Poesía Universal

Josep Carner

Josep Carner es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras com...

Biografía lírica

Vida

Josep Carner es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras composiciones, cautivó a los amantes del verso gracias a una mirada poética singular capaz de transformar las emociones cotidianas en arte universal.

Su poesía explora con elegancia el paso del tiempo, el misterio del amor y el anhelo de trascendencia ante los enigmas del destino humano. Hoy en día, su legado lírico sigue conmoviendo a nuevas generaciones de lectores por la belleza musical de sus estrofas y la sinceridad de sus palabras.

Lírica y Versos

Poemas de Josep Carner

4 poemas seleccionados
1.

Versión de José Agustín Goytisolo

A la hora del crepúsculo


		
		Es tarde, no me tientan 
		los caminos.

		Y en el jardín cerrado, yo os sabía,

		caídos, pisoteados en la niebla,

		¡oh flores, hojas, días!

		Mis pasos se vuelven furtivos

		como un indeciso extraño.

		Suspiran espectros de dalias

		en medio de sombras llorando.

		Flota lejos un son de campanas

		que une los vivos a cadáveres.

		Se esparce la noche invencible,

		mar de islas que son soledades.

		Y me llaman la luz en la mesa

		y algún pensamiento que vuela,

		la vieja silla malparada

		y una hoja de papel descontenta.


		Versión de José 
		Agustín Goytisolo
2.

Bélgica

Si mi destino fuesen las tierras extranjeras, 
me agradaría 
		envejecer en un país 
		
donde la luz se filtrase cual sonrisa amarilla, grisácea, 
y 
		prados hubiera con ojos de agua y aceras 
		
ornadas de olmos, arces y perales; 
vivir en paz, nunca señalado, 
		
en una nación de buenas gentes unidas, 
cual corazón junto a 
		corazón, ciudad junto a ciudad, 
		
y calles y faroles avanzando por el césped. 
Cielo y nubes, 
		dóciles o crueles, 
		
cautivos quedarían en canales de trémula agua, 
toda ella deseo 
		de reflejar a las estrellas. 
		

Me gustaría hacerme viejo en una ciudad 
con soldados no muy 
		de veras, 
		
donde todos se enterneciesen con música y pintura 
o con el bello 
		árbol japonés en flor, 
		
donde el niño y el obrero nunca inspiraran tristeza, 
donde 
		viéseis unos interiores humanizados
		
por las pipas, las charlas y la hospitalidad, 
con flores 
		ardientes cual magnífica sorpresa, 
		
incluso en los días más fríos. 
Y a menudo, junto a un portal de 
		iglesia, 
		
habría pintoresco, un mercado famoso, 
con el botín del mar, con 
		los dones de la tierra, 
		
todo abundante para todos. 

Una ciudad donde sobraría tiempo 
		
para ver, por amor a la melancolía 
o por deseo de novedad 
		tintineante, 
		
casas antiguas con parques donde anidan sombras 
y muchas casas 
		nuevas con jardincillo delante. 
		
Ahí se encontrarían sabios de todas suertes, 
y cien paraguas 
		eminentes 
		
formarían -ay, abiertos- oficiales hileras 
en la inauguración de 
		los monumentos. 
		
Y de pronto, al borde de largas avenidas, 
estarían los hayedos, 
		las manchas de los estanques, 
		
para el amor, el gozo, la soledad y el lamento. 

De mucho, 
		desierto; de mucho, ayuno, 
		
en medio de los demás viviría, un poco en cada uno. 
Mas nadie a 
		nadie 
		
habría de temer, de seguir su vía. 
Por azar conocería un viejo 
		jardín 
		
recoleto, de cristalino surtidor, 
con peces de oro que dan más 
		alegría. 
		
De mí dirían niños con migas de pan en la mano: 
-Es el señor de 
		cada día.

		
Versión de José Batlló
"Ocho siglos de poesía catalana", 
		Editorial Alianza
3.

Desde lejos

Quién ver pudiera, cuando el estío acaba,

    el camino -la sierpe tan blanca y sonriente-

    y, junto a confiada cala, 

    pámpanos muertos bajo un pino vivo.

    

    Quién ver pudiera el baile en la era

    y una sierra morada allá a lo lejos;

    con pimiento silvestre tropezarme,

    o, por el pedregal, con el romero.

    

    Más vale que dedique mis cuidados

    a estos abedules y mortecinas nieblas.

    En mis caminos de otro tiempo hallarse puede

    a un ángel triste con torcida espada.

    

    Versión de José Corredor-Matheos
4.

Juego de tennis

Por la hierba del prado caminabas,
y volaba tu 
	brazo adolescente;
y por la red de la raqueta alzada
se filtraba la 
	luz del sol poniente.

		
La paz dominical, desanimada,
tu rostro angelical y aquel veloz

	y serio juego todo lo embrujaban.
Te veía, borrosa, hija de un párroco

		
reformado. Cogías rosas cerca
del convento; los cuentos, te 
	gustaban,
la cal de las paredes y los niños.

		
Yo, oficial en Singapur, volvía.
Alto, ruborizado, saludaba...

	Pasaban olorosos carros de heno.


		Versión de José 
		Corredor-Matheos

		"Ocho siglos de poesía catalana", Editorial Alianza

Versos y pensamientos de Josep Carner

4 citas
« A la hora del crepúsculo / Es tarde, no me tientan »
Josep Carner · Versión de José Agustín Goytisolo
« Si mi destino fuesen las tierras extranjeras, / me agradaría »
Josep Carner · Bélgica
« Quién ver pudiera, cuando el estío acaba, / el camino -la sierpe tan blanca y sonriente- »
Josep Carner · Desde lejos
« Por la hierba del prado caminabas, / y volaba tu »
Josep Carner · Juego de tennis
Biblioteca poética

Libros de Josep Carner recomendados

Ediciones recomendadas para disfrutar de su obra poética completa y estudio crítico: