Poesía Universal

Laura Victoria

Biografía y amplia selección de poemas de Laura Victoria. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Laura Victoria. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Laura Victoria

13 poemas seleccionados
1.

Amor no es...

Ya ni versos 
	escribo, sólo queda
este soñar de lágrimas teñido,
y una queja 
	distante en el olvido
azul lejano de tu voz de seda.


	Amor no es, es 
	algo que remeda
la desmembranza del rosal caído,
donde ya ni las 
	sombras hacen nido,
ni el viento en rondas de cristal enreda.


	Algo que ayer 
	fue lirio de mi fuente,
frescura de mi noche, y suavemente
luminar en 
	mi senda florecida.


	Algo que en mi 
	agonía aún retengo,
porque es la única verdad que tengo
y no puedo 
	arrancarla de mi vida.
2.

Anhelo

Esta noche de 
	raso me he enfermado de luna
y el perfume del huerto se me fue al 
	corazón,
son por eso mis ojos dos diamantes azules
dilatados por una 
	brujería de amor.


	Ese beso que a 
	tiempo me pediste temblando
esta noche en mis labios es granada en sazón.

	Dime, loco bohemio... ¿no presientes acaso
el panal que te ofrecen mis 
	caricias en flor?


	Nadie pasa... 
	El camino serpentea en la sombra
mancillando la calma con su inquieto 
	blancor...
En mi boca los besos son angustia infinita 
		
y  mi cuerpo es un nido palpitante de sol.


	Ya lo ves, 
	cuando ansioso me pediste ese beso,
se nevaron mis labios con tu claro 
	fervor,
y esta noche, que hubieras agotado tus ansias,
por creerme de 
	hielo sepultaste mi voz.
3.

Bohemia

Jugadora de 
	sueños
llegué un atardecer hasta tu mesa;
llevaba en los cabellos ya 
	marchita
la solitaria rosa 
		
que me dejó un tahúr la última fiesta,
y en los labios el rictus 
	fastidioso
de una noche ceniza de placeres,
ungida bajo el opio de la 
	luna
con una media-luna en las ojeras.


	Llegué a jugar 
	por tu sonrisa clara
mi último granate,
y a cambiar por tus manos 
	cariñosas
mi última promesa;
por eso fui morena de crepúsculo

	copiando en las pupilas abismadas
ese fuego de otoño que en tu cuerpo

	arde con tonos suaves de violeta.


	Jugadora de 
	sueños, de imposibles...
En tus besos perdí hasta el cascabel
de mi 
	alegría,
y sólo traje un tósigo de olvidos
en la boca in saciada,
y 
	un perfume de pinos macerados
revuelto en la musgosa cabellera.


	¡Oh, la 
	tristeza de los ojos idos
que agiganta la ausencia,
y la infinita 
	angustia de los besos
que en las noches sin sueño
crece como el negror 
	de las pavesas!
¡Oh, las manos amadas
que llorando besamos
en las 
	noches inmensas,
y la boca incitante
que tibió de caricias
nuestro 
	cuerpo de seda,
y el cabello cansado
donde locas bebimos
un perfume 
	de anémonas!


	¡Oh, la blanca 
	nostalgia,
de paisajes remotos,
donde acaso encontremos
bajo soles 
	de gloria
un licor de inconsciencia!
¡Oh, la fresca alegría
que 
	embriagadas perdimos,
por tender solitarias
hacia cielos remotos,

	nuestras alas viajeras!


	Jugadora de 
	sueños, jugadora inexperta,
entre tus labios dejé mi clara soledad,
y 
	hoy llevo un vivac de añoranzas
en mi débil bagaje,
y de espaldas al 
	plácido horizonte
devano los estériles minutos
en el ancho telar de 
	las esperas.


	Tal vez mañana 
	volvamos a encontrarnos
en el vértigo azul de la ruleta.
Tú, con la 
	copa del festín vacía,
yo, con la risa del placer ya muerta.
4.

Brindis

Voy a partir 
	de nuevo.
Mi camino sin alba y sin ocaso,
en esta noche es turbio 
	interrogante
sobre el vaivén azul del pensamiento,
y en la pálida copa 
	del champaña
mis labios como pétalos de ópalo
inician con su angustia

	la vieja caravana del silencio.


	Mañana será el 
	mar, la lejanía,
la blanca inmensidad de los recuerdos,
la arena tibia 
	de la playa ardiente,
el cielo claro, el barco solo
en la pleamar de 
	plata,
y a lo lejos como una desbandada,
la luna del olvido en los 
	pañuelos.


	Yo misma no sé 
	nada.
No sé qué busco, ni por qué me alejo.
Sólo sé que hay más calma 
	en el oleaje,
más ternura en la brisa
y más fuego en el alma
ligera 
	y veleidosa de los puertos.

	
Una tarde charolada de brea
me besó un marinero;
tenía dieciocho 
	años,
el cuerpo ágil de color de ámbar,
los músculos de bronce,
la 
	boca extraña como flor de sangre.
Y las pupilas límpidas
eran bajo el 
	palmar de las pestañas
dos horizontes sobre el mar abierto.


	Desde entonces 
	hay noche en mis estíos,
y su sonrisa niña
puebla mis soledades
de 
	ninfas y de efebos;
desde entonces sus ojos me persiguen
y al mirar 
	otros ojos
sus pestañas insomnes
suspenden mi deseo.
Porque en 
	todas las bocas que he besado
sólo busco la leche de su aliento,
sólo 
	busco la seda de sus labios
y el sopor deleitoso de sus besos.


	¡Por ese niño 
	de cabellos claros,
esta copa de olvido alegre bebo!
5.

Cegada luz

Te busco aún 
	imagen ya perdida,
cegada luz, desorbitado viento,
esperanza tan sólo 
	sostenida
por la ternura de mi pensamiento.


	Algo tuyo 
	quedose entre mi vida
como afilada flor de sufrimiento;
sangra mi 
	llanto por tu propia herida
y sube tu canción por mi lamento.


	Esa es la 
	causa de mi mal cercano,
la certidumbre del inmenso hastío
que dobla 
	las espigas de tu mano.


	Porque tú eres 
	la espuma de ese río
que nace en tus llanuras de verano
y muere en mis 
	crepúsculos de frío.
6.

Cuando

regreses no hallarás siquiera...


	Cuando 
	regreses no hallarás siquiera
las huellas del pasado.
En el parque los 
	cisnes se murieron
y las verbenas rojas se secaron.


	Esos versos 
	liliales que me oías
cogiéndome las manos,
cambiáronse por otros 
	calcinantes
que visten mi alma de ropaje cárdeno.


	Y esas dulces 
	promesas que en tus brazos
hacíasme temblando,
son una cuerda rota en 
	mis oídos
y ni un eco doliente me dejaron.


	Naufragaron 
	también en mis pupilas
tus ojos de gitano,
y en mi boca se helaron en 
	silencio
las huellas calcinantes de tus labios.


	Cuando 
	regreses no hallarás siquiera
vestigios del pasado.
En el parque los 
	cisnes se murieron
y en mi boca tus besos se borraron.
7.

Deseo

Sobre la tibia 
	arena de la playa
tu amante cita con placer espero;
el sol retuesta 
	mis desnudos hombros
y entre mi falda juguetea el viento.


	Ya con 
	salobres aguas cristalinas
el mar de añil acarició mi cuerpo;
llevo en 
	los labios un coral partido
y una concha prendida en los cabellos.


	Las esmeraldas 
	de mis ojos tristes
aguardan tus pupilas de bohemio,
y mis manos 
	germinan las caricias
que brotan al contacto de tus dedos.


	Ven, ya se 
	abren cual rojos amarantos
los capullos en flor de mis deseos,
y entre 
	mis labios trémulos se enciende
la loca llamarada de mis besos.
8.

Dualidad

Yo misma no lo 
	sé, pero vencida,
rendí a su orgullo mi virtud pagana,
y fui por un 
	momento cortesana,
en el sarcasmo de mi propia vida.


	Con beso 
	ausente refresqué su herida,
absorta en él me le fingí lejana,
su 
	voluntad despedacé liviana
y su pasión hallome arrepentida.


	Fue un 
	instante no más. Placer no hubo.
Pero su boca entre mi boca tuvo
amor 
	y angustia, languidez y olvido.


	Sobre el 
	cansancio me tendí cobarde
y fui para su anhelo aquella tarde
tan 
	grande y cruel como jamás lo he sido.
9.

El beso

Cállate, nada 
	digas.
No quiero que disipes
este blando misterio...
Deja que en el 
	hondor
de los minutos,
se asfixien las palabras
y arda sólo el 
	deseo.


	Bésame así, 
	despacio.
Qué profundos tus ojos,
dos silencios
tocados con un velo 
	de caricia
tiñendo la blancura de mi carne
con el oro rosado del 
	incendio.
¡Qué flexible tu boca!
Tiene a veces
palpitación de 
	ruego,
o es tan cálida y suave,
como una fruta bajo el sol madura
o 
	como el pálido rubor de un seno.


	Bésame 
	así.....despacio.
Que tu lengua como una llama viva
alimente mis 
	sueños,
y después en mi lánguido abandono,
sea una brisa limpia

	brillando en los jazmines de mi lecho.


	¿Y dices que 
	es un tósigo en mis noches
de soledad ansiosa tu recuerdo?
Pero no, 
	que el veneno me lo diste
entre los opios tibios de tu aliento.


	
	Así...despacio.
Que mi cuerpo todo
para tus labios sea
tibio 
	estremecimiento,
y que tu vida
baje hasta mi vida
bajo la muda 
	encarnación
de un beso.
10.

En

secreto


	Ven, acércate 
	más, bebe en mi boca
esto que llamas nieve;
verás que con tu aliento 
	se desata,
verás que entre tus labios se enrojecen
los pétalos del 
	ámbar....

	
Ven, acércate más.
Muerde mi carne
con tus manos morenas;
verás 
	qué dulcemente se desmaya
el cactus de mi cuerpo,
y surge tenue de la 
	nieve dura
la misteriosa suavidad del nácar.

	
No sentirás mi carne llamearse
con tersas rosas cárdenas,
pero 
	sabrás que es tibia como un nido
de plumas sonrosadas...

	
Ven, acércate más, 
bebe el aliento
que se aleja de mí como una 
	ráfaga;
en vez de fuego sentirás el fresco
despliegue de mis alas....

	
Deja que entre tu pelo se deshojen
mis manos delicadas;
sabré 
	quererte con quietud de arrullo,
sabré dormirte con calor de lágrimas.

	
Nadie en la vida te dará más seda
que la que yo destrenzaré en tu 
	almohada;
tendrá el olor del musgo humedecido
y una sutil irradiación 
	castaña.

	
Ven, acércate más.
Para tu cuerpo
seré una azul ondulación de 
	llama,
y si tu ardor entre mi nieve prende,
y si mi nieve entre tu 
	fuego cuaja,
verás mi cuerpo convertirse en cuna
para que el hijo de 
	tus sueños nazca.
11.

Entrega

Envuélveme.....No temas.
Ante tu fuego vivo
mi carne se deslumbra,

	y surge castamente
entre el temblor rosado
de mi liviano traje
para 
	poder ser tuya.


	¿No aspiras en 
	el aire
una fragancia débil
que enerva y que conturba?
¿No sientes 
	que tu aliento
se prende como un velo
de sombra en mi cintura?...

	Ya ves que hasta mis ojos
en esta noche tienen
fulguración oscura,

	y en tus rodillas firmes
mis manos se desgranan
como rosas maduras.

	Y al enredar tus dedos
en mis cabellos claros
siento extraña frescura,

	mientras caen tus besos
en mi boca sedienta
con la humedad fragante

	que se raja una fruta.
Aspírame despacio....
Iniciaré mi entrega

	sobre tu carne oscura,
y me alzaré del fuego
santificada y bella

	como se alza del mármol
una estatua desnuda.
12.

Íntima

Fue tan tibia 
	la felpa de las sombras,
que sin querer callamos,
y nos bebimos como 
	vino añejo
la frase que tembló sobre los labios.
A pesar de no 
	amarnos, en silencio
se troncharon las manos,
sin saber si acunábamos 
	un sueño
o era el sopor de algún amor lejano.
Y también, sin saber por 
	qué  misterio,
nuestras bocas ajenas se juntaron,
y en las 
	pupilas húmedas de ausencia
la tarde lila se quedó temblando.

	
Después, en la maraña del reproche,
nos perdimos hablando,
y en la 
	roca del alma se hizo sangre
la fruta mentirosa de los labios...

	
Tal vez el viento de otras soledades
nos sorprenda llorando,
y 
	entonces nacerá como eco roto
la frase que callamos...
13.

La agonía del crepúsculo

Acaricia en 
	silencio
la angustia de mis manos
y vamos al prodigio del 
	crepúsculo...
Arde el sol
como la espuma de la miel madura,
y el 
	río ya no grita, se derrama
bebiendo en su avidez hojas marchitas,
que 
	brillan como láminas de cobre,
sobre la fresca convulsión del agua.


	Bésame 
	castamente las pupilas
doradas de paisaje...
No ves que ahora es más 
	plena la vida,
no ves que el cielo tiene amarillez de fruta,
y que los 
	pastos henchidos de verdura
se coloran de bronce,
y sobre el 
	terciopelo de las hojas
arden como un incendio las granadas?

	

	Cógeme entre tus brazos, me sofoca
este olor excitante de espinos 
	florecidos,
me acobarda esta brisa cargada de frescura,
que a veces 
	peina mis cabellos claros
o juega como un niño entre mi falda.
Mira 
	cómo se adormece el paisaje,
y en el temblor azul de los espacios

	languidece la llama.
Mientras mis manos buscan tus rodillas,
mi 
	espíritu se aparta.


	Es la hora del 
	fuego.
Olor de plenitudes,
fosforecer del agua.
Sofocación de 
	alientos ignorados,
dedos suaves de brisa,
fugaz dulzor de cárdenas 
	granadas.


	Mañana 
	no...Aquí bajo el crepúsculo,
ebria de plenitudes,
fresca como la 
	carne de las frutas,
flexible como el vértigo del agua,
con los ojos 
	azules de quimeras
y los brazos ligeros como alas.


	Seré un himno 
	de luz en el paisaje,
y en el vaso moreno de tu cuerpo
me plegaré con 
	tenuidad de encaje,
para quemar con castidad de llama.

Versos y pensamientos de Laura Victoria

4 citas
« Ya ni versos / escribo, sólo queda »
Laura Victoria · Amor no es...
« Esta noche de / raso me he enfermado de luna »
Laura Victoria · Anhelo
« sueños / llegué un atardecer hasta tu mesa; »
Laura Victoria · Bohemia
« de nuevo. / Mi camino sin alba y sin ocaso, »
Laura Victoria · Brindis
Biblioteca poética

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