Poesía Universal

José Agustín Goytisolo

Biografía y amplia selección de poemas de José Agustín Goytisolo. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de José Agustín Goytisolo. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de José Agustín Goytisolo

13 poemas seleccionados
1.

Alguna noche

Alguna noche -las fogatas eran
de dolor o de júbilo-
la casa te 
		veía desertar.

		
Te abrías a una vida
distinta, a un mundo
alegre como los ojos 
		de un dios:
voces mayores, fuegos de artificio,
inacabable noche 
		de San Juan
en tu estancia vacía...

		
El tiempo se agrandaba en los rincones,
se detenía en torno al 
		corazón,
mientras el estruendo proseguía,
lejos, lejos, quién sabe 
		si real.

		
Después, todo más claro:
los sonidos pequeños, el crujido de un 
		mueble
la lluvia en el desván.

		
Nueva vida a las cosas, el alba aparecía,
y tú llegabas, 
		amorosamente.
2.

Así...

Algunas veces llego

		presuroso, rodeo
tus rodillas, toco
tu pelo. ¡Ay Dios, quisiera

		decirte tantas cosas!
Te compraré un pañuelo,
seré buen chico, 
		haremos
un viaje....No sé,
no sé lo que me pasa.


		Quiero morir así,

		así en tus brazos.
3.

Como la piel de un fruto, suave...

Como la piel de un fruto, suave
a la amenaza de los dientes,

		iluminada, alegre casi,
ibas camino de la muerte.

		
La vida estaba en todas partes:
en tu cabello, sobre el césped,

		sobre la tierra que añorabas,
sobre los chopos,  por tu 
		frente...

		
Todo pasó, tal un verano,
sobre tu carne pura y breve.
Como la 
		piel de un fruto, ¡eras
tan olorosa y atrayente!
4.

Cuando todo suceda

Digo: comience el 
		sendero a serpear
delante de la casa. Vuelva el día
vivido a 
		transportarme
lejano entre los chopos.


		Allí te esperaré.


		Me anunciará tu paso el 
		breve salto
de un pájaro en ese instante fresco y huidizo
que 
		determina el vuelo,
y la hierba otra vez como una orilla
cederá 
		poco a poco a tu presencia.


		Te volveré a mirar, a 
		sonreír
desde el borde del agua.
Sé lo que me dirás. Conozco el 
		soplo
de tus labios mojados:
tardabas en llegar. Y luego un beso

		repetido en el río.


		De nuevo en pie 
		siguiendo tu figura
regresaré a la casa lentamente
cuando todo 
		suceda.
5.

Donde tú no estuvieras

Dónde tú no estuvieras,

		como en este recinto, cercada por la vida,
en cualquier paradero, 
		conocido o distante,
leería tu nombre.


		Aquí, cuando empezaste 
		a vivir para el mármol,
cuando se abrió a la sombra tu cuerpo 
		desgarrado,
pusieron una fecha: diecisiete de marzo. Y suspiraron

		tranquilos, y rezaron por ti. Te concluyeron.


		Alrededor de ti, de lo 
		que fuiste,
en pozos similares, y en funestos estantes,
otros, sal 
		o ceniza, te hacen imperceptible.


		Lo miro todo, lo palpo 
		todo:
hierros, urnas, altares,
una antigua vasija, retratos 
		carcomidos por la lluvia,
citas sagradas, nombres,
anillos de 
		latón, sucias coronas, horribles
poesías...
Quiero ser familiar 
		con todo esto.


		Pero tu nombre sigue 
		aquí,
tu ausencia y tu recuerdo
siguen aquí.


		                               
		¡Aquí!


		donde tú no estarías,

		si una hermosa mañana, con música de flores,
los dioses no te 
		hubieran olvidado.
6.

El aire huele a humo

A Gabriel Celaya 

¿Qué hará con la memoria 
		
de esta noche tan clara 
cuando todo termine? 
¿Qué hacer si 
		cae la sed 
		
sabiendo que está lejos 
la fuente en que bebía? 

¿Qué 
		hará de este deseo 
		
de terminar mil veces 
por volver a encontrarle? 

¿Qué 
		hacer cuando un mal aire 
		
de tristeza la envuelva 
igual que un maleficio? 

¿Qué 
		hará bajo el otoño 
		
si el aire huele a humo 
y a pólvora y a besos? 

¿Qué 
		hacer?¿Qué hará? Preguntas 
		
a un azar que ya tiene 
las suertes repartidas.
7.

El oficio del poeta

Contemplar las palabras 
		
sobre el papel escritas, 
medirlas, sopesar 
su cuerpo en el 
		conjunto 
		
del poema, y después, 
igual que un artesano, 
separarse a 
		mirar 
		
cómo la luz emerge 
de la sutil textura. 
Así es el viejo 
		oficio 
		
del poeta, que comienza 
en la idea, en el soplo 
sobre el 
		polvo infinito 
		
de la memoria, sobre 
la experiencia vivida, 
la historia, los 
		deseos, 
		
las pasiones del hombre. 

La materia del canto 
nos lo ha 
		ofrecido el pueblo 
		
con su voz. Devolvamos 
las palabras reunidas 
a su auténtico 
		dueño.
8.

El que cuenta las campanadas

El amante de 
		medianoche, 
		
el que ansió que ella le siguiera, 
el que cuenta las campanadas 
		
como un enfermo desahuciado; 
el que pone cara de cárcel 

		cuando se mira en el espejo: 
		
es el furtivo que no duerme 
acechando a su compañera, 
y ella 
		es feliz porque ahora 
		
vive una noche tan inefable 
y tan honda como la muerte.
9.

En este mismo instante...

En este mismo instante 
hay un hombre que sufre, 
		
un hombre torturado 
tan sólo por amar 
la libertad. Ignoro 
		
dónde vive, qué lengua 
habla, de qué color 
tiene la piel, 
		cómo 
		
se llama, pero 
en este mismo instante, 
cuando tus ojos leen 
		
mi pequeño poema, 
ese hombre existe, grita, 
se puede oír su 
		llanto 
		
de animal acosado, 
mientras muerde sus labios 
para no 
		denunciar 
		
a los amigos. ¿Oyes? 
Un hombre solo 
grita maniatado, existe 
		
en algún sitio. ¿He dicho solo? 
¿No sientes, como yo, 
el 
		dolor de su cuerpo 
		
repetido en el tuyo? 
¿No te mana la sangre 
bajo los golpes 
		ciegos? 
		
Nadie está solo. Ahora, 
en este mismo instante, 
también a ti 
		y a mí 
		
nos tienen maniatados.
10.

Esa flor instantánea

Miedo a perderse ambos, 
		
vivir el uno sin el otro: 
miedo a estar alejados 
en el 
		viento de la niebla, 
		
en los pasos del día, 
en la luz del relámpago, 
en cualquier 
		parte. Miedo 
		
que les hace abrazarse, 
unirse en este aire 
que ahora juntos 
		respiran. 
		
Y se buscan y se buscan 
esa flor instantánea 
que cuando se 
		consigue 
		
se deshace en un soplo 
y hay que ir a encontrar otras 
en el 
		jardín umbrío. 
		
Miedo; bendito miedo 
que propicia el deseo 
la agonía y el 
		rapto, 
		
de los que mueren juntos 
y resucitan luego.
11.

Esos locos furiosos increíbles

Llegan apresurados y nunca dicen para qué 
ni de dónde proceden 
		
y enseguida te piden dos mil francos 
que casi siempre te han de 
		devolver 
		
o te quitan la toalla sin respeto 
cuando te estás duchando 

		se ponen la colonia los polvos el masaje 
		
la loción de tu novio o de tu hija 
te arrastran a lugares 
		espantosos o bellos 
		
y ni siquiera piden tu opinión 
y beben prodigiosamente se ponen 
		a cantar 
		
en cualquier parte 
o arman la del gran dios en un bar miserable
		
y por motivos nimios 
siempre siempre avasallan te compran un 
		sombrero 
		
o unas flores 
y un día salen al galope quizá hacia los infiernos 
		
qué desastre. 

Señora caballero muchachita asustada 

		militante de un partido ecologista: 
		
si se tropieza usted con uno de esos 
locos furiosos increíbles 
		
no le deje escapar llévelo a casa 
son tiernos como niños 
a 
		veces tienen frío quién sabe si es porque 
		
les han pegado duro 
duermen poco se lavan todo el rato y son muy 
		
besucones y mirones 
pero cuidan los libros sacan todas las 
		noches 
		
el cubo de basura a la escalera 
y están sólo pendientes de tener 
		siempre 
		
un cenicero al lado. 

Tienen por fin el gran inconveniente: 
		
se van mas vuelven pronto 
duran toda la vida.
12.

La

fuente perdurable

		

		Se estremeció al contacto de las manos

		y ofrecía su cuerpo al alfarero

		que ella siempre anheló: primero el rostro

		después el talle luego las rodillas.

		

		¡Oh sí! Mujer de barro que se vuelve

		cántaro de aguamiel vasija húmeda

		copa de vino para los desmayos

		maceta de albahaca taza honda

		

		cáliz de olor jofaina regalada

		pila bajo la fuente perdurable

		lamparilla de aceite que alumbrara

		

		noches sin sueño y páginas de un libro

		que está por escribir. ¡Oh sí; ser barro!

		Barro que ha descubierto a su alfarero.
13.

La noche le es propicia

Todo fue muy sencillo: 
		
ocurrió que las manos 
que ella amaba, 
tomaron por sorpresa 
		
su piel y sus cabellos; 
que la lengua 
descubrió su deleite. 
		
¡Ah! detener el tiempo! 
Aunque la historia 
tan sólo ha 
		comenzado 
		
y sepa que la noche 
le es propicia, 
teme que con el alba 

		continúe su sed 
		
igual que siempre. 
Ahora el amor la invade 
una vez más. ¡Oh 
		tú
		
que estás bebiendo! 
Apiádate de ella, 
su garganta está seca, 
		
ni hablar puede. 
Pero escucha su herido, 
respira la agonía 
		
de un éxtasis y el ruego: 
¡no te vayas, no, no te vayas. 

		¡Quiero beber yo!

Versos y pensamientos de José Agustín Goytisolo

4 citas
« Alguna noche -las fogatas eran / de dolor o de júbilo- »
José Agustín Goytisolo · Alguna noche
« Algunas veces llego / presuroso, rodeo »
José Agustín Goytisolo · Así...
« Como la piel de un fruto, suave / a la amenaza de los dientes, »
José Agustín Goytisolo · Como la piel de un fruto, suave...
« Digo: comience el / sendero a serpear »
José Agustín Goytisolo · Cuando todo suceda
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