Poesía Universal

José Watanabe

Biografía y amplia selección de poemas de José Watanabe. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de José Watanabe. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de José Watanabe

6 poemas seleccionados
1.

Cuestión de fe

¿Cómo sería la luz de la madrugada

		en que Abraham, el hombre de la cerrada fe,

		subió al monte Moriah

		llevando de la mano a su unigénito Isaac?

		

		Tiene que haber sido una luz hondamente azul

		como la de este amanecer: en aquel azul

		Abraham imaginaba

		la vibrante sangre de su hijo en el cuchillo.

		

                  
		La sangre vibra más en el azul.

		Lo sé porque mi piel, de tan sola ahora,

		segrega sangre en la palma de mi mano:

                          
		el primer milagro de mi día, o castigo,

		por haber querido subir la cuesta de la montaña

		con una muchacha (más hija que esposa).

		

		Ella, al primer sol, huyó asustada,

                              
		me negó

		su joven cuerpo para el sacrificio

		y yo no pude demostrarle

                           
		mi fe neurótica a Dios.
2.

El anónimo

Desde la cornisa de la montaña

		dejo caer suavemente una piedra hacia el precipicio,

		una acción ociosa

		de cualquiera que se detiene a descansar en este lugar.

                      
		Mientras la piedra cae libre y limpia en el aire

		siento confusamente que la piedra no cae

		sino que baja convocada por la tierra, llamada

		por un poder invisible e inevitable.

		

		Mi boca quiere nombrar ese poder, hace aspavientos, balbucea

                      
		y no pronuncia nada.

		La revelación, el principio,

		fue como un pez huidizo que afloró y volvió a sus abismos

		y todavía es innombrable.

		

		Yo me contento con haberlo entrevisto.

		No tuve el lenguaje y esa falta no me desconsuela.

		Algún día otro hombre, subido en esta montaña

                                                   
		o en otra,

		dirá más, y con precisión.

		Ese hombre, sin saberlo, estará cumpliendo conmigo.
3.

El lenguado

Soy

		lo gris contra lo gris. Mi vida

		depende de copiar incansablemente

		el color de la arena,

		pero ese truco sutil

		que me permite comer y burlar enemigos

		me ha deformado. He perdido la simetría

		de los animales bellos, mis ojos

		y mis narices

		han virado hacia un mismo lado del rostro. Soy

		un pequeño monstruo invisible

		tendido siempre sobre el lecho del mar.

		Las breves anchovetas que pasan a mi lado

		creen que las devora

		una agitación de arena

		y los grandes depredadores me rozan sin percibir

		mi miedo. El miedo circulará siempre en mi cuerpo

		como otra sangre. Mi cuerpo no es mucho. Soy

		una palada de órganos enterrados en la arena

		y los bordes imperceptibles de mi carne

		no están muy lejos.

		A veces sueño que me expando

		y ondulo como una llanura, sereno y sin miedo, y más grande

		que los más grandes. Yo soy entonces

		toda la arena, todo el vasto fondo marino.
4.

El vado

Si vas por la playa donde se vadea el río

		verás,

		plantadas en el limo,

                 
		largas varas de eucalipto. Están allí

		para los caminantes que van a la otra ribera.

                                   
		Una será tu cayado:

		con ella tantearás, sin riesgo, un camino

		entre las aguas turbias

                      
		y las piedras de resbaloso musgo.

		

		Cuida de dejar hundida la vara

               
		con gratitud

		en la otra orilla: otro viene:

		acaso mi padre

		que en las tierras amarillas busca sandías silvestres,

                   
		acaso yo

		que regreso, retrasado y viejo,

                   
		mirando ansioso mi pueblo que tras el río

		ondula o se difumina en el vaho solar.

                                                     
		Allí,

		según costumbre, sembraron mi ombligo

		entre la juntura de dos adobes

		para que yo tuviera patria.


		Deja el 
		cayado clavado en el limo.
5.

Fábula

EN el cauce del río seco

		una espigada yegua orina sobre un sapo agradecido.

		Yo, que voy de paso, sonrío y recuerdo

                    
		una antigua ley de compensaciones

		de la magia: más feo el sapo

		más bello y deslumbrante el príncipe.

		

		Ay, pero la abundante orina de la yegua no es amor

		y, aunque amorosamente regada,

                  
		no rompe los hechizos más perversos:

		es sólo un poco de agua ácida en esta sequedad solar.

		

		La yegua se aleja trotando aliviada, moviendo

		las ancas

		como una muchacha. Yo voy por los espinos resecos

		recordando al sapo:

                       
		el pobre no tenía encantamiento

		y se quedó solo

		y soportando su fealdad inmutable

                                               
		y ahora meada.
6.

He dicho

Qué rico es ir

		de los pensamientos puros a un película pornográfica

		y reír

                  
		del santo que vuela y de la carne que suda.

		

		Qué rico es estar contigo, poesía

		de la luz

                  
		en la pierna de una mujer cansada.

Versos y pensamientos de José Watanabe

4 citas
« ¿Cómo sería la luz de la madrugada / en que Abraham, el hombre de la cerrada fe, »
José Watanabe · Cuestión de fe
« Desde la cornisa de la montaña / dejo caer suavemente una piedra hacia el precipicio, »
José Watanabe · El anónimo
« Soy / lo gris contra lo gris. Mi vida »
José Watanabe · El lenguado
« Si vas por la playa donde se vadea el río / verás, »
José Watanabe · El vado
Biblioteca poética

Libros de José Watanabe recomendados

Ediciones recomendadas para disfrutar de su obra poética completa y estudio crítico: