« Que con ella no iría más le dije. / (Ella anduvo a mi lado hasta mi cuarto.) »
José María Fonollosa · Avenue of the Americas
Biografía y amplia selección de poemas de José María Fonollosa. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de José María Fonollosa. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
Que con ella no iría más le dije. (Ella anduvo a mi lado hasta mi cuarto.) Que no la abrazaría más le dije. (Ella puso mis brazos a su espalda.) Que no la escucharía más le dije. (Sus palabras vertía ella en mi boca.) Que no haría el amor a ella le dije. Y ahora está descansando sobre mi hombro. * * *
del Marqués de L'Argentera Al verme se apartó de sus amigas y rodeando mi cuello con sus brazos les dijo alegremente: -«Quiero a este hombre». Los demás me miraron con envidia. Es muy linda en verdad y entró en mi cuarto. Llegué tarde al trabajo al otro día. Después no se movió ya de mi casa. Descubrí que son bellas las estrellas y me gustó algún tiempo. Pero pronto olvidé que hay estrellas en la noche. Ahora su amor me oprime como un peso. No puedo ya salir con mis amigos. No puedo ya sonreír a las muchachas. No puedo ni beber un solo trago. Es mala esta mujer. De verdad mala. Tan mala como linda. Si la dejo me matará, lo sé. Lo sé de veras. Mis amigos se ríen. Yo estoy triste pues no logro apartarla de mi lado. Ojalá no me amase o se muriese. * * *
Para lucirla por la calle, hermosa. Y para convivir, la razonable belleza que Lucrecio aconsejaba. Pero para la cama más bien fea. La hermosa y casi hermosa se te tienden en el lecho y esperan muy seguras el rápido homenaje que merecen. Mas son algo pasivas. Y con límites. La chica más bien fea, sin embargo, agradece el haber sido elegida entre otras de más bellas. Participa con mayor entusiasmo en el amor. La oscuridad ambiente la sitúa en plano de igualdad ante la estética. Y un ciego guía a un ciego, mas los dos -los cuerpos- hallan juntos sus caminos. Y deja hacer y accede de buen grado a cuanto la requiera aquel momento. Para pasarlo bien en una cama escoged una chica más bien fea. * * *
Ella me dio el cuchillo y dijo: «Clávalo en el segundo espacio intercostal». «¿Cuál es?», le pregunté. Se abrió la blusa y señaló, risueña, un punto: «Aquí». Algo debía de haber en aquel viaje que lo hizo diferente. Más intenso. Se veían más cosas. Ascendíamos a inéditos sonidos y colores. No había confusión. Hasta el detalle más ínfimo nos era comprensible. Sugerí: «¿Por qué no con barbitúricos?» «Es lento», me objetó. «Ya lo he probado. Y el lavado de estómago es horrible. Como un trauma mental, pero en lo físico» Sustituí su dedo por el mío y apoyé allí el cuchillo suavemente. Y lo empujé de súbito. No fuera que cambiara de idea si iba lento. * * *
Mi placer te creó. Cuando naciste te destiné ya un hombre. El apropiado para que él y tú fuerais muy felices. Modelé tu figura como un barro precioso, tiernamente, con esmero. Y forjé tus costumbres con cuidado artesanal, aislándote del medio. Vigilé cada día tu sonrisa. Te enseñé a sonreírme dulcemente. Y aprendiste muy bien. Te felicito. Nos hemos merecido ambos el premio. El premio es este goce tuyo y mío. El placer que me das, yo lo sentía cuando estaba, en tu madre, elaborándote. * * *
El amor es un juego apasionante y el mejor sustituto del amor. De aquel amor inmenso, el amor único, que uno halla varias veces por el tiempo. El recíproco amor es lo más bello. Lo sabemos los dos. Pero es muy grande el vacío que se abre entre el amor que se ha ido y el amor que aún no ha llegado. ¿Por qué llenarlo, pues, con la tristeza si es posible colmarlo de sonrisas? Si se ha ocultado el sol pueden los faros del coche iluminar la carretera. Mientras llega otro amor buscando el nuestro juguemos, sólo juego, a enamorarnos. Juguemos a querernos, sin querernos, hasta el día en que alguno de los dos vuelva a sentir amor por cualquier otro. El amor es hermoso aun como juego. * * *
Sé que por fin has vuelto a la ciudad en un suntuoso coche de gran lujo... La gente pensó en mí. Yo la maldigo. El coche se detuvo ante tu casa, pero tú no bajaste, no. Vino alguien a buscarme, mas yo no quise verte. El coche iba despacio por la calle dejando tu recuerdo en cada puerta. Tu cuerpo lo dejó en el cementerio. Tu madre me miró. Yo la maldije. Has vuelto a la ciudad porque estás muerta. Pero yo iré a escupir sobre tu nombre. * * *
No vendrá. De verdad. No vendrá nunca. Mi cuarto es muy modesto para el éxito. Ni hallaría la casa tan siquiera. Mi cuarto es muy austero para amigos. Nadie viene a reunirse entre estos muros. Mi cuarto es también frío y muy pequeño. ¿Cómo cobijar, pues, un gran amor? No es lógico esperar. No vendrá nunca un éxito, un amigo, un gran amor. Debiera de una vez cerrar la puerta. * * *
Para hablar no te quiero. Tengo amigos para tratar de cosas que me inquietan y ahondar en las ideas que me importan. Y no nos condiciona nunca el sexo. Nos lo pasamos bien. Y «Adiós». Y «Hasta otra». Contigo es diferente. Lo que cuentas no me interesa nada en absoluto. Y he de escuchar, no obstante, atentamente y ocultar mi fastidio a tus palabras. Porque sino te niegas a mi amor. Y cuando a mí se ciñe tu figura grácil y delicada voy perdido. Pues al sentir tu cuerpo a mí abrazado nada tiene interés que tú no seas. Y yo ya no soy mío, sino tuyo. Y así debo evitar en nuestra charla lo trascendente; reír tus tontas gracias, acusarme de estar equivocado... Entonces sí que accedes a mi amor. De no mediar el sexo y ser tan bella te hallara aborrecible y despreciable. O serías perfecta si no hablaras. * * *
Es un hermoso cuerpo ese que viene hacia mí. Se detiene. Y me sonríe. Qué bella esa sonrisa roja y húmeda que se abre, como un sexo a mí ofrecido, para preguntar algo que no entiendo. Miro sus ojos claros. Pienso, mientras, que su maravilloso cuerpo late junto a mí. Están sus senos cercanísimos a mi pecho y el vello en su entrepierna. Se apretará, oprimido por las bragas, que adivino adorables y minúsculas. Y como un ruiseñor sonidos dulces gorjea su garganta a mis oídos. Ese increíble cuerpo habla conmigo. Le respondo: «No sé». Se aparta el cuerpo y veo que se alejan las caderas. más perfectas de todo el universo. He aprender inglés. Ahorita mismo. * * *
Estoy muy satisfecho de mí mismo. Yo era un ser seco, huraño y solitario que envidiaba a los otros su alegría. Pero rectifiqué. Me costó mucho adquirir compañía y cara alegre. Y así he gustado aquellos dulces bienes que envidiaba a los otros: amistad, mujer, hijos y el éxito en los negocios. Uno llega a obtener lo que desea si de veras se esfuerza en conseguirlo. La insistencia es la clave del acierto. La piedra que se encima persistente sobre sus compañeras de sendero, logrará que tropiece alguien en ella. Estoy muy satisfecho de mí mismo pues sé rectificar. Y comprobado que amigos, mujer, hijos y negocios siempre me molestaban y agobiaban, los dejé sin aviso y sin reparos. Y he vuelto con alivio a mi yo joven, a mi ser seco, huraño y solitario. Y estoy muy satisfecho de mí mismo. * * *
Yo quiero que tú sufras lo que sufro: aprenderé a rezar para lograrlo. Yo quiero que te sientas tan inútil como un vaso sin whisky entre las manos; que sientas en el pecho el corazón como si fuera el de otro y te doliese. Yo quiero que te asomes a cada hora como un preso aferrado a su ventana y que sean las piedras de la calle el único paisaje de tus ojos. Yo deseo tu muerte donde estés. Aprenderé a rezar para lograrlo. * * *
Esta es la mujer mía. Pueden verla, no tengan pena, de perfil, de frente. Pueden acariciarla con los ojos. Está desnuda bajo su vestido. Es hermosa, ¿verdad? Todos lo dicen. Ella también lo sabe. Es muy hermosa. Mírenla de perfil, de frente. Desde la uña del pie al cabello es muy hermosa. Hasta los automóviles más caros frenan para admirarla cuando pasa. Vean a las demás. Se han vuelto feas cuando ha entrado en el bar ella conmigo. Y nada le pregunta a la cerveza para hacer maravillas en la cama. Esta es la mujer mía. No, no hay otra tan completa cual ella. Es una lástima que no encuentren ustedes otra igual. Pueden acariciarla con los ojos. * * *
Dirígete al Oeste, hasta que el Este sea el Oeste también, fin y principio Y entonces ve hacia el Norte, hasta que el Sur sea el Norte también, fin y principio. En su confluencia exacta tal vez halles qué significa el fin y qué el principio. Pero es mejor que apures tu cerveza sentado en una mesa con amigos. Y que otros se alucinen y extravíen persiguiendo ese fin o ese principio. * * *
Yo sé que a ti te gusta aunque lo niegues. Lo sabemos los dos. Tú te complaces sumisa obedeciendo mi deseo. Aparentas desgana, mas te agrada. Quiere ser dominada la mujer. Le gusta ser forzada. Opone siempre, aun débil, resistencia a ser amada. Le place ser tomada por la fuerza. Como agrada al asfalto en la autopista que lo recorran coches de potencia. Uno puede escoger cualquier muchacha. Disputarla, quitársela incluso a otro. Ella sigue contenta al que la gane, aunque lo disimule adusta y seria. No le importa quien venza. Pertenece, lo sabe, al que es más fuerte. Es al que admira. Siempre niega al principio. Luego accede. Y dócil se acostumbra a cualquier hombre. * * *
Dicen que arrodillarse es humillante. Que es esta posición la del vencido, del sumiso, del vil, del que renuncia a la última esperanza de salvarse. Que estar arrodillado en una calle, en un templo o salón, afrenta incluso a aquel que lo contempla y no lo impide. Como afrenta una bomba que no estalla a quien confiaba actuara su explosivo. Sí. Es innoble actitud arrodillarse delante de otro ser, cuando el sujeto es pasivo. Mas no si éste es activo. Porque hay una excepción en que es victoria, gozo y satisfacción esta postura: cuando el sexo la exige ansiosamente. Entonces es divino arrodillarse. * * *
Plaça de Blasco de Garay Mi casa necesita una mujer que llene de canciones sus paredes y complete mi cama por la noche. Un cuerpo que discurra en torno mío. Una voz que responda si digo algo. Yo no tengo el dinero de los otros; no sé tampoco hablar como los otros, ni tengo la apostura de los otros. Por eso necesito una mujer que oculte mi tristeza entre sus brazos. * * *
Tú mi protagonista, mi heroína. Me impacta tu caricia en mis sentidos y me siento feliz contigo, a solas. Toda tú, mía. Yo en ti realizándome. Mas me dejas y sufro con tu ausencia. Y desespero. Y vivo mil infiernos hasta hallarte otra vez, en una esquina o en el sórdido ambiente de algún antro. No importa dónde estés. Sólo tú importas. Quisiera liberarme, no sentir esta cruel dependencia que a ti me ata como el sol a la luz que huye y no escapa. Mas no puedo vivir sin ti, heroína. * * *
No me vengan con cuentos. Que la vida es algo espiritual y, por lo tanto, superiores los bienes del espíritu. Que el ser útil, cuidar a los enfermos, el teatro, la pintura, libros, música, los deportes, el cine, el gran dinero... al ánimo lo colman las delicias. No me expliquen historias infantiles. El deleite supremo es el orgasmo. Lo demás son tan sólo leves signos, pobres insinuaciones del placer que uno obtiene acostándose con chicas y eyaculando en ellas como un dios. Para otros esos gustos secundarios. Para mí el goce intenso: la mujer. * * *
« Que con ella no iría más le dije. / (Ella anduvo a mi lado hasta mi cuarto.) »
« de L'Argentera / Al verme se apartó de sus amigas »
« Para lucirla por la calle, hermosa. / Y para convivir, la razonable »
« Ella me dio el cuchillo y dijo: «Clávalo / en el segundo »
Ediciones recomendadas para disfrutar de su obra poética completa y estudio crítico: