« Como un diamante sobre el terciopelo / de un joyero de ébano sombrío, »
José Juan Tablada · Abraxa
Biografía y amplia selección de poemas de José Juan Tablada. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de José Juan Tablada. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
Como un diamante sobre el terciopelo de un joyero de ébano sombrío, abandona tu amor sobre mi hastío la diamantina claridad de un cielo. Rugió la tempestad...: muerto de frío, en ti -jardín en flor- posé mi vuelo, y te bañó mi torvo desconsuelo, ¡oh lirio! , en vez del matinal rocío. ¡Y ni un suspiro de tristeza exhalas! y dejas que mi frente pesarosa empolve con sus pésames tus galas, ¡y que te abrace al fin mi alma tediosa como crispa un murciélago sus alas sobre el cáliz fragante de una rosa! * * *
En el parque Un último sonrojo murió sobre tu frente... Caíste sobre el césped; la tarde sucumbía, Venus en el brumoso confín aparecía y rimando tus ansias sollozaba la fuente. ¿Viste acaso aquel lirio y cómo deshacía una a una sus hojas en la turbia corriente, cuando al eco obstinado de mi súplica ardiente respondiste anegando tu mirada en la mía? Ya en la actitud rendida que la caricia invoca, en la grama tendiste tus blancos brazos flojos rendida ante los ruegos de mi palabra loca. Y yo sobre tu cuerpo cayendo al fin de hinojos, miré todas las rosas sangrando entre tu boca ¡y todas las estrellas bajando hasta tus ojos! * * *
La lluvia obstinada y fría de aquella tarde brumosa, ¡desbarató muchos nidos y deshojó muchas rosas! Allá en la desierta sala frente a la ventana gótica, los dos solos. Él callado; ella pálida y tediosa finge desdén, y sus ojos están tristes y no lloran, y las crueles palabras que de su garganta brotan quieren vibrar y acarician, quieren herir y sollozan... La falta es nube de estío y las nubes se evaporan cuando surge el sol radiante; pero ella piensa orgullosa: ¡Cuando al corazón lastiman las faltas no se perdonan! Él medita que al agravio las rodillas no se doblan, y ambos callan pensativos frente a la ventana gótica... ¿Por qué no arrojan la máscara si al cabo los ojos lloran? ¿Por qué enmudecen los labios si las almas están rotas? ¡Ay, en vano los recuerdos tienden el ala y remontan los horizontes azules de las horas venturosas! En vano recuerda ella el despertar en la alcoba, cuando de la serenata se desprendían las notas ¡y sobre del blanco alféizar, aparecía en la sombra una mano que se alzaba con un puñado de rosas! En vano el galán medita en las palabras ansiosas, en la frente pensativa y en los besos de su novia. Los recuerdos vuelven tristes con las alas temblorosas, y ateridos se acurrucan otra vez en la memoria... ¡Ella firme piensa en que las faltas no se perdonan, y él se obstina en que al agravio las rodillas no se doblan! Mientras, en alas del viento las hojas secas sollozan por esa lluvia que sigue cayendo en la noche umbrosa, ¡desbaratando los nidos y deshojando las rosas! * * *
En su rostro ovalado palidece el marfil, la granada en sus labios dejó púrpura y miel, son sus cejas el rasgo de un oblicuo pincel y sus ojos dos gotas de opio negro y sutil. Cual las hojas de nácar de un extraño clavel florecieron las uñas de su mano infantil, que agitando en la sombra su abanico febril hace arder en sus sedas un dorado rondel... Arropada en su manto de brocado turquí, en la taza de jade bebe sorbos de té, mientras arde a sus plantas aromoso benjuí. ¡Mas irguióse la Venus y el encanto se fue, pues enjuto, en la cárcel de cruel borceguí, era un pie de faunesa de la Venus el pie!... * * *
Watteau ¡Manón, la de ebúrnea frente, la de cabello empolvado y vestidura crujiente, tus ojos me han cautivado! Eco de mi amor ardiente, el clavicordio ha cantado la serenata doliente y el rondel enamorado... ¡Ven! ¡El Amor que aletea lanza su flecha dorada, y en el mar que azul ondea surge ya la empavesada galera flordelisada que conduce a Citerea!
¡Ardores,
aromas y ritmos mantienes
en plural encanto y en prestigio vario,
y ardes y perfumas, en lentos vaivenes,
como un incensario!
* * *
Toda de blanco,
fmge tu traje
sobre tu flanco
griego ropaje.
De la Victoria
de Samotracia,
mientes la gloria
llena de gracia.
¡En vano ilusa
fijas el pie!...
Que no
eres musa
ni numen, que
sin que disciernas
un viento lírico
sobre tus piernas
sopla satírico;
pues aunque fatua
te alces extática,
no
eres la estatua
gloria del Atica...
pisan el suelo
yanke tus pies. ..
¡Y alto es el vuelo
de las Nikés!
* * *
¡Noche de sábado! Callada está la tierra y negro el cielo; late en mi pecho una balada de doloroso ritornelo El corazón desangra herido bajo el cilicio de las penas y corre el plomo derretido de la neurosis en mis venas ¡Amada ven!…¡Dale a mi frente el edredón de tu regazo y a mi locura dulcemente, lleva a la cárcel de tu abrazo! ¡Noche de sábado! En tu alcoba hay perfume de incensario, el oro brilla y la caoba tiene penumbras de sagrario. Y allá en el lecho do reposa tu cuerpo blanco, reverbera como custodia esplendorosa tu desatada cabellera. Toma el aspecto triste y frío de la enlutada religiosa y con el traje más sombrío viste tu carne voluptuosa. Con el murmullo de los rezos quiero la voz de tu ternura, y con el óleo de mis besos ungir de diosa tu hermosura. Quiero cambiar el grito ardiente de mis estrofas de otros días, por la salmodia reverente de las unciosas letanías; quiero en las gradas de tu lecho doblar temblando la rodilla y hacer del ara de tu lecho y de tu alcoba la capilla… Y celebrar ferviente y mudo, sobre tu cuerpo seductor, lleno de esencias y desnudo ¡la Misa Negra de mi amor! * * *
En la fúnebre bóveda no brillan las estrellas,
y sin embargo estriado
de tenebrosas huellas
sobre el profundo abismo la luz es móvil nata
do apenas un Erebo
de sombra se desliza,
y en esa temblorosa película de plata
en
perlas se deshace la ola que se riza.
Pero sobre la borda el nauta que se inclina
teme que finja un
sueño su rápido vislumbre
de incandescentes peces y flora submarina
y anémonas de fósforo entre árboles de lumbre,
y -de un pez luminoso al lívido fanal-
el cadáver de un náufrago,
que en la sombra total,
con los huesos tan blancos que parecen de
luz,
¡es igual
a una cruz
de cristal!...
* * *
Mi inconsolable soledad se asombra, pues no sé en la ansiedad con que deliro si no te puedo ver por tanta sombra o si es de noche porque no te miro... ¡Pues siempre que tú llegas, la tiniebla disipas, ya tu voz ya tu mirada el silencio de músicas se puebla y cae sobre la noche la alborada! Pasas, y al agitarse tu vestido entre rumores y fragancia, exhalas tibios aromas de jardín florido, brisas que soplan invisibles alas. Y tu voz impregnada de misterio evoca con sus cálidos murmullos musicales sollozos de salterio, gargantas de torcaz llenas de arrullos, fugitivo gemir de una fontana que detenerse en su correr quisiera en un remanso, al pie de una ventana adonde sufre un alma prisionera... Así es tu voz, que trémula y vibrante prolonga la tristeza que me inspira, y por mística y dulce es la distante campana donde un Ángelus suspira... O bien cuando la anima la alegría, tu boca en flor convierte en un tesoro y sus palabras cambia en pedrería la Sultana locuaz Boca-de-Oro. ¡Surge en la noche mi Sheherazada, y ante el milagro que su voz destella, parece que en la bóveda estrellada cada palabra suya es una estrella! ¡Y cuando al fin suspiras y te miro suspensa en lo infinito de tu duelo, pasa sobre mi alma tu suspiro como una estrella errante por el cielo! * * *
avenida ¡Mujeres que pasáis por la Quinta Avenida tan cerca de mis ojos, tan lejos de mi vida!... ¿Soñáis desnudas que en el baño os cae áureo Jove pluvial, como a Danae, o por ser impregnadas de un tesoro, al asalto de un toro de oro tendéis las ancas como Pasifae? ¿Sobáis con perversiones de cornac de broncíneo elefante la trompa metálica o transmutáis, urentes, de Karnak la sala hipóstila, en fálica? ¡Mujeres fire-proof a la pasión inertes, hijas de la mecánica Venus made in América; de vuestra fortaleza, la de las cajas fuertes, es el secreto... idéntica combinación numérica!
Pasas trotando como si huyeras
y se diría
que antros de vicio
buscando fueras
con las pupilas ardiendo al día
entre la sombra de
las ojeras...
Tu cuerpo trémulo se arrebuja
con turbadores gestos de vicio,
y vas furtiva como una bruja
bajo las iras del Santo Oficio.
Bajo el arco de los tacones
de tus empinados chapines,
corren los ríos de ilusiones
de tus amantes malandrines.
Cubres tu frente con el mantón
y
macerada por el pecado
a las campanas de la oración
tiemblas; el
cierzo te ha flagelado
con anatemas de Inquisición...
La brasa de los besos
chirría en tu saliva
y las ojeras de los excesos
orlan tu carne de siempreviva.
De adobos brujos tus carnes untas
y en fiel consorcio con tu lesbiana,
sobre una escoba las piernas
juntas
vuelas a un sabat de mariguana...
En tus ojos alucinados
por espejismos de vicio,
queman los siete pecados
raros fuegos de artificio.
En tu regazo tienes al diablo,
bajo
tus faldas arde la hoguera;
hace tres siglos tu sino fuera,
letra
y efigie de algún retablo,
morir quemada por hechicera. .
Cuando al toque de oración
flotando en negro mantón
en la penumbra apareces
y tus miradas destellas
un murciélago pareces
clavado con dos estrellas.
* * *
Una Piedra del Sol sobre el cielo de la mañana asoma en lo alto el ancho rostro de basalto a la orilla de un charco de obsidiana y parece que su boca vierte un reguero de sangre humana y zempazúchiles de muerte... Es del trigo del sol la gran piedra molar que hace el pan de los días en los molinos de la eternidad. Piedra de las cronologías, síntesis de los años y los días donde se exhala en silencioso canto el pertinaz espanto de las viejas mitologías... Los meses enflorados y agoreros en ella ensartan lunas de pálido tecali así como los cráneos hueros en el zompantli del teocali. En torno de esa tabla de la ley gladiatorios o místicos agrúpanse los meses entre bélicos cantos y rumores de preces como en torno de un rey... Y al final los días rezagados los Nemontemi... ¡Cinco enmascarados con pencas de maguey!... Días en cuyas noches se derrite la luna como turbio chalchihuite; en que mancha de sombra luce el oro del sol como la piel del tigre o como el girasol... Otros días sonoros y ricos como el trópico son, y si ruge el jaguar y vuelan las parvadas de pericos, ¡parece que la selva echó a volar! Y el relámpago de las guacamayas rasga el cielo -clamor y bandera- como si el eco y el vislumbre fuera de la legión del dios de las batallas. Y en pleno día las caudas de los quetzales suben y giran como fuegos artificiales, cual si cayeran astros o volaran las flores, o las minas de esmeraldas ascendieran en surtidores y se abatieran en festones de saucedales... El gran boa anaconda se mueve como río de sinuosos rastros y la espesura escalofría su largo dorso tenebroso y frío, taraceado de flores e incrustado de astros en simétrica geometría. Otras tardes inunda la llanura el salvaje tropel de los bisontes y sus jibas ondulan cual montes o proceloso mar de móvil oleaje. Y dejando a su paso todo roto en terrible crujir, se hunde en la selva el terremoto del Tapir... Los macacos aúllan en el bambú empinado; la iguana el tornasol de su iris cambió y el armadillo se ha salvado pues en su carapacho se escondió. Contraído en su concha, hecho un ovillo, rodó por la montaña noche y día ¡y salvo llegó al valle el armadillo! El águila que lo perseguía desde el azur adonde se cernía lo dio por muerto... ¡y a poco el armadillo al sol surgía como un santo ermitaño del desierto! Burló del águila la garra, mas al fin convertido en guitarra bajo la mano llena de amor patrio de un zapatista suriano, de la Tierra de Promisión, ial pie del Idolo del Atrio el armadillo canta la canción! * * *
El jardín
está lleno
de supiros de luz
Y por
sus
frondas
escurriendo
van
como
lá
gri
mas
las últimas
gotas
De la
lluvia
lunar. . . . . . .
* * *
Bajo el celeste pavor delira por la única estrella el cántico del ruiseñor. * * *
Hormigas sobre un grillo, inerte. Recuerdo de Gulliver en Liliput... * * *
« Como un diamante sobre el terciopelo / de un joyero de ébano sombrío, »
« Caíste sobre el césped; la / tarde sucumbía, »
« lluvia obstinada y fría / de aquella tarde brumosa, »
« En su rostro ovalado palidece el marfil, / la granada en sus labios »
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