Poesía Universal

Julio Cortázar

Biografía y amplia selección de poemas de Julio Cortázar. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Julio Cortázar. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Julio Cortázar

18 poemas seleccionados
1.

A

la voz de Susana Rinaldi

	

	No sé lo que hay detrás de tu voz.

	Nunca te vi, vos sos los discos

	Que pueblan por las noches este departamento de París.

	

	Te busqué en Buenos Aires, pero sabés seguro

	Cuántos espejos de mentira te hacen pifiar la esquina,

	Como después de andar de bache en bache

	Acabás con ginebra en un boliche

	Murmurando la bronca del despiste. 

	

	No sé, ya ves, ni como sos,

	Tengo las fotos de tus discos, gente

	Que te conoce y te escribe,

	Paredes de palabras con glicinas

	Y vos detrás, inalcanzable siempre.

	

	(Y esto que digo Susana

	es también la Argentina donde todo

	puede esconder la estafa si no sabemos ser

	como el farol del barrio, o como aquí sus tangos,

	vigías de la noche y la esperanza).
2.

A una mujer

No hay que llorar porque las plantas crecen en tu balcón, 

	no hay que estar triste 

	si una vez más la rubia carrera de las nubes te reitera lo inmóvil,

	ese permanecer en tanta fuga. Porque la nube estará ahí,

	constante en su inconstancia cuando tú, cuando yo 

	-pero por qué nombrar el polvo y la ceniza. 

	Sí, nos equivocábamos creyendo que el paso por el día

	era lo efímero, el agua que resbala por las hojas hasta hundirse en la 
	tierra.

	

	Sólo dura la efímero, esa estúpida planta que ignora la tortuga, 

	esa blanda tortuga que tantea en la eternidad con ojos huecos, 

	y el sonido sin música, la palabra sin canto, la cópula sin grito de agonía,
	

	las torres del maíz, los ciegos montes.

	Nosotros, maniatados a una conciencia que es el tiempo,

	no nos movemos del terror y la delicia,

	y sus verdugos delicadamente nos arrancan los párpados

	para dejarnos ver sin tregua cómo crecen las plantas del balcón, 

	cómo corren las nubes al futuro.

	

	¿Qué quiere decir esto? Nada, una taza de té.

	No hay drama en el murmullo, y tú eres la silueta de papel

	que las tijeras van salvando de lo informe: oh vanidad de creer

	que se nace o se muere, 

	cuando lo único real es el hueco que queda en el papel, 

	el golem que nos sigue sollozando en sueños y en olvido.
3.

After such pleasures

Esta noche, buscando tu 
	boca en otra boca,
casi creyéndolo, porque así de ciego es este río

	que me tira en mujer y me sumerge entre sus párpados,
qué tristeza nadar 
	al fin hacia la orilla del sopor
sabiendo que el placer es ese esclavo 
	innoble
que acepta las monedas falsas, las circula sonriendo.

	
Olvidada pureza, cómo quisiera rescatar
ese dolor de Buenos Aires, 
	esa espera sin pausas 
	
ni esperanza.
Solo en mi casa abierta sobre el puerto
otra vez 
	empezar a quererte,
otra vez encontrarte en el café de la mañana
sin 
	que tanta cosa irrenunciable
hubiera sucedido.
Y no tener que 
	acordarme de este olvido que sube
para nada, para borrar del pizarrón tus 
	muñequitos
y no dejarme más que una ventana sin estrellas.
4.

Antes, después...

Como los juegos al llanto
como la sombra a la columna
el perfume 
	dibuja el jazmín
el amante precede al amor
como la caricia a la mano

	el amor sobrevive al amante
pero inevitablemente
aunque no haya huella 
	ni presagio

	
aunque no haya huella ni presagio
como la caricia a la mano
el 
	perfume dibuja el jazmín
el amante precede el amor
pero 
	inevitablemente
el amor sobrevive al amante
como los juegos al llanto

	como la sombra a la columna

	
como la caricia a la mano
aunque no haya huella ni presagio
el 
	amante precede al amor
el perfume dibuja el jazmín
como los juegos al 
	llanto
como la sombra a la columna
el amor sobrevive al amante
pero 
	inevitablemente...
5.

Aplastamiento de las gotas

Yo no sé, mirá, es terrible cómo llueve. Llueve todo el tiempo, afuera 
	tupido y gris, aquí contra el balcón con goterones 
	

	cuajados y duros, que hacen plaf y se aplastan como bofetadas uno detrás de 
	otro qué hastío. Ahora aparece una gotita 

	en lo alto del marco de la ventana, se queda temblequeando contra el cielo 
	que la triza en mil brillos apagados, va creciendo
      

	y se tambalea, ya va a caer y no se cae, todavía no se cae. 
     
	Está prendida con todas las uñas, no quiere caerse y se la ve que se agarra 
	con los dientes mientras le crece la barriga, 

	ya es una gotaza que cuelga majestuosa y de pronto zup ahí va, plaf, 
	deshecha, nada, una viscosidad en el mármol. 
     
	Pero las hay que se suicidan y se entregan en seguida, brotan en el marco y 
	ahí mismo se tiran, me parece ver la vibración 

	del salto, sus piernitas desprendiéndose y el grito que las emborracha en 
	esa nada del caer y aniquilarse. 
     Tristes gotas, 
	redondas inocentes gotas. Adiós gotas. Adiós.
6.

Bolero

Qué vanidad imaginar
que puedo darte todo, el amor y la dicha,

	itinerarios, música, juguetes.
Es cierto que es así:
todo lo mío te lo 
	doy, es cierto,
pero todo lo mío no te basta
como a mí no me basta que 
	me des
todo lo tuyo.


	Por eso no seremos nunca

	la pareja perfecta, la tarjeta postal,
si no somos capaces de aceptar

	que sólo en la aritmética
el dos nace del uno más el uno.


	Por ahí un papelito
que 
	solamente dice:


	Siempre fuiste mi espejo,

	quiero decir que para verme tenía que mirarte.
7.

Canada dry

Sé que me acordaré de un cielo raso 
donde las manchas de humedad eran un 
	gato, un número, una mano cortada. 
	

Sé que me acordaré del ruido 
de un water en alguna habitación 
	lejana del hotel,
	
su triste catarata de bolsillo, su inevitable recurrencia. 


	Chaçun ses madeleines, chaçun ses Albertines
	

Serás por siempre imán de imágenes, 
las más turbias y vanas 
	me traerás con el gesto 
	
que en la caliente oscuridad del cuarto 
era encender los cigarrillos 
	del hartazgo, 
	
ver asomar nuestros desnudos cuerpos flanco a flanco, 
Las más 
	pequeñas turbias cosas, 
	
una uña lastimada que te dolía tanto, el triste 
rito de ir a lavarte 
	y regresar, las servidumbres. 
	

Tan sólo compartimos los bares y las calles 
antes de amarnos 
	contra tres espejos: 
	
¿qué más podría darme tu recuerdo? 

Pero yo sé guardar y usar lo 
	triste y lo barato 
	
en el mismo bolsillo donde llevo esta vida 
que ilustrará las 
	biografías. Ve, pequeño fantasma, 
	
el baño está ahí al lado, 
yo fumaré esperándote 
empezaremos otra 
	vez. El cielo raso 
	
dibuja un gato, un número, una mano cortada.
8.

Ceremonia recurrente

El animal totémico con sus uñas de luz, 
	
los objetos que junta la oscuridad debajo de la cama, 
el ritmo 
	misterioso de tu respiración, la sombra 
	
que tu sudor dibuja en el olfato, el día ya inminentemente. 
Entonces 
	me enderezo, todavía batido por las aguas del sueño, 
	
Vuelvo de un continente a medias ciego 
donde también estabas tú pero 
	eras otra, 
	
y cuando te consulto con la boca y los dedos, recorro el horizonte de 
	tus flancos 
	
(dulcemente te enojas, quieres seguir durmiendo, me dices bruto y tonto,

	te debates riendo, no te dejas tomar pero ya es tarde, un fuego 
	
de piel y de azabache, las figuras del sueño) 
el animal totémico a 
	los pies de la hoguera 
	
con sus uñas de luz y sus alas de almizcle. 

Y después 
	despertamos y es domingo y febrero.
9.

Cinco poemas para Cris

I
Ya mucho más allá del mezzo
«camin di nostra vita»
existe un 
	territorio del amor
un laberinto más mental que mítico
donde es 
	posible ser
lentamente dichoso
sin el hilo de Ariadna delirante
si 
	espumas ni sábanas ni muslos.

	
Todo se cumple en un reflejo de crepúsculo
tu pelo tu perfume tu 
	saliva.
Y allí del otro lado te poseo
mientras tú juegas con tu amiga

	los juegos de la noche.

	
II
En realidad poco me importa
que tus senos se duerman
en la 
	azul simetría de otros senos.
Yo los hubiera hollado
con la cosquilla 
	de mi roce
y te hubieras reído justamente
cuando lo necesario y 
	esperable
era que sollozaras.

	
III
Sé muy bien lo que ganas
cuando te pierdes en el goce.

	Porque es exactamente
lo que yo habría sentido.

	
IV
La justa errata
habernos encontrado al final del día
en un 
	paseo púbico.

	
V
Me gustaría que creyeras
que esto es el irrisorio juego
de 
	las compensaciones
con que consuelo esta distancia.
Sigue entonces 
	danzando
en el espejo de otro cuerpo
después de haber sonreído

	apenas
para mí.
10.

Cinco últimos poemas para Cris

I
Ahora escribo pájaros.
No los veo venir, no los elijo,
de 
	golpe están ahí, son esto,
una bandada de palabras
posándose
una

	a
una
en los alambres de la página,
chirriando, picoteando, lluvia 
	de alas
y yo sin pan que darles, solamente
dejándolos venir. Tal vez

	sea eso un árbol
o tal vez
el amor.

	
II
Anoche te soñé
sacerdotisa de Sekhmet, la diosa leontocéfala.

	Ella desnuda en pórfido,
tú tersa piel desnuda.

	
¿Qué ofrenda le tendías a la deidad salvaje
que miraba a través de tu 
	mirada
un horizonte eterno e implacable?

	
La taza de tus manos contenía
la libación secreta, lágrimas
o tu 
	sangre menstrual, o tu saliva.

	
En todo caso no era semen
y mi sueño sabía
que la ofrenda sería 
	rechazada
con un lento rugido desdeñoso
tal como desde siempre lo 
	habías esperado.

	
Después, quizá, ya no lo sé,
las garras en tus senos, colmándote.

	
III
Nunca sabré por qué tu lengua entró en mi boca
cuando nos 
	despedimos en tu hotel
después de un amistoso recorrer la ciudad
y un 
	ajuste preciso de distancias.

	
Creí por un momento que me dabas
una cita futura,
que abrías una 
	tierra de nadie, un interregno
donde alcanzar tu minucioso musgo.

	
Circundada de amigas me besaste,
yo la excepción, el monstruo,
y 
	tú la transgresora murmurante.

	
Vaya a saber a quién besabas,
de quién te despedías.
Fui el 
	vicario feliz de un solo instante,
el que a veces encuentra en su saliva

	un breve gusto a madreselva
bajo cielos australes.

	
IV
Quisiera ser Tiresias esta noche
y en una lenta espera boca 
	abajo
recibirte y gemir bajo tus látigos
y tus tibias medusas.

	
Sabiendo que es la hora
de la metamorfosis recurrente,
y que al 
	bajar al vórtice de espumas
te abrirías llorando,
dulcemente empalada.

	
Para volver después
a tu imperioso reino de falanges,
al cerco de 
	tu piel, tus pulpos húmedos,
hasta arrastrarnos juntos y alcanzar 
	abrazados
las arenas del sueño.

	
Pero no soy Tiresias,
tan sólo el unicornio
que busca el agua de 
	tus manos
y encuentra entre los belfos
un puñado de sal.

	
V
No te voy a cansar con más poemas.
Digamos que te dije
nubes, 
	tijeras, barriletes, lápices,
y acaso alguna vez
te sonreíste.
11.

Démons et merveilles

De colinas y vientos
de cosas que se denominan para entrar
como 
	árboles o nubes en el mundo

	
De enigmas revelándose en las lunas
rotas contra el aljibe o las 
	arenas
yo he dicho y esperado

	
Creo que nada vale contra esta caricia
abrasadora que sube por la 
	piel
Ni el silencio, ese desatador de sueños

	
Vivir
oh imagen para un ojo cortado
boca arriba perpetuo
12.

Después de las fiestas

Y cuando todo el mundo se 
	iba
y nos quedábamos los dos
entre vasos vacíos y ceniceros sucios,

	
qué hermoso era saber que estabas
ahí como un remanso,
sola 
	conmigo al borde de la noche,
y que durabas, eras más que el tiempo,

	
eras la que no se iba
porque una misma almohada
y una misma 
	tibieza
iba a llamarnos otra vez
a despertar al nuevo día,
juntos, 
	riendo, despeinados.
13.

El breve amor

Con qué tersa dulzura
me 
	levanta del lecho en que soñaba
profundas plantaciones perfumadas,

	
me pasea los dedos por la piel y me dibuja
en el espacio, en vilo, 
	hasta que el beso
se posa curvo y recurrente,

	
para que a fuego lento empiece
la danza cadenciosa de la hoguera

	tejiéndose en ráfagas, en hélices,
ir y venir de un huracán de humo...

	
¿Por qué, después,
lo que queda de mí
es sólo un anegarse entre 
	las cenizas
sin un adiós, sin nada más que el gesto
de liberar las 
	manos?
14.

El

encubridor

	

	Ese que sale de su país porque tiene miedo,

	no sabe de qué, miedo del queso con ratón,

	de la cuerda entre los locos, de la espuma en la sopa.

	Entonces quiere cambiarse como una figurita,

	el pelo que antes se alambraba con gomina y espejo

	lo suelta en jopo, se abre la camisa, muda

	de costumbres, de vinos y de idioma.

	Se da cuenta, infeliz, que va tirando mejor, y duerme

	a pata ancha. Hasta de estilo cambia, y tiene amigos

	que no saben su historia provinciana, ridícula y casera. 

	

	A ratos se pregunta cómo pudo escapar todo ese tiempo

	para salirse del río sin orillas, de los cuellos garrote,

	de los domingos, lunes, martes, miércoles y jueves.

	A fojas uno, sí, pero cuidado:

	un mismo espejo es todos los espejos,

	y el pasaporte dice que naciste y que eres

	y cutis color blanco, nariz de dorso recto,

	Buenos Aires, septiembre. 

	

	Aparte que no olvida, porque es arte de pocos,

	lo que quiso, esa sopa de estrellas y de letras

	que infatigable comerá

	en numerosas mesas de variados hoteles,

	la misma sopa, pobre tipo,

	hasta que el pescadito intercostal se plante y diga basta.
15.

El interrogador

No pregunto por las glorias ni las nieves, 
	
quiero saber dónde se van juntando 
las golondrinas muertas, 

	adónde van las cajas de fósforos usadas. 
	
Por grande que sea el mundo 
hay los recortes de uñas, las pelusas, 
	
los sobres fatigados, las pestañas que caen. 
¿Adonde van las 
	nieblas, la borra del café,
los almanaques de otro tiempo? 
	
Pregunto por la nada que nos mueve; 
en esos cementerios conjeturo 
	que crece 
	
poco a poco el miedo, 
y que allí empolla el Roc.
16.

Encargo

No me des tregua, no me perdones nunca. 
Hostígame en la sangre, que cada 
	cosa cruel sea tú que 
	
vuelves. 
¡No me dejes dormir, no me des paz! 
Entonces ganaré mi 
	reino, 
	
naceré lentamente. 
No me pierdas como una música fácil, no seas 
	caricia ni 
	
guante; 
tállame como un sílex, desespérame. 
Guarda tu amor 
	humano, tu sonrisa, tu pelo. Dálos. 
	
Ven a mí con tu cólera seca de fósforos y escamas. 
Grita. Vomítame 
	arena en la boca, rómpeme las fauces. 
	
No me importa ignorarte en pleno día, 
saber que juegas cara al sol y 
	al hombre. 
	
Compártelo. 


Yo te pido la cruel ceremonia del tajo, 
lo 
	que nadie te pide: las espinas 
	
hasta el hueso. Arráncame esta cara infame, 
oblígame a gritar al fin 
	mi verdadero nombre.
17.

Esta ternura

Esta ternura y estas manos 
	libres,
¿a quién darlas bajo el viento ? Tanto arroz
para la zorra, y 
	en medio del llamado
la ansiedad de esa puerta abierta para nadie.

	Hicimos pan tan blanco
para bocas ya muertas que aceptaban
solamente 
	una luna de colmillo, el té
frío de la vela la alba.
Tocamos 
	instrumentos para la ciega cólera
de sombras y sombreros olvidados. Nos 
	quedamos
con los presentes ordenados en una mesa inútil,
y fue preciso 
	beber la sidra caliente
en la vergüenza de la medianoche.
Entonces, 
	¿nadie quiere esto,
nadie?
18.

Hablen, tienen tres minutos...

Hablen, tiene tres 
	minutos


	De vuelta del paseo 

	donde junté una florecita para tenerte 
	
entre mis dedos un momento,
y bebí una botellas de Beaujolais, 

	para bajar al pozo donde bailaba un oso luna,
en la penumbra dorada de la 
	lámpara 
	
cuelgo mi piel y sé que estaré solo en la ciudad 
más poblada del 
	mundo.


	Excusarás este balance 
	histérico, 
	
entre fuga a la rata y queja de morfina,
teniendo en cuenta que hace 
	frío, 
	
llueve sobre mi taza de café,
y en cada medialuna 
la humedad 
	alisa sus patitas de esponja.


	Máxime sabiendo que pienso 
	en ti obstinadamente, 
como una ciega máquina, como la cifra que repite 

	interminablemente el gongo de la fiebre
el loco que cobija su paloma en 
	la mano, 
	
acariciándola hora a hora
hasta mezclar los dedos y las plumas 
en 
	una sola miga de ternura.


	Creo que sospecharás esto 
	que ocurre,
como yo te presiento a la distancia en tu ciudad,

	volviendo del paseo donde quizá juntases
la misma florecita, un poco por 
	botánica,
un poco porque aquí,
porque es preciso
que no estemos tan 
	solos, 
	
que nos demos un pétalo, 
aunque sea un pasito, una pelusa.

Versos y pensamientos de Julio Cortázar

4 citas
« la voz de Susana Rinaldi / No sé lo que hay detrás de tu voz. »
Julio Cortázar · A
« No hay que llorar porque las plantas crecen en tu balcón, / no hay que estar triste »
Julio Cortázar · A una mujer
« Esta noche, buscando tu / boca en otra boca, »
Julio Cortázar · After such pleasures
« Como los juegos al llanto / como la sombra a la columna »
Julio Cortázar · Antes, después...
Biblioteca poética

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