Poesía Universal

Juan Eduardo Cirlot

Biografía y amplia selección de poemas de Juan Eduardo Cirlot. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Juan Eduardo Cirlot. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Juan Eduardo Cirlot

14 poemas seleccionados
1.

67 Versos en recuerdo de Dadá

El uno se arrodilla dulcemente
el dos tiene las trenzas de papel,

		el tres llena de plata los triángulos,
el cuatro no solloza,
el 
		cinco no devora el Firmamento,
el seis no dice nada a las serpientes,

		el siete se recoge en las miradas,
el ocho tiene casas y ciudades,

		el nueve canta a veces con voz triste,
el diez abre sus ojos en el 
		mar,
el once sabe música,
el doce alienta lámparas,
el trece 
		vive sólo en los desvanes,
el catorce suplica,
el quince llama y 
		grita,
el dieciséis escucha,
el diecisiete busca,
el dieciocho 
		quema,
el diecinueve sube,
el veinte vuela ardiendo por el aire,

		el veintiuno cae,
el veintidós espera,
el veintitrés adora los 
		vestidos,
el veinticuatro sabe matemáticas,
el veinticinco magia,

		el veintiséis amor,
el veintisiete guerra,
el veintiocho 
		estrellas,
el veintinueve luna,
el treinta tiene garras de cerezo,

		el treinta y uno flota,
el treinta y dos destruye los anillos,
el 
		treinta y tres anula los espacios,
el treinta y cuatro ruge,
el 
		treinta y cinco vive lejos,
el treinta y seis conoce la amargura,

		el treinta y siete fulge,
el treinta y ocho baja,
el treinta y 
		nueve quiebra torres,
el cuarenta se expresa,
pero el cuarenta y 
		uno tiene páginas,
donde el cuarenta y dos halla su espejo,
donde 
		el cuarenta y tres se desmenuza,
en el cuarenta y cuatro anidan 
		tigres,
en el cuarenta y cinco monumentos,
en el cuarenta y seis 
		hay una espiga,
en el cuarenta y siete distracciones,
detrás 
		vienen cuarenta y ocho pensamientos,
cuarenta y nueve signos,

		cincuenta cruces,
cincuenta y una lágrimas,
cincuenta y dos 
		mujeres,
cincuenta y tres desiertos,
cincuenta y cuatro pianos,

		para cincuenta y cinco partituras,
para cincuenta y seis sonidos,

		cincuenta y siete soles,
cincuenta y ocho perlas,
cincuenta y 
		nueve bocas,
sesenta muertes,
sesenta y una llagas,
sesenta y 
		dos pirámides,
sesenta y tres adioses,
sesenta y cuatro 
		diccionarios,
sesenta y cinco sentimientos,
sesenta y seis 
		recuerdos,
sesenta y siete flores.
2.

A

Gaudí


		Relámpago de carne hecha de roca,
gesto de invocación incorporada;

		anciano de cristal cuya mirada
parece un girasol de doble boca.

		
En tu oración la luz se ha vuelto loca
llena de mansedumbre 
		exasperada;
y una tormenta azul, paralizada
se postra a ese 
		alarido que convoca.

		
Tu arquitectura gime como un bosque
crucificado en furia que no 
		mengua
bajo las destrucciones cenitales.

		
Yo pido a ese sarmiento que me enrosque
con brasas y zafiros esta 
		lengua
de pecados y cantos capitales.
3.

A la que renace de las aguas

Las huellas de tus dedos
                        
		no se ven en las torres.

Pero yo leo sin descanso, en la soledad 
		de la ermita junto
     al mar
los antiguos 
		signos en donde tú estuviste hacia el año mil,
por los bosques, los 
		pantanos, las ramas y las hojas, la arcilla
     
		pisada.

		
                        
		Dentro del corazón está la muerte
                        
		como una runa blanca de ceniza.

Acércate por el campo blanco o 
		por el verde campo o por el
campo negro, pero ven.

		
                        
		Detente ante la tumba
                        
		donde los dos estamos.


* * *


Este sonido triste 
		que solloza
es mi espada románica que piensa.

		
Mi corazón oscuro la acompaña.


* * *


Yo soy un 
		ser humano a pesar mío.

		
El espacio plateado de mi espíritu
penetra en el espacio gris del 
		mundo.

		
¿Hasta cuándo?


* * *

Las hierbas son tan rubias 
		como tú
lejos de la ceniza que me aleja
para siempre sin hierro.

		
La muerte es el pantano de las cruces,
Bronwyn.


* * *


		
Alucinante luz en 
		que la luna
une la encina blanca desde el cieno
al cielo donde el 
		hielo respalndece
azul en un silencio alucinado.
Bronwyn,

		enciende la llanura con tu voz.

		

* * *


Que las orquestas ciegas del martirio
acaben 
		con los bosques, y los fuegos
de este incendio final, sacramentario.

		
Bronwyn,
si no puedo ser tú, si no podemos
ser ángel,
¿por 
		qué la niebla es gris sobre el mar gris?

		

* * *


Piedras como rodillas tibias,
hierbas como 
		cabellos rubios,
cielos como brazos de cielos.

		
Nace el amanecer como lo negro.
En las miradas siempre vuela el 
		nunca.

		

* * *


Las ruinas de las runas en la roca
hablan de 
		que yo estuve en este mundo,
donde el mar y la tierra de las nieblas

		se funden y confunden.

		
La vida era una ausencia inagotable,
un laberinto de serpientes 
		grises,
un pantano de rosas tenebrosas.

		

* * *


La cruz de las hogueras se ha deshecho,
las 
		ruinas de las joyas se estremecen.

		
Se acerca el cementerio con los ojos
inundados de lágrimas.

		

* * *


Toma mi oscuro anillo inmemorial.

Mi 
		armadura deshecha se deshace
y de sus mallas muertas salen fuegos

		azules, Bronwyn; puedo verlos, tiemblan.

		
Tiro el guante de hierro, soy tu siervo.
El mar que me acompaña 
		por un mar
de sombra se deshace en el vacío.

		
Estoy cansado de estar muerto y ser.


* * *



		Toma mi oscuro anillo inmemorial.

		
Mi armadura deshecha se deshace
y de sus mallas muertas salen 
		fuegos
azules, Bronwyn; puedo verlos, tiemblan.

		
Tiro el guante de hierro, soy tu siervo.
El mar que me acompaña 
		por un mar
de sombra se deshace en el vacío.

		
Estoy cansado de estar muerto y ser.


* * *



		Remolinos de cielos y de océanos
de incesantes distancias funerales.

		
El centro es lo lejano, y es allí
entre espirales grises y 
		plateadas,
donde acaso la cruz es una cruz,
el cruce y el 
		encuentro.

		
El centro es el lugar donde la imagen
habla desde su doble 
		transparente.

		

* * *


Por el bosque del tiempo la noche del espacio,

		el errar de mi busca, la boca de mi incendio.

		
En tus ojos, cayendo, un mar gris se levanta.

Lo espantoso es 
		sencillo y está siempre muy cerca.

		

* * *


Bronwyn;
es un mar de ceniza, está subiendo.

		
Nuestras alas no existen por la noche.

La cabeza es de cera,

		los ojos son espacio.

		
Te dejo entre los árboles del mundo
y este coro de gritos que 
		persigna
mi estatura maldita.

		

* * *


Muerdo los sentimientos en el muérdago.
Mi 
		espíritu está solo entre las hierbas.

		
Los demonios me buscan por los campos,
se disputan mi espada, mi 
		armadura,
mis manos, mi cabeza, mis entrañas.

		
Mis hogueras de hierro se amontonan
y mis restos oscuros aún 
		humean.

		
Me acaban de matar,
miro hacia donde vi tu aparición
hace mil 
		años ya; pero la sangre
aún sale de mi boca.

		

* * *


Bajó el cielo a la tierra
y no era 
		transparencia, era distancia.

		
Era un cristal de acero separando
lo unido.

Se perdieron 
		las olas de los ojos
las flores de una cima donde un cuerpo
era 
		sólo.

		
El cielo exterminó las claridades
humanas.
De su luz emanaba 
		un absoluto
desasirse de todo lo tangible.

		
La pérdida nació como una piedra
negra.


* * *


		
Se acercan las doradas procesiones
que grabarán mi cuerpo en una 
		losa.

		
Déjame contemplarte todavía,
mientras mis ojos cambian de función

		convirtiéndose en música azulada.

		
Bronwyn, el horizonte es una casa:
(la imagen incendiada de una 
		casa).

		

* * *


Nunca he tocado nada de lo que 
tú eres.

		
Estás como una idea en un instante 
puro.

Clara en tu 
		firmamento de firmeza
blanca.

		
Desnuda Bronwyn, llámame, ya voy;
caigo.


* * *


		
Mi espada transparente te bencice
x  galáctica en 
		el lago, luz,
pradera de cristal inesperable:
Bronwyn inmaculada, 
		incensario.

		

* * *


La tumba es de carbón azul, la tumba
es como 
		un cuerpo sonrosado y vivo.

		
Hic jacet.

Una espada sin nombre está parada
ante 
		la puerta blanca del invierno.

		

* * *


Mensajera del más allá, tú vienes
con forma 
		de mujer, pero el abismo
se cierne junto a ti tan dulcemente.

		
Bronwyn,
constelaciones pálidas esperan
en medio de otros 
		cielos con tu luz.

		

* * *


Bronwyn, mi corazón,
si nunca has existido 
		eres posible
porque la realidad es muerte viva.

		
Bronwyn, mi corazón,
tócame con tu nada y con tu nunca.


		
* * *


No siendo estás aquí junto a mi centro
de 
		hierros desatados,
de distancias dispersas como el humo.

		
No siendo eres tan mía como yo.
Más mía, pues tu luz sobre mi 
		niebla
vive.

		

* * *


Es tu dorada luz, aire lejano
lo que viene a 
		los verdes arrecifes.

		
Dame la mano, Bronwyn, alejémonos
del mar.
4.

A Osiris

Repartido en pedazos y en lamentos,
repartido en países y en 
		canciones,
repartido en lejanos corazones,
repartido en profundos 
		monumentos.

		
Repartido en obscuros sentimientos,
repartido en distintas 
		emociones,
repartido en palabras y oraciones,
repartido y perdido 
		en los momentos.

		
Heredero del tiempo y del espacio,
víctima de transcursos y 
		distancias,
ser en seres deshecho y repartido.

		
Yo busco tu hermosura y tu palacio,
tu boca de rubíes y 
		fragancias
para reunirte solo en un gemido.
5.

A Rene Magritte

Las mujeres con pechos de papel
alumbran la armonía de los prados.

		A las ventanas vienen los venados
bajo un cielo de páginas de miel.

		
Detrás de esa cortina hay un doncel
con los ojos azules y 
		vendados
pero en las blancas vendas hay pintados
tres ojos negros 
		donde está Luzbel.

		
La pierna adolescente de la bella
abre sus abanicos de cristales

		mientras un aerolito resplandece.

		
La carne es un espejo y una estrella.
El hombre la contempla con 
		puñales
pero la rosa corre mientras crece.
6.

Ángeles

Ángeles con coronas de yerba 

		Ángeles como inmensos paisajes. 

		

		Ángeles como rayos erguidos. 

		Ángeles con vestidos de llamas. 

		

		Ángeles en el muro del odio. 

		Ángeles como rosas azules. 

		

		Ángeles de los lagos profundos. 

		Ángeles con los pies encendidos. 

		

		Ángeles con cabellos de hielo. 

		Ángeles con rumor de manzano. 

		

		Ángeles en la flor de los días. 

		Ángeles golpeando las frentes. 

		

		Ángeles de cristal y de aire. 

		Ángeles como manos de plata. 

		

		Ángeles con los brazos de humo. 

		Ángeles, o sonrisas, o ausencias. 

		

		Ángeles como lámparas de oro.

		Ángeles recogiendo las brisas, 

		

		Dulcemente. 

		

		Ángeles, llorando en mi ventana. 

		Ángeles violetas y desnudos. 

		

		Ángeles con pálidas heridas

		Ángeles ardiendo como flores, 

		

		Ángeles surgidos de la sombra. 

		Ángeles del fondo de las piedras. 

		

		Ángeles de vidrio sonrosado. 

		Ángeles parados en el aire. 

		

		Ángeles cayendo hasta mis luchas. 

		Ángeles con hoces de diamantes. 

		

		Ángeles de pie sobre la lluvia. 

		Ángeles de hierro transparente. 

		

		Ángeles severos como águilas. 

		Ángeles altísimos y mudos. 

		

		Ángeles con alas de paloma. 

		Ángeles de las horas glaciales. 

		

		Ángeles o círculos radiantes. 

		Ángeles cantando entre mis labios, 

		

		Dulcemente. 

		

		Ángeles abiertos como cisnes. 

		Ángeles sobre un mar de ceniza. 

		

		Ángeles como nubes lejanas. 

		Ángeles, o miradas, o besos. 

		

		Ángeles temblorosos y puros. 

		Ángeles de jazmines y lirios. 

		

		Ángeles con violines de fuego. 

		Ángeles de rubíes celestes. 

		

		Ángeles como un éxtasis rojo. 

		Ángeles de mi sangre infinita. 

		

		Ángeles con espadas de niebla. 

		Ángeles del final de los tiempos. 

		

		Ángeles: conjunciones rugientes. 

		Ángeles como fuentes de perlas. 

		

		Ángeles de la calma absoluta. 

		Ángeles de la furia amorosa. 

		

		Ángeles de color amarillo. 

		Ángeles abrasando mis párpados, 

		

		Dulcemente.
7.

Con

Bronwyn

		

		                            
		Yo también estoy hechizada

                                                                    
		Bronwyn

		

		Algo me está buscando por el campo,

		o por el bosque negro que fue verde:

		Algo de claridad pero sin forma,

		como un sonido inmenso que bajara

		desde un cielo apartado

		por el cielo que existe.

		

		* * * 

		

		Nunca supe quién soy,

		pero voy

		a ser lo que tú quieres sólo siendo

		en el sol absoluto donde ardiendo

		mueres porque eres. 

		

		Voy a ser la eternamente llama

		de tu espiga de fuego;

		mi resplandor entrego

		a tu doliente niebla que me llama.

		

		Caigo en tu corazón que ha de perderse

		para que aprenda a rehacerse

		desde el cristal azul del océano

		al sarmiento quemado de una mano

		cerrada al deshacerse.

		

		* * * 

		

		Los álamos inciertos de las almas

		se alejan por el campo.

		Los álamos se alejan, Bronwyn.

		

		Los gritos permanecen y el incendio.

		

		* * *

		

		¿Creíste que no te oía

		cuando dijiste:

		subes bajo las verdes nubes,

		de la tierra que hiciste

		blanca en un mediodía

		rojo como la herida en que perdiste

		lo que a tu corazón te unía?

		

		¿Creíste que no te oía

		más allá de las olas

		cuando las sombras solas

		eran mi todavía?

		

		* * *

		

		Por las sombras desciendo hasta la torre

		y vuelvo a ver el mar rojizo

		anaranjado.

		

		Y vuelvo a ver los muertos, la corona

		de flores aterradas.

		

		¿Creíste que no vendría

		junto a las negras rocas,

		cuando de nuestras bocas

		el cielo renacía

		convirtiendo el espacio

		en de plata palacio,

		la distancia

		en nuestra eterna estancia?

		

		¿Creíste que era muerte

		la noche de la suerte,

		y el fin de la canción

		mi desaparición?

		

		* * *

		

		Un nombre estaba escrito sobre el agua,

		fue dicho desde el agua, Bronwyn,

		entre cienos y miedo a los abismos

		bajo las grandes aves transparentes.

		

		* * *

		

		¿Pudiste imaginar

		en la noche del mar

		que no respondería,

		sin hallar

		la voz con que diría

		dónde me has de encontrar?

		

		¿Pudiste suponer

		en la niebla del ser

		que no contestaría

		y que no encontraría

		la voz para poder

		responder?

		

		¿Y pudiste pensar

		que jamás tornaría

		tu nombre a concitar?

		

		* * *

		

		Empujo las paredes calcinadas.

		Las inscripciones crujen

		y los acordes siguen rechinantes

		sobre la superficie rota

		del olvido esencial.

		

		*

		

		Te vuelvo a repetir

		que siempre esperaría.

		No me dejes de oír.

		

		¿Pudiste concebir

		en tu triste existir

		que nunca volvería,

		si es que me pude ir

		y que te dejaría

		sin venirte a decir

		que no quieras morir?

		

		* * *

		

		No siempre puedo recordarte

		bajo los grandes trozos de silencio

		que me aplastan y dejan en ceniza

		tan sólo perseguido 

		por un sonido oscuro

		y por las lentas avenidas grises

		de un orbe sin final y sin principio.

		

		* * *

		

		¿Y dejaste a la nada

		tu esperanza abrasada

		abandonando al fuego

		todo el humo del ruego?

		

		¿Y soñaste perder entre las hierbas

		el anillo de luz en que conservas

		el signo de mi eterna persistencia

		en la espiral oscura de tu esencia?

		

		¿Y llegaste a creer

		no ser?

		

		* * *

		

		Bronwyn, ¿estás aunque no nunca

		pueda?

		

		* * *

		

		¿Olvidaste

		mi primera mirada

		cuando me desnudaste

		estando ya desnuda y entregada?

		

		* * *

		

		La tierra es diferente de la tierra

		y el cielo es otro cielo cuando ya.

		

		La luz me está pensando desde el otro

		lado del muro blanco de un milenio.

		

		* * *

		

		Estoy en un espacio que no puedes

		abrir con los espinos de tus manos

		humanas, temblorosas.

		Yo destruiré las redes

		de todos los arcanos y las rosas

		tenebrosas.

		

		Retornaré al pantano gris

		y volverá el instante lis

		de envolverte en mi luz

		más allá de la torre y de la cruz

		con relieves,

		para que tú me lleves al lugar

		en que nunca nos podrá separar

		ni el filo de una espada,

		ni la doble amenaza de la nada.

		

		Algo me está buscando entre las hierbas

		azules de otra vida.

		

		Algo como una imagen sacramento,

		como una niebla de temblor.

		

		* * *

		

		Me has llamado Daena,

		Shekina me has llamado,

		así me has consagrado:

		La que Desencadena.

		

		Ten fe en tu pensamiento

		de siquiera un momento.

		

		Quiere lo que deseas

		para que siempre seas.

		Es porque tú eres mi ángel

		que me sabes tu arcángel.

		

		Con nocturna ceniza entre tus labios,

		Bronwyn
8.

Contemplo entre las aguas de tu cuerpo...

Contemplo entre las aguas de tu cuerpo 
la celeste blancura del 
		pantano 
		
desnudo bajo el campo con relieves 
y circundado por el verde 
		fuego. 
		

No muy lejos el mar y las estrellas 
en las arenas grises de 
		las nubes. 
		
Manos entre las piedras con las olas 
y tus ojos azules en las 
		hierbas. 
		

Las alas se aproximan. Descomponen, 
perdidas en las páginas 
		del bosque, 
		
Bronwyn, mi corazón, y cenicienta 
sobre la tierra negra y en los 
		cielos.
9.

Contemplo entre las aguas del pantano...

Contemplo entre las aguas del pantano 
la celeste blancura de tu 
		cuerpo 
		
desnuda bajo el campo de las nubes 
y circundada por el verde 
		bosque. 
		

No muy lejos el mar se descompone 
en las arenas grises, en 
		las hierbas. 
		
Manos entre las piedras con relieves 
y tus ojos azules en los 
		cielos. 
		

Las alas se aproximan a las olas 
perdidas en las páginas del 
		fuego. 
		
Bronwyn, mi corazón, y las estrellas 
sobre la tierra negra y 
		cenicienta.
10.

Cuando

te contemplé ya 
		estaba muerto...


		Cuando te contemplé ya 
		estaba muerto,
muerto como las hierbas, aunque crecen,
como los 
		mares muertos, que son rocas.

		
Sólo lo que es eterno está en la vida,
aunque lo blanco eleva su 
		belleza
sobre las formas grises de lo negro.

		
Y simula existir donde el no ser
extiende sus certezas 
		transitorias:
Bronwyn, tu claridad no eternamente.
11.

Donde tu aparecías de cristal...

Donde tu aparecías de 
		cristal,
tu cuerpo de cristal tú aparecías
entre las hierbas 
		blancas donde tú.

		
En la blancura inmensa de la torre,
del bosque de las rocas, de 
		las nubes,
de los grises, los mares de los mares.

		
Los bosques de los bosques, el cristal
donde lo negro crece ante 
		el altar,
donde crece el cristal ante el altar

		
Al que me entrego, Bronwyn, al no ser,
al no ser roca blanca ni 
		mar gris,
ni las nubes, ni el cielo, ni la torre.
12.

En

la llama


		Plumaje azul o la sublime llama
del pájaro temblor del firmamento,

		agudo en el martirio donde clama
su descenso final el pensamiento. 
		

Atmósfera león que me amalgama
a extáticas tristezas de un 
		momento,
destrucción sostenida que en su gama
ha insertado mi voz 
		al Gran lamento. 
		

Perpetua exaltación de las llanuras
que la luz acaricia 
		derribando.
Con rumor de monstruosa incontinencia 
		

la boca primordial está cantando
caídas, alas brancas, 
		piedras puras:
El fuego en su furiosa permanencia.
13.

En tus muslos de rosas y de arena...

En tus muslos de rosas 
		y de arena

		la lontananza grave de mi sino,

		el desatado mar de mi destino

		sabe la claridad y así la ordena.

		

		En tu torso que el sol desencadena

		adoro la ascensión a lo divino

		y en tus brazos de luz a mi camino

		desolada se vuelve mi condena.

		

		Tu cuerpo inaccesible contra el cielo

		abre sus cataratas insondables,

		sume todo mi ser en la agonía.

		

		Tu cuerpo incandescente como el hielo

		expande en lo desnudo innumerables

		halos que son lo cerca en lejanía.
14.

Eternidades eran cuando tú eras...

Eternidades eran cuando tú eras
la virgen de mi círculo enlutado.

		Me aparto de mí mismo y de tu lado
olvido tus plateadas primaveras.

		
Tus manos de mis páginas de ceras
cayeron en el mar de lo morado

		y un cielo de lo gris cayó sembrado
con sollozos y agujas 
		prisioneras.

		
Perder es ya morir, Bronwyn lejana
no tener es vivir sin 
		movimiento:
amanecer y nunca es la mañana.

		
Bronwyn, mi soledad, ya no vivirte
es parecer un ser y ser un 
		lento
un insondable nunca en el que hundirte.

Versos y pensamientos de Juan Eduardo Cirlot

4 citas
« El uno se arrodilla dulcemente / el dos tiene las trenzas de papel, »
Juan Eduardo Cirlot · 67 Versos en recuerdo de Dadá
« Gaudí / Relámpago de carne hecha de roca, »
Juan Eduardo Cirlot · A
« Las huellas de tus dedos / no se ven en las torres. »
Juan Eduardo Cirlot · A la que renace de las aguas
« Repartido en pedazos y en lamentos, / repartido en países y en »
Juan Eduardo Cirlot · A Osiris
Biblioteca poética

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