« Tómame ahora que aún es temprano y que llevo dalias nuevas en la mano. Tómame ahora que aún es sombría mi espesa cabellera bravía. »
Juana de Ibarbourou
Poesía uruguaya (1892–1979)Poesía uruguaya · 'Juana de América', vitalismo sensual, amor a la tierra y frescura transparente
Poemas de Juana de Ibarbourou
1.
Amémonos
Amémonos
Bajo las alas rosa de este laurel florido, amémonos. El viejo y eterno lampadario de la luna ha encendido su fulgor milenario y este rincón de hierba tiene calor de nido. Amémonos. Acaso haya un fauno escondido junto al tronco del dulce laurel hospitalario y llore al encontrarse sin amor, solitario, mirando nuestro idilio frente al prado dormido. Amémonos. La noche clara, aromosa y mística tiene no sé qué suave dulzura cabalística. Somos grandes y solos sobre el haz de los campos y se aman las luciérnagas entre nuestros cabellos, con estremecimientos breves como destellos de vagas esmeraldas y extraños crisolampos.
2.
Amor
Amor
El amor es fragante como un ramo de rosas. Amando, se poseen todas las primaveras. Eros trae en su aljaba las flores olorosas de todas las umbrías y todas las praderas. Cuando viene a mi lecho trae aroma de esteros, de salvajes corolas y tréboles jugosos. ¡Efluvios ardorosos de nidos de jilgueros, ocultos en los gajos de los ceibos frondosos! ¡Toda mi joven carne se impregna de esa esencia! Perfume de floridas y agrestes primaveras queda en mi piel morena de ardiente transparencia perfumes de retamas, de lirios y glicinas. Amor llega a mi lecho cruzando largas eras y unge mi piel de frescas esencias campesinas.
3.
Así
Así
Así es la rosa De la matriz del día se alzó la rosa vertical y blanca mientras todo rugía: la tierra, el aire, el agua. Tendí la mano para protegerla, criatura de paz y de armonía, completa, virgen, intocable, exacta en la extensión total del mediodía. Y me llevó el brazo la metralla. Impávida seguía en su serenidad y su victoria, aunque en mi sangre la embebía. Ni mi alarido hizo temblar sus pétalos ni apagó su fragancia mi agonía. Era la rosa, la perfecta y única. Nada la detenía.
4.
Bajo la lluvia
Bajo la lluvia
¡Cómo resbala el agua por mi espalda! ¡Cómo moja mi falda, y pone en mis mejillas su frescura de nieve! Llueve, llueve, llueve, y voy, senda adelante, con el alma ligera y la cara radiante, sin sentir, sin soñar, llena de la voluptuosidad de no pensar. Un pájaro se baña en una charca turbia. Mi presencia le extraña, se detiene... me mira... nos sentimos amigos... ¡Los dos amamos muchos cielos, campos y trigos! Después es el asombro de un labriego que pasa con su azada al hombro y la lluvia me cubre de todas las fragancias de los setos de octubre. Y es, sobre mi cuerpo por el agua empapado como un maravilloso y estupendo tocado de gotas cristalinas, de flores deshojadas que vuelcan a mi paso las plantas asombradas. Y siento, en la vacuidad del cerebro sin sueño, la voluptuosidad del placer infinito, dulce y desconocido, de un minuto de olvido. Llueve, llueve, llueve, y tengo en alma y carne, como un frescor de nieve.
5.
Como la primavera
Como la primavera
Como un ala negra tendí mis cabellos sobre tus rodillas. Cerrando los ojos su olor aspiraste diciéndome luego: -¿Duermes sobre piedras cubiertas de musgos? ¿Con ramas de sauces te atas las trenzas? ¿Tu almohada es de trébol? ¿Las tienes tan negras porque acaso en ellas exprimiste un zumo retinto y espeso de moras silvestres? ¡Qué fresca y extraña fragancia te envuelve! Hueles a arroyuelos, a tierra y a selvas. ¿Qué perfume usas? Y riendo le dije: -¡Ninguno, ninguno! Te amo y soy joven, huelo a primavera. Este olor que sientes es de carne firme, de mejillas claras y de sangre nueva. ¡Te quiero y soy joven, por eso es que tengo las mismas fragancias de la primavera!
6.
Cual la muerte de Lot
Cual la muerte de Lot
Un perfume de amor me acompañaba. Volvía hacia la aldea de la cita, bajo la paz suprema e infinita que el ocaso en el campo destilaba. En mis labios ardientes aleteaba la caricia final, pura y bendita, y era como una alegre Sulamita que a su lar, entre trigos regresaba. Y al llegar a un recodo del camino tras el cual queda oculto ya el molino, el puente y la represa bullidora, volví atrás la cabeza un breve instante, y bajo el tilo en flor, ¡vi a mi amante que besaba en la sien a una pastora!
7.
Como una sola flor desesperada
Como una sola flor desesperada
Lo quiero con la sangre, con el hueso, con el ojo que mira y el aliento, con la frente que inclina el pensamiento, con este corazón caliente y preso, y con el sueño fatalmente obseso de este amor que me copa el sentimiento, desde la breve risa hasta el lamento, desde la herida bruja hasta su beso. Mi vida es de tu vida tributaria, ya te parezca tumulto, o solitaria, como una sola flor desesperada. Depende de él como del leño duro la orquídea, o cual la hiedra sobre el muro, que solo en él respira levantada.
8.
Despecho
Despecho
¡Ah, que estoy cansada! Me he reído tanto, tanto, que a mis ojos ha asomado el llanto; tanto, que este rictus que contrae mi boca es un rastro extraño de mi risa loca. Tanto, que esta intensa palidez que tengo (como en los retratos de viejo abolengo), es por la fatiga de la loca risa que en todos mis nervios su sopor desliza. ¡Ah, que estoy cansada! Déjame que duerma, pues como la angustia, la alegría enferma. ¡Qué rara ocurrencia decir que estoy triste! ¿Cuándo más alegre que ahora me viste? ¡Mentira! No tengo ni dudas, ni celos, ni inquietud, ni angustias, ni penas, ni anhelos. Si brilla en mis ojos la humedad del llanto, es por el esfuerzo de reírme tanto...
9.
El
El
fuerte lazo Crecí para ti. Tálame. Mi acacia implora a tus manos su golpe de gracia. Florí para ti. Córtame. Mi lirio al nacer dudaba ser flor o ser cirio. Fluí para ti. Bébeme. El cristal envidia lo claro de mi manantial. Alas di por ti. Cázame. Falena, rodeé tu llama de impaciencia llena. Por ti sufriré. ¡Bendito sea el daño que tu amor me dé! ¡Bendita sea el hacha, bendita la red, y loadas sean tijeras y sed! Sangre del costado manaré, mi amado. ¿Qué broche más bello, qué joya más grata, que por ti una llaga color escarlata? En vez de abalorios para mis cabellos siete espinas largas hundiré entre ellos. Y en vez de zarcillos pondré en mis orejas, como dos rubíes, dos ascuas bermejas. Me verás reír viéndome sufrir. Y tú llorarás. Y entonces... ¡más mío que nunca serás!
10.
Estío
Estío
Cantar del agua del río. Cantar continuo y sonoro, arriba bosque sombrío y abajo arenas de oro. Cantar... de alondra escondida entre el oscuro pinar. Cantar... del viento en las ramas floridas del retamar. Cantar... de abejas ante el repleto tesoro del colmenar. Cantar... de la joven tahonera que al río viene a lavar. Y cantar, cantar, cantar de mi alma embriagada y loca bajo la lumbre solar.
11.
Fusión
Fusión
Mi alma en torno a tu alma se ha hecho un nudo apretado y sombrío. Cada vuelta del lazo sobre humano se hace raíz, para afianzarse hondo, y es un abrazo inacabable y largo que ni la muerte romperá. ¿No sientes cómo me nutro de tu misma sombra? Mi raíz se ha trenzado a tus raíces y cuando quieras desatar el nudo, sentirás que te duele en carne viva y que en mi herida brota sangre tuya.! Y con tus manos curarás la llaga ¡y ceñirás más apretado el nudo!
12.
Hora morada
Hora morada
¿Qué azul me queda? ¿En qué oro y en qué rosa me detengo, qué dicha se hace miel entre mi boca o qué río me canta frente al pecho? Es la hora de la hiel, la hora morada en que el pasado, como un fruto acedo, sólo me da su raso deslucido y una confusa sensación de miedo. Se me acerca la tierra del descanso final, bajo los árboles erectos, los cipreses aquellos que he cantado y veo ahora en guardia de los muertos. Amé, ay Dios, amé a hombres y bestias y sólo tengo la lealtad del perro que aún vigila a mi lado mis insomnios con sus ojos tan dulces y tan buenos.
13.
Implacable
Implacable
Y te di el olor de todas mis dalias y nardos en flor. Y te di el tesoro, de las ondas minas de mis sueños de oro. Y te di la miel, del panal moreno que finge mi piel. ¡Y todo te di! Y como una fuente generosa y viva para tu alma fui. ¡Y tú, dios de piedra entre cuyas manos ni la yedra medra; y tú, dios de hierro, ante cuyas plantas velé como un perro, desdeñaste el oro, la miel y el olor. ¡ Y ahora retornas, mendigo de amor, a buscar las dalias, a implorar el oro, a pedir de nuevo todo aquel tesoro! Oye, pordiosero: ahora que tú quieres es que yo no quiero. Si el rosal florece, es ya para otro que en capullos crece. Vete, dios de piedra, sin fuentes, sin dalias, sin mieles, sin yedra, igual que una estatua, a quien Dios bajara del plinto, por fatua. ¡Vete, dios de hierro, que junto a otras plantas se ha tendido el perro!
14.
La cita
La cita
Me he ceñido toda con un manto negro. Estoy toda pálida, la mirada extática. Y en los ojos tengo partida una estrella. ¡Dos triángulos rojos en mi faz hierática! Ya ves que no luzco siquiera una joya, ni un lazo rosado, ni un ramo de dalias. Y hasta me he quitado las hebillas ricas de las correhuelas de mis dos sandalias. Mas soy esta noche, sin oros ni sedas, esbelta y morena como un lirio vivo. Y estoy toda ungida de esencias de nardos, y soy toda suave bajo el manto esquivo. Y en mi boca pálida florece ya el trémulo clavel de mi beso que aguarda tu boca. Y a mis manos largas se enrosca el deseo como una invisible serpentina loca. ¡Descíñeme, amante! ¡Descíñeme, amante! Bajo tu mirada surgiré como una estatua vibrante sobre un plinto negro hasta el que se arrastra, como un can, la luna.
15.
La enredadera
La enredadera
Por el molino del huerto asciende una enredadera. El esqueleto de hierro va a tener un chal de seda ahora verde, azul más tarde cuando llegue el mes de Enero y se abran las campanillas como puñados de cielo. Alma mía: ¡quién pudiera Vestirte de enredadera!
16.
La
La
espera ¡Oh lino, madura, que quiero tejer sábanas del lecho donde dormirá mi amante, que pronto, pronto tornará (Con la primavera tiene que volver.) ¡Oh rosa, tu prieto capullo despliega! Has de ser el pomo que arome su estancia. Concentra colores, recoge fragancia, dilata tus poros, que mi amante llega. Trabaré con grillo de oro sus piernas, cadenas livianas del más limpio acero, encargué con prisa, con prisa al herrero Amor, que las hace brillantes y eternas. Y sembré amapolas en toda la huerta. ¡Que nunca recuerde caminos ni sendas! Fatiga: en sus nervios aprieta tus vendas. Molicie: sé el perro que guarde la puerta.
17.
Después será ceniza
sobre la tierra negra.
Después será ceniza sobre la tierra negra.
La inquietud fugaz He mordido manzanas y he besado tus labios. Me he abrazado a los pinos olorosos y negros. Hundí, inquieta, mis manos en el agua que corre. He huroneado en la selva milenaria de cedros que cruza la pradera como una serpie grave, y he corrido por todos los pedrosos caminos que ciñen como fajas la ventruda montaña. ¡Oh amado, no te irrites por mi inquietud sin tregua! ¡Oh amado, no me riñas porque cante y me ría! Ha de llegar un día en que he de estarme quieta, ¡ay, por siempre, por siempre! con las manos cruzadas y apagados los ojos; con los oídos sordos y con la boca muda, y los pies andariegos en reposo perpetuo sobre la tierra negra. ¡Y estará roto el vaso de cristal de mi risa En la grieta obstinada de mis labios cerrados! Entonces, aunque digas: -¡Anda!, ya no andaré. Y aunque me digas: -¡Canta!, no volveré a cantar. Me iré desmenuzando en quietud y en silencio bajo la tierra negra, mientras encima mío se oirá zumbar la vida como una abeja ebria. ¡Oh, déjame que guste el dulzor del momento fugitivo e inquieto! ¡Oh, deja que la rosa desnuda de mi boca se te oprima a los labios! Después será ceniza sobre la tierra negra.
18.
La pequeña llama
La pequeña llama
Yo siento por la luz un amor de salvaje. Cada pequeña llama me encanta y sobrecoge; ¿no será, cada lumbre, un cáliz que recoge el calor de las almas que pasan en su viaje? Hay unas pequeñitas, azules, temblorosas, lo mismo que las almas taciturnas y buenas. Hay otras casi blancas: fulgores de azucenas. Hay otras casi rojas: espíritus de rosas. Yo respeto y adoro la luz como si fuera una cosa que vive, que siente, que medita, un ser que nos contempla transformado en hoguera. Así, cuando yo muera, he de ser a tu lado una pequeña llama de dulzura infinita para tus largas noches de amante desolado.
Versos y pensamientos de Juana de Ibarbourou
Selección destacada« ¿Qué es esto? ¡Prodigio! Mis manos florecen. Rosas, rosas, rosas a mis dedos crecen. Mi amante me besa, y en los labios míos brotan manantiales de azúcares y ríos. »
« Tú sabés que hasta la esquina de mi casa resulta lejana e inaccesible para mí. Ya sabes mi lucha y la atención tensa y constante por mi casa. He vivido siempre dulcemente prisionera de ella y con un continuo ofrecimiento de alas para levantar vuelo inútilmente (…) Mi destino será el mundo a través de los vidrios de mi ventana. »
« La nota triste descorazonada y pesimista no le sale a usted bien. (...) Me parece que se imagina, más que siente el desengaño. Le debe tener a usted muy presa la vida. (...) Debe usted dejar las tristezas hasta que ellas vengan que, desgraciadamente, teniendo como usted tiene un alma sensible y hasta ardiente, le vendrán. »
Poemas y obras destacadas
Antología de poemas inmortales
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Algunos libros de poesía de Juana de Ibarbourou:
Edición física recomendada para disfrutar de su obra lírica: