Poesía Universal

José Albi

Biografía y amplia selección de poemas de José Albi. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....

Biografía lírica

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Biografía y amplia selección de poemas de José Albi. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de José Albi

3 poemas seleccionados
1.

A brazo partido

Llevo en los huesos tanto amor metido 
	
que sólo en carne viva y a bandazos, 
voy capeando el mar de estos 
	dos brazos 
	
entre los que me encuentro sometido. 

No, no basta gritar, tomar 
	partido, 
	
morir hasta caerse uno a pedazos; 
hay que hundir a caricias y a 
	zarpazos 
	
tu corazón, tu corazón vencido. 

Quiero daros la vida que me 
	sobra,
	
y este amor que me arranca de los huesos. 
Vuestro mi corazón, 
	vuestra mi obra 
	

de compartir lo vuestro y nuestro y mío, 
consumidos en cólera y 
	en besos. 
	
Sólo a mi amor vuestro dolor confío.
2.

Amor lejano

Abro, de par en par, el viento, la ventana
y te contemplo, amor, voy 
	contemplando todo lo que fue mío:
los almendros alegres todavía, 
	
y el mar en los almendros, la luz en los almendros, 
y más mar 
	todavía allá a lo lejos.
Quizá piense en tu piel, 
	
quizá vaya pasando la mano por la corteza de los pinos, 
quizá los 
	años vayan cayendo como las gotas del grifo; 
	
quizá los siglos. 
Y quizá todavía te tenga entre los brazos,
como 
	ayer, como siempre. 
	

¿Oyes los montes? Puede que canten.
Puede que se derrumben,

	que se acuerden de ti, que te nombren, 
	
que inventen la palabra burbujeantes, nueva, '
como el agua de los 
	neveros despeñándose,
como mi voz en medio de la noche.
-¿Duermes, 
	amor? 
	
No me contesta nadie. Sé que duermes.
Bernia, como un gran perro bajo 
	la luna, 
	
se acurruca a mis pies. 
Oigo su palpitar estremecido.
Ifach, allá 
	a lo lejos, se nos hunde en el mar,
	
golpea las estrellas con su silencio. 
Más cerca, las luces 
	chiquitinas, lentas y fieles de Guadalest.
vuelvo a rozar tu sueño
tu 
	piel con luna, 
	
los dos ríos lejanos de tus piernas. 
Tú, montaña también, valle 
	dormido, 
	
mar toda tú.
-¿Duermes, amor? 
Gotea el grifo, ladra un perro 

	infinito, remoto como la eternidad.
Voy a ciegas, tanteo las paredes
y 
	los acantilados y los vientos. 
	
Te amé, te estoy amando, te estoy llamando.
Sólo un eco de piedra me 
	contesta: 
	
Aytana, Chortá, Bernia...
La casa está vacía. 
El silencio respira 
	aquí, a mi lado.
3.

Definitiva soledad

¿Oyes el mar?
Eternamente estaremos escuchándolo.
Lo llevaremos dentro 
	como la sangre, como la paz
como te llevo a ti misma.
Todo, todo irá 
	acabando: la tristeza, la vida,
la soledad tan grande en que me has 
	dejado.
Sólo el mar, amor mío, el mar sigue existiendo.
Me asomo: lo 
	contemplo desde esta tarde lenta,
desde esta fría y herrumbrosa baranda

	adonde no te asomas.

	
Amor, no estás conmigo. ¿Ves el silencio en torno?
Baja como las 
	olas, 
	
me roza como el río de tu piel,
se aleja para siempre.
Tú, mar, 
	eterno mar de mi sueño,
sueño ya tú, lejana, irremediable. 
	

El viento te acaricia. Yo soy el viento.
Pero estoy solo.
Y 
	tú, tú estás lejana.
Sólo el mar te recuerda, te vive, te arrebata.

	Siento tus labios, que es sentirte entera;
siento tu carne, calladamente 
	mía.
Mis manos en el aire te dan vida,
y la playa, ya inútil sin tu 
	huella,
deshabitada y torpe se aleja como el día.
Sólo la tarde 
	existe;
existe y va muriendo. Unos dedos de espuma
me agitan los 
	cabellos; 
	
unas hojas doradas por el sol van cayendo.
Quizá son tus palabras,

	quizá el cerco ya inútil de tus brazos.

	
Escucha, amor, te voy nombrando
como te nombra el mar. Algún abismo

	se quiebra no sé dónde, y este mar que respiro 
	
                                                                
	no es el mío
con capiteles rotos y con mirto.
Es tu terrible mar, tu 
	ecuatoriana selva,
como tú, tormentosa; como tú, quieta, insospechada, 
	dulce,
y otra vez angustiosa y arrebatada. Amor,
me vas muriendo. Este 
	mar que era nuestro 
	
me mira indiferente. Quisiera levantarme 
como un viento tremendo

	y sacudir las velas, descerrajar los brazos,
morirme a chorros.
Pero 
	sólo el silencio. Yo, acodado en en el aire, 
	
contemplo tu recuerdo. 
No hay más que arena.
La ciudad, a lo 
	lejos, se desdibuja. 
	
Es un humo borroso como el olvido.
Ahora estiro los brazos y te 
	busco. 
	
Aquí están nuestras rocas. El mar se mira en ellas;  
también te 
	busca. 
	
Una estrella de mar va acariciando mi sombra: 
mi sombra que, sin la 
	tuya, no es más que un pozo seco. 
	
Esta tarde es como media vida: la media que me falta. 
                                                
	La que tú te has llevado.
No, no has venido. 
Eternamente no vendrás. 
	Caerán constelaciones,
se hundirán montes, siglos, tempestades, 
	
y no vendrás. Y yo estaré mirando 
lo que nos une todavía: el mar.

	Un buque remotísimo buscará el horizonte;
pasará una pescador con sus 
	cañas al hombro.
Sólo tú no vendrás. 
	
No vendrás nunca.

Versos y pensamientos de José Albi

3 citas
« Llevo en los huesos tanto amor metido / que sólo en carne viva y a bandazos, »
José Albi · A brazo partido
« Abro, de par en par, el viento, la ventana / y te contemplo, amor, voy »
José Albi · Amor lejano
« ¿Oyes el mar? / Eternamente estaremos escuchándolo. »
José Albi · Definitiva soledad
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