Poesía Universal

Julia Prilutzky

Biografía y amplia selección de poemas de Julia Prilutzky. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Julia Prilutzky. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Julia Prilutzky

15 poemas seleccionados
1.

Alguna vez, de pronto, me despierto...

Alguna 
		vez, de pronto, me despierto: 
Un dolor me recorre tenazmente, 
un 
		dolor que está siempre, agazapado, 
		
por saltar, desde adentro. 
Entonces tengo miedo. 
Entonces, 
		me doy cuenta que estoy sola 
		
frente a mí, frente a Dios, frente a un espejo 
lleno de mis 
		imágenes, 
		
de rostros polvorientos. 

Estoy sola, pero siempre estoy 
		sola: 
		
Es lo único cierto. 
El amor era un huésped, 
la soledad es 
		siempre el compañero 
		
que permanece al lado, inconmovible. 
Lo único seguro, verdadero. 
		
Oigo mi corazón, vieja campana 
que dobla y que golpea, 
que 
		rebota en las sienes y en la nuca 
		
y en la boca y los dedos. 
Es cierto, tengo miedo. 
Miedo de 
		no poder gritar, de pronto, 
		
de que ya sea demasiado tarde 
para un ruego. 
La costumbre 
		ahoga las palabras 
		
y alarga el desencuentro. 
Ah, tantas cosas quedarán ocultas, 

		perdidas, sin recuerdo, 
		
tantas palabras que no fueron dichas, 
tantos gestos. 


		Unos dirán: Yo sé, la he conocido, 
		
fue una ardiente rebelde, 
se desolló las manos y la vida 
por 
		defender los que creyó más débiles. 
		
Otros dirán: Yo sé, la he conocido, 
era dura, malévola, 

		avara de ternura, con la boca 
		
mostraba su desprecio. 
Alguien dirá: Y cómo sonreía... 
Qué 
		importa 
		
lo que vendrá después del gran silencio. 
Claro que tengo miedo. 
		
Así, en la madrugada 
mientras algún dolor -un dolor, siempre- 
		
va hincando sus agujas en mi cuerpo, 
abro las manos en la sombra 
		dulce 
		
para atrapar mi soledad, de nuevo, 
y me quedo a su lado, sin 
		moverme, 
		
con los ojos abiertos 
la vida detenida. 
Toda mi sangre es un 
		temor inmenso.
2.

Cómo decir, amor, en qué momento...

Cómo 
		decir, amor, en qué momento
te rompes dulcemente entre las manos,

		sin quejas, sin recuerdos, sin arcanos
y tal vez sin temor ni 
		sufrimiento.

		
Cómo volver a amar, qué sentimiento
de elementos divinos o 
		profanos
puede reverdecer entre desganos,
en la etapa final del 
		desaliento.

		
Pregunta al corazón por qué no cree,
pregúntale al mirar qué 
		cosas lee,
pregunta al labio cruel por qué no besa,

		
y te dirán, sin duda, su fatiga
del amor fiel o la pasión 
		mendiga,
su falta de esperanza o de sorpresa.
3.

Cómo decir de pronto...

Cómo decir 
		de pronto: 
		
tómame entre las manos, 
No me dejes caer. Te necesito:
acepta 
		este milagro,
tenemos que aprender a no asombrarnos 
		
de habernos encontrado, 
de que la vida pueda estar de pronto 

		en el silencio o la mirada. 
		
Tenemos que aprender a ser felices, 
a no extrañarnos 
de 
		tener algo nuestro. 
		
Tenemos que aprender a no temernos 
y a no asustarnos 
y a 
		estar seguros. 
		
y a no causarnos daño.
4.

Dame tu brazo, amor, y caminemos...

Dame tu 
		brazo, amor, y caminemos,
dame tu mano y sírveme de guía.
Ya no 
		quiero saber si es noche o día:
mis ojos están ciegos. Avancemos.

		
Dame tu estar, amor, en los extremos,
tu presencia y tu infiel 
		sabiduría:
por los caminos de la sangre mía
ya no sé si es que 
		vamos o volvemos.

		
Y no me digas nada. No es preciso.
Deja que vuelva al pórtico 
		indeciso 
desde donde no escucho ni presencio:

		
Todo fue dicho ya, tan a menudo,
que ahora tengo miedo, amor, y 
		dudo
de aquello que está al borde del silencio.
5.

Dile que no me tema, amor, y dile...

Dile que no me tema, amor, y dile
que estoy a su lado como el 
		aire,
como un cristal de niebla o como el viento
que se aquieta la 
		tarde.
Dile que no me huya, amor, y dile
que no me vuelva a herir, 
		que no me aparte,
que soy el brillo húmedo en sus ojos
y el latido 
		en su sangre.
Dile que no me aleje, amor, y dile
que yo soy el 
		umbral de su morada,
el agua de su sed
y aquel único pan para su 
		hambre,
Dile que no se oculte, amor, y dile
que ya no tengo rostro 
		ni señales
de haber vivido antes de quererme.
De haber vivido, 
		antes.
Dile que no recuerde y dile
que no respire, amor, sin 
		respirarme.
6.

En

el agua empozada te 
		apareces...


		En el agua empozada te apareces.
Tu imagen se empecina
y el viento 
		la sacude sin borrarla
y el rumor de las hojas
vuelve a clamar tu 
		nombre,
mientras tu rostro surge como máscara
sobre todos los 
		rostros de la tierra
y tu caricia brota en toda mano.
Perfiles 
		desgarrados
en el agua tiritan:
¿cómo llamarte ahora, con qué 
		nombre
-muerto de toda muerte,
sonrisa desterrada,
inviolado 
		temblor que se desliza-,
si ya no queda nada más que arena?
Y nada 
		más que cielo
sobre el dormido estanque
donde voy rastreando

		qué queda de tu vida. Y de la mía.
¿Cómo clamar tu réplica perdida,

		tu lapidado corazón en llamas,
tu aventada ceniza,
tu amor que no 
		fue entero ni entregado,
la no ardida pasión, no devorada,
la piel 
		que ya no existe,
el detenido impulso de la sangre
y la 
		petrificada melodía
de tu voz sin matices?
7.

Está bien. Seré dulce y obediente...

Está bien. 
		Seré dulce y obediente
o lo pareceré. Te da lo mismo:
Necesita, de 
		pronto, tu egoísmo
que yo me quede así, sumisamente,

		
Sin sufrir, sin dolor, sin aliciente,
sin pasiones al borde del 
		abismo,
sin mucha fe ni un gran escepticismo,
sin recordar la 
		esclusa ni el torrente.

		
Necesitas las llamas sin el fuego,
que el fuego del amor no sea 
		un juego
y que esté el rayo aquí, sin la tormenta.

		
Quieres que espere así, sin esperarte, 
que te adore también sin 
		adorarte
y estar clavado en mi, sin que te sienta.
8.

Este

amor que se va, 
		que se me pierde...


		Este amor que se va, 
		que se me pierde,
esta oscura certeza de vacío:
mi corazón, mi 
		corazón ya es mío
sin nada que le implore ni recuerde.

		
De pronto, vuelve a ser un fruto verde
sin madurez, ni aroma en 
		el rocío:
ay del que quiere apresurar su estío,
ay de aquél que lo 
		besa o que lo muerde.

		
Yo sé que algo persiste, todavía.
Pero no existen ya ni la 
		alegría
ni la embriaguez radiante ni la lumbre

		
ardiendo en la mirada y en los labios.
Ni exaltación ni búsqueda 
		ni agravios:
apenas una cálida costumbre.
9.

Este miedo de ti, de mí... de todo...

Este miedo de ti, de 
		mí... de todo, 
		
miedo de lo sabido y lo entrevisto, 
temor a lo esperado y lo 
		imprevisto, 
		
congoja ante la nube y ante el lodo. 


		Déjame estar. Así. ¿No 
		te incomodo?...
      	
Abajo ya es la noche, y hoy has visto 
cómo acerca el temor: aún 
		me resisto 
		
pero me lleva a ti de extraño modo. 


		Déjate estar. No 
		luches: está escrito. 
		
Desde lejos nos llega, como un grito 
o como un lerdo vértigo 
		rugiente. 
		


		Me darás lo más dulce y 
		más amargo: 
		
una breve alegría, un llanto largo... 
sé que voy al dolor. 
		Inútilmente.
10.

Frente al misterio estoy, de nuevo alerta...

Frente al misterio estoy, de nuevo alerta,
frente al amor quizá, 
		frente al oscuro
despertar sin urgencia y sin apuro.
pero la mano 
		tiembla ante la puerta.

		
Yo creía estar muerta. Yo estoy muerta:
nada hay en mí tan cierto 
		o tan seguro.
Pero crece mi sombra contra el muro
y la mano se 
		extiende. Y está abierta.

		
¿Cómo será su amor –amor– conmigo,
cómo ha de ser: espectador, 
		testigo
o superado actor del viejo drama?

		
¿Cómo será ese afán que me despoja,
su esperanza, su grito, su 
		congoja,
y cómo las cenizas de su llama?
11.

Lluvia

Llueve otra vez. Llueve 
		de nuevo. Llueve:
siempre el amor me llega con la lluvia.
Sobre la 
		calle una llovizna breve
y aquí en mi corazón, cómo diluvia...


	


	
		Llueve. Y el agua cae 
		sin relieve
sobre las piedras, ávidas de lluvia.
Aquí en mi 
		corazón, cómo remueve;
aquí en mi corazón, cómo diluvia.


	


	
		Siempre el amor me 
		llega así. Sin ruido,
con silencioso paso estremecido:
niebla 
		menuda que después diluvia.


		Siempre el amor me 
		llega así, callado,
con silencioso andar desesperado...
Y no sé 
		dónde estás. Y está la lluvia.
12.

Ni una palabra quedará, siquiera...

Ni una palabra quedará, 
		siquiera, 
		
amor que eras mi amor, que eras mi vida. 
Ya no te digo adiós, ni 
		hay despedida 
		
ni volveré a llorar por lo que fuera. 

Dónde quedó el terror 
		frente a la espera, 
		
dónde el pretexto fácil de la huida: 
estoy de pronto, como 
		adormecida, 
		
brazos ausentes, párpados de cera. 

Amor que eras mi amor, 
		estas tan lejos 
		
que tu imagen se vela en los espejos 
y está la niebla donde 
		había llamas. 
		

Oigo que rondas pero no te veo, 
vuelvo a escuchar tu voz, 
		pero no creo. 
		
Ya no importa si estás ni si me llamas.
13.

No amarse ahora, pero haber amado...

No amarse ahora, pero 
		haber amado.
Y encontrarse otra vez... Recuerdo grave
como el de 
		alguna flor de aroma suave
que se mustia en un libro ya olvidado. 
		


		Va surgiendo el 
		recuerdo desvelado:
una palabra, un gesto... Es una clave
que 
		nadie descifró, que nadie sabe;
recinto nuestro, cántico inviolado. 
		


		Estamos en silencio, 
		frente a frente.
Y sin verte, yo sé que me has mirado
con no sé 
		qué recuerdo transparente 
		


		en los ojos lejanos... 
		No has cambiado.
Y es dulce estarse así, indolentemente,
pero no 
		amarse ya. Haberse amado.
14.

No es el amor, lo sé, pero es de noche...

No es el amor, lo sé, pero es de noche
y yo estoy sola, frente al mar 
		que espera
con las uñas viscosas de sus algas
y el sello de la sal 
		sobre sus piedras:
sin cesar, desde el agua y las espumas
mil 
		ramajes de brazos me recuerdan
que aguardan todavía
tendiéndome su 
		ausencia.
Las mismas olas que devoran barcos,
que van hundiendo 
		mástiles y velas,
tiran siempre de mí

		salvajemente
ceñidas, enroscadas, como cuerdas.

		
No es el amor, lo sé, pero qué importa:
tiene su mismo rostro 
		hecho de niebla
y su temblor febril y su acechanza,
tiene sus 
		manos blandas que se aferran
con dura precisión.
Tiene su misma 
		insólita presencia
con el prestigio de un fulgor pasado
y la 
		futura soledad que empieza.
Tiene sin duda del amor la insidia
y 
		el desgajado abandonar reservas
hasta quedar desnudo
como un árbol 
		reseco.
Tiene el rondar la sangre
como un fantasma hambriento

		sobre la inaccesible piel del mundo,
lamiendo inútilmente su corteza,

		desesperado, ávido,
con la exacta impaciencia
del querer, del 
		después,
del otoño y la espera.
Y aquel recomenzar desde la bruma

		que es su signo quizá.
Y su señal más cierta.

		
No sé cuándo ha llegado:
es como un viejo amigo que regresa

		con el rostro cambiado por los viajes,
las fiebres, el alcohol, las 
		peripecias.
Reconozco sus rasgos,
su voz que ha enronquecido, pero 
		es ésta,
su antigua voz que dice otras palabras
semejantes a 
		aquéllas.
No es el amor, lo sé, y sin embargo
es su paso otra vez, 
		y las caricias
recobran los caminos sin urgencia.
No hay palabras, 
		y puedo estar callada:
todo es tan simple así, tan sin sorpresa
y 
		es tan fácil estar, tan necesario.
No es el amor, tal vez. ¿Y si lo 
		fuera?
15.

No quiero esto de andar enamorado...

No quiero esto de andar enamorado,
estar triste y alegre sin 
		motivo,
saberse generoso y vengativo,
dormirse sin dormir. Y estar 
		cansado.

		
Y sin embargo, es el acostumbrado
milagro de estar trémulo y 
		altivo,
tanto más libre cuando más cautivo,
tanto más rico cuanto 
		más se ha dado.

		
Esto de respirar bebiendo el aire,
sentirse rey, temblar frente 
		al desaire,
con el gesto indeciso y la mirada

		
más cerca o más allá del horizonte,
sufrir el sol, tratar que no 
		tramonte,
mirar sin ver. Y ver, sin mirar nada.

Versos y pensamientos de Julia Prilutzky

4 citas
« Alguna / vez, de pronto, me despierto: »
Julia Prilutzky · Alguna vez, de pronto, me despierto...
« Cómo / decir, amor, en qué momento »
Julia Prilutzky · Cómo decir, amor, en qué momento...
« de pronto: / tómame entre las manos, »
Julia Prilutzky · Cómo decir de pronto...
« Dame tu / brazo, amor, y caminemos, »
Julia Prilutzky · Dame tu brazo, amor, y caminemos...
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