Poesía Universal

Leopoldo de Luis

Biografía y amplia selección de poemas de Leopoldo de Luis. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Leopoldo de Luis. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Leopoldo de Luis

13 poemas seleccionados
1.

Aunque siegue la voz con que tu nombre...

Aunque siegue la voz con 
	que tu nombre
digo, tu nombre irá, como una hoguera,
abrasando estos 
	huesos y esta carne de hombre
con perpetuo verdor de primavera.


	Aunque ciegue la herida de 
	mis ojos
donde vive la luz de tus paisajes,
en los del alma, de 
	ceguera rojos,
siempre se estrellarán tus oleajes.


	Aunque duela el silencio, 
	como espada
fundida en lentas fraguas de amargura,
sonará esta verdad 
	desesperada,
mordida tierra entre mi dentadura.


	Sorda la voz, el sueño 
	enarenado,
las pupilas, el alma, la garganta arañadas,
ronco, diré que 
	hay en mi pecho, hincado,
un árbol que florece rosas ensangrentadas.


	Respiro por la herida.

	Por esta viva herida de mi muerte;
por esta mortal llaga de mi vida

	que años y sueños y fracasos vierte.


	Respiro por la herida este 
	aire triste
empapado de humana pesadumbre.
Y un claro viento insiste

	contra muros de tedio y de costumbre.


	Pisando mi dolor, legiones 
	de hombres pasan
ciegos, hacia esta misma hoguera mía.
¿Para siempre 
	se salvan? ¿Para siempre
se abrasan?
Yo sólo sé que busco mi verdad 
	día a día.
2.

Con los míos estoy. He aquí mis cartas...

Con los míos estoy. He aquí mis cartas,
descubro claramente el juego:

	miro la realidad y a este costado
se me inclina la voz por donde muero,

	
por donde el corazón ligeramente
me vence cada día con su peso
y 
	una pequeña herida hacia la tierra
me va sangrando el verso.

	
Entre estas manos con que escribo cabe
acumulado todo lo que tengo,

	todo lo que sostiene el breve mundo
querido que defiendo.

	
Cada mañana pongo a flote el barco
que se fue a pique en la tiniebla, 
	el lienzo
de las velas coloco... (Cada día
el barco queda un poco más 
	adentro.)

	
Soporto humanamente, como cada
uno, mi propio muerto,
y procuro 
	que no me toque nadie
el hedor de este triste compañero.

	
No me resigno a que las cosas vayan
por la tierra peor que por el 
	cielo.
Para cumplir con mi verdad escribo.
(Perdón si soy modesto.)
3.

Cumpleaños

Un año es como 
	un torpe dromedario
y abrimos sobre él otro desierto.
Hemos venido en 
	un camello muerto
sobre el que cabalgamos a diario.


	¿Será cada año 
	otra cabalgadura?
¿Cumplir años será algo más que un reto
o será ir 
	descubriendo ese secreto
que nos espera tras la puerta oscura?


	Cumplir años 
	es como apostar fuerte
por la lenta derrota de la muerte
y ver que aún 
	sigue abierta nuestra herida.


	Miguel Oscar 
	Menassa: todo empieza
de nuevo cuando juegas otra pieza
en el ajedrez 
	rojo de la vida.
4.

El

espejo


	Con los ojos vendados nos 
	miramos
cada día delante de un espejo
para ser sólo imágenes

	nuestras que no veremos. 
	


	Desfilamos, retratos 
	fidelísimos,
copias exactas, calcos o reflejos,
resbalamos por aguas 
	espejeantes
como narcisos ciegos. 
	


	Debo de ser la sombra, los 
	perfiles,
la refracción de ese cristal o hielo;
debe de ser el doble 
	repetido,
el náufrago en el fondo de ese sueño. 
	


	Qué culto extraño ante el 
	cristal, la luna,
de extraterrestre, de astronauta muerto
girando sin 
	sentido
en la órbita cerrada por el pecho.
Qué culto extraño para

	sentirnos sólo luminoso eco
de nuestra propia realidad corpórea,

	mitología del agonizamiento
liturgia de pantallas sucesivas,

	idolatrización de reverbero.
	


	Sólo somos figuras 
	proyectadas
sobre un cristal, pero jamás nos vemos.
5.

El puzzle

Frente a frente y el puzzle en medio. Sé

	que pude acertar solo el acertijo

	pero es más llevadero buscar juntos

	las piezas que completen el diseño.

	Nunca damos con todas: huecos hay

	porque ignoramos los cartones-guía,

	porque no damos con la pieza-clave,

	la pieza-madre que clausure el juego.

	

	Tú sabes que encontramos piezas falsas,

	quizá piezas que fueran de un tablero

	distinto, de otra caja. Parecían

	nuestras, mas su perfil no era el exacto.

	Apartarlas costó: nunca se juega

	sin arrancar un poco de esperanza,

	nunca se manipulan los proyectos

	sin arañar la piel de la alegría.

	

	Volvamos juntos al rompecabezas.

	No tengas miedo de elegir en vano,

	siempre vale la pena pretender

	dar un poco de amor al jeroglífico.

	Poco a poco el enigma se resuelve

	aunque se quede un cabo por atar.

	Hacer un puzzle es conseguir que todo

	concuerde con los límites del sueño.

	

	Porque soñar, jugar, vivir, son sólo

	formas de despejar la misma incógnita,

	fórmulas variadas de escoger

	las piezas y limar sus bordes ásperos.

	Tantos años y no hemos hecho nada

	más que intentar un poco de armonía

	entre las ciegas fichas que nos dieron

	por si solucionamos lo insoluble.
6.

Elegía

Con sus alas de plomo va la 
	tarde;
pasa en la piel ceniza de los campos.
Difusamente cunde la 
	penumbra,
vellón de sucia lana en el ocaso.


	Tú eras también de luna y 
	de paisaje...
Se ha oscurecido el mundo entre tus manos.
Se ha 
	detenido el tiempo, río sordo.
La luz ya es sólo sombra de tus párpados.


	Se siente caminar 
	lejanamente.
Alguien cruza en la sombra hacia el pasado.
Nada delante. 
	Olvido. dios en sueños
aún alienta en el alma su amor manso.


	Se retorna al recuerdo cual 
	las olas,
una vez y otra vez, con lento paso.
Duele el amor, duele la 
	certidumbre
de saberse de amor y odio poblados.


	¿Ves? Somos cual la encina, 
	aquí en la sombra.
Honda raíz, enfurecidos brazos.
Ferviente savia 
	oculta nos abrasa.
La libertad nos nace por el llanto.


	como la luz, aquí también 
	morimos,
en el hermoso otoño del ocaso.
Un ascua fugitiva hacia la 
	sombra.
el amor anochece en nuestros labios.
7.

Es como el agua en gracias generosas...

Es como el agua en gracias generosas
por el frescor humilde de la arena:

	un albo deshojar de húmedas rosas,
líquido florecer que de amor suena.

	
Sencillamente fluyes, te derramas
en amorosa ofrenda por mi orilla.

	De agua encendida o de fluyentes llamas
tocada dejas esta humana arcilla.

	
Como en la húmeda tierra tengo huellas:
sobre mí de tu paso 
	transparente,
y brillantes guijarros, como estrellas,
iluminados bajo 
	tu corriente.

	
Mira el agua. Contémplate. En el fondo
de mi alma, amor, lo mismo 
	fluyes.
Miro el agua. Te miro. Y en el fondo
del tiempo, acaso, como 
	el agua huyes.
8.

Es

como levantarte con los 
	ojos...

Es como 
	levantarte con los ojos,
con las húmedas alas de los ojos,
al 
	imborrable cielo del recuerdo.
Pasan nubes oscuras, tristes pájaros.

	Lentamente tu nombre al fin se queda
solo, desnudo, inmóvil, imposible,

	como estrella varada.


	Y nombrarte es dolor. 
	Reconocerte
después de cada tarde, como el sueño,
es el dolor diario. 
	Cruzo absorto
calles hacia la angustia de la nada,
entro en casas 
	desnudas,
hablo a seres extraños, torpemente.

	
Reconocerte es triste, como es triste
siempre identificarnos lo más 
	nuestro
inútilmente cerca, naufragando
en la luz impiadosa de los 
	días.
Entramos y salimos de nosotros
abandonando siempre lo que somos,

	esa sola verdad que nos habita,
apaleado perro en las veredas
por las 
	que transitamos sordamente.

	
Sentirte cerca duele, como duele
siempre palpar la herida que no 
	cura.
Sentirte en lenta huida hacia la tarde
con un dolor solar sobre 
	los párpados.

	
Veo a veces tu cuerpo como un río,
como un río pasando mudamente

	el puente de mis años, por mi pecho.
Y en un heroico cielo, siempre 
	inmóvil,
só1o tu nombre, herido de memoria.

	
En esta soledad me estoy poblando,
haciéndome de bosque y fronda 
	hirviente.

	
Una renunciación acaso sea
más que segar la pretendida rosa
brotar 
	oscuros árboles de sueño.
9.

Huelen

las rosas


	Sobre la mesa han puesto un 
	barro humilde
      
con unas rosas que lo justifican 
igual que justifica el hombre 

	un claro destello, una esperanza, una sonrisa. 
	
Huelen las rosas, y sentir su aroma 
también es dar constancia de la 
	vida, 
	
es percibir la realidad que llega 
en su increíble y breve maravilla, 
	
huelen las rosas, qué delgado mundo 
de fragancia nos llega en su 
	caricia, 
	
qué prodigioso mecanismo se hace necesario 
hasta dar con esta mina 
	sutil de olor, 
	
cuántos secretos reinos botánicos, 
qué incógnitas provincias de 
	vegetal acción, 
	
desde la tierra suben elaboradas, resumidas, 
adelgazadas hasta lo 
	indecible 
	
para ser un milagro entre la brisa de la mañana, 
un invisible copo 
	de aroma hacia la tarde, 
	
un terciopelo de perfume solar al mediodía. 


	Trabajaron obreros 
	diminutos y subterráneos 
por las galerías donde la gota de agua 
y 
	las substancias germinales se alían. 
	
La nieve puso un dedo entre los labios, 
el viento golpeó las ramas 
	niñas, 
	
deshilvanó la lluvia sus collares, y entre tanto, 
en la arcilla, 
	porosa y maternal, 
	
manos minúsculas manipulaban 
ciegas en la alquimia del delgado 
	perfume de las rosas, 
	
para que al fin se derramara un día 
desde esta mesa en la que he 
	puesto un barro humilde, 
	
y nos regale su delicia. ¿Porqué?¿Porqué?
¿Las hemos merecido?

	¿Merecemos que sea así la vida tan hermosa y fragante, 
	
que penetre por los sentidos su verdad sencilla 
tan misteriosa y 
	generosamente?. 
	
Algo hay que nos responde por las rosas, 
una respuesta de perfume, 
	escrita en el aire, 
	
las cosas que manejan nuestra manos
¿porqué han de ser distintas de 
	los rosales? 
	
Con amor ¿por qué no son también aroma concedida? 
Vivir no es mas 
	difícil que un rosal, 
	
lo que anula su aroma es la injusticia."
10.

La

extraña amiga


	Cuando tú llegues no estaré yo, amiga
extraña, no veré tus ojos tristes.

	Nunca podré, contra lo que se diga,
levantar el tapiz con que te vistes.

	
Sé bien, amiga, que eres sólo invento
de quienes siempre temen a tu 
	nada.
Voy a creerme una vez más el cuento 
		
de que eres una oscura enamorada.

Aún estando tan cerca no 
	nos vemos
y nunca besaré tu boca muda
porque tu tiempo no es el que yo 
	vivo.

	
Te llamo amiga y no nos conocemos.
Te pienso igual que a una mujer 
	desnuda 
		
y te ofrezco la mano con que escribo.
11.

La pareja

Tenerte cerca. Hablarte.

	Y besarte en silencio.
Y sentir el contacto
caliente de tu cuerpo.

	Sentir que vives, trémula,
aquí, contra mi pecho.
Que mis brazos 
	abarcan
tus límites perfectos.
Que tu piel electriza
las yemas de 
	mis dedos.
Que la vida se ahoga
en el hilo de un beso.
Que así, en 
	la sombra, a tientas,
bajo la noche, ciegos,
topándonos a oscuras

	mientras todo es silencio,
nos amamos y somos
casi dioses, rugiendo.


	Vuelvo a palpar tu carne,

	vuelvo a besarte, vuelvo
a estrecharte en la sombra
ciega contra mi 
	pecho.
Vuelvo a sentir tu vida
trémulamente. siento
que el 
	desamparo pone
su soledad, su cerco,
en torno de nosotros.
El mundo 
	está desierto.
Mudo. Tú y yo arrojados
a un destino violento,
aquí, 
	sobre la tierra,
abrazándonos ciegos.


	Y entonces te recojo,
te 
	amparo, te sujeto,
pequeña, débil, mía,
cobijada en mi aliento,

	sostenida en mis brazos,
cubierta con mis besos.


	Pero mi pequeñez
en 
	seguida comprendo.
Mi inútil protección,
castillo sin cimientos,

	rueda deshecha frente
al enorme Universo.


	¡Qué poco puede el hombre!

	Y me refugio en medio
de tanta soledad
en tu caliente cuerpo,
para 
	que entre tus brazos
me mezas con tu tierno
amor. Niño asustado,

	busco tu amor materno.


	Los dos en la tiniebla

	abrazados, pequeños,
frente a la eternidad,
lloramos en silencio.


	La noche continúa

	mudamente cubriéndonos.
12.

La realidad

No, no quiero los 
		sueños. Es la vida,
la realidad la que nos llama. Escucha.
Son las 
		cosas estrictas que tocamos
las que nos prestan su difícil música.

		
Difícil, sí, difícil es alzarse
desde el silencio de la pena 
		abrupta
y tocar con los dedos aún heridos
estas candentes 
		realidades duras.

		
Pero lo mismo que esos pobres árboles
frente a los brazos del 
		otoño luchan,
hemos de defender hoja por hoja
la rama viva que nos 
		da la fruta

		
de la esperanza, que hace cada día.
esa naranja un poco más 
		madura.
Contra el inevitable helor del tiempo
que con tus amantes 
		manos la recubran.

		
No. No es el sueño. Es esta vida diaria
la que hay que comenzar 
		de nuevo. Busca
en mí el esfuerzo y la sonrisa. Míralos.
(Aunque 
		los finja Por vencer tu duda.)


		Porque era esto lo que 
		contenía
aquella caja de sorpresas...
Nunca
podremos ya volver 
		atrás. La tarde
sombra a nuestras espaldas acumula.
13.

La ropa en la ventana

Como 
		falsos ahorcados en el aire
sus cuerpos vacilantes y vacíos,

		desnudos de nosotros, brazos, piernas,
cinturas, pechos, cuellos, 
		suspendidos.


		Pasa la 
		luz de enero entre los blancos
fantasmas con su frío.
Deshabitadas 
		formas desvividas,
huecos humanos ateridos.


		esa 
		silueta con que juega el viento,
ese perfil he sido.
Tus manos 
		compañeras lo han salvado
con su dolor de qué tristes residuos.


		En el aire 
		tal vez me reconozco,
un poco soy bandera al viento herido.
Jirón 
		que se estremece mudamente,
por un cristal me miro.


		y no sé si 
		es la ropa o es la vida
la que pende de un hilo.

Versos y pensamientos de Leopoldo de Luis

4 citas
« Aunque siegue la voz con / que tu nombre »
Leopoldo de Luis · Aunque siegue la voz con que tu nombre...
« Con los míos estoy. He aquí mis cartas, / descubro claramente el juego: »
Leopoldo de Luis · Con los míos estoy. He aquí mis cartas...
« Un año es como / un torpe dromedario »
Leopoldo de Luis · Cumpleaños
« espejo / Con los ojos vendados nos »
Leopoldo de Luis · El
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