Poesía Universal

Jorge Teillier

Biografía y amplia selección de poemas de Jorge Teillier. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Jorge Teillier. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Jorge Teillier

11 poemas seleccionados
1.

Andenes

Te gusta llegar a la estación

		cuando el reloj de pared tictaquea,

		tictaquea en la oficina del jefe-estación.

		Cuando la tarde cierra sus párpados

		de viajera fatigada

		y los rieles ya se pierden

		bajo el hollín de la oscuridad.

		

		Te gusta quedarte en la estación desierta

		cuando no puedes abolir la memoria,

		como las nubes de vapor

		los contornos de las locomotoras,

		y te gusta ver pasar al viento

		que silba como un vagabundo

		aburrido de caminar sobre los rieles.

		

		Tictaqueo del reloj. Ves de nuevo

		los pueblos cuyos nombres nunca aprendiste,

		el pueblo donde querías llegar

		como el niño el día de su cumpleaños

		y los viajes de vuelta de vacaciones

		cuando eras  -para los parientes que te esperaban-

		sólo un alumno fracasado con olor a cerveza.

		

		Tictaqueo del reloj. El jefe-estación

		juega un solitario. El reloj sigue diciendo

		que la noche es el único tren

		que puede llegar a este pueblo,

		y a ti te gusta estar inmóvil escuchándolo

		mientras el hollín de la oscuridad

		hace desaparecer los durmientes de la vía.


		De "El 
		árbol de la memoria" 1961
2.

Botella al mar

Y tú 
		quieres oír, tú quieres entender. Y yo

		te digo: olvida lo que oyes, lees o escribes.

		Lo que escribo no es para ti, ni para mí, ni

		para los iniciados. Es para la niña que nadie

		saca a bailar, es para los hermanos que

		afrontan la borrachera y a quienes desdeñan

		los que se creen santos, profetas o poderosos.


		De 
		"Cartas para reinas y otras primaveras" 1985
3.

Carta a Mariana

¿Qué película te gustaría ver?

		¿Qué canción te gustaría oír?

		Esta noche no tengo a nadie

		a quien hacerle estas preguntas.

		

		Me escribes desde una ciudad que odias

		a las nueve y media de la noche.

		Cierto, yo estaba bebiendo,

		mientras tú oías Bach y pensabas volar.

		

		No creí que iba a recordarte

		ni creí que te acordarías de mí.

		¿ Por qué me escribiste esa carta?

		Ya no podré ir solo al cine.

		

		Es cierto que haremos el amor

		y lo haremos como me gusta a mí:

		todo un día de persianas cerradas

		hasta que tu cuerpo reemplace al sol.

		

		Acuérdate que mi signo es Cáncer,

		pequeña Acuario, sauce llorón.

		Leeremos libros de astrología

		para inventar nuevas supersticiones.

		

		Me escribes que tendremos una casa

		aunque yo he perdido tantas casas.

		Aunque tú piensas tanto en volar

		y yo con los amigos tomo demasiado.

		

		Pero tú no vuelves de la ciudad que odias

		y estás con quién sabe qué malas compañías,

		mientras aquí hay tan pocas personas

		a quien hacerles estas simples preguntas:

		

		«¿Qué canción te gustaría oír,

		qué película te gustaría ver?

		¿ y con quién te gustaría que soñáramos

		después de las nueva y media de la noche?».


		De 
		"Para un pueblo fantasma" 1978
4.

Cosas vistas

7

		Sentado en el fondo del patio

		trato de pensar qué haré en el futuro,

		pero sigo el vuelo del moscardón

		cuyo oro es el único que podría atrapar,

		y pierdo el tiempo saludando al caballo

		al que puse nombre un mediodía de infancia

		y que ahora asoma

		su triste cabeza entre los geranios.

		

		17

		Día tras día 

		en los charcos verticales,

		de los espejos de los bares

		se va perdiendo tu cara

		esa hoja caída de un árbol condenado.

		

		19

		Frente al semáforo rojo

		me detengo

		esperando cruzar la calle.

		Un niño me mira

		desde los brazos de su madre.

		Algo tiene que decirme,

		algo tengo que decirle,

		algo que será él.

		Hasta el cambio de luz

		me hundo en esos ojos asombrados

		irrecuperables.

		

		29

		Yo me invito a entrar

		a la casa del vino

		cuyas puertas siempre abiertas

		no sirven para salir.

		

		31

		Los perros ladran en el patio

		al invitado triste de los domingos.

		Sólo los gorriones lo saludan.

		

		36

		Un árbol me despierta

		y me dice:

		«Es mejor despertar,

		los sueños no te pertenecen.

		Mira, mira los gansos

		abriendo sus grandes alas blancas,

		mira los nidales de las gallinas

		bajo el automóvil abandonado».

		

		37

		En la casa de madera

		sueño con los pájaros

		que anidaron alguna vez en este bosque.

		

		41

		Mientras no cesan los golpes de los dados

		tres bicicletas relucientes y frías

		esperan pacientes y cabizbajas

		afirmadas en la pared de la cantina.

		

		44

		Un vaso de cerveza,

		una piedra, una nube,

		la sonrisa de un ciego

		y el milagro increíble

		de estar de pie en la tierra.


		De 
		"Para un pueblo fantasma" 1978
5.

Crónica del forastero

XXII

		

		«EL viento sabe que vuelvo a casa,

		ha detenido el ruido de las goteras de lluvia en el alero.» 

		

		Así escribía un poeta hace diez siglos.

		Pero ahora el viento ignora quién vuelve a casa.

		Por eso grita en estos espacios más fuerte que en las ciudades

		en donde muere el tiempo en que todos eran pioneros, guerreros o poetas.

		

		Que siquiera se oiga en los pueblos,

		pero también ha perdido su sentido en los pueblos.

		Ya no aparecen las bandadas de choroyes y torcazas

		que abrumaban los manzanos silvestres.

		

		No hay pudúes, ni guanacos, ni avestruces y los lobos

		marinos no se apiñan en las costas.

		

		La tierra daba el triple de lo que le pedían. Las máquinas no 
		alcanzaban a trillar 

		el trigo de las sementeras. Rebaños innumerables asomaban sus ojos entre 
		los 

		altos pastizales, las vegas y las llanuras. Sobraba la comida.

		

		Ahora,

		bosques quemados.

		Tierra

		que muestra su desnuda y roja osamenta.

		Faltan madera y trigo.


		Sobran 
		radios portátiles

		y hoy día tenemos televisión.

		Sin embargo,

		la tierra permanece.

		

		Lo sabe la ciudad en sus pesadillas

		y las bombas preparan las mortajas

		para los deslumbrantes rascacielos.

		

		U n día

		volveremos al primer fuego.

		Y los sobrevivientes

		apenas podrán conservar

		un ramo de gencianas y una palabra amada.

		

		XXIII

		

		                                 
		Para qué me preguntas. Todos moriremos.

		                                                                                     
		Eso no me ayuda.

		                                                                                     
		No, realmente no.

                                                                                         
		Gunnard Ekelof

		

		Lo que importa

		es estar vivo

		y entrar a la casa

		en el desolado mediodía de la vida.

		

		El río pasa recogiendo la calle polvorienta.

		Los satélites artificiales pueden rodear la Tierra,

		pero nada saben de ellos los bueyes enyugados a las carretas.

		

		Es el mismo de otro siglo el gesto del campesino al

                                                                  
		descargar un saco de trigo,

		el polvillo de la molienda danza en el sol sin memoria,

		escuchamos el trote de los ratones entre los sacos

                                                                  
		dormidos en la bodega,

		y el oculto resplandor de las cosas

		tiene un secreto revelado por los aromos.

		

		Escucho el pitazo del tren

		cortando en dos al pueblo.

		El pueblo donde pedí tres deseos al comer las primeras cerezas,

		donde me regalaron una lámpara humilde que no he vuelto a hallar,

		el pueblo que tenía unos pocos miles de habitantes cuando nací,

		y fue fundado como un Fuerte

		para defenderse de los mapuches

		(todo eso era nuestro Far West).

		El pueblo donde aún humean mantas junto a cocinas a leña,

		y el invierno es la travesía de un tempestuoso océano.

		

		Si me pidieran recordar

		algo más allá de las calles donde di los primeros pasos

		no sabría mucho que decir.

		

		Creo que he estado en otros países.

		He visto día a día en las ciudades vehículos iluminados

		como trasatlánticos

		llevar rostros fatigados de un matadero a otro.

		

		«La vida es un pretexto para escribir dos o tres versos

		cantantes y luminosos» , escribió Alexander Block,

		pero tal vez yo no sea de verdad un poeta.

		

		Me amo a mí mismo tanto como a mi prójimo,

		pero estoy dispuesto a desaparecer junto a todo mi prójimo.

		Puedo rezar sin creer en Dios.

		A las noticias del día

		suelo preferir leer memorias de oscuros personajes de otras épocas

		o contemplar los gorriones picoteando maravillas.


		De nuevo 
		alguien ve derrochar

		los yuyos su oro al viento.

		

		Alguien va a temer cada mañana que el sol no regrese,

		alguien aprenderá a leer en diarios que anuncian

		nuevas guerras,

		alguien en la noche

		va a tomar un carbón encendido para trazar círculos de fuego

		que lo protejan de todo mal.

		

		Quedaré solo en un bosque de pinos.

		

		De pronto veré alzarse los muros al canto de los gallos.

		Podré pronunciar mi verdadero nombre.

		Las puertas del bosque se abrirán,

		mi espacio será el mismo que el de las aves inmortales

                                                                                 
		que entran y salen de él,

		y los hermanos desconocidos sabrán que ya pueden reemplazarme.

		

		Debo enfrentar de nuevo al río.

		Busco una moneda.

		El río ha cambiado de color.

		Veo sin temor

		la canoa negra esperando en la orilla.

		

		(Septiembre 1963 -febrero 1964, Lautaro-Santiago)


		De 
		"Crónica del forastero"  1968
6.

Cuando en la tarde aparezco en los espejos...

Cuando en la tarde aparezco en los espejos

		Cuando yo y la tarde queríamos unirnos

		Tristemente nos despedimos

		Tristemente nos hablamos en el espejo que disuelve las imágenes

		Quién soy entonces

		Quizás por un momento

		De verdad soy yo que me encuentro

		

		Quién soy yo sino nadie

		Alguien que quisiera pasarse los días y los días

		Como un solo domingo

		Mirando los últimos reflejos del sol en los vidrios

		Mirando a un anciano que da de comer a las palomas

		Y a los evangélicos que predican el fin del mundo

		

		Cuando en la tarde no soy nadie

		Entonces las cosas me reconocen

		Soy de nuevo pequeño

		Soy quien debiera ser

		Y la niebla borra la cara de los relojes en los campanarios.

		

		De "En el mudo corazón del bosque" 1997
7.

Despedida

...el caso no ofrece

		                        
		ningún adorno para la diadema de las Musas.

                                                                                               
		Ezra Pound

		

		Me despido de mi mano

		que pudo mostrar el paso del rayo

		o la quietud de las piedras

		bajo las nieves de antaño.

		

		Para que vuelvan a ser bosques y arenas

		me despido del papel blanco y de la tinta azul

		de donde surgían ríos perezosos,

		cerdos en las calles, molinos vacíos.

		

		Me despido de los amigos

		en quienes más he confiado:

		los conejos y las polillas,

		las nubes harapientas del verano,

		mi sombra que solía hablarme en voz baja.

		

		Me despido de las virtudes y de las gracias del planeta:

		los fracasados, las cajas de música,

		los murciélagos que al atardecer se deshojan

		de los bosques de casas de madera.

		

		Me despido de los amigos silenciosos

		a los que sólo les importa saber

		dónde se puede beber algo de vino

		y para los cuales todos los días

		no son sino un pretexto

		para entonar canciones pasadas de moda.

		

		Me despido de una muchacha

		que sin preguntarme si la amaba o no la amaba

		camino conmigo y se acostó conmigo

		cualquiera tarde de esas en que las calles se llenan

		de humaredas de hojas quemándose en las acequias.

		Me despido de una muchacha

		cuya cara suelo ver en sueños

		iluminada por la triste mirada de linternas

		de trenes que parten bajo la lluvia.

		

		Me despido de la memoria

		y me despido de la nostalgia

		-la sal y el agua

		de mis días sin objeto-

		

		y me despido de estos poemas:

		palabras, palabras -un poco de aire

		movido por los labios- palabras

		para ocultar quizás lo único verdadero:

		que respiramos y dejamos de respirar. 


		De "El 
		árbol de la memoria" 1961
8.

El abandono silba llamando a sus amigos...

El abandono silba llamando a sus amigos.

		La noche y el sueño

		amarran sus caballos frente a las ventanas.

		El dueño de casa baja a la bodega

		a buscar sidra guardada desde el año pasado.

		Se detiene el reloj de péndulo.

		Clavos oxidados

		caen de las tablas.

		El dueño de casa demora demasiado

		-quizás se ha quedado dormido entre los toneles-.

		Una mañana busqué grosellas al fondo del patio.

		En la tarde este mismo viento

		luchaba con los pinos a orillas del río.

		Se detienen los relojes.

		Oigo pasos de cazadores que quizás han muerto.

		De pronto no somos sino un puñado de sombras

		que el viento intenta dispersar.
9.

Ella

estuvo entre nosotros...

		

		Ella estuvo entre nosotros

		lo que el sol atrapado por un niño en un espejo.

		Pero sus manos alejan los malos sueños

		como las manos de la lluvia

		las pesadillas de las aldeas.

		

		Sus manos que podían dar de comer

		a la noche convertida en paloma.

		

		Era bella como encontrar

		nidos de perdices en los trigales.

		Bella como el delantal gastado de una madre

		y las palabras que siempre hemos querido escuchar.

		

		Cierto: estuvo entre nosotros

		lo que el sol en el espejo

		con que un niño juega en el tejado.

		Pero nunca dejaremos de buscar sus huellas

		en los patios cubiertos por la primera helada.

		

		Sus huellas perdidas

		tras una puerta herrumbrosa

		cubierta de azaleas.

		

		De "El árbol de la memoria" 1961
10.

En la secreta casa de la noche

Cuando ella y yo nos ocultamos

		en la secreta casa de la noche

		a la hora en que los pescadores furtivos

		reparan sus redes tras los matorrales,

		aunque todas las estrellas cayeran

		yo no tendría ningún deseo que pedirles.

		

		Y no importa que el viento olvide mi nombre

		y pase dando gritos burlones

		como un campesino ebrio que vuelve de la feria,

		porque ella y yo estamos ocultos

		en la secreta casa de la noche.

		

		Ella pasea por mi cuarto

		como la sombra desnuda

		de los manzanos en el muro,

		y su cuerpo se enciende como un árbol de pascua

		para una fiesta de ángeles perdidos.

		

		El temporal del último tren

		pasa remeciendo las casas de madera.

		Las madres cierran todas las puertas

		y los pescadores furtivos van a repletar sus redes

		mientras ella y yo nos ocultamos

		en la secreta casa de la noche.


		De 
		"Poemas del país de nunca jamás" 1963
11.

De "Para un pueblo fantasma" 1978

Estas palabras quieren ser...

		

		Estas palabras quieren ser

		un puñado de cerezas-

		un susurro -¿para quién?-

		entre una y otra oscuridad.

		

		Sí, un puñado de cerezas,

		un susurro -¿para quién?-

		entre una y otra oscuridad.

		

		 De "Para un 
		pueblo fantasma" 1978

Versos y pensamientos de Jorge Teillier

4 citas
« Te gusta llegar a la estación / cuando el reloj de pared tictaquea, »
Jorge Teillier · Andenes
« Y tú / quieres oír, tú quieres entender. Y yo »
Jorge Teillier · Botella al mar
« ¿Qué película te gustaría ver? / ¿Qué canción te gustaría oír? »
Jorge Teillier · Carta a Mariana
« 7 / Sentado en el fondo del patio »
Jorge Teillier · Cosas vistas
Biblioteca poética

Libros de Jorge Teillier recomendados

Ediciones recomendadas para disfrutar de su obra poética completa y estudio crítico: