« Acércate. Más, más, / hasta palpar mis sueños. »
José Luis Hidalgo · Acércate
Biografía y amplia selección de poemas de José Luis Hidalgo. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de José Luis Hidalgo. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
. Más, más... Acércate. Más, más, hasta palpar mis sueños. No, todavía no... Aún más y más, sin miedo: como el agua del mar a su fondo de cieno, como se acerca a Dios todo el azul del cielo. Como me acerco a ti cuando digo: te quiero.
Ahora que ya estoy solo te llamo suavemente y bajas a mi boca como un fruto maduro desde el árbol eterno donde existes y velas, con las ramas rozadas por los astros desnudos. Ahora que ya estoy solo puedo morir. Tú sabes que a la muerte hay que ir sin que nadie nos llore, ocultando las rosas del amor que encendimos y el que sólo fue sombra que soñamos de noche. Por eso está ya el fruto temblando entre mis dientes mas no quiero morderlo sin que tú me lo digas.
más Nunca he sabido si acaso la muerte era algo más que tocar una rosa y sentir que sus pétalos rojos se ocultaban, de pronto, en la sombra. Me he perdido de noche en un bosque y vino a encontrarme la luz de la aurora, y he comprendido que el sol encendido dora de nuevo las lívidas lomas. Porque la muerte no toca a los hombres cuando en lo oscuro sus cuerpos se borran. Sabe la tierra que late su entraña, sabe la noche que todo retorna. Sólo los hombres no saben. Pensamos que el corazón es igual que la rosa.
Cuando dos cuerpos se unen para amar, se quema más despacio la soledad de la tierra. De corazón a corazón, de hueso a hueso, saltan pájaros ardiendo como puñales piel del mundo o deseo donde la carne gime, un gran río desnudo de inesperados crisantemos. Cuando dos cuerpos se aprietan como bocas, se empujan como voraces cataratas al rumor de la vida perdiendo un posible contacto con la muerte que espera, que sobre el olvidado planeta a lo lejos refulge como un fantasma solitario y oculto. Hombre o mujer, árboles vibrantes, hirvientes besos estrujados y un ángel. Amarse es poseer la tierra sin sombras para siempre.
de marzo Atardecer de marzo en la mar cenicienta. El crepúsculo, lejos. ya no se ve, se sueña. Atardecer de marzo, tú estás aquí, tan cierta como esta dicha de ahora que me da tu presencia. Dame tu mano, inclina sobre mí tu cabeza y calla, no me rompas este paisaje y esta ternura que se alza desde ti y se me adentra por el cuerpo y el alma... Mírame, piensa y deja todo así como está sin besarme siquiera: el cielo alto y sereno que sobre el mar se espeja, en el aire parado la gaviota que vuela, y bajo nuestros pies éste poco de tierra... Dame tu mano, inclina sobre mí tu cabeza. Todo así como está sin besarme siquiera...
Como un pájaro herido
venía tu tristeza,
sus pobres alas mustias
sosteniéndote el alma.
Había un aire azul
con un cielo sin fondo
para volar...
Y el pájaro
leve de tu tristeza
voló a mi corazón
¡porqué tú me
querías!
El zumo de la noche me gotea con racimos de estrellas en la cara, y madura mi frente su luz triste, como una fruta sola sin su rama. He perdido mi tronco; ardientemente ha tajado el amor en sus entrañas con un hacha sombría. En otro cuerpo la ceniza enrojece de mi savia. A solas con la noche me he quedado, con mi carne tendida, fruta amarga. y suena el corazón, bajo mi pecho, con un crudo tañido de campana.
abril Cómo llegas, abril, con qué delgada planta de junco pisas en la arena. Un delirio de luz en cada vena y una gota de azul en la pisada. Una gota de azul, la delicada inundación de amor ceñida y plena, una esbelta delicia que encadena de inabarcable aroma desbordada. Algo en mí, que no es mío, se levanta surtidor de imposibles sensaciones, canta tu dicha y mi delicia canta. Y la honda transparencia de tenerte en la alta alegría que me impones vencedor cada día de la muerte.
Este día que viene a mis labios esgrimiendo su zumo de oro, moja el alma en su triste belleza, y la embriaga de sueños remotos. Todo acaba en su luz amarilla. Los recuerdos se borran, y de otro me parecen las manos que tocan, me parecen las cosas que lloro. No pensar en las hojas que sufren y olvidar el dolor de sus troncos. No saber si las nubes que nacen vuelven ya de un oscuro retorno... Mas sentir en el pecho, encendida por el viento que trae el otoño, una hoguera de fuego que, alegre, quema el mundo con un amor loco.
Nunca la palma blanca del amor podrá tocar en ti y abrir las fuentes de un alegre vivir, limpio y desnudo, que cante como un pájaro en tus sienes. Nunca, porque el amor deja a los hombres cuando dejan de serlo con la muerte. Como sombra de nube, si se apaga la luz, también el amor muere.
Llueven tus ojos palomas somnolientas de ceniza
que hieren lentamente
el silencio de este ciervo de
música que tengo entre los brazos.
(De Norte a Sur abre su boca
el firmamento
como un gran perro que tuviera dentadura de estrellas.)
Te quiero como nunca. Supón que te creciera el cabello
tantas veces
que fuera para mí un río navegable de pluma.
Supón mis veinte años, uno a uno en tus dedos
o mi sonrisa lenta
nevándote la frente.
Supón mis ojos tristes y pensativos, mudos,
viendo crecer el
fuego desde hace muchos años.
« Acércate. Más, más, / hasta palpar mis sueños. »
« Ahora que ya estoy solo / te llamo suavemente »
« Nunca he sabido si / acaso la muerte »
« Cuando dos cuerpos se unen para amar, / se quema más despacio la »
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