« Mi corazón se siente satisfecho / de haberte amado y nunca poseído; »
José Angel Buesa · Amor insatisfecho
Biografía y amplia selección de poemas de José Ángel Buesa. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de José Ángel Buesa. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
Mi corazón se siente satisfecho de haberte amado y nunca poseído; así tu amor se salva del olvido igual que mi ternura del despecho. Jamás te vi desnuda sobre el lecho, ni oí tu voz muriéndose en mi oído; así ese bien fugaz no ha convertido un ancho amor en un placer estrecho. Cuanto el deleite suma a lo vivido acrecentado se lo resta el pecho, pues la ilusión se va por el sentido. Y en ese hacer y deshacer lo hecho, sólo un amor se salva del olvido, y es el amor que queda insatisfecho.
Solo tú y yo sabemos lo que ignora la gente al cambiar un saludo ceremonioso y frío, porque nadie sospecha que es falso tu desvío, ni cuánto amor esconde mi gesto indiferente. Solo tú y yo sabemos porqué mi boca miente, relatando la historia de un fugaz amorío; y tú apenas me escuchas y yo no te sonrío... y aún nos arde en los labios algún beso reciente. Solo tú y yo sabemos que existe una simiente germinando en la sombra de este surco vacío, porque su flor profunda no se ve, ni se siente. Y así, las dos orillas, tu corazón y el mío, pues, aunque las separa la corriente de un río, por debajo del río se unen secretamente.
Tardíamente, en el jardín sombrío, tardíamente entró una mariposa, transfigurando en alba milagrosa el deprimente anochecer de estío. Y, sedienta de miel y de rocío, tardíamente en el rosal se posa, pues ya se deshojó la última rosa con la primera ráfaga de frío. Y yo, que voy andando hacia el poniente, siento llegar maravillosamente, como esa mariposa, una ilusión; pero en mi otoño de melancolía, mariposa de amor, al fin del día, qué tarde llegas a mi corazón...
poética Ama tu verso, y ama sabiamente tu vida, la estrofa que mas vive, siempre es la mas vivida. Un mal verso supera la mas perfecta prosa, aunque en prosa y en verso digas la misma cosa. Así como el exceso de virtud hace el vicio, el exceso de arte llega a ser artificio. Escribe de tal modo que te entienda la gente, igual si es ignorante que si es indiferente. Cumple la ley suprema de desdeñarlas todas, sobre el cuerpo desnudo no envejecen las modas. Y sobre todo, en arte y vida, se diverso, pues solo así tu mente revivirá en tu verso.
Canción a la mujer lejana En ti recuerdo una mujer lejana, lejana de mi amor y de mi vida. A la vez diferente y parecida, como el atardecer y la mañana. En ti despierta esa mujer que duerme con tantas semejanzas misteriosas que muchas veces te pregunto cosas que solo ella podría responderme. Y te digo que es bella, porque es bella, pero no se decir, cuando lo digo, si pienso en ella porque estoy contigo o estoy contigo por pensar en ella. Y sin embargo si el azar mañana me enfrenta con ella de repente no seguiría a la mujer ausente por retener a la mujer cercana. Y sin amarte mas, pero tampoco sin separar tu mano de la mía, al verla simplemente te diría: "Esa mujer se te parece un poco".
Fue mía una noche. Llegó de repente, y huyó como el viento, repentinamente. Alumna curiosa que aprendió el placer, fue mía una noche. No la he vuelto a ver. Fue la noche sola de una sola estrella. Si miro las nubes, después pienso en ella. Mi amor no la busca; mi amor no la llama; la flor desprendida no vuelve a la rama, y las ilusiones son como un espejo que cuando se empaña pierde su reflejo. Fue mía una noche, locamente mía: me quema los labios su sed todavía. Bella como pocas, nunca fue más bella que soñando el sueño de la noche aquella. Su amor de una noche sigue siendo mío: la corriente pasa, pero queda el río; y si ella es la estrella de una noche sola, yo he sido en su playa la primera ola. Amor de una noche que ignoró el hastío. Somos las distantes orillas de un río, entre las que cruza la corriente clara, y el agua las une, pero las separa. Amor de una noche: si vuelves un día, ya no he de sentirte tan loca y tan mía. Más que la tortura de una herida abierta, mi amor ama el viento que cierra una puerta. El amor florece tierra movediza, y es ley de la llama trocarse en cenizas. El amor que vuelve, siempre vuelve en vano, así como un ciego que tiende la mano. Amor de una noche sin amanecer: ¡acaso prefiero no volverte a ver!
Ella no fue entre todas, la más bella, pero me dio el amor más hondo y largo. Otras me amaron más, y, sin embargo, a ninguna la quise como a ella. Acaso fue porque la amé de lejos, como una estrella desde mi ventana... Y la estrella que brilla más lejana nos parece que tiene mas reflejos. Tuve su amor como una cosa ajena como una playa cada vez más sola, que únicamente guarda de la ola una humedad de sal sobre la arena. Ella estuvo en mis brazos sin ser mía, como el agua en un cántaro sediento, como un perfume que se fue en el viento y que vuelve en el viento todavía. Me penetró su sed insatisfecha como un arado sobre la llanura, abriendo en su fugaz desgarradura la esperanza feliz de la cosecha. Ella fue lo cercano en lo remoto, pero llenaba todo lo vacío, como el viento en las velas del navío, como la luz en el espejo roto. Por eso aún pienso en la mujer aquella, la que me dio el amor más hondo y largo... Nunca fue mía. No era la más bella. Otras me amaron más ... Y, sin embargo, a ninguna la quise como a ella.
Tal vez guardes mi libro en alguna gaveta, sin que nadie descubra cuál relata su historia, pues será simplemente, los versos de un poeta, tras de arrancar la página de la dedicatoria... Y pasarán los años... Pero acaso algún día, o acaso alguna noche que estés sola en tu lecho, abrirás la gaveta - como una rebeldía, y leerás mi libro- tal vez como un despecho. Y brotará un perfume de una ilusión suprema sobre tu desencanto de esposa abandonada. Y entonces con orgullo, marcarás la página... y guardarás mi libro debajo de la almohada.
a Usted Según dicen, ya usted tiene otro amante. Lástima que la prisa nunca sea elegante. Yo sé que no es frecuente que una mujer hermosa, se resigne a ser viuda, sin haber sido esposa. Y me parece injusto discutirle el derecho de compartir sus penas sus goces y su lecho. Pero el amor señora, cuando llega el olvido, también tiene el derecho, de un final distinguido. Perdón... Si es que la hiere mi reproche... Perdón aunque sé que la herida no es en el corazón. Y para perdonarme... Piense si hay más despecho que en lo que yo le digo, que en lo que usted ha hecho. Pues sepa que una dama, con la espalda desnuda sin luto, en una fiesta, puede ser una viuda. Pero no como tantas de un difunto señor, sino para ella sola, viuda de un gran amor. Y nuestro amor recuerdo, fue un amor diferente, al menos al principio, ya no, naturalmente. Usted será el crepúsculo a la orilla del mar, que según quien lo mire será hermoso o vulgar. Usted será la flor que según quien la corta, es algo que no muere o algo que no importa. O acaso cierta noche de amor y de locura yo vivía un ensueño y... y usted una aventura. Sí... usted juró cien veces, ser para siempre mía yo besaba sus labios pero no lo creía. Usted sabe y perdóneme, que en ese juramento, influye demasiado la dirección del viento. Por eso no me extraña que ya tenga otro amante, a quien quizás, le jure lo mismo, en este instante. Y como usted señora, ya aprendió a ser infiel, a mí así de repente, me da pena por él. Sí, es cierto... alguna noche su puerta estuvo abierta y yo en otra ventana me olvidé de su puerta. O una tarde de lluvia se iluminó mi vida, mirándome en los ojos de una desconocida. Y también es posible, que mi amor indolente desdeñara su vaso bebiendo en la corriente. Sin embargo señora... Yo con sed o sin sed, nunca pensaba en otra... si la besaba a usted. Perdóneme de nuevo si le digo estas cosas; pero ni los rosales dan solamente rosas. Y no digo estas cosas, por usted, ni por mí, sino por... por los amores que terminan así. Pero vea señora... que diferencia había; entre usted que lloraba... y yo que sonreía. Pues nuestro amor concluye con finales diversos usted besando a otro... Yo escribiendo estos versos.
Hora de soledad y de melancolía, en que casi es de noche y casi no es de día. Hora para que vuelva todo lo que se fue hora para estar triste, sin preguntar por qué. Todo empieza a morir cuando nace el olvido. Y es tan dulce buscar lo que no se ha perdido... ¡Y es tan agria esta angustia terriblemente cierta de un gran amor dormido que de pronto despierta! Viendo pasar las nubes se comprende mejor que así como ellas cambian, va cambiando el amor, y aunque decimos: ¡Todo se olvida, todo pasa...! en las cenizas, a veces nos sorprende una brasa. Porque es triste creer que se secó una fuente, y que otro bebe el agua que brota nuevamente: o una estrella apagada que vuelve a ser estrella, y ver que hay otros ojos que están fijos en ella. Decimos: ¡Todo pasa, porque todo se olvida...! y el recuerdo entristece lo mejor de la vida. Apenas ha durado para amarte y perderte este amor que debía durar hasta la muerte. Fugaz como el contorno de una nube remota, tu amor nace en la espiga muriendo en la gaviota. Tu amor, cuando era mío, no me pertenecía. Hoy, aunque vas con otro, quizás eres mas mía. Tu amor es como el viento que cruza de repente: Ni se ve, ni se toca, pero existe y se siente. Tu amor es como un árbol que renunció a su altura, pero cuyas raíces abarcan la llanura. Tu amor me negó siempre lo poco que pedí, y hoy me da esta alegría de estar triste por ti. Y, aunque creí olvidarte, pienso en ti todavía, cuando, aun sin ser de noche, deja de ser de día.
Dejé mi copa en el brocal maldito. Grité hacia abajo, hacia el profundo hueco, pero el coro sarcástico del eco me devolvió multiplicado el grito. Llegaba tarde: el pozo estaba seco. Un gran golpe de viento llenó el pozo, y, al recorrer su vertical garganta, en su más honda hondura oí un sollozo, donde cantaba el agua y ya no canta... Brillaba entonces la primera estrella, pero el anochecer amanecía cuando me puse a comparar aquella profunda sed del pozo con la mía. Y allí dejé mi copa abandonada, con un tardío gesto de homenaje por quien se supo dar sin pedir nada al que calmó su sed y siguió el viaje... Y allí, junto al brocal ennegrecido, y el cubo roto y la inservible rueda, comprendí que no cabe en el olvido la ingratitud de un agua que se ha ido ni el espanto de un pozo que se queda...
Elegía lamentable Desde este mismo instante seremos dos extraños por estos pocos días, quien sabe cuántos años... yo seré en tu recuerdo como un libro prohibido uno de esos que nadie confiesa haber leído. Y así mañana, al vernos en la calle, al ocaso, tú bajaras los ojos y apretarás el paso, y yo, discretamente, me cambiaré de acera, o encenderé un cigarro, como si no te viera... Seremos dos extraños desde este mismo instante y pasarán los meses, y tendrás otro amante: y como eres bonita, sentimental y fiel, quizás, andando el tiempo, te casarás con él. Y ya, más que un esposo será como un amigo, aunque nunca le cuentes que has soñado conmigo, y aunque, tras tu sonrisa, de mujer satisfecha, se te empañen los ojos, al llegar una fecha. Acaso, cuando llueva, recordarás un día en que estuvimos juntos y en que también llovía. Y quizás nunca más te coloques aquel traje de terciopelo verde, con adornos de encaje. O harás un gesto mío, tal vez sin darte cuenta, cuando dobles tu almohada con mano soñolienta. Y domingo a domingo, cuando vayas a misa, de tu casa a la iglesia, perderás tu sonrisa. ¿Qué más puedo decirte? Serás la esposa honesta que abanica al marido cuando ronca la siesta: y tras fregar los platos y tras tender las camas, te pasarás las noches sacando crucigramas... Y así, años y años, hasta que, finalmente, te morirás un día, como toda la gente. Y voces que aún no existen sollozarán tu nombre, y cerrarán tus ojos los hijos de otro hombre.
Erguida en tu silencio y en tu orgullo, no sé con qué señor que te enamora, comentas a manera de murmullo: ¡Mirad ese es el hombre que me adora! Yo paso como siempre, absorto,... mudo, y tú nerviosamente te sonríes, sabiendo que detrás de mi saludo, te ahondas y después te me deslíes. Yo sé que ni te busco, ni te sigo, que nada te mendigo, ni reclamo, comento, nada más con un amigo: "Esa es la mujer que yo más amo". Yo sé que mi cariño recriminas, es claro tú no entiendes de esas cosas, qué sabe del perfume y las espinas, quien nunca estuvo al lado de las rosas. Tú sabes que jamás suplico nada, y me sabes cautivo de tus huellas, que vivo en la región de tu mirada, y comparto contigo las estrellas. Un día nos veremos nuevamente, y es lógico que bajes la cabeza, tendrás muchas arrugas en la frente, y el rostro entristecido y sin belleza. Serás menos sensual en la cadera, tus ojos no tendrán aquel hechizo, y aún murmuraré- ¡Si me quisiera! tú sólo pensarás: ¡Cuánto me quiso!
Decir adiós... La vida es eso. Y yo te digo adiós, y sigo... Volver a amar es el castigo de los que amaron con exceso. Amar y amar toda la vida, y arder y arder en esa llama. Y no saber por qué se ama... Y no saber por qué se olvida... Coger las rosas una a una, beber un vino y otro vino, y andar y andar por un camino que no conduce a parte alguna. Sentir más sed en cada fuente y ver más sombra en cada abismo, en este amor que es siempre el mismo, pero que siempre es diferente. Porque en el sordo desacuerdo de lo soñado y lo vivido, siempre, del fondo del olvido, nace la muerte de un recuerdo. Y en esta angustia que no cesa, que toca el alma y no la toca, besar la sombra de otra boca en cada boca que se besa...
Me llegabas en la brisa y en la espuma, tú, la perdida para siempre... Tú, la que ennoblecías el sabor del recuerdo, que ahora llegas más casta y más ausente... Me llegas en el viento que huele a lejanía, me llegas en la sal que sabe a muerte, tú, sombra arrinconada en un silencio; tú, la perdida para siempre... Ya no sé por qué sordo camino de la ausencia bajo que estrellas moribundas vienes, con los pies inseguros llenos de polvo y de rocío, tú, la perdida para siempre...
Mejor no quiero verte... sería tan sencillo cruzar dos o tres calles... Y tocar en tu puerta. Y tú me mirarías con tus ojos sin brillo sin poder sonreírme con tu sonrisa muerta. Mejor no quiero verte... porque va a hacerme daño pasar por aquel parque de la primera cita. Y no sé si aún florecen los jazmines de antaño ni sé quién es ahora la mujer más bonita. Mejor no quiero verte... porque andando en tu acera sentiré casi ajeno todo lo que fue mío. Aunque es sólo una esquina donde nadie me espera y unos cristales rotos en un balcón vacío. Sí... seguiré muriendo de mi pequeña muerte de hace ya tantos años el día que me fui pues por no verte vieja... mejor no quiero verte, pero tampoco quiero que me veas tu a mí.
« Mi corazón se siente satisfecho / de haberte amado y nunca poseído; »
« Solo tú y yo sabemos lo / que ignora la gente »
« Tardíamente, en el jardín sombrío, / tardíamente entró una mariposa, »
« poética / Ama tu verso, y ama sabiamente tu vida, »
Ediciones recomendadas para disfrutar de su obra poética completa y estudio crítico: