« Cual tañedor de armónico instrumento / Que deseando complacer, lo mira, »
José María Blanco-White
José María Blanco-White es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus p...
Vida
José María Blanco-White es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras composiciones, cautivó a los amantes del verso gracias a una mirada poética singular capaz de transformar las emociones cotidianas en arte universal.
Su poesía explora con elegancia el paso del tiempo, el misterio del amor y el anhelo de trascendencia ante los enigmas del destino humano. Hoy en día, su legado lírico sigue conmoviendo a nuevas generaciones de lectores por la belleza musical de sus estrofas y la sinceridad de sus palabras.
Poemas de José María Blanco-White
1.
A doña María Ana Beck
A doña María Ana Beck
Cual tañedor de armónico instrumento Que deseando complacer, lo mira, Hiere al azar sus cuerdas, y suspira Incierto, temeroso y descontento; Si escucha un conocido, tierno acento, Anhelante despierta, en torno gira los arrasados ojos y respira Poseído de un nuevo y alto aliento, Tal, si aún viviese en mí la pura llama Y el don de la divina poesía, Pudiera yo cantar a tu mandado; Mas el poeta humilde que te ama, Teme tocar ¡oh María Ana mía! Un laúd que la edad ha destemplado.
2.
A Dorila
A Dorila
Te engañas, mi Dorila, si juzgas que rendido de amar sin esperanza se verá el pecho mío; que no, no es tan tirano, cual dicen, el Dios niño, y sabe aun con las ansias dar premios exquisitos. Son necios los amantes que llaman su dominio cruel, y que maldicen sus cadenas y grillos. Dorila, yo te adoro; y el ardor en que vivo, es el premio y la gloria que el adorarte pido. Peno ¡ay triste! mas tengo en tu rostro divino de mis crueles ansias un dulce y cierto alivio: pues aun cuando mi pecho más agitado miro, volviendo a ti los ojos ledo que da y tranquilo. Y si del rostro amable el influjo benigno me es negado, y ausente mi fuego es más activo, tu dulce nombre entonces tiernamente repito, y un nuevo fuego enciendo, con que aplaco el antiguo. ¡Ay! de esta suave llama los amantes deliquios sólo es dado gozarlos a quien sabe sentirlos. Zagala, no te engañes, que aun el más afligido pagado está, si logra dar a tiempo un suspiro.
Versos y pensamientos de José María Blanco-White
2 citas« engañas, mi Dorila, / si juzgas que rendido »
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