« que enojado vio / la dureza ingrata »
Juan Pablo Forner
Juan Pablo Forner es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primera...
Vida
Juan Pablo Forner es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras composiciones, cautivó a los amantes del verso gracias a una mirada poética singular capaz de transformar las emociones cotidianas en arte universal.
Su poesía explora con elegancia el paso del tiempo, el misterio del amor y el anhelo de trascendencia ante los enigmas del destino humano. Hoy en día, su legado lírico sigue conmoviendo a nuevas generaciones de lectores por la belleza musical de sus estrofas y la sinceridad de sus palabras.
Poemas de Juan Pablo Forner
1.
A Filis, enferma de la garganta...
A Filis, enferma de la garganta...
Amor, Filis mía, que enojado vio la dureza ingrata de tu corazón, vibrando la flecha con nuevo rigor, herirte dispuso, mas, ¡ay!, no acertó. Al pecho asestaba, y el vibrado arpón tocó tu garganta, y en mi pecho dio. Tú libre quedaste; yo, herido de amor; ¡Oh, qué dulce hierro, si hiriera a los dos! Tu garganta airosa, donde de tu sol ondean las hebras que el oro envidió, lastimada apenas del golpe veloz, del robusto niño percibió el ardor; percibióle sólo; padézcole yo, herido, abrasado de impía pasión. Tú de Amor te burlas, yo sufro su error; ¡Oh, qué dulce hierro, si hiriera a los dos! Tímidos deseos, que, afable, animó de tus ojos gratos el vivo esplendor, de estar a tu lado diéronme ocasión; ¡momento dichoso, si acertara Amor! De su arco invencible yo el juguete soy, pudiendo su tiro doblar el traidor. Retiró la mano, sin ver dónde hirió. ¡Oh, qué dulce hierro, si hiriera a los dos! Ay, niña adorable, no te enojes, no, si en ruegos exhalo mi amarga aflicción: que en esta venganza que Amor meditó, a mí fué la herida, y a ti la intención. Amar tu debieras como amando estoy, y ya me contento con tu compasión. Por mí de Cupido burlas el rigor. ¡Oh, qué dulce hierro, si hiriera a los dos!
2.
A Lucinda, en el fin de año
A Lucinda, en el fin de año
¡Qué importa que ligera la edad, huyendo en presuroso paso, mi vida abrevie en la callada huida, si cobro nueva vida cuando en las llamas de tu amor me abraso, y logro renacer entre su hoguera, como el ave del sol, que vida espera? Amor nunca fue escaso, ¡oh, Lucinda amorosa! y aumenta gustos en los pechos tiernos. Si el año tuvo fin, serán eternos los que goce dichosa mi dulce suerte entre tus dulces brazos, ¡oh mi Lucinda hermosa!, brazos con tal blandura, que los lazos vencerán de la Venus peregrina, cuando, suelto el cabello, a Marte desafía y al victorioso dios vence en batalla; en ellos mi amor halla la vida, que en sus vueltas a porfía el sol fúlgido y bello me lleva en su carrera presurosa, ¡oh Lucinda amorosa!, y en la estación helada, cuando su margen despojada enfría el yerto Manzanares, al año despidiendo con su hielo, la lumbre de tu cielo dará calor a la esperanza mía, ajena de pesares, no perdida mi edad, mas renovada, por más que el año huya, con el calor de la esperanza tuya. ¡Oh! siempre acompañada te goces del deseo que me anima, más años que agradable flores esparce en la húmeda ribera la alegre primavera; y nunca el cielo oprima la dulce risa de tu rostro hermoso con disgusto enojoso, permitiendo que goce yo las flores (como fiel mariposa o cual dorada abeja, que su aliento chupa, y en ellas forma su alimento) de tus dulces amores, ¡oh mi Lucinda hermosa! Y vuele el tiempo, pues su paso lento detiene mi contento, detiene torpe su estación tardía, que tú me llames tuyo, y yo a ti mía; vuele, vuele en buen hora, y este año tenga fin, y juntamente le tengan otros y otros; y el violento curso de Febo, que la tierra dora con su madeja ardiente, su carrera apresure, y tanto, en tanto mi ventura dure, cuanto en tu pecho vea reinar la llama que mi amor desea. Vuelen, vuelen las horas, y llévense los días y los años en sus vueltas traidoras, y llegue el tiempo en que mi amor posea tu pecho unido al amoroso mío, y la suerte gozosa dé fin dichoso al ruego que la envío, oh Lucinda amorosa; y en tanto los engaños de amor tengan tu pecho entretenido con deseo, esperanza, manjares que alimentan a Cupido. ¡Oh tardos días de presentes daños! Por vosotros alcanza su fin cuanto en el mundo es comprendido. Pues huid, y dad fin al encendido fuego en que mis deseos se alimentan; mas, lográndolos luego, el paso diligente que detengáis os ruego; dejad que entonces, pues que ahora cuentan siglos los años, yo, mi bien gozando, haga siglos los días, y tanto dure en las venturas mías, cuanto el alegre tiempo dar pudiera estación venturosa de tu edad a la hermosa primavera, oh mi Lucinda hermosa.
3.
Desordenado en desaliño airoso...
Desordenado en desaliño airoso...
Desordenado en desaliño airoso al bullicioso céfiro permite Nisa el cabello, porque no limite su nativo esplendor lazo industrioso. Velo sutil sobre su pecho hermoso al gusto esconde lo que al gusto incite; ni tanto que el tesoro facilite, ni tanto que de él dude el ojo ansioso. Así en traje sucinto reclinada en alcatifa generosa yace su gentileza y gala peregrina; así la halla Cendón y la taimada del necio que su pompa satisface cobra el oro, y a Alexi lo destina.
Versos y pensamientos de Juan Pablo Forner
3 citas« ¡Qué importa que ligera / la edad, huyendo en presuroso paso, »
« Desordenado en / desaliño airoso »
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