Poesía Universal

José Emilio Pacheco

Biografía y amplia selección de poemas de José Emilio Pacheco. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de José Emilio Pacheco. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de José Emilio Pacheco

15 poemas seleccionados
1.

A quien pueda interesar

Que otros hagan aún
    el gran poema
los libros 
		unitarios
    las rotundas
obras que sean espejo
    
		de armonía

		
A mí sólo me importa
    el testimonio
del 
		momento que pasa
    las palabras
que dicta en su 
		fluir
    el tiempo en vuelo

		
La poesía que busco
    es como un diario
en 
		donde no hay proyecto ni medida
2.

Aceleraciã“n

Aceleración de la historia


		Escribo unas palabras
                                        
		y al mismo
ya dicen otra cosa
                                 
		significan
una intención distinta
                                       
		son ya dóciles
al Carbono 14
                         
		Criptogramas
de un pueblo remotísimo
                                            
		que busca
la escritura en tinieblas.
3.

Alta

traición


		No amo mi patria.
Su fulgor abstracto
     es 
		inasible.
Pero (aunque suene mal)
     daría 
		la vida
por diez lugares suyos,
     cierta 
		gente,
puertos, bosques de pinos,
     
		fortalezas,
una ciudad deshecha,
     gris, 
		monstruosa,
varias figuras de su historia,
     
		montañas
-y tres o cuatro ríos.
4.

Caverna

Es 
		verdad que los muertos tampoco duran
Ni siquiera la muerte permanece

		Todo vuelve a ser polvo

		
Pero la cueva preservó su entierro

Aquí están alineados 

		cada uno con su ofrenda
los huesos dueños de una historia secreta

		
Aquí sabemos a qué sabe la muerte
Aquí sabemos lo que sabe la 
		muerte
La piedra le dio vida a esta muerte
La piedra se hizo lava 
		de muerte

		
Todo está muerto
En esta cueva ni siquiera vive la muerte


		De "Islas a la deriva, 1973-1975"
5.

Copos

de nieve sobre 
		Wivenhoe

		
Entrecruzados 
caen, 
se aglomeran 
y un segundo después 
		
se han dispersado. 
Caen y dejan caer 
a la caída. 

		Inmateriales 
		
astros 
intangibles; 
infinitos, 
planetas en desplome.
6.

Contraelegía

Mi único 
		tema es lo que ya no está
Y mi obsesión se llama lo perdido
Mi 
		punzante estribillo es nunca más
Y sin embargo amo este cambio 
		perpetuo
este variar segundo tras segundo
porque sin él lo que 
		llamamos vida
           
		sería de piedra.
7.

El mar sigue adelante

Entre tanto guijarro de la orilla
  no sabe el mar
     
		en dónde deshacerse

		
¿Cuándo terminará su infernidad
   que lo ciñe
      
		a la tierra enemiga
        como 
		instrumento de tortura
          
		y no lo deja agonizar
            
		no le otorga un minuto de reposo?

Tigre entre la olarasca
  
		de su absoluta impermanencia
    Las vueltas
      
		jamás serán iguales
        La 
		prisión
          es 
		siempre idéntica a sí misma

		
Y cada ola quisiera ser la última
  quedarse congelada
     
		en la boca de sal y arena
         
		que mudamente
           
		le está diciendo siempre:
              
		Adelante
8.

El

pulpo


		Oscuro dios de las profundidades,
helecho, hongo, jacinto,
entre 
		rocas que nadie ha visto, allí, en el abismo,
donde al amanecer, 
		contra la lumbre del sol,
baja la noche al fondo del mar y el pulpo 
		le sorbe
con las ventosas de sus tentáculos tinta sombría.
Qué 
		belleza nocturna su esplendor si navega
en lo más penumbrosamente 
		salobre del agua madre,
para él cristalina y dulce.
Pero en la 
		playa que infestó la basura plástica
esa joya carnal del viscoso 
		vértigo
parece un monstruo; y están matando
/ a garrotazos / al 
		indefenso encallado.
Alguien lanzó un arpón y el pulpo respira muerte

		por la segunda asfixia que constituye su herida.
De sus labios no 
		mana sangre: brota la noche
y enluta el mar y desvanece la tierra,

		muy lentamente, mientras el pulpo se muere.
9.

El reposo del fuego

(Don de Heraclito)

		
Pero el agua recorre los cristales
musgosarnente :
ignora que 
		se altera,
lejos del sueño, todo lo existente.

		
Y el reposo del fuego es tomar forma
con su pleno poder de 
		transformarse.
fuego del aire y soledad del fuego.
al incendiar el 
		aire que es de fuego.
Fuego es el mundo que se extingue y prende

		para durar (fue siempre) eternamente.

		
Las cosas hoy dispersas se reúnen
y las que están más próximas se 
		alejan:

		
Soy y no soy aquel que te ha esperado
en el parque desierto una 
		mañana
junto al río irrepetible en donde entraba
(y no lo hará 
		jamás, nunca dos veces)
la luz de octubre rota en la espesura.

		
Y fue el olor del mar: una paloma,
como un arco de sal,
ardió 
		en el aire.

		
No estabas, no estarás
pero el oleaje
de una espuma remota 
		confluía
sobre mis actos y entre mis palabras
(únicas nunca 
		ajenas, nunca mías):
El mar que es agua pura ante los peces
jamás 
		ha de saciar la sed humana.
10.

Éxodo

En lo 
		alto del día
eres aquel que vuelve
a borrar de la arena la oquedad 
		de su paso;
el miserable héroe que escapó del combate
y apoyado en 
		su escudo mira arder la derrota;
el náufrago sin nombre que se aferra 
		a otro cuerpo
para que el mar no arroje su cadáver a solas;
el 
		perpetuo exiliado que en el desierto mira
crecer hondas ciudades que 
		en el sol retroceden;
el que clavó sus armas en la piel de un dios 
		muerto
el que escucha en el alba cantar un gallo y otro
porque las 
		profecías se están cumpliendo: atónito
y sin embargo cierto de haber 
		negado todo;
el que abre la mano
                                      
		y recibe la noche.
11.

Fin de siglo

«La sangre 
		derramada clama venganza».
Y la venganza no puede engendrar
sino 
		más sangre derramada
           
		¿Quién soy:
el guarda de mi hermano o aquel
           
		a quien adiestraron
para aceptar la muerte de los demás,
           
		no la propia muerte?
¿A nombre de qué puedo condenar a muerte
a 
		otros por lo que son o piensan?
Pero ¿cómo dejar impunes
la 
		tortura o el genocidio o el matar de hambre?
            
		No quiero nada para mí:
            
		sólo anhelo
            
		lo posible imposible:
            
		un mundo sin víctimas.

		
Cómo lograrlo no está en mi poder;
escapa a mi pequeñez, a mi 
		pobre intento
de vaciar el mar de sangre que es nuestro siglo


		con el 
		cuenco trémulo de la mano
Mientras escribo llega el crepúsculo

		cerca de mí los gritos que no han cesado
            
		no me dejan cerrar los ojos
12.

Gota de lluvia

Una gota 
		de lluvia temblaba en la enredadera.


		Toda la 
		noche estaba en esa humedad sombría


		que de 
		repente


		iluminó la 
		luna.
13.

Idilio

Con aire de fatiga entraba el mar
en el desfiladero
                            
		El viento helado
dispersaba la nieve de la montaña
y tú

		parecías un poco de primavera
anticipo
de la vida bullente bajo 
		los hielos
calor
         
		para la tierra muerta
cauterio
              
		de su corteza ensangrentada
Me enseñaste los nombres de las aves

		la edad
              
		de los pinos inconsolables
la hora
             
		en que suben y bajan las mareas

En la diafanidad de la mañana

		se borraban las penas
                                        
		la nostalgia
del extranjero
                         
		el rumor
de guerras y desastres
El mundo
                 
		volvía a ser un jardín
que repoblaban
                           
		los primeros fantasmas
una página en blanco
                                       
		una vasija
en donde sólo cupo aquel instante

El mar latía
                      
		En tus ojos
se anulaban los siglos
                                      
		la miseria
que llamamos historia
                                         
		el horror
que agazapa su insidia en el futuro
Y el viento
                    
		era otra vez la libertad
que en vano
                      
		intentamos fijar
en las banderas

Como un tañido funerario 
		entró
hasta el bosque un olor de muerte
Las aguas 
		
                  
		se mancharon de Iodo y de veneno
Y los guardias
                         
		llegaron a ahuyentamos
Porque sin damos cuenta pisábamos
el 
		terreno prohibido
                                  
		de la fábrica atroz
en que elaboran
                              
		defoliador y gas paralizante
14.

Indeseable

No me deja pasar el guardia.
He traspasado el límite de edad.

		Provengo de un país que ya no existe.
Mis papeles no están en orden.

		Me falta un sello.
Necesito otra firma.
No hablo el idioma.
No 
		tengo cuenta en el banco.
Reprobé el examen de admisión.

		Cancelaron mi puesto en la gran fábrica.
Me desemplearon hoy y para 
		siempre.
Carezco por completo de influencias.
Llevo aquí en este 
		mundo largo tiempo.
Y nuestros amos dicen que ya es hora
de 
		callarme y hundirme en la basura.
15.

La

diosa blanca


		Porque sabe cuánto la quiero y cómo hablo de ella en 
		
              
		su ausencia,
la nieve vino a despedirme.
Pintó de Brueghel los 
		árboles.
Hizo dibujo de Hosukai el campo sombrío.

		
Imposible dar gusto a todos.
La nieve que para mí es la diosa, la 
		novia,
Astarté, Diana, la eterna muchacha,
para otros es la 
		enemiga, la bruja, la condenable a la hoguera.
Estorba sus labores y 
		sus ganancias.
La odian por verla tanto y haber crecido con ella.

		La relacionan con el sudario y la muerte.

		
A mis ojos en cambio es la joven vida, la Diosa Blanca
que abre 
		los brazos y nos envuelve por un segundo y se marcha.
Le digo adiós, 
		hasta luego, espero volver a verte algún día.
Adiós, espuma del aire, 
		isla que dura un instante.

Versos y pensamientos de José Emilio Pacheco

4 citas
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