Poesía Universal

José Angel Valente

Biografía y amplia selección de poemas de José Ángel Valente. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....

Biografía lírica

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Biografía y amplia selección de poemas de José Ángel Valente. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de José Angel Valente

23 poemas seleccionados
1.

Ahora, amiga mía...

Ahora, amiga mía
que 
		una flor de papel preside el aire,
que el aire se deshace en dulces 
		pétalos
de jadeante miel en tus rodillas,
ahora que no hablamos 
		del otoño
ya nunca más
para no tropezar con tu mirada,
ahora 
		que te adentras por la vida,
ligera, según dices,
desposeída al 
		fin de prejuicios,
ideas recibidas, tiempo estéril,

		incomprensibles normas y principios,
ay -ahora
que la virginidad 
		navega todavía
como un barco vacío por oscuros telares,
por 
		intactos desvanes y sueños sin sentido,
qué hacer en medio de la 
		tarde,
cómo entregarse sin terror de pronto
y cómo confesar que 
		detrás de tu lecho
odiosa la inocencia,
inservibles los claros 
		pensamientos,
traicionan palabras aprendidas
en revistas de moda, 
		tópicos de vanguardia,
digo, tópicos que tan libre te hacen,

		aunque no de ti misma,
aunque no de tu vientre inopinado
donde 
		súbito baja,
feroz y sofocante, el duro golpe
del corazón.


		Qué tierna insensatez 
		la de estar solos,
la del estremecimiento vergonzoso
ante la voz 
		del hombre
Y el no estar a la altura de las propias palabras
con 
		esfuerzo aprendidas,
pues ahora
bien sencillo sería el acto del 
		amor
sin aquel eco
soez de sumergidas tradiciones
no expurgadas 
		a tiempo,
ahora que la misma indiferencia
de las frases audaces y 
		ante oídas
del loro varonil tan propicia parece,
si la 
		conversación no fuera ya pretexto,
argumento de un miedo mal oculto

		a no saber qué hacer en este trance.


		Demasiado tarde vuelves

		a recaer en frases y agudezas,
mientras escondes el temblor que sube,

		absurdamente provinciano y burdo,
de niña de agua dulce,
desusada 
		y antigua, hasta tus labios,
mientras repites al pic-up la misma

		canción francesa que nos gusta tanto,
que nos hace sentir más al 
		corriente,
casi no necios ni burgueses tristes.


		Qué fácil fuera ahora 
		desnudarse,
dejar caer el velo simplemente
sin el terror oscuro 
		que te ata
a los núbiles senos,
qué fácil fuera acaso si no fuera

		por la flor jadeante de papel amarillo
que preside la tarde,
por 
		el desasosiego súbito que oprime
hasta el dolor tu tímida cintura

		por la imposible confesión aciaga
de tu añeja inocencia,
por el 
		urbano gesto
de loro aclimatado a otras regiones
con que el varón 
		disfraza su animal procedencia,
por los pasos de alguien que se 
		acerca,
por el timbre que suena
como un ángel guardián ( te 
		ruboriza
sin poder evitarlo el pensamiento )
y la ocasión 
		disuelve, mientras tú más segura
recuperas ingenio y frases hechas,

		piensas que, al fin y al cabo, volverá a repetirse,
prefabricada como 
		es, y entonces
no dudarás en entregarte,
entonces-
es decir, 
		sin que llegue
el deseo a pasión ni la pasión a amor
ni el hálito 
		terrible del amor
al abrasado borde de tu cuerpo.
2.

Ahora

no tienes, 
		corazón, el vuelo...


		Ahora no tienes, 
		corazón, el vuelo 

		que te llevaba a las más altas cumbres. 

		

		Lates, reptante, entre las hojas secas 

		del amarillo otoño. 

		

		¿Y hasta cuándo en la secreta larva de ti? 

		

		¿ Volverás a nacer en la mañana, 

		a respirar la frialdad del aire 

		donde hay un pájaro? 

                                              
		¿Lo oyes? 

		

		Canta arriba, en las cimas, 

		como tú, como entonces. 

		

		Tú eres sólo latir cobijado en lo oscuro. 

		

		Al pájaro que fuiste dedicas este canto. 

		

                                                                                
		(El vuelo)
3.

Análisis del vientre

Aquel vientre era para ser observado con lupa,
pues bajo el cristal 
		cada pequeño pliegue,
cada rugosidad se hacía
multiplicado labio.

		
El amor, demasiado brutal,
jamás repararía,
el petulante de la 
		viril pasión
que el aire agota de un solo trago inútil
jamás 
		repararía.

		
Mas nosotros, mi amiga, analicemos
con la frialdad habitual a la 
		que sólo
el poema se presta
la difícil pasión de lo menos visible.
4.

Anónimo: versión

Cima del canto.

		El ruiseñor y tú

		ya sois lo mismo.
5.

Cae la noche

Cae la noche. 
                   
		El corazón desciende 
infinitos peldaños, 
enormes galerías, 

		hasta encontrar la pena.
Allí descansa, yace, 
		
allí, vencido, 
yace su propio ser.

                    
		El hombre puede 
cargarlo a sus espaldas
para ascender de nuevo

		hacia la luz penosamente: 
		
puede caminar para siempre,
caminar...
                     
		¡Tú que puedes,
danos nuestra resurrección de cada día!


		"Poemas a Lázaro" 1960
6.

Cerqué, cercaste....

Cerqué, cercaste,

		cercamos tu cuerpo, el mío, el tuyo,
como si fueran sólo un solo 
		cuerpo.
Lo cercamos en la noche.


		Alzose al alba la voz

		del hombre que rezaba.


		Tierra ajena y más 
		nuestra, allende, en lo lejano.


		Oí la voz.
Bajé 
		sobre tu cuerpo.
Se abrió, almendra.
bajé a lo alto
de ti, subí 
		a lo hondo.


		Oí la voz en el nacer

		del sol, en el acercamiento
y en la inseparación, en el eje
del 
		día y de la noche,
de ti y de mí.
Quedé, fui tú.
Y tú quedaste

		como eres tú, para siempre
encendida.
7.

Cã“mo

Cómo se abría 
		el cuerpo del amor herido...

		

		Cómo se abría el cuerpo del amor herido

		como si fuera un pájaro de fuego

		que entre las manos ciegas se incendiara.

		

		No supe el límite.

		

		Las aguas

		podían descender de tu cintura

		hasta el terrible borde de la sed,

		las aguas.

		

		De "Material memoria"
8.

Cuando te veo así, mi cuerpo, tan caído...

Cuando te veo así, mi 
		cuerpo, tan caído
por todos los rincones más oscuros
del alma, en 
		ti me miro,
igual que en un espejo de infinitas imágenes,
sin 
		acertar cuál de entre ellas
somos más tú y yo que las restantes.

		Morir.
Tal vez morir no sea más que esto,
volver suavemente, 
		cuerpo,
el perfil de tu rostro en los espejos
hacia el lado más 
		puro de la sombra.
9.

El

adiós

		
Entró y se inclinó hasta besarla
porque de ella recibía la 
		fuerza.

		
(La mujer lo miraba sin respuesta.)

Había un espejo 
		humedecido
que imitaba la vida vagamente.
Se apretó la corbata,

		el corazón,
sorbió un café desvanecido y turbio,
explicó sus 
		proyectos
para hoy,
sus sueños para ayer y sus deseos
para 
		nunca jamás.

		
(Ella lo contemplaba silenciosa.)

Habló de nuevo. Recordó la 
		lucha
de tantos días y el amor
pasado. La vida es algo inesperado,

		dijo. (Más frágiles que nunca las palabras.
Al fin calló con el 
		silencio de ella,
se acercó hasta sus labios
y lloró simplemente 
		sobre aquellos
labios ya para siempre sin respuesta.

		
"A modo de esperanza" 1955
10.

El amor está en lo que tendemos...

El amor está en lo que tendemos
(puentes, palabras ).

		
El amor está en todo lo que izamos
(risas, banderas).

Y en 
		lo que combatimos
(noche, vacío)
por verdadero amor.


		El amor está en cuanto 
		levantamos
(torres, promesas).

		
En cuanto recogemos y sembramos
(hijos, futuro).

Y en las 
		ruinas de lo que abatimos
(desposesión, mentira)
por verdadero 
		amor.


		"Breve son"   1968
11.

El ángel

Al amanecer,
cuando 
		la dureza del día es aún extraña
vuelvo a encontrarte en la precisa 
		línea
desde la que la noche retrocede.
Reconozco tu oscura 
		transparencia,
tu rostro no visible,
el ala o filo con el que he 
		luchado.
Estás o vuelves o reapareces
en el extremo límite, señor

		de lo indistinto.
No separes
la sombra de la luz que ella ha 
		engendrado.
12.

El círculo

Estaba la mujer con sus 
		dos senos,
su única cabeza giratoria,
la longitud de su sonrisa, 
		el aire
de estar y de alejarse sabiamente fingido.


		Estaba rodeada de sí 
		misma,
de admiración opaca y compartida,
bajo la oscura luz de las 
		miradas.


		La complacencia del 
		estar henchía
de estólida ternura los objetos cercanos.


		Estaba en pie sumándose 
		a su cuerpo.
Las palabras sonaban conllevando sentidos
superfluos 
		y crasos.

		
Giraba la mujer.


		Rebasaba su órbita

		como un pronunciamiento
de todo lo que es bello,
vacío, ritual, 
		sonoro, triste.
13.

El deseo era un punto inmóvil...

Los cuerpos se quedaban 
		del lado solitario del amor
como si uno a otro se negasen sin negar 
		el deseo
y en esa negación un nudo más fuerte que ellos mismos

		indefinidamente los uniera.


		¿Qué sabían los ojos y 
		las manos,
qué sabía la piel, qué retenía un cuerpo
de la 
		respiración del otro, quién hacía nacer
aquella lenta luz inmóvil

		como única forma del deseo?
14.

El pecado

El pecado nacía
como de negra nieve
y plumas misteriosas que 
		apagaban
el rechinar sombrío
de la ocasión y del lugar.

		
Goteaba exprimido
con un jadeo triste
en la pared del 
		arrepentimiento,
entre turbias caricias
de homosexualidad o de 
		perdón.

		
El pecado era el único
objeto de la vida.

Tutor inicuo de 
		ojerosas manos
y adolescentes húmedos colgando
en el desván de la 
		memoria muerta.
15.

El temblor

La lluvia 
como una 
		lengua de prensiles musgos 
		
parece recorrerme, buscarme la cerviz, 
bajar, 
lamer el eje 
		vertical, 
		
contar el número de vértebras que me separan 
de tu cuerpo 
		ausente. 
		


		Busco ahora despacio 
		con mi lengua 
		
la demorada huella de tu lengua 
hundida en mis salivas. 
		


		Bebo, te bebo 
en 
		las mansiones líquidas 
		
del paladar 
y en la humedad radiante de tus ingles, 
mientras 
		tu propia lengua me recorre 
		
y baja, 
retráctil y prensil, como la lengua 
oscura de la 
		lluvia. 
		


		La raíz del temblor 
		llena tu boca, 
		
tiembla, se vierte en ti 
y canta germinal en tu garganta.
16.

En

muchos tiempos...


		En muchos tiempos
tu 
		cabeza clara.

		
En muchas luces
tu cintura tibia.

En muchos siempres
tu 
		respuesta súbita.


		Tu cuerpo se prolonga 
		sumergido
hasta esta noche seca,
hasta esta sombra.
17.

Esta imagen de ti

Estabas a mi lado
y 
		más próxima a mí que mis sentidos.


		Hablabas desde dentro 
		del amor,
armada de su luz.
Nunca palabras
de amor más puras 
		respirara.


		Estaba tu cabeza 
		suavemente
inclinada hacia mí.
Tu largo pelo
y tu alegre 
		cintura.
Hablabas desde el centro del amor,
armada de su luz,

		en una tarde gris de cualquier día.


		Memoria de tu voz y de 
		tu cuerpo
mi juventud y mis palabras sean
y esta imagen de ti me 
		sobreviva.
18.

Estabas

desleída en la 
		dulzura...


		Estabas desleída en la 
		dulzura 

		de los secretos jugos de tu cuerpo 

		y te llevaba el agua 

		como a una larga cabellera verde 

		engendrada en los limas 

		obstinados del fondo. 

		

		Era tu forma ese deshacimiento. 

		Brotar. 

                  
		Fluir. 

                               
		Abandonarse. 

		Bajaba el aire hasta los límites 

		perfectos de tu piel. 

                                           
		Blancura. 

		Y ya oblicuo, el poniente la encendía 

		para nacer de ti aquella tarde 

		de qué lugar, qué tiempo, qué memoria. 

		

                                                       
		(Orillas del Sar)
19.

Graaal

Graal

		
Respiración oscura de la vulva.

En su latir latía el pez del 
		légamo
y yo latía en ti.
                          
		Me respiraste
en tu vacío lleno
y yo latía en ti y en ti latían

		la vulva, el verbo, el vértigo y el centro.
20.

Hay

una leve luz caída...


		Hay una leve luz caída

		entre las hojas de la tarde.
                                               
		Dame
tu mano y cruza
de puntillas conmigo
para nunca pisarla,

		para no arder tan tenue
en sus dormidas brasas
y consumirte lenta

		en el perfil del aire.

		
(Octubre)
21.

Hoy

andaba debajo de mí mismo...


		Hoy andaba debajo de mí 
		mismo 
		
sin saber lo que hacía. 

Hoy andaba debajo de la pena 
con 
		risa inexplicable. 
		

Hoy andaba debajo de la risa
con todo el llanto a cuestas.

		
Hoy andaba debajo de las aguas
sin que fuese milagro comparable.


		Hoy andaba debajo de la 
		muerte
y no reconocía sus cimientos.


		Andaba a la deriva por 
		debajo del cuerpo
confundiendo los dedos con los ojos.

		
Hoy andaba debajo de mí mismo
sin poder contenerme.


		"Breve son"1968
22.

Iluminación

Cómo podría aquí cuando 
		la tarde baja
con fina piel de leopardo hacia
tu demorado cuerpo

		no ver tu transparencia.


		Enciende sobre el aire 
		
mortal que nos rodea
tu luminosa sombra.
En lo recóndito
te 
		das sin terminar de darte y quedo
encendido de ti como respuesta

		engendrada de ti desde mi centro.


		Quién eres tú, quién 
		soy,
dónde terminan, dime, las fronteras
y en qué extremo
de tu 
		respiración o tu materia
no me respiro dentro de tu aliento.


		Que tus manos me hagan 
		para siempre,
que las mías te hagan para siempre
y pueda el tenue

		soplo de un dios hacer volar
al pajarillo de arcilla para siempre.
23.

Tú cantas por el aire.

La adolescente


		Ya baja mucha luz por 
		tus orillas,
nadie recuerda la invasión del frío.


		Ya los sueños no bastan 
		para darle
razón de ser a todos los suspiros.


		Tú cantas por el aire.


		Ya se ponen de verde 
		los vestidos.
Ya nadie sabe nada.
                                   
		Nadie sabe
ni cómo ni por qué ni cuándo ha sido.

Versos y pensamientos de José Angel Valente

4 citas
« que / una flor de papel preside el aire, »
José Angel Valente · Ahora, amiga mía...
« Ahora no tienes, / corazón, el vuelo »
José Angel Valente · Ahora
« Aquel vientre era para ser observado con lupa, / pues bajo el cristal »
José Angel Valente · Análisis del vientre
« Cima del canto. / El ruiseñor y tú »
José Angel Valente · Anónimo: versión
Biblioteca poética

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