado tu rama!

		
Pastor de grandes cosas que se mueven,
yo conduje el rebaño de 
		los días piafantes;
he visto cien mañanas con los picos abiertos

		devorar la migaja de la última estrella
y tembló entre mis manos toda 
		noche
como una yegua renegrida y ágil...

		
Yo hilvané con mis ansias una canción de cuna
para que se 
		durmieran los cachorros del viento;
y alcé un espantapájaros de odio

		sobre el campo frutal de tu sueño sin lágrimas.
Con las hebras del 
		sol
has torcido el cordaje de tu risa.

		
En las enredaderas de tus voces incuba
sus tres huevos azules un 
		pájaro de gracia...
¡La vida en tus talones es un giro de baile!

		
Te aferras al abierto pavorreal de los días
y le robas la pluma;

		sabes abrir tu noche como un libro de estampas.

		
Y no sé si deshojas
la flor menguante de las lunas;
y no sé si 
		libertas los luceros cautivos;
¡o si el verano salta de tus ojos 
		iguales
a una lluvia con sol!

		
Tengo los dientes rotos de morder imposibles:
para ti guardan 
		lechos de martirio mis brazos.
En mis dedos retoñan zarzales de 
		caricias,..

		
¡Todas las noches naufragaban
en esta costa de mi anhelo! 

		
Grabé tu nombre en todas las arenas del aire:
tu nombre es el 
		perfume que buscaban mis años.

		
Redoblan los tambores de mi fiebre
largos llamados al otoño.

		
Has de llorar tus frutas
redondas como lágrimas...


		Ensartare en el hilo de mi plegaria sorda
las cuentas de cien días y 
		de cien noches;
¡y haré un collar de tiempo que te ciña! 
		

Conduciré el rebaño de mis voces 
por caminos que duerman 
		bajo el opio del alba.

		
He de atar mis dos ojos a carros de vigilia
¡y haré un collar de 
		tiempo que te ciña!
para que sea manso tu caer en un día
con 
		fragancias de alcoba;
y para que en la noche de tu llanto
las 
		estrellas más altas fructifiquen
entre la mano de los niños.

		
De "Días como flechas" 1926
3.

Canto

de otras vidas


		Silencio,
sangre de campanas muertas.
Llanto de las casas vacías

		que imploran un retorno de niños...

		
Yo sé un canto sin nombre
que fructifica en el silencio.
Una 
		canción de aquellas que soldaban tus párpados
cuando la lámpara 
		florecía
en los aposentos mojados de sombra.

		
Entonces hubo dedos color de reloj
y un perfume de llantos 
		antiguos en la ropa vetusta.

		
(Hay que tirar guijarros musicales
al fondo del silencio:
el 
		silencio responde con su voz de agua muerta.)

		
¡Tus manos!
Veo tus manos desgarradas
en cinco tiras de 
		cansancio.

		
¿En qué viejo episodio se gastaron tus dedos?
La vida fue un 
		liviano cascabel en tus ropas
¡y has echado a rodar el juguete del 
		mundo
yo no sé en qué mañana de libro con viñetas!

		
El cántaro vacío de tus ojos
ha mordido la fuente de algún sol en 
		pañales...

		
(Todo está en el silencio
y en la fatiga de tus brazos.)


		Una mañana tus ojos de Simbad arponearon el sol.
En madera profunda

		tallaste el mascarón de un navío fantasma:
un mascarón de gestos 
		petrificados
que mordió la carne frutal de aquel día sin nombre.

		
Entonces un mar sin leyendas
habló de tu origen a dioses color de 
		esponja.

		
Y el viento no había pisoteado todas las distancias.
El viento 
		niño rompió el juguete de tus Cantos
y hacía danzar en sus horcas

		a los piratas de tu miedo...

		
¡Quién te dijo una noche que la muerte
sólo un tapiz de sueño 
		era!

		
¡Quién te enseñó una noche de qué modo la vida
se acostaba en sus 
		linos,
como tú, de pequeño,
cuando en los labios de tu madre

		nacían llavines de música para tus ojos!

		
¡Quién te habló de la muerte
y de un retorno en caballos 
		festivos!

		
(Yo sé un canto de abuelas;
el silencio responde...)

¡Tus 
		pupilas
-amente fieles a la hoguera
que abrió incurables llagas en 
		la noche de añil!

		
¡Qué vieron tus pupilas? ¿Qué vieron
la barba color hoja seca de 
		los ancianos
t6rax de hombres adustos
hablaban un lenguaje 
		aprendido en la boca del viento?

		
Una voz deshizo el collar de tu nombre,
una voz musical de 
		nodriza recién castigada...

		
¡ Todo está en el silencio!
He ahí tus pasos amigos de una tierra 
		sin edad. 
		
Y la mujer a tu carne ceñida, igual que una ropa de llamas.
Y un 
		amor traslúcido como el reír de los niños
		
que mataron pichones de alondra junto al Río Dios. 

Todo está 
		en el silencio 
		
y en la fatiga de tus brazos. 
Has roto la ventana de un Olimpo 
		sin risas
y salieron los dioses en pantuflas 
		
esgrimiendo sus rayos de juguete... 

¡De qué metal será la 
		palabra 
		
que infantilice los labios del mundo!

¡Qué harás con tus 
		manos de cinco tiras
en el puente de las noches, cazador sin sueño!

		
Yen el oeste un pájaro se alza:
con el pico enhebrado de 
		música
viene cosiendo el traje de una edad.

		
De "Días como flechas" 1926
4.

Credo a la vida

Creo en la vida todopoderosa, 

		en la vida que es luz, fuerza y calor; 

		porque sabe del yunque y de la rosa 

		creo en la vida todopoderosa 

		y en su sagrado hijo, el buen Amor. 

		

		Tal vez nació cual el vehemente sueño 

		del numen de un espíritu genial; 

		brusca la senda, el porvenir risueño, 

		nació tal vez cual el vehemente sueño 

		de un apóstol que busca un ideal. 

		

		Padeció, la titán, bajo los yugos 

		de una falsa y mezquina religión; 

		veinte siglos se hicieron sus verdugos 

		y aun padece, titán, bajo sus yugos 

		esperando la luz de la razón. 

		

		Fue en la humana estultez crucificada; 

		murió en el templo y resurgió en la luz... 

		¡Y, desde allí, vendrá como una espada, 

		contra esa Fe que germino en la nada, 

		contra ese dios que enmascaro la cruz! 

		

		Creo en la carne que pecando sube, 

		creo en la Vida que es el Mal y el Bien; 

		la gota de agua del pantano es nube. 

		Creo en la carne que pecando sube 

		y en el Amor que es Dios. 

		¡Por siempre amén!
5.

De la adolescente

Entre mujeres alta ya, la niña 
		
quiere llamarse Viento. 
Y el mundo es una rama que se dobla 

		casi junto a sus manos, 
		
y la niña quisiera 
tener filos de viento. 

Pero no es 
		hora, y ríe 
		
ya entre mujeres alta: 
sus dedos no soltaron todavía 
el nudo 
		de la guerra 
		
ni su palabra inauguró en las vivas 
regiones de dolor, campos de 
		gozo. 
		
Su boca está cerrada 
junto a las grandes aguas. 

Y dicen 
		los varones: 
		
«Elogios impacientes la maduran: 
cuando se llame Viento 
nos 
		tocará su mano 
		
repleta de castigos.» 

Y las mujeres dicen: 
«Nadie quebró 
		su risa: 
		
maneras de rayar le enseñaron los días.» 

La niña entre 
		alabanzas amanece: 
		
cantado es su verdor, 
increíble su muerte.


		De 
		"Odas para el hombre y la mujer" 1929
6.

De la rosa prudente

A su espinoso mundo sometida,
vive y muere la rosa colorada: 
		
su pura soledad, ¡qué bien guardada!, 
su bandera de amor, ¡qué 
		defendida!

		
Guerra, pero entre dardos florecida;
cielo, mas al arrimo de la 
		espada,
si hasta la rosa llega tu mirada,
no se le atreve al fin 
		tu mano herida.

		
Miel indefensa, corazón desnudo
que a todo viento, si es de amor, 
		te inclinas,
falto a la vez del arma y del escudo,

		
¡busca ya la milicia cuidadosa!
Y que, mortificado en tus 
		espinas,
te valga la prudencia de la rosa.

		
De "Sonetos a Sophía y otros poemas" 1940
7.

De la soledad

Desatado de guerras,
     oigo cantar mi viento.

		Yo recogí mi corazón perdido
sobre la muchedumbre de las aguas.
Yo 
		soy un desertor entre las huestes
      que 
		asaltaron el día.

		
Bellos como las armas relucen mis amigos:
desde los pechos al 
		talón se visten
con el metal de la violencia.
Ellos imponen su 
		color al mundo,
le arrojan la pedrada del boyero
y atizan el ardor 
		de sus caballos,
     para que no se duerma.

		
Como la espada cortan mis amigos:
     bajo 
		su peso tiemblan
     las rodillas del día.

		
Mi corazón no tiene filos de segador:
yo no encendí banderas ni 
		encabrité mi sombra.
No sé lanzarme, recogido y fuerte,
     
		como la piedra del boyero.
     ¡Ay, negrean los 
		días,
     y es tangible su miel!
Sobre su 
		tiempo bailan mis amigos.
¡Quién supiera bailar sobre las uvas,
     
		ágil en la dureza,
     bello como las armas!

		
Algo hay en mí que pesa de maduro,
grita su madurez, pide su 
		muerte:
se derrumba, total, como la sombra
     
		que nace del verdor.
Mi viento desaté sobre mi tierra,
     
		volvióse contra mí toda mi llama:
podado con mi hierro, nutrido de 
		cenizas
creció mi corazón hasta su otoño.
      
		¡Ay, grosura de otoño
      quiere ser mi 
		congoja,
y dispersión de mar enriquecido!

		
Si a mi madura soledad entraras,
amiga, por el puente de las 
		voces,
y pudieras, amigo, sofrenar tu caballo
     
		debajo de mi sombra,
tal vez el manso día no cayese
     
		doblando la rodilla
ni el mundo reclamara la piedra del boyero.

		(Desierto está el camino de las voces,
     sin 
		freno los caballos.)


		Una ciudad 
		a mi costado nace:
su infancia es paralela de la mía y retoza
     
		más allá de mi muerte.

		
Herreros musicales inventan la ciudad,
afirman su riñón, calzan 
		su pie:
¡baila desnuda al son de sus martillos
     
		la edad de los herreros!

		
Yel corazón de la ciudad se forja
con el puro metal de las 
		mujeres,
y sobre los metales castigados
es bella y sin piedad esta 
		mañana.

		
Pero los niños ríen de espaldas a la tierra
     
		o en la margen del gozo:
conspiran bajo el sol de los herreros

		para que tenga un alma la ciudad.

		
De "Odas para el hombre y la mujer" 1929
8.

De

Sophía


		Entre los bailarines y su danza 
		
la vi cruzar, a mediodía, el huerto,
sola como la voz en el 
		desierto,
pura como la recta de una lanza.

		
Su idioma era una flor en la balanza:
justo en la cifra, en el 
		regalo cierto;
y su hermosura un territorio abierto
a la segura 
		bienaventuranza.

		
Nadie la vio llegar: entre violines
festejaban oscuros bailarines

		la navidad del fuego y del retoño. 
		

¡Ay, sólo yo la he visto a mediodía!
Desnuda estaba y al 
		Pasar decía:
"Mi señor tiene Un prado sin otoño".


		De 
		"Sonetos a Sophía y otros poemas" 1940
9.

Definiciones

Te propongo, con ánimo docente,
Varias definiciones de tu cuerpo.

		
La viajera: “Es un traje de turismo,
entre los muchos que ha de 
		usar tu ser
cumpliendo su moción helicoidal”.

		
La tenebrosa: “Es el cajón de muerte
o el ataúd grosero en que tu 
		alma 
		
yace y espera su liberación”.

La hotelera: “Tu cuerpo es una 
		casa
que has de habitar un día y una noche”.

		
La fabril: “Es un útil de trabajo, 
una herramienta noble 
		(martillo, escoplo, arado)
con que realiza el alma sus oficios 
		terrestres”.

		
Sea un útil o un traje, sea chalet o féretro,
cuidarás ese poco 
		de tierra necesaria.
Ni adores a tu cuerpo ni le des latigazos:
es 
		un buey de ojos tristes, pero muy obediente
si no lo abruma el yugo, 
		ni le sobra la alfalfa.
10.

Del

amor navegante


		Porque no está el Amado en el Amante 
		
Ni el Amante reposa en el Amado, 
Tiende Amor su velamen 
		castigado 
		
Y afronta el ceño de la mar tonante. 

Llora el Amor en su 
		navío errante 
		
Y a la tormenta libra su cuidado, 
Porque son dos: Amante 
		desterrado 
		
Y Amado con perfil de navegante. 

Si fuesen uno, Amor, no 
		existiría 
		
Ni llanto ni bajel ni lejanía, 
Sino la beatitud de la azucena. 
		

¡Oh amor sin remo, en la Unidad gozosa! 
¡Oh círculo apretado 
		de la rosa!
		
Con el número Dos nace la pena.

De "Sonetos a Sophía y 
		otros poemas" 1940
11.

Del hombre, su color, su sonido y su muerte

Nuestros idiomas en guerra
     son alabanza del 
		día.
El día nuevo tiene la forma de un vaso:
pide colmarse de 
		nuestra música.
     Somos ligeros
y en 
		nuestro baile no se fatiga la tierra;
vamos unidos, alta mazorca de 
		humos.

		
     Aventamos palabras
en los caminos de la 
		mujer y del hombre:
y arrecia la mujer igual que un viento.
     
		"Puras conversan las armas
     a mediodía 
		-dijimos-:
nunca segaron del todo la mies."

		
     Y nuestra sangre al sol
     
		es la rosa más roja...

		
Sonido de hombre, color de hombre,
¡arraiguemos ese poder en el 
		día!
El día nuevo tiene la forma de un vaso:
pide colmarse de 
		nuestro color.

		
     Pero decimos al fin:
     
		"Color extranjero somos,
     y se ha demorado el 
		pie
     junto a la tierra y su baile.
Manos 
		de segador alzaba el tiempo:
somos un humo que busca la patria del 
		humo".


		     
		Así cantamos al fin,
     y es alabanza del día.

		El día nuevo tiene la forma de un vaso:
     pide 
		colmarse
     de nuestra muerte.

		
De "Odas para el hombre y la mujer" 1929
12.

El

amor es un robo me dijiste una 
		tarde...


		El amor es 
		un robo -me dijiste una tarde-
robamos y nos roban, y así pasa de 
		modo
que en los senderos quedan nuestras mejores galas
resecas 
		como lirios que marchitó el otoño.


		Han pasado 
		los años y de nuevo tu imagen
cruzó por mis ideas con la luz de un 
		meteoro,
y mirando en mi abismo y hallando mucha sombra
recuerdo 
		tus palabras: El amor es un robo.


		De 
		"Los aguiluchos" 1922

Versos y pensamientos de Leopoldo Marechal

4 citas
« El / Río de tu Sueño cantará el abecedario del agua. »
Leopoldo Marechal · Canción
« ¡Fruto nuevo, amasijo de tierra y de agua! / Cristalizó en el gajo »
Leopoldo Marechal · Canción para que una mujer madure
« Silencio, / sangre de campanas muertas. »
Leopoldo Marechal · Canto
« Creo en la vida todopoderosa, / en la vida que es luz, fuerza y calor; »
Leopoldo Marechal · Credo a la vida
Biblioteca poética

Libros de Leopoldo Marechal recomendados

Ediciones recomendadas para disfrutar de su obra poética completa y estudio crítico: