« A ti la / siempre flor, la siempre viva »
José Antonio Muñoz Rojas · A ti la siempre flor, la siempre viva...
Biografía y amplia selección de poemas de José Antonio Muñoz Rojas. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de José Antonio Muñoz Rojas. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
A ti la siempre flor, la siempre viva raíz, la siempre voz de mi desvelo; a ti la siempre luz, el siempre cielo, abierto a dura piedra y verde oliva. A ti la siempre sangre fugitiva de cuanto en ti no halló razón y celo; a ti mi siempre verso, el siempre vuelo del torpe corazón y ala cautiva. A ti mis pensamientos aguardando antes de amanecer a que amanezca, para montar su guardia a memoria; a ti mis dulces sueños entornando puertas al alba porque no amanezca, y se pierda en la luz tu tierna historia.
Alguien me dice: Ten cuidado con Rosa que la matas, las rosas, no tocarlas mejor, no se te quede el corazón sin Rosa.
Divinamente dulce y bien plantada, en el florero, en las habitaciones como que tienes tierra en las honduras del corazón cantor, de la honda pena donde nacen las rosas de este mundo, la angustia que estercola la belleza, el temblor que te presta los colores, el rozar a que pides suavidades y la esperanza que te lleva aleve, !ala sobre las cosas, tan sin peso, tan con suspiro, prisa, tan diciendo: ¿Estás bien? Tengo prisa. ¿Soy hermosa?
es sólo deseo de ti, de tanta herida... Esto es sólo deseo de ti, de tanta herida diaria de ti como he sufrido, como sigo sufriendo con sólo decir Rosa. ¿Por qué me dueles tanto? Tus ocasiones no sé si vivo o muerto me tienen, porque quererte es morir y vivir, como se sabe a un tiempo.
Y se queda uno con la esperanza, colgando de su delgado hilo de tantas cosas colgando, de tantas esperanzas deshaciéndose, con tanto temor oculto, con tantos olvidos como caben en un instante, tantos olvidos vividos y padecidos, como para llenar una estrella. Y esa mujer que llegó hoy con su misterio, con su etereidad, que lo hace posible, que la define y la sostiene y ha dejado la casa llena de su misterio.
de siempre de las cosas claras... Hija de siempre de las cosas claras, las estancias de luz, las aguas donde la paz halla aposento, el tiempo tiene no paso mas temblor. El temblor queda. No te cumple lo torpe. Todo sale seguro al existir. No hay esperanza porque la dicha existe, la tenemos sin desear ni desazón. Se mide con hermosura todo. La hermosura fue en el comienzo. Su fluir no cesa.
dicha, qué es la dicha? La dicha, qué es la dicha? (La palabra no me hace feliz, dicho de paso). Yo diría que es sencillamente ir contigo de la mano, detenerse un momento porque un olor nos llama, una luz nos recorre, algo que nos calienta por dentro, que nos hace pensar que no es la vida, la que nos lleva, sino que nosotros somos la vida, que vivir es eso, sencillamente eso.
La madre soñaba oscuramente: Será rubio, tendrá estos ojos mismos, le amarán las muchachas. Una tarde, de pronto, llorará junto a una rosa. Le crecerá la angustia sin saberlo. y cada nuevo umbral será una herida. Temblará al traspasarlos, hijo mío. Acaso una paloma, acaso nada. El viento por la frente; las caídas hojas que se acumulan; los rumores del corazón callados: nadie sabe las formas repentinas de la dicha. Yo lo siento aquí hondo, en mis entrañas, el río de tu vida, que me deja una nostalgia antigua, una dulzura vieja en mi corazón, como la sangre. Me hace toda ribera, toda muro donde pasan las aguas de tus años. Vuelvo otra vez a ser niña que juega, corriendo como niña entre las rosas. ¡Oh sueño en mis entrañas! ¡Oh alto río, resonando de siempre en mis entrañas!
Me la encontré de pronto. Dije: ¡Rosa! ¿Por este corazón tú nuevamente? Tú, la Rosa de siempre inesperada, la dolorosa Rosa por quien vivo, (espiando la hermosura por si en ella vas ignorada, vas como las nubes o la belleza por la noche, mientras nosotros en el sueño. Así, de pronto. ¿Cómo esperar de pronto que en septiembre ocupado en las cosas de septiembre, en esperar la lluvia, arar el campo o fatigar el monte, tú vinieras, tan alegre diciendo: José mío, si vieras qué hermosura de viaje?
Muchos me dicen: ¿Y esa Rosa tuya es de verdad? Yo les contesto Rosa y verdad son sólo una. Rosa es el nombre de lo eterno, que ella, eterna, si pronunciara no sería rosa. Ni yo este corazón que vive de eso.
Nada tienes que ver con la poesía. Una cosa es poesía y otra rosa, aunque al nombrar los pétalos, las gentes piensen que los poetas no andan lejos. Mas no es verdad y sí que tras los pétalos andan los muladares, los canteros, los hortelanos, las fecundaciones, tus manos indudablemente bellas, que los recogen un momento, dudan, y los entregan a las aguas mansas.
« A ti la / siempre flor, la siempre viva »
« dice: Ten cuidado / con Rosa que la matas, »
« Divinamente dulce y bien plantada, / en el florero, en las habitaciones »
« Esto es / sólo deseo de ti, de tanta herida »
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