Poesía Universal

Julio Florez

Biografía y amplia selección de poemas de Julio Flórez. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Julio Flórez. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Julio Florez

12 poemas seleccionados
1.

Abstracción

A veces melancólico me hundo 
		
en mi noche de escombros y miserias, 
y caigo en un silencio tan 
		profundo 
		
que escucho hasta el latir de mis arterias. 

Más aún: oigo el 
		paso de la vida 
		
por la sorda caverna de mi cráneo 
como un rumor de arroyo sin 
		salida, 
		
como un rumor de río subterráneo. 

Entonces presa de pavor y 
		yerto 
		
como un cadáver, mudo y pensativo, 
en mi abstracción a descifrar 
		no acierto 
		

Si es que dormido estoy o estoy despierto, 
si un muerto soy 
		que sueña que está vivo 
		
o un vivo soy que sueña que está muerto.
2.

Aún

Mil veces me engañó; 
		más de mil veces
abrió en mi corazón sangrienta herida;
de los 
		celos la copa desabrida
me hizo beber hasta agotar las heces.


		Fue en mi vida, con 
		todas sus dobleces,
la causa de mi angustia -no extinguida-

		aunque, ¡pobre de mí! toda la vida
su mentiroso amor... pagué con 
		creces.


		Los tiempos han pasado; 
		ya su boca
no me da sus caricias, ni me abrasa
el fuego de sus 
		ósculos de loca;


		¡y sin embargo mi 
		pasión persiste...
pues, cuando a veces por mi senda pasa,
me 
		alejo mudo... y cabizbajo... y triste!
3.

Candor

Azul... azul... azul estaba el cielo. 
El hálito quemaste del estío 
		
comenzaba a dorar el terciopelo 
del prado, en donde se remansa 
		el río. 
		

A lo lejos, el humo de un bohío, 
tal de una novia el 
		intocado velo, 
		
se alza hasta perderse en el vacío 
con un ondulante y silencioso 
		vuelo. 
		

De pronto me dijiste: -El amor mío 
es puro y blando, así 
		como ese río 
		
que rueda allá sobre el lejano suelo-

y me miraste al 
		terminar, tranquila, 
		
con el alma asomada a tu pupila. 
Y estaba azul tu alma como el 
		cielo.
4.

Cuando lejos muy lejos, en hondos mares...

Cuando lejos muy lejos, 
		en hondos mares, 
		
en lo mucho que sufro pienses a solas, 
si exhalas un suspiro por 
		mis pesares, 
		
mándame ese suspiro sobre las olas. 


		Cuando el sol con sus 
		rayos desde el oriente
rasgue las blondas gasas de las neblinas, 

		si una oración murmuras por el ausente, 
		
deja que me la traigan las golondrinas.


		Cuando la tarde pierda 
		sus tristes galas,
      	
y en cenizas se tornen las nubes rojas, 
mándame un beso ardiente 
		sobre las alas 
		
de las brisas que juegan entre las hojas. 


		Que yo, cuando la noche 
		tienda su manto, 
		
yo, que llevo en el alma sus mudas huellas, 
te enviaré, con mis 
		quejas, un dulce canto
en la luz temblorosa de las estrellas!
5.

En el salón

En tu melena, do la 
		noche habita,
temblaba una opulenta margarita
como un astro 
		fragante entre la sombra;
de pronto, con tristeza,
doblaste la 
		cabeza
y rodó la la alta flor sobre la alfombra.
Sin verla, diste 
		un paso
y la flor destrozaste blandamente
con tu escarpín de 
		refulgente raso.

		

		Yo, que aquello miraba, de repente
con angustia infinita,
al ver 
		que la tortura deliciosa
se alargaba de aquella flor hermosa,
con 
		voz que estrangulaba mi garganta
dije a la flor ya exánime y 
		marchita:
"¡Quién fuera tú... dichosa margarita,
para morir así... 
		bajo su planta!"
6.

(Últimos versos del poeta)

En la 
		agonía


		                                                                       
		(Últimos versos del poeta)


		Nó, retira esa droga, 
		que no luche

		por más tiempo del doctor... ¡Es muy tenaz!

		Ven, que el latido de tu pecho escuche.


		             
		¡Ven, acércate más!


		Dime, ¿quieres curarme? 
		¿Sí? Pues eso

		fácil es y un remedio hay eficaz:

		¡pon tu boca en mi boca y dame un beso

             que no 
		acabe jamás!
7.

¿En qué piensas?

Dime: cuando en la 
		noche taciturna,
la frente escondes en tu mano blanca,
y oyes la 
		triste voz de la nocturna
brisa que el polen de la flor arranca;


		cuando se fijan tus 
		brillantes ojos
en la plomiza clámide del cielo...
y mustia asoma 
		entre tus labios rojos
una sonrisa fría como el hielo;


		cuando en el marco gris 
		de tu ventana
lánguida apoyas tu cabeza rubia...
y miras con 
		tristeza en la cercana
calle, rodar las gotas de la lluvia;


		dime: cuando en la 
		noche te despiertas
y hundes el codo en la almohada y lloras...
y 
		abres entre las sombras las inciertas
pupilas como el sol 
		abrasadoras;


		¿en qué piensas? ¿en 
		qué? ¡pobre ángel mío!
Piensas en nuestro amor despedazado
ya, 
		como el junco al ímpetu bravío
del torrente que salta desbordado?


		¿Piensas tal vez en las 
		azules tardes
en que a la luz de tu mirada ardiente,
mis ojos 
		indecisos y cobardes
posáronse en el mármol de tu frente?


		¿O piensas en la hojosa 
		enredadera
bajo la cual un tiempo te veía
peinar tu ensortijada 
		cabellera,
al abrirse los párpados del día?


		¡Quién sabe!... no lo 
		sé, pero imagino
que en esas horas de aparente calma,
percibes 
		mucha sombra en tu camino,
¡sientes muchas tristezas en el alma!


		Mas... otro amante 
		extinguirá tu frío,
yo sé que tu pesar no será eterno;
mañana 
		vivirás en pleno estío...
y yo, con mi dolor... ¡en pleno invierno!
8.

Flores

negras


	
	
		Oye: bajo las ruinas de 
		mis pasiones, 
		
y en el fondo de esta alma que ya no alegras,
entre polvos de 
		ensueños y de ilusiones
yacen entumecidas mis flores negras. 
		


		Ellas son el recuerdo 
		de aquellas horas
en que presa en mis brazos te adormecías,

		mientras yo suspiraba por las auroras
de tus ojos, auroras que no 
		eran mías.


		Ellas son mis dolores, 
		capullos hechos;
los intensos dolores que en mis entrañas
sepultan 
		sus raíces, cual los helechos
en las húmedas grietas de las montañas.


		Ellas son tus desdenes 
		y tus reproches
ocultos en esta alma que ya no alegras;
son, por 
		eso, tan negras como las noches
de los gélidos polos, mis flores 
		negras.


		Guarda, pues, este 
		triste, débil manojo,
que te ofrezco de aquellas flores sombrías;

		guárdalo, nada temas, es un despojo
del jardín de mis hondas 
		melancolías.
9.

Huyeron las golondrinas...

Huyeron las golondrinas 
		
de tus alegres balcones; 
ya en la selva no hay canciones 

		sino lluvias y neblinas. 
		


		Me dan pesar sus 
		espinas 
		
sólo porque a otras regiones 
huyeron las golondrinas 
de tus 
		alegres balcones. 
		


		Insondables aflicciones 
		
se posan entre las ruinas 
de mis ya muertas pasiones. 
¡Ay, 
		que con las golondrinas 
		
huyeron mis ilusiones!
10.

Humana

Hermosa y sana, en el 
		pasado estío,
murmuraba en mi oído, sin espanto:
"Yo quisiera 
		morirme, amado mío;
más que el mundo me gusta el camposanto".


		Y de fiebre voraz bajo 
		el imperio,
moribunda ayer tarde, me decía:
"No me dejes llevar al 
		cementerio...
Yo no quiero morirme todavía..."


		¡Oh, Señor... y qué 
		frágiles nacimos!
¡Y qué variables somos y seremos!
¡Si la tumba 
		está lejos... la pedimos!
¡Pero si cerca está...no la queremos!
11.

Idilio

eterno


		Ruge el mar, se 
		encrespa y se agiganta; 
		
la luna, ave de luz, prepara el vuelo 
y en el momento en que la 
		faz levanta, 
		
da un beso al mar, y se remonta al cielo. 


		Y aquel monstruo 
		indomable, que respira 
		
tempestades, y sube y baja y crece, 
al sentir aquel ósculo, 
		suspira... 
		
y en su cárcel de rocas... se estremece! 


		Hace siglos de siglos 
		que, de lejos, 
		
tiemblan de amor en noches estivales; 
ella le da sus límpidos 
		reflejos, 
		
él le ofrece sus perlas y corales. 


		Con orgullo se expresan 
		sus amores 
		
estos viejos amantes afligidos; 
Ella le dice «¡te amo!» en sus 
		fulgores, 
		
y él responde «¡te adoro!» en sus rugidos. 


		Ella lo aduerme con su 
		lumbre pura, 
		
y el mar la arrulla con su eterno grito 
y le cuenta su afán y su 
		amargura 
		
con una voz que truena en lo infinito. 


		Ella, pálida y triste, 
		lo oye y sube
le habla de amor en su celeste idioma, 
		
y, velando la faz tras de la nube, 
le oculta el duelo que a su 
		frente asoma. 
		


		Comprende que su amor 
		es imposible, 
		
que el mar la acopia en su convulso seno, 
y se contempla en el 
		cristal movible 
		
del monstruo azul, en que retumba el trueno. 


		Y, al descender tras de 
		la sierra fría, 
		
le grita el mar: «¡en tu fulgor me abraso!» 
¡no desciendas tan 
		pronto, estrella mía! 
		
¡estrella de mi amor, detén el paso! 


		¡Un instante mitiga mi 
		amargura, 
		
ya que en tu lumbre sideral me bañas! 
¡no te alejes!... ¿no ves 
		tu imagen pura, 
		
brillar en el azul de mis entrañas?" 


		Y ella exclama, en su 
		loco desvarío: 
		
«¡Por doquiera la muerte me circunda! 
¡Detenerme no puedo 
		monstruo mío! 
		
¡Compadece a tu pobre moribunda! 


		¡Mi último beso de 
		pasión te envío; 
		
mi postrer lampo a tu semblante junto!...» 
Y en las hondas 
		tinieblas del vacío, 
		
hecha cadáver se desploma al punto. 


		Entonces, el mar, de un 
		polo al otro polo, 
al encrespar sus olas plañideras, 
inmenso, 
		triste, desvalido y solo, 
		
cubre con sus sollozos las riberas. 


		Y al contemplar los 
		luminosos rastros 
		
del alba luna en el oscuro velo, 
tiemblan, de envidia y de 
		dolor, los astros 
		
en la profunda soledad del cielo. 


		¡Todo calla!... El mar 
		duerme, y no importuna 
con sus gritos salvajes de reproche; 
¡y 
		sueña que se besa con la luna 
		
en el tálamo negro de la noche!
12.

Justicia

Cuentan que un rey soberbia y corrompido

		cerca del mar, con su conciencia a solas,

		sobre la playa se quedó dormido;

		y agregan que aquel mar lanzó un rugido

		y sepultó al infame entre sus olas!

		

		Hoy, bien hacéis ¡oh déspotas del mundo!

		en estar con los ojos siempre abiertos...

		porque el pueblo es un mar, y un mar profundo

		que piensa, que castiga y que, iracundo,

		os puede devorar. ¡Vivid despiertos!

Versos y pensamientos de Julio Florez

4 citas
« A veces melancólico me hundo / en mi noche de escombros y miserias, »
Julio Florez · Abstracción
« Mil veces me engañó; / más de mil veces »
Julio Florez · Aún
« El hálito quemaste del estío / comenzaba a dorar el terciopelo »
Julio Florez · Candor
« Cuando lejos muy lejos, / en hondos mares, »
Julio Florez · Cuando lejos muy lejos, en hondos mares...
Biblioteca poética

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