Poesía Universal

José Juan Tablada

Biografía y amplia selección de poemas de José Juan Tablada. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de José Juan Tablada. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de José Juan Tablada

16 poemas seleccionados
1.

Abraxa

Como un diamante sobre el terciopelo 
		
de un joyero de ébano sombrío,
abandona tu amor sobre mi hastío

		la diamantina claridad de un cielo.

		
Rugió la tempestad...: muerto de frío,
en ti -jardín en flor- 
		posé mi vuelo,
y te bañó mi torvo desconsuelo,
¡oh lirio! , en vez 
		del matinal rocío.

		
¡Y ni un suspiro de tristeza exhalas!
y dejas que mi frente 
		pesarosa
empolve con sus pésames tus galas,

		
¡y que te abrace al fin mi alma tediosa
como crispa un murciélago 
		sus alas
sobre el cáliz fragante de una rosa!


		* * *
2.

* * *

En el parque


		Un último sonrojo murió sobre tu frente...
Caíste sobre el césped; la 
		tarde sucumbía,
Venus en el brumoso confín aparecía
y rimando tus 
		ansias sollozaba la fuente.

		
¿Viste acaso aquel lirio y cómo deshacía
una a una sus hojas en 
		la turbia corriente,
cuando al eco obstinado de mi súplica ardiente

		respondiste anegando tu mirada en la mía?

		
Ya en la actitud rendida que la caricia invoca,
en la grama 
		tendiste tus blancos brazos flojos
rendida ante los ruegos de mi 
		palabra loca.

		
Y yo sobre tu cuerpo cayendo al fin de hinojos,
miré todas las 
		rosas sangrando entre tu boca
¡y todas las estrellas bajando hasta 
		tus ojos!


		* * *
3.

En otoño

La 
		lluvia obstinada y fría
de aquella tarde brumosa,
¡desbarató 
		muchos nidos
y deshojó muchas rosas!

		
Allá en la desierta sala
frente a la ventana gótica,
los dos 
		solos. Él callado;
ella pálida y tediosa
finge desdén, y sus ojos

		están tristes y no lloran,
y las crueles palabras
que de su 
		garganta brotan
quieren vibrar y acarician,
quieren herir y 
		sollozan...
La falta es nube de estío
y las nubes se evaporan

		cuando surge el sol radiante;
pero ella piensa orgullosa:
¡Cuando 
		al corazón lastiman
las faltas no se perdonan!
Él medita que al 
		agravio
las rodillas no se doblan,
y ambos callan pensativos

		frente a la ventana gótica...
¿Por qué no arrojan la máscara
si al 
		cabo los ojos lloran?
¿Por qué enmudecen los labios
si las almas 
		están rotas?

		
¡Ay, en vano los recuerdos
tienden el ala y remontan
los 
		horizontes azules
de las horas venturosas!
En vano recuerda ella

		el despertar en la alcoba,
cuando de la serenata
se desprendían 
		las notas
¡y sobre del blanco alféizar,
aparecía en la sombra

		una mano que se alzaba
con un puñado de rosas!
En vano el galán 
		medita
en las palabras ansiosas,
en la frente pensativa
y en 
		los besos de su novia. 
		

Los recuerdos vuelven tristes
con las alas temblorosas,
y 
		ateridos se acurrucan
otra vez en la memoria...
¡Ella firme piensa 
		en que
las faltas no se perdonan,
y él se obstina en que al 
		agravio
las rodillas no se doblan!
Mientras, en alas del viento

		las hojas secas sollozan
por esa lluvia que sigue
cayendo en la 
		noche umbrosa,
¡desbaratando los nidos

		y deshojando las rosas!


		* * *
4.

La Venus china

En su rostro ovalado palidece el marfil,
la granada en sus labios 
		dejó púrpura y miel,
son sus cejas el rasgo de un oblicuo pincel
y 
		sus ojos dos gotas de opio negro y sutil.

		
Cual las hojas de nácar de un extraño clavel
florecieron las uñas 
		de su mano infantil,
que agitando en la sombra su abanico febril

		hace arder en sus sedas un dorado rondel...

		
Arropada en su manto de brocado turquí,
en la taza de jade bebe 
		sorbos de té,
mientras arde a sus plantas aromoso benjuí.

		
¡Mas irguióse la Venus y el encanto se fue,
pues enjuto, en la 
		cárcel de cruel borceguí,
era un pie de faunesa de la Venus el 
		pie!...


		* * *
5.

Soneto

Watteau


		¡Manón, la de ebúrnea frente,
la de cabello empolvado
y vestidura 
		crujiente,
tus ojos me han cautivado!

		
Eco de mi amor ardiente,
el clavicordio ha cantado
la serenata 
		doliente
y el rondel enamorado...

		
¡Ven! ¡El Amor que aletea
lanza su flecha dorada,
y en el mar 
		que azul ondea

		
surge ya la empavesada
galera flordelisada
que conduce a 
		Citerea!
6.

La bailadora

¡Ardores, 
		aromas y ritmos mantienes
en plural encanto y en prestigio vario,

		y ardes y perfumas, en lentos vaivenes,
                         
		como un incensario!


		* * *
7.

Lawn-tennis

Toda de blanco,
fmge tu traje
sobre tu flanco
griego ropaje.

		
                                                
		De la Victoria
                                                
		de Samotracia,
                                                
		mientes la gloria
                                                
		llena de gracia.

¡En vano ilusa
fijas el pie!...
Que no 
		eres musa
ni numen, que

		
                                                
		sin que disciernas
                                                
		un viento lírico
                                                
		sobre tus piernas
                                                
		sopla satírico;

pues aunque fatua
te alces extática,
no 
		eres la estatua
gloria del Atica...

		
                                                 
		pisan el suelo
                                                 
		yanke tus pies. ..
                                                 
		¡Y alto es el vuelo
                                                 
		de las Nikés!


		* * *
8.

Misa negra

¡Noche de sábado! Callada
está la tierra y negro el cielo;
late en 
		mi pecho una balada
de doloroso ritornelo

		
El corazón desangra herido 
bajo el cilicio de las penas
y 
		corre el plomo derretido
de la neurosis en mis venas

		
¡Amada ven!…¡Dale a mi frente
el edredón de tu regazo
y a mi 
		locura dulcemente, 
		
lleva a la cárcel de tu abrazo!

¡Noche de sábado! En tu 
		alcoba
hay perfume de incensario,
el oro brilla y la caoba

		tiene penumbras de sagrario.

		
Y allá en el lecho do reposa
tu cuerpo blanco, reverbera
como 
		custodia esplendorosa
tu desatada cabellera.

		
Toma el aspecto triste y frío
de la enlutada religiosa
y con 
		el traje más sombrío
viste tu carne voluptuosa.

		
Con el murmullo de los rezos
quiero la voz de tu ternura,
y 
		con el óleo de mis besos
ungir de diosa tu hermosura.

		
Quiero cambiar el grito ardiente
de mis estrofas de otros días,

		por la salmodia reverente
de las unciosas letanías;

		
quiero en las gradas de tu lecho
doblar temblando la rodilla
y 
		hacer del ara de tu lecho
y de tu alcoba la capilla…

		
Y celebrar ferviente y mudo,
sobre tu cuerpo seductor,
lleno 
		de esencias y desnudo
¡la Misa Negra de mi amor!


		* * *
9.

Noche del trópico

En la fúnebre bóveda no brillan las estrellas,
y sin embargo estriado 
		de tenebrosas huellas

		
sobre el profundo abismo la luz es móvil nata
do apenas un Erebo 
		de sombra se desliza,
y en esa temblorosa película de plata
en 
		perlas se deshace la ola que se riza.

		
Pero sobre la borda el nauta que se inclina
teme que finja un 
		sueño su rápido vislumbre
de incandescentes peces y flora submarina

		y anémonas de fósforo entre árboles de lumbre,

		
y -de un pez luminoso al lívido fanal-
el cadáver de un náufrago, 
		que en la sombra total,
con los huesos tan blancos que parecen de 
		luz,

		
                                       
		¡es igual
                                       
		a una cruz
                                       
		de cristal!...


		* * *
10.

Nocturno invierno

Mi inconsolable soledad se asombra,
pues no sé en la ansiedad con que 
		deliro
si no te puedo ver por tanta sombra
o si es de noche porque 
		no te miro...

		
¡Pues siempre que tú llegas, la tiniebla
disipas, ya tu voz ya tu 
		mirada
el silencio de músicas se puebla
y cae sobre la noche la 
		alborada!

		
Pasas, y al agitarse tu vestido
entre rumores y fragancia, 
		exhalas
tibios aromas de jardín florido,
brisas que soplan 
		invisibles alas.

		
Y tu voz impregnada de misterio
evoca con sus cálidos murmullos

		musicales sollozos de salterio,
gargantas de torcaz llenas de 
		arrullos,

		
fugitivo gemir de una fontana
que detenerse en su correr quisiera

		en un remanso, al pie de una ventana
adonde sufre un alma 
		prisionera...

		
Así es tu voz, que trémula y vibrante
prolonga la tristeza que me 
		inspira,
y por mística y dulce es la distante
campana donde un 
		Ángelus suspira...

		
O bien cuando la anima la alegría,
tu boca en flor convierte en 
		un tesoro
y sus palabras cambia en pedrería
la Sultana locuaz 
		Boca-de-Oro.

		
¡Surge en la noche mi Sheherazada,
y ante el milagro que su voz 
		destella,
parece que en la bóveda estrellada
cada palabra suya es 
		una estrella!

		
¡Y cuando al fin suspiras y te miro
suspensa en lo infinito de tu 
		duelo,
pasa sobre mi alma tu suspiro
como una estrella errante por 
		el cielo!


		* * *
11.

Quinta

avenida


		¡Mujeres que pasáis por la Quinta Avenida
tan cerca de mis ojos, tan 
		lejos de mi vida!...

		
¿Soñáis desnudas que en el baño os cae
áureo Jove pluvial, como a 
		Danae,
o por ser impregnadas de un tesoro,
al asalto de un toro de 
		oro
tendéis las ancas como Pasifae?

		
¿Sobáis con perversiones de cornac
de broncíneo elefante la 
		trompa metálica
o transmutáis, urentes, de Karnak
la sala 
		hipóstila, en fálica?

		
¡Mujeres fire-proof a la pasión inertes,
hijas de la mecánica 
		Venus made in América;
de vuestra fortaleza, la de las cajas fuertes,

		es el secreto... idéntica combinación numérica!
12.

Agua fuerte

Pasas trotando como si huyeras
y se diría
que antros de vicio 
		buscando fueras
con las pupilas ardiendo al día
entre la sombra de 
		las ojeras...

		
Tu cuerpo trémulo se arrebuja
con turbadores gestos de vicio,

		y vas furtiva como una bruja
bajo las iras del Santo Oficio.

		
                               
		Bajo el arco de los tacones
                               
		de tus empinados chapines,
                               
		corren los ríos de ilusiones
                               
		de tus amantes malandrines.

Cubres tu frente con el mantón
y 
		macerada por el pecado
a las campanas de la oración
tiemblas; el 
		cierzo te ha flagelado
con anatemas de Inquisición...


		                                
		La brasa de los besos
                                
		chirría en tu saliva
                                
		y las ojeras de los excesos
                                
		orlan tu carne de siempreviva.

De adobos brujos tus carnes untas

		y en fiel consorcio con tu lesbiana,
sobre una escoba las piernas 
		juntas
vuelas a un sabat de mariguana...

		
                                 
		En tus ojos alucinados
                                 
		por espejismos de vicio,
                                 
		queman los siete pecados
                                 
		raros fuegos de artificio.

En tu regazo tienes al diablo,
bajo 
		tus faldas arde la hoguera;
hace tres siglos tu sino fuera,
letra 
		y efigie de algún retablo,
morir quemada por hechicera. .

		
                                  
		Cuando al toque de oración
                                   
		flotando en negro mantón
                                  
		en la penumbra apareces
                                  
		y tus miradas destellas

                                  
		un murciélago pareces
                                  
		clavado con dos estrellas.


		* * *
13.

El ídolo en el atrio

Una Piedra del Sol
sobre el cielo de la mañana
asoma en lo alto

		el ancho rostro de basalto
a la orilla de un charco de obsidiana
y 
		parece que su boca vierte
un reguero de sangre humana
y 
		zempazúchiles de muerte...

		
Es del trigo del sol
la gran piedra molar
que hace el pan de 
		los días
en los molinos de la eternidad.

		
Piedra de las cronologías,
síntesis de los años y los días

		donde se exhala en silencioso canto
el pertinaz espanto
de las 
		viejas mitologías...

		
Los meses enflorados y agoreros
en ella ensartan lunas de pálido 
		tecali
así como los cráneos hueros
en el zompantli del teocali.

		
En torno de esa tabla de la ley
gladiatorios o místicos agrúpanse 
		los meses
entre bélicos cantos y rumores de preces
como en torno 
		de un rey...

		
Y al final los días rezagados
los Nemontemi... ¡Cinco 
		enmascarados
con pencas de maguey!...

		
Días en cuyas noches se derrite
la luna como turbio chalchihuite;

		en que mancha de sombra luce el oro del sol
como la piel del tigre o 
		como el girasol...

		
Otros días sonoros y ricos
como el trópico son, y si ruge el 
		jaguar
y vuelan las parvadas de pericos,
¡parece que la selva echó 
		a volar!

		
Y el relámpago de las guacamayas
rasga el cielo -clamor y 
		bandera-
como si el eco y el vislumbre fuera
de la legión del dios 
		de las batallas.

		
Y en pleno día las caudas de los quetzales
suben y giran como 
		fuegos artificiales,
cual si cayeran astros o volaran las flores,

		o las minas de esmeraldas ascendieran en surtidores
y se abatieran en 
		festones de saucedales...

		
El gran boa anaconda se mueve como río
de sinuosos rastros
y 
		la espesura escalofría
su largo dorso tenebroso y frío,
taraceado 
		de flores e incrustado de astros
en simétrica geometría.

		
Otras tardes inunda la llanura el salvaje
tropel de los bisontes

		y sus jibas ondulan cual montes
o proceloso mar de móvil oleaje.

		
Y dejando a su paso todo roto
en terrible crujir,
se hunde en 
		la selva el terremoto
del Tapir...

		
Los macacos aúllan en el bambú empinado;
la iguana el tornasol de 
		su iris cambió
y el armadillo se ha salvado
pues en su carapacho 
		se escondió.

		
Contraído en su concha, hecho un ovillo,
rodó por la montaña 
		noche y día
¡y salvo llegó al valle el armadillo!

		
El águila que lo perseguía
desde el azur adonde se cernía
lo 
		dio por muerto...
¡y a poco el armadillo al sol surgía
como un 
		santo ermitaño del desierto!

		
Burló del águila la garra,
mas al fin convertido en guitarra

		bajo la mano
llena de amor patrio
de un zapatista suriano,
de 
		la Tierra de Promisión,
ial pie del Idolo del Atrio
el armadillo 
		canta la canción!
		


		* * *
14.

El jardín está lleno e supiros de luz

El jardín 
		está lleno
                     
		de supiros de luz


		 
Y por 
		sus
                      
		frondas                   
		escurriendo                         
		van
como
                 
		lá
                       
		gri
                             
		mas                       
		las últimas                       
		gotas
De la
            
		
               
		lluvia

                            
		lunar. . . . . . .


		* * *
15.

El ruiseñor

Bajo el celeste pavor
delira por la única estrella
el cántico del 
		ruiseñor.


		* * *
16.

En Liliput

Hormigas sobre un
grillo, inerte. Recuerdo
de Gulliver en 
		Liliput...
		


		* * *

Versos y pensamientos de José Juan Tablada

4 citas
« Como un diamante sobre el terciopelo / de un joyero de ébano sombrío, »
José Juan Tablada · Abraxa
« Caíste sobre el césped; la / tarde sucumbía, »
José Juan Tablada · * * *
« lluvia obstinada y fría / de aquella tarde brumosa, »
José Juan Tablada · En otoño
« En su rostro ovalado palidece el marfil, / la granada en sus labios »
José Juan Tablada · La Venus china
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