« Cada flecha es un día. Tiene un punto / cercano al sol, y luego, »
Julio Martínez Mesanza · Arco
Biografía y amplia selección de poemas de Julio Martínez Mesanza. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de Julio Martínez Mesanza. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
Cada flecha es un día. Tiene un punto cercano al sol, y luego, exhausta, baja. El arco que dispara tanta flecha pudiera ser la vida. Si quebrara su duro nervio, el ansia moriría. De "Europa" 1986
naturales II Vagas estrellas que arden para nada; muertas lunas que surcan el vacío; el cielo que vigila nuestro insomnio, y, aquí abajo, la sucia piel del mundo y la vida, su huésped más terrible. Lo incomprensible no es que lo crearas, sino que, pese a conocer lo absurdo que era para los hombres tu universo, te hicieses uno de ellos y quisieras participar en esta pesadilla. De "Las trincheras" 1996
amicitia
A José del Río Mons
Si tuviese al justo de enemigo,
sería la justicia mi enemiga.
A tu lado en el campo victorioso
y junto a ti estaré cuando el
fracaso.
Tus palabras tendrán tumba en mi oído.
Celebraré el
primero tu alegría.
Aunque el fraude mi espada no consienta,
engañaremos juntos si te place.
Saquearemos juntos si lo quieres,
aunque mucho la sangre me repugne.
Tus rivales ya son rivales míos:
mañana el mar inmenso nos espera.
De "Europa" 1986
Después de haberme dicho muchas veces que debía mirar de otra manera las cosas, y que a nada conducía, o tan sólo a pobreza y paranoia, hacer frente al poder organizado de los inicuos, tomo nuevamente las armas y, en constante desacuerdo con el mundo, me enfrento al sincretismo, a toda ambiguedad y a la tibieza. De "Europa" 1986
Aquel que no merece luz ni casa, que antes de haber nacido ya ha pecado. Aquel que miente y sobrevive en vela, que ama a la esposa del mejor guerrero. El triste. Aquel que no es feliz ni hermoso. Aquel que usurpa, Egipto, aquel, la sombra. De "Europa" 1983
río Hacia el norte del golfo puede verse una enorme extensión en la que pierde su azul el mar y lo suplante el ocre. Montañas de basura son las islas que forma el río cuando desemboca; bandadas de gaviotas caen sobre los desperdicios y su griterío acompaña a los lentos petroleros que remontan el río ente la niebla. En estas islas hubo pescadores, hace tiempo, y un faro, cuya torre fue demolida a medias, y ha quedado ciega y gris a merced de las mareas. Yo me acercaba hasta ella muchas veces cruzando los hambrientos cenagales desde el puerto fluvial en el que vivo. Fue después de las torpes madrugadas junto al amigo y la mujer que mienten; en ellas todo parecía hecho para menguar la gracia redentora. A mi espalda quedaba el ancho río con sus destartalados almacenes, su oscura fundición, su factoría, y la ciudad sin torres ni campanas, sin un arco de triunfo ni una estatua, el lugar más hermoso y miserable. A la tarde de nuevo atravesaba los pantanos camino de mi casa. Entraba en la ciudad por una calle contigua a la gran fábrica de hilados y me encontraba siempre con los niños de la tanda de noche que, en hilera, como los prisioneros, cabizbajos, ateridos y sucios, se adentraban en el fragor del nuevo laberinto. Yo meditaba acerca del pecado y de cómo los hombres alimentan con su vida el pecado de los otros. Venía a mí la imagen de una leva permanente y veía cómo eran sacados de sus casas esos niños y veía los tratos de las madres con los sargentos y también a madres que eran zarandeadas y obligadas a entregar a sus hijos, y veía sobre los desconchados de los muros de esas casas el rostro de los nuevos dioses: el campeón de los sofismas y las perplejidades y ese otro, el transformista y bailarín obsceno. De vuelta a casa, desvariaba y todo lo visto e imaginado sucedía en mi alma: en ella se estancaba el agua de este río solemne y miserable que nace de la luz lejana y muere entre los muros de un país sombrío. De "Las trincheras" 1996
A Abelardo y Marie-Christine Tuve una amarga cita en Muros Negros. El Maligno quería mi cabeza, y yo cerrar su boca para siempre. Fui con todas mis armas a su encuentro. Cuando pasaba por las negras calles las gentes del comercio me insultaban. Esperé más de un año, y se reían al verme inmóvil en la plaza inmensa. Diariamente bardajes y banqueros cumplían su papel contra natura y la prensa alentaba todo fraude. Ninguna cruz había en esa plaza donde la corrupción se subastaba por medio de la imagen y el sonido. El torpe imitador jamás venía, y yo era como estatua en la que orinan los perros y defecan las palomas. Malvendí mi armadura y los arreos para pagar las deudas contraídas con los proveedores de cebada y dejar la ciudad abominable. Entonces proclamaron mi derrota y el pacífico triunfo del Falsario. Su sutil ironía fue ensalzada junto a la fortaleza de sus leyes. Medio dormido sobre mi montura cabalgo por un bosque de ahorcados, mientras me alejo de los negros muros. No sé dónde serán las otras citas. Le ruego a Dios que me conceda fuerzas y combatir de frente al enemigo.
A Luis Alberto de Cuenca Es poder una torre sobre rocas cuyo interior adornan ricas telas e inscripciones de anales y de leyes. Una torre que guarda los despojos de solares y eternas dinastías. Tiene el poder severos escenarios e implacables sirvientes silenciosos. Poder arroja infamia sobre el tibio y no acepta en su guardia a los neutrales. Tiene la torre normas que el profano no comprende y desprecia torpemente. Poder cierra la boca al arbitrista y hace que el cuerdo abrevie su discurso. Es poder una torre sobre un yermo cuyo exterior el tiempo hizo terrible. De "Europa" 1983
He soñado de nuevo con jinetes pesadamente armados. A lo lejos acampan. Vemos la humareda enorme de sus festines y sus grandes sombras. Sabemos que vendrán tarde o temprano, y ante su carga no valdrán las hachas ni las cobardes hoces, ni la astucia. Sobre nuestras espaldas de vencidos golpearán terribles sus espadas. Quisiera desertar, pero me dicen que sé algo de estrategia y que soy joven. Quisiera estar del lado de los otros. De "Europa" 1988
torre y los cerdos Arriba, donde reza la doncella, todo el día es de día; abajo, donde viven los cerdos, es siempre de noche. Hay criados que conocen ambos mundos, pues tienen que subir todos los días para servir a la doncella orante. Otros, los que alimentan a los cerdos, pierden la vista paulatinamente, y lo mismo sucede con los cerdos, incluso algunos nacen ya sin ojos. En tiempo de matanza la doncella sueña con un inmenso mar de sangre al que se asoman altos promontorios formados por los huesos de los cerdos, y sueña que uno de esos cerdos ciegos la empuja y contra el rojo mar la estrella. Esto sucede arriba de la torre, desde la que se ve una tierra inculta cruzada por acequias desecadas y cerrada por anchos y altos setos. Unas lomas impiden que la torre se vea desde lejos, y el viajero que ahora llega sólo puede verla cuando su enorme sombra lo amenaza. Limpiará muchos años las pocilgas y vivirá la vida de los siervos: el promiscuo placer y la torpeza del vino, y su lenguaje serán gritos y blasfemias y en viles altercados se verá envuelto, y perderá su nombre. Un día encontrará una cruz tirada entre los excrementos de los cerdos, una pequeña cruz labrada en oro, que ocultará supersticiosamente ya la que llevará siempre su mano antes de hacer un rápido remedo de señal de la cruz, para escudarse ante un peligro o dar a la conciencia una tregua después de la caída. Pasado el tiempo, no tendrá memoria del error que lo trajo a las pocilgas, ni de por qué vagaba por los campos buscando no se sabe bien qué cosas. De "Las trincheras" 1996
Otros recuerdan los jardines falsos del amor y los días en que amaron o creyeron amar, y otros, los libros que leían de niños y marcaron su vida para siempre, ya que nunca pudieron entender cómo es el mundo. Y todos se consuelan de esta forma e incluso se entusiasman cuando sienten que la memoria puede moldearse a voluntad y dar lo que no daban el amor, los jardines y los libros. Yo recuerdo las cosas que no hice: las campañas de mayo sobre todo. De "Las trincheras" 1996
« Cada flecha es un día. Tiene un punto / cercano al sol, y luego, »
« naturales II / Vagas estrellas que arden para nada; »
« A José del Río Mons / Si tuviese al justo de enemigo, »
« Después de / haberme dicho muchas veces »
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