« Aunque siegue la voz con / que tu nombre »
Leopoldo de Luis · Aunque siegue la voz con que tu nombre...
Biografía y amplia selección de poemas de Leopoldo de Luis. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de Leopoldo de Luis. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
Aunque siegue la voz con que tu nombre digo, tu nombre irá, como una hoguera, abrasando estos huesos y esta carne de hombre con perpetuo verdor de primavera. Aunque ciegue la herida de mis ojos donde vive la luz de tus paisajes, en los del alma, de ceguera rojos, siempre se estrellarán tus oleajes. Aunque duela el silencio, como espada fundida en lentas fraguas de amargura, sonará esta verdad desesperada, mordida tierra entre mi dentadura. Sorda la voz, el sueño enarenado, las pupilas, el alma, la garganta arañadas, ronco, diré que hay en mi pecho, hincado, un árbol que florece rosas ensangrentadas. Respiro por la herida. Por esta viva herida de mi muerte; por esta mortal llaga de mi vida que años y sueños y fracasos vierte. Respiro por la herida este aire triste empapado de humana pesadumbre. Y un claro viento insiste contra muros de tedio y de costumbre. Pisando mi dolor, legiones de hombres pasan ciegos, hacia esta misma hoguera mía. ¿Para siempre se salvan? ¿Para siempre se abrasan? Yo sólo sé que busco mi verdad día a día.
Con los míos estoy. He aquí mis cartas, descubro claramente el juego: miro la realidad y a este costado se me inclina la voz por donde muero, por donde el corazón ligeramente me vence cada día con su peso y una pequeña herida hacia la tierra me va sangrando el verso. Entre estas manos con que escribo cabe acumulado todo lo que tengo, todo lo que sostiene el breve mundo querido que defiendo. Cada mañana pongo a flote el barco que se fue a pique en la tiniebla, el lienzo de las velas coloco... (Cada día el barco queda un poco más adentro.) Soporto humanamente, como cada uno, mi propio muerto, y procuro que no me toque nadie el hedor de este triste compañero. No me resigno a que las cosas vayan por la tierra peor que por el cielo. Para cumplir con mi verdad escribo. (Perdón si soy modesto.)
Un año es como un torpe dromedario y abrimos sobre él otro desierto. Hemos venido en un camello muerto sobre el que cabalgamos a diario. ¿Será cada año otra cabalgadura? ¿Cumplir años será algo más que un reto o será ir descubriendo ese secreto que nos espera tras la puerta oscura? Cumplir años es como apostar fuerte por la lenta derrota de la muerte y ver que aún sigue abierta nuestra herida. Miguel Oscar Menassa: todo empieza de nuevo cuando juegas otra pieza en el ajedrez rojo de la vida.
espejo Con los ojos vendados nos miramos cada día delante de un espejo para ser sólo imágenes nuestras que no veremos. Desfilamos, retratos fidelísimos, copias exactas, calcos o reflejos, resbalamos por aguas espejeantes como narcisos ciegos. Debo de ser la sombra, los perfiles, la refracción de ese cristal o hielo; debe de ser el doble repetido, el náufrago en el fondo de ese sueño. Qué culto extraño ante el cristal, la luna, de extraterrestre, de astronauta muerto girando sin sentido en la órbita cerrada por el pecho. Qué culto extraño para sentirnos sólo luminoso eco de nuestra propia realidad corpórea, mitología del agonizamiento liturgia de pantallas sucesivas, idolatrización de reverbero. Sólo somos figuras proyectadas sobre un cristal, pero jamás nos vemos.
Frente a frente y el puzzle en medio. Sé que pude acertar solo el acertijo pero es más llevadero buscar juntos las piezas que completen el diseño. Nunca damos con todas: huecos hay porque ignoramos los cartones-guía, porque no damos con la pieza-clave, la pieza-madre que clausure el juego. Tú sabes que encontramos piezas falsas, quizá piezas que fueran de un tablero distinto, de otra caja. Parecían nuestras, mas su perfil no era el exacto. Apartarlas costó: nunca se juega sin arrancar un poco de esperanza, nunca se manipulan los proyectos sin arañar la piel de la alegría. Volvamos juntos al rompecabezas. No tengas miedo de elegir en vano, siempre vale la pena pretender dar un poco de amor al jeroglífico. Poco a poco el enigma se resuelve aunque se quede un cabo por atar. Hacer un puzzle es conseguir que todo concuerde con los límites del sueño. Porque soñar, jugar, vivir, son sólo formas de despejar la misma incógnita, fórmulas variadas de escoger las piezas y limar sus bordes ásperos. Tantos años y no hemos hecho nada más que intentar un poco de armonía entre las ciegas fichas que nos dieron por si solucionamos lo insoluble.
Con sus alas de plomo va la tarde; pasa en la piel ceniza de los campos. Difusamente cunde la penumbra, vellón de sucia lana en el ocaso. Tú eras también de luna y de paisaje... Se ha oscurecido el mundo entre tus manos. Se ha detenido el tiempo, río sordo. La luz ya es sólo sombra de tus párpados. Se siente caminar lejanamente. Alguien cruza en la sombra hacia el pasado. Nada delante. Olvido. dios en sueños aún alienta en el alma su amor manso. Se retorna al recuerdo cual las olas, una vez y otra vez, con lento paso. Duele el amor, duele la certidumbre de saberse de amor y odio poblados. ¿Ves? Somos cual la encina, aquí en la sombra. Honda raíz, enfurecidos brazos. Ferviente savia oculta nos abrasa. La libertad nos nace por el llanto. como la luz, aquí también morimos, en el hermoso otoño del ocaso. Un ascua fugitiva hacia la sombra. el amor anochece en nuestros labios.
Es como el agua en gracias generosas por el frescor humilde de la arena: un albo deshojar de húmedas rosas, líquido florecer que de amor suena. Sencillamente fluyes, te derramas en amorosa ofrenda por mi orilla. De agua encendida o de fluyentes llamas tocada dejas esta humana arcilla. Como en la húmeda tierra tengo huellas: sobre mí de tu paso transparente, y brillantes guijarros, como estrellas, iluminados bajo tu corriente. Mira el agua. Contémplate. En el fondo de mi alma, amor, lo mismo fluyes. Miro el agua. Te miro. Y en el fondo del tiempo, acaso, como el agua huyes.
como levantarte con los ojos... Es como levantarte con los ojos, con las húmedas alas de los ojos, al imborrable cielo del recuerdo. Pasan nubes oscuras, tristes pájaros. Lentamente tu nombre al fin se queda solo, desnudo, inmóvil, imposible, como estrella varada. Y nombrarte es dolor. Reconocerte después de cada tarde, como el sueño, es el dolor diario. Cruzo absorto calles hacia la angustia de la nada, entro en casas desnudas, hablo a seres extraños, torpemente. Reconocerte es triste, como es triste siempre identificarnos lo más nuestro inútilmente cerca, naufragando en la luz impiadosa de los días. Entramos y salimos de nosotros abandonando siempre lo que somos, esa sola verdad que nos habita, apaleado perro en las veredas por las que transitamos sordamente. Sentirte cerca duele, como duele siempre palpar la herida que no cura. Sentirte en lenta huida hacia la tarde con un dolor solar sobre los párpados. Veo a veces tu cuerpo como un río, como un río pasando mudamente el puente de mis años, por mi pecho. Y en un heroico cielo, siempre inmóvil, só1o tu nombre, herido de memoria. En esta soledad me estoy poblando, haciéndome de bosque y fronda hirviente. Una renunciación acaso sea más que segar la pretendida rosa brotar oscuros árboles de sueño.
las rosas
Sobre la mesa han puesto un
barro humilde
con unas rosas que lo justifican
igual que justifica el hombre
un claro destello, una esperanza, una sonrisa.
Huelen las rosas, y sentir su aroma
también es dar constancia de la
vida,
es percibir la realidad que llega
en su increíble y breve maravilla,
huelen las rosas, qué delgado mundo
de fragancia nos llega en su
caricia,
qué prodigioso mecanismo se hace necesario
hasta dar con esta mina
sutil de olor,
cuántos secretos reinos botánicos,
qué incógnitas provincias de
vegetal acción,
desde la tierra suben elaboradas, resumidas,
adelgazadas hasta lo
indecible
para ser un milagro entre la brisa de la mañana,
un invisible copo
de aroma hacia la tarde,
un terciopelo de perfume solar al mediodía.
Trabajaron obreros
diminutos y subterráneos
por las galerías donde la gota de agua
y
las substancias germinales se alían.
La nieve puso un dedo entre los labios,
el viento golpeó las ramas
niñas,
deshilvanó la lluvia sus collares, y entre tanto,
en la arcilla,
porosa y maternal,
manos minúsculas manipulaban
ciegas en la alquimia del delgado
perfume de las rosas,
para que al fin se derramara un día
desde esta mesa en la que he
puesto un barro humilde,
y nos regale su delicia. ¿Porqué?¿Porqué?
¿Las hemos merecido?
¿Merecemos que sea así la vida tan hermosa y fragante,
que penetre por los sentidos su verdad sencilla
tan misteriosa y
generosamente?.
Algo hay que nos responde por las rosas,
una respuesta de perfume,
escrita en el aire,
las cosas que manejan nuestra manos
¿porqué han de ser distintas de
los rosales?
Con amor ¿por qué no son también aroma concedida?
Vivir no es mas
difícil que un rosal,
lo que anula su aroma es la injusticia."
extraña amiga Cuando tú llegues no estaré yo, amiga extraña, no veré tus ojos tristes. Nunca podré, contra lo que se diga, levantar el tapiz con que te vistes. Sé bien, amiga, que eres sólo invento de quienes siempre temen a tu nada. Voy a creerme una vez más el cuento de que eres una oscura enamorada. Aún estando tan cerca no nos vemos y nunca besaré tu boca muda porque tu tiempo no es el que yo vivo. Te llamo amiga y no nos conocemos. Te pienso igual que a una mujer desnuda y te ofrezco la mano con que escribo.
Tenerte cerca. Hablarte. Y besarte en silencio. Y sentir el contacto caliente de tu cuerpo. Sentir que vives, trémula, aquí, contra mi pecho. Que mis brazos abarcan tus límites perfectos. Que tu piel electriza las yemas de mis dedos. Que la vida se ahoga en el hilo de un beso. Que así, en la sombra, a tientas, bajo la noche, ciegos, topándonos a oscuras mientras todo es silencio, nos amamos y somos casi dioses, rugiendo. Vuelvo a palpar tu carne, vuelvo a besarte, vuelvo a estrecharte en la sombra ciega contra mi pecho. Vuelvo a sentir tu vida trémulamente. siento que el desamparo pone su soledad, su cerco, en torno de nosotros. El mundo está desierto. Mudo. Tú y yo arrojados a un destino violento, aquí, sobre la tierra, abrazándonos ciegos. Y entonces te recojo, te amparo, te sujeto, pequeña, débil, mía, cobijada en mi aliento, sostenida en mis brazos, cubierta con mis besos. Pero mi pequeñez en seguida comprendo. Mi inútil protección, castillo sin cimientos, rueda deshecha frente al enorme Universo. ¡Qué poco puede el hombre! Y me refugio en medio de tanta soledad en tu caliente cuerpo, para que entre tus brazos me mezas con tu tierno amor. Niño asustado, busco tu amor materno. Los dos en la tiniebla abrazados, pequeños, frente a la eternidad, lloramos en silencio. La noche continúa mudamente cubriéndonos.
No, no quiero los sueños. Es la vida, la realidad la que nos llama. Escucha. Son las cosas estrictas que tocamos las que nos prestan su difícil música. Difícil, sí, difícil es alzarse desde el silencio de la pena abrupta y tocar con los dedos aún heridos estas candentes realidades duras. Pero lo mismo que esos pobres árboles frente a los brazos del otoño luchan, hemos de defender hoja por hoja la rama viva que nos da la fruta de la esperanza, que hace cada día. esa naranja un poco más madura. Contra el inevitable helor del tiempo que con tus amantes manos la recubran. No. No es el sueño. Es esta vida diaria la que hay que comenzar de nuevo. Busca en mí el esfuerzo y la sonrisa. Míralos. (Aunque los finja Por vencer tu duda.) Porque era esto lo que contenía aquella caja de sorpresas... Nunca podremos ya volver atrás. La tarde sombra a nuestras espaldas acumula.
Como falsos ahorcados en el aire sus cuerpos vacilantes y vacíos, desnudos de nosotros, brazos, piernas, cinturas, pechos, cuellos, suspendidos. Pasa la luz de enero entre los blancos fantasmas con su frío. Deshabitadas formas desvividas, huecos humanos ateridos. esa silueta con que juega el viento, ese perfil he sido. Tus manos compañeras lo han salvado con su dolor de qué tristes residuos. En el aire tal vez me reconozco, un poco soy bandera al viento herido. Jirón que se estremece mudamente, por un cristal me miro. y no sé si es la ropa o es la vida la que pende de un hilo.
« Aunque siegue la voz con / que tu nombre »
« Con los míos estoy. He aquí mis cartas, / descubro claramente el juego: »
« Un año es como / un torpe dromedario »
« espejo / Con los ojos vendados nos »
Ediciones recomendadas para disfrutar de su obra poética completa y estudio crítico: