Poesía Universal

Juana Castro

Biografía y amplia selección de poemas de Juana Castro. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Juana Castro. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Juana Castro

9 poemas seleccionados
1.

Alicia desposada

Era blanca la boda: un milagro
de espuma, de azahar y de nubes.

	Cenicienta esperaba.
Las muchachas regaban cada día
los frágiles 
	cristales de su himen.
Blancanieves dormía.
                                      
	Al galope
un azul redentor doraba la espesura
y la Bella Durmiente 
	erguía su mirada.
Las vestales danzaban. Y las viejas mujeres,
en las 
	noches de invierno,
derramaban sus cuentos de guirnaldas,
de besos y 
	de príncipes.
Era largo el cabello, eran frías las faldas
por las 
	calles de hombres.
Las fotos de las bodas
irradiaban panales de 
	violines
y era dulce ser cóncava
para el brazo tajante y musculoso.

	La boda les cantaba por el cuerpo
como un mar de conjuros.
Y a la boda 
	se fueron una tarde
con su mística plena. Y cambiaron
la hora de su 
	brújula
por el final feliz de los cuentos de hadas.

	
De Cóncava mujer, Córdoba 1978
2.

Aquaria

Llovía largamente por todos los rincones.
Gotas dulces llovían por su 
	espalda,
miel de venas azules el cabello,
arco ciego del mar.
Nalga 
	rosa perdida,
húmeda luz, la clara
porosidad de nieve de sus pómulos.

	Arroyos, mar, cascadas inundando
los brazos y las cuevas,
golondrina 
	en el borde su mirada.
Líquida llueve, líquida
se sumerge en las algas

	y una rosa de yodo, como una ventana
le florece en la sangre.
3.

Apocalipsis

Ella no es Pomona. Ni, como las Danaides, 
una daga dorada oculta 
	entre los senos. 
	
Ella no es Calíope, aunque sea la voz y la belleza. 
Y aunque, como 
	las Náyades, ame fuentes y bosques, 
	
no es Estigia, ni Dafne, 
ni es la bella Afrodita 
ni el sueño de 
	los héroes. 
	
Pero Ella ha nacido. 

Como ananás fragante, se levanta 
ungida 
	de romero, 
	
como custodia viva, derramando 
cuatro copas dulcísimas: 
Abrazo 
	de la tierra, 
	
música del aire, 
luz violenta del fuego 
y el almíbar del agua. 
	
Ya no habrá nunca noche, porque Ella 
se ha manifestado 
con sus 
	cuatro trompetas y su gloria. 
	
Y así es la gran nueva, la alegría: 
Porque Ella ha nacido 
y esta 
	es la señal, aleluya. 
	
Que su gracia 
sea con todos vosotros, aleluya. 

De 
	Narcisia, Barcelona 1986
4.

De la lonja

No te amaré mañana. He aguardado
tantos días desnuda, con tu nombre

	grabado entre las cejas, que olvidé
los inviernos, el azul y las rosas.

	Ciertamente, habría de ser negra
la piel negra del perro que amordazó

	mis piernas y fue lenta, hacia dentro
vistiendo de parálisis la gallarda

	evidencia del hombro. Hoy he visto
que tan sólo milímetros le restan
a 
	los hilos del túnel. Pero existe el remedio:
Mañana, cuando tú te 
	despiertes,
encontrarás el lecho bañado con mi sangre.
Un panal de 
	uñas rotas, y tal vez
una pluma deshojada en la lucha.
No debes 
	sorprenderte. Habré ganado
en el instante último mi guerra.
Con un ala 
	perdida junto al cielo
y la llave morada de los labios, estaré,
torpe 
	y triste, otra vez aprendiendo.
Mas debe ser así, pues que la libertad

	hermana es gemela de la muerte.
5.

De

la 
	captura nocturna de halcones por deslumbramiento


	La muerte es una alondra descubierta en la noche. 
	
Ahora sé que, transida, con su brazo
fervoroso de arándanos me 
	acecha.
De mi alcoba, tan lejos maduraba,
tan secreta y tan dulce, 
	certera de mi olvido,
que sólo tras el mar, en otra orilla,
su manto 
	desplegaba de ternura.
Fue preciso el camino. Andar
por otras tierras, 
	absorber
otra luz, otra lengua, sigilosa
y terrible su huella por las 
	piedras.
Con mis ojos la he visto.
Estuvimos tan cerca, que el fulgor

	de su música, como nieve bajaba,
ciega al mar, por mi cuerpo.
Fue un 
	instante de amor. Sólo el tacto
luminoso y atroz de la distancia.
Mas 
	vivo, desde entonces, 
	
develada, viviendo por morir.
Por bajar, o ascender, y en el infierno

	de su efímera mano, venturosa,
sucumbir finalmente
de hermosura o 
	maldad.

	
De Arte de cetrería, Col. Juan Ramón Jiménez, Huelva 1989
6.

Destierro

Yo no soy de esta tierra.
Era ya extranjera en la distancia
del 
	vientre de mi madre
y todo, de los pies a la alcoba me anunciaba

	destierro.
Busqué de las palmeras
mi voz entre sus signos
y perforé 
	de hachones 
	
encendidos la amarga
región del azabache. Yo no sé
qué vuelo de 
	planetas torcería
mi suerte.
Sobre el mudo desvío, sé que voy,
como 
	víbora en celo, persiguiendo
el rastro de mi exilio.

	
No encontrará mi alma su reposo
hasta que en ti penetre
y me 
	amanezca
y ría.

	
De No temerás, Torremozas, Madrid 1994
7.

Disyuntiva

La 
	tentación se llama amor
                    
	o chocolate.
Es mala la adicción.
        
	Sin paliativos.
Si algún médico, demonio o alquimista
supiera de mi 
	mal
                     
	cosa sería
de andar toda la vida por curarme.
Pues tan sólo una droga,
                     
	con su cárcel
del olvido me salva de la otra.
Y así, una vez más, es 
	el conflicto:
O me come el amor,
o me muero esta noche de bombones.

	
De Alada mía, Córdoba 1996
8.

El potro blanco

Tiene razón ella, y el espejo 
	
que me enseñó esta tarde.

-Mírate, tú no eres un hombre.


	Los hombres nunca tienen
esa fiebre en los ojos, ni los muslos
les 
	florecen redondos, ni en los pechos
les crecen dos botones
erguidos 
	como islas detrás de la camisa.

	
-Mírate. 
               
	Y me miro,
y me voy desnudando
de mis tristes aperos.

Y 
	entonces aparece, sin que yo lo convoque,
mi cuerpo como el lirio
de 
	sol y la radiante manzana de la carne, 
	
igual que en el milagro
del primer potro blanco saliendo de su madre.
9.

Inanna

Como la flor madura del magnolio 
era alta y feliz. En el 
	principio 
	
sólo Ella existía. Húmeda y dulce, blanca, 
se amaba en la sombría 
	
saliva de las algas, 
en los senos vallados de las trufas, 
en los 
	pubis suaves de los mirlos. 
	
Dormía en las avenas 
sobre lechos de estambres 
y sus labios de 
	abeja 
	
entreabrían las vulvas 
doradas de los lotos. 
Acariciaba toda 

	la luz de las adelfas 
	
y en los saurios azules 
se bebía la savia 
gloriosa de la luna. 
	
Se abarcaba en los muslos 
fragantes de los cedros 
y pulsaba sus 
	poros con el polen 
	
indemne de las larvas. 
¡Gloria y loor a Ella, 
a su útero vivo de 
	pistilos, 
	
a su orquídea feraz y a su cintura! 
Reverbere su gozo 
en uvas y 
	en estrellas, 
	
en palomas y espigas, 
porque es hermosa y grande,
oh la magnolia 
	blanca. Sola!

	
(De Narcisia, Taifa Poesía, Barcelona 1986)

Versos y pensamientos de Juana Castro

4 citas
« Era blanca la boda: un milagro / de espuma, de azahar y de nubes. »
Juana Castro · Alicia desposada
« Llovía largamente por todos los rincones. / Gotas dulces llovían por su »
Juana Castro · Aquaria
« Ella no es Pomona. Ni, como las Danaides, / una daga dorada oculta »
Juana Castro · Apocalipsis
« No te amaré mañana. He aguardado / tantos días desnuda, con tu nombre »
Juana Castro · De la lonja
Biblioteca poética

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