« Aún no sabes hablar, mas ya / tu vida »
José Luis Cano · A mi hija Teresa
Biografía y amplia selección de poemas de José Luis Cano. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de José Luis Cano. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
Aún no sabes hablar, mas ya tu vida para mi alma canta un hondo son: Diariamente se empapa el corazón de tu palabra torpe, tan querida. Se llena el alma de tu beso, erguida para alzarte y tenerte. Una pasión diariamente la enciende, una canción que nace de la vena más herida. Y un dulce frenesí. Tu carne siento trémula arder, rosada, tierna, pura, mientras la mía sueña enajenada. Oh tierra, oh desamparo, oh ciego viento que va perdido por la noche oscura y encuentra al fin la luz, la paz, la nada.
Si tu amor busco a solas, entregado a un éxtasis errante y sin conciencia, no sé qué resplandor de adolescencia unge mi piel, ya siempre a tu cuidado. Mi boca acerco a tu rumor nevado, purísimo sabor de tu presencia, espuma dulce para mi dolencia de soledad, al sol de tu costado. No sé a qué paraíso de indolentes me llevas o nos llevan así unidos, tu desnudo y mi sombra a la deriva. Sólo sé que tus labios transparentes hoy se entreabren dulces y vencidos al paso de mi sangre fugitiva.
Deja que el amoroso pensamiento dé a tu frente un temblor de agua invadida, y deja que mi sombra, en la avenida, acaricie tu seno soñoliento. La tarde eres tú y yo, sin otro aliento ni otro paisaje que la mar dormida. La vida es tu silencio, la vencida caricia de tu flor sin movimiento. Duermen las aves su clamor. El cielo boga su luz por tu mirada ausente. Sueñan tus ojos a la sombra mía. Sueña el aire en su orilla, y siento el vuelo cálido de mi sangre. Dulcemente va naciendo el amor, muriendo el día.
Sí, besarte es soñar. Y acariciarte, rozar, sorber el cielo más hermoso. Pero si el tiempo puede, al arrancarte tu belleza, tornar en doloroso recuerdo aquel mirar enajenado, aquel beso ardentísimo, aquel fuego, volcán de amor, y aquel dulce sosiego que sigue al jadear ebrio y callado, ¿Cómo sentir ligera, alada, pura la dicha del amor, si está ya herida por el mal que vendrá, nube de muerte, tiempo ya gris que empaña la hermosura cuando empieza a dar fruto, y más erguida arde su luz, y duele más perderte?
Lame, arena, su cuello, y ciñe fría su adormecido seno en ti yacente, que luego iré a besar esa serpiente de tu lengua, que el viento desvaría. Hiere mansa esa flor de la bahía que asume su mejilla húmedamente, y ciega esa callada boca ardiente que no quiere besar la boca mía. Roza luego su vientre, y la dorada piel besa de su cálida cintura, y allí en su centro queda enamorada. Que ya te templará la calentura otra flor de mi huerto bien rociada, si tu lengua se quema en su espesura.
Junto a la orilla de este mar quisiera a la sombra morir de su hermosura, entreabiertos los labios, y esta dura melancolía hiriendo el sol de fuera. Como otro pino más de la ribera quisiera allí soñar. Allí mi impura sangre desnudará su rama oscura y allí la tendrá el aire prisionera. A flor de arena el cuerpo amortecido, allí el vívido azul de la bahía hermoseará su nombre y su latido. Y el eco oiré, cual una melodía, de unos pies al pasar, ya en dulce olvido de tu hermosura, oh playa triste y mía.
Esa alondra de niebla que sostienes sobre el hálito malva de tu cima, esa guirnalda matinal que arrima un levante purísimo a tus sienes. Pálida el alma y desmayada tienes, mas tu sangre de roca no la anima a saltarse las trombas de tu clima durísimo de vientos y vaivenes. ¿Qué sueño la persigue y la desmaya, qué rumor triste a su llamada sueñas por el mundo pelado de tu playa? Mirando estoy tus sombras y cadenas, oh roca sin amor, y en mi atalaya tocando estoy tus alas y tus penas.
Este cuerpo de amor no necesita quemar su luz en otra ardiente rama. La lava en que se quema y que derrama, por su propio volcán se precipita. Tu hermosura sin voz sólo me incita, no un corazón ni el vuelo de una llama. Mi alimento es mi amor, y lo que ama mi sangre, es esa piel, que un astro imita. ¿Qué esconde esa belleza? Sólo espumas, Oh hermosa nada que a mi amor convoca, raudo cielo sin Dios, mar sin secreto. Pero besar todas sus dulces plumas es ya el único sino de esta boca, la única gloria ya de este esqueleto.
Una dura raigambre de alto helecho he elegido por tumba prematura en esta soledad de arena oscura donde gime la sangre de mi pecho. Lejos está el amor. Aquí cosecho un bronco sol para mi sepultura. Aquí crece mejor la quemadura que quiero para el fondo de mi pecho. Todo ese inmenso mar no bastaría para volver la vida y la mirada a esta osamenta gris, a este esqueleto. Hace tiempo que amó. Ya no sabría dar su ofrenda al amor, su calcinada sangre, su corazón lejano y quieto.
Cada día toco con mis manos la dicha la beso con mis labios la dejo que se duerma dulcemente en mi pecho que se despierte luego estremecida como un hermoso sueño. Enfrente el cielo, los pájaros y tu boca entreabierta sobre la calle con acacias y niños delicada y trémula como una sonata. Y desde mi terraza, íntima como una caricia ávido sorbo la tarde y su hermosura contemplo el avión rasgar sereno el aire puro y casi toco acaricio con mis dedos la luna inmensa posada con ternura sobre un árbol cercano. Poca cosa es lo que hace falta a veces para sentir la dicha una luz, una flor, una brisa, una mano en la nuestra o esta tarde que parece de carne de suavísimo nácar tarde entregada para un mirar lentísimo para entrarla despacio como un sueño en el alma para besarla pura, inmaterial y celeste.
« Aún no sabes hablar, mas ya / tu vida »
« Si tu amor busco a solas, / entregado »
« Deja que el amoroso / pensamiento »
« Sí, besarte es soñar. Y / acariciarte, »
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