« Yo también podría decir algo acerca de eso. Guardaos / vuestras estrellas polares, vuestras interminables »
José Carlos Cataño · Amores ilustres
Biografía y amplia selección de poemas de José Carlos Cataño. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de José Carlos Cataño. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
Yo también podría decir algo acerca de eso. Guardaos vuestras estrellas polares, vuestras interminables noches de amor, vuestras damas exquisitas, vuestras hembras calientes como una mañana por Nyangabulé. Tanto me da. Acaso el amor sea el instante en que tiemblan dos cuerpos demorando derramarse el uno en el otro, los ojos en los ojos, la lengua en el secreto previo al desfallecimiento. Su rostro no era hermoso y era persona de pocas palabras. Tenía desde noviembre no sé qué semilla en agua, y ayer, como quien dice, se convirtió en un tallo finísimo, imparable, en la alegría de la casa. Tanto me río de lo que sobrevive al verano, que ya sé lo que es suficiente. De "El cónsul del mar del Norte", 1990
CONCÉDENOS, oh señor, la medida de nuestro infierno O, si no, una lucidez para vivir tranquilos. No esta desazón de la barca sin mar Ni puerto que la ampare? Que el amor también ha muerto. Haz de nosotros Tu pasto de sabiduría. Sángranos hasta amasar La alegría de la sangre con lo que del dolor nos queda. Configura nuestro cuerpo único A la medida de nuestra muerte única. De "Disparos en el paraíso", 1982
INMÃVILES os abandoné De cara a la desafiante luz de entonces. Si vuelvo Sin voz miráis En el fondo cada vez más lejano De aquello que envié en mi busca? Que conmigo partió a la deriva. Si vuelvo La vista atrás Una enamorada constelación me aleja De las palabras. De "Disparos en el paraíso", 1982
Imperceptible, un sol
Declina por las ramas de la costa
Hasta las ondas de poniente
Que agitan los insectos.
Aquí reposa el cuerpo en la húmeda
Tierra de la memoria.
Un grito hubiera roto la distancia.
El único retorno
Murmura en lo más alto de la densa arboleda
De eucaliptos bajo el cielo cubierto. La sombra
Del volcán vertida al mar es el último mar
Que se cierra a los ojos en medio de un gran sueño.
El mar que penetraba por el borde más alto
Del sol, será el último mar
Para dorar tu frente. Como
Si el mar que terminara
de un golpe
Cumpliera tu figura
De
"Disparos en el paraíso" 1982
Al fondo de esta tarde de tormenta Nada huye del sabor a duelo En las nubes que pasan. La confianza de que vendrá Otro amanecer, la cabaña Entre los sombríos redobles Del viento, Como invitando a danza O fin de asedio. No puedo darte nada más Que este ahora de todo en abandono, Como si cumpliera una respuesta o un deseo Que ya no importa. Montón de labios, presencia de cosas De repente, vislumbres que se apagan, Desolada siembra en los bordes de la crecida Avalancha que trastoca y confunde, Y todo lo inunda, y también termina. De libro inédito
Carece de importancia cómo dicen que me llamo. Carece de importancia la reputación que me sostiene. El primer cuerpo con que tropiece será el primero y el más hermoso, si no quiero morir bajo un montón de lealtades. El auténtico perdedor debe de ser un ganador nato, pues sólo así se entiende la insistencia, la meticulosidad que pone en la derrota. Nada, nada es en vano. Todos cumplen con su deber, todos tienen razón. Soy lo que me he dejado hacer y valgo lo que la longitud de un sable. Después de todo, la vida es un puente hacia la verdad, cuyo peso se enamora del abismo. De "El cónsul del mar del Norte", 1990
FUERA de juventud Nace la vida verdadera. Infancia sólo es tierra, Ya sólo tierra lo que beso. Si yo abro la memoria El aire allí su tumba encuentra. De "Disparos en el paraíso", 1982
como el canto LIGERO como el canto que no acaba Se ondula tu recuerdo en el verbero. Regresa y es el mismo. Despierto y no es un sueño, A tu vuelta inocente encadenado. La voz no sabe lo que canta. Tallas mi vida y no lo advierto. Hablo, Y siempre ignoro de quién hablo. De "Muerte sin ahí", 1986
« Yo también podría decir algo acerca de eso. Guardaos / vuestras estrellas polares, vuestras interminables »
« CONCÉDENOS, oh señor, la medida de nuestro infierno / O, si no, una lucidez para vivir tranquilos. »
« INMÃVILES os abandoné / De cara a la desafiante luz de entonces. »
« Imperceptible, un sol / Declina por las ramas de la costa »
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