Poesía Universal

Jorge Robledo Ortiz

Biografía y amplia selección de poemas de Jorge Robledo Ortiz. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Jorge Robledo Ortiz. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Jorge Robledo Ortiz

8 poemas seleccionados
1.

Cancion

Canción sin luz


	
	Cómo duele la noche
cuando tu voz se curva
fría de indiferencia lo 
	mismo que una hoz;
Cómo duele la vida
cuando alzas tus palabras
sin 
	caridad ninguna contra mi corazón.


	Cómo duelen 
	tus ojos
cuando clavan su hastío
-desnuda hoja de acero- sobre mi 
	adoración.
Cómo duele esta angustia
de saberte lejana
llevándote en 
	la sangre como se lleva a Dios.


	Cómo duelen 
	tus labios
cuando muerden el aire
para romper los hilos sencillos del 
	amor.
Cómo duele tu risa
cuando cruza insensible
los abismos sin 
	fondo de mi nuevo dolor.


	Cómo duele tu 
	pelo
cuando agita en el viento
la negación del trigo bajo el casco del 
	sol.
Cómo duele el milagro
de tu nombre pequeño
cuando enciende 
	nostalgias en mi inútil canción.


	Cómo duelen 
	tus brazos
-danzarines de nardo-
entre los bastidores de mi 
	renunciación.
Cómo duelen tus manos
esas manos que un día
sobre 
	lino bordaron mi callada ilusión.


	Cómo duele tu 
	ausencia
tan alta de silencios
que empinándose, casi ya toca mi dolor.

	Cómo duele la tarde
cuando al norte del canto
ya no alumbra el lucero 
	que orientaba mi voz.


	Cómo duele, 
	pequeña,
esta espina clavada
en el sitio donde antes existió el 
	corazón.
Cómo duele tu nombre,
cuando contra la mía
se cumple 
	inexorable la voluntad de Dios.
2.

Carta sin ortografía

Esta sencilla carta
que 
	no verán tus ojos ausentes y morenos,
la escribo porque el alma me 
	reclama
que la deje vivir de tu recuerdo.


	Porque mi sangre no 
	aprendió a olvidarte,
porque tú me acompañas en el tiempo,
porque 
	fuiste lo simple, lo callado,
lo dulce, lo pequeño,
ese mínimo saldo 
	de la vida
que nos deja sentirnos algo buenos...


	Escribirle a la novia de la 
	infancia,
es ponerle "balaca" al pensamiento.
Es ignorar la palabra 
	ortografía
que sin "s" no admite pensamiento.


	Es situar en el clima de 
	unos labios
todo el rubor que encienden los cerezos.
Es recordar dos 
	ojos infantiles
en donde estaba repetido el cielo.


	Es volver a vivir 
	sencillamente,
es encontrarse elemental y bueno,
es fechar una carta 
	desde el alma,
y de estampilla colocarle un beso.
3.

Egoísmo de amor

Te quiero así, 
	con celos y con rabia,
con toda la potencia de la sangre
y sin 
	claudicaciones en el alma.


	Te quiero como 
	un hombre enamorado,
que comparte la vida y la esperanza
pero no el 
	tiempo del objeto amado.


	Te quiero con 
	dolor y sin temores,
como quiso a la lanza de Longinos
quien fabricó 
	una cruz con sus amores.


	Te quiero con 
	amor, sin tolerancias,
midiendo el universo con tu nombre
y el vacío 
	estelar con tus distancias.


	Te quiero sin 
	renuncias, toda mía,
como el amanecer que no tolera
que le quiten un 
	átomo del día.


	Te quiero con 
	razón o contra ella,
como el acantilado indiferente
al mar que lo 
	acaricia o que lo estrella.


	Te quiero con 
	pasión, como el gitano
a quien le brilla el alma en la pupila
y el 
	filo de la sangre entre la mano.


	Te quiero con 
	violencia y desespero,
como quiere el marino en la tormenta
el áncora 
	remota de un lucero.


	Te quiero 
	contra todo y contra todos
sin medir el amor ni el sacrificio
y sin 
	buscar esguinces ni recodos.


	Te quiero con 
	temblor, con la entereza
de no haber conocido la sonrisa
de quien 
	entrega el alma por flaqueza.


	Te quiero como 
	hombre, alta la frente
y sin las cobardías que arrodillan
la 
	indignidad servil de mucha gente.


	Te quiero con 
	furor, como mereces,
montando guardia al pie de tu cariño,
dispuesto a 
	dar la vida una y mil veces.


	Te quiero así: 
	con celos y con rabia,
con el golpe total de las arterias
y el 
	ancestro viril de nuestra raza.
4.

Espera

Te esperé con 
	la sangre detenida
sobre el silencio en ascuas de tu ausencia.
Te 
	esperé soportando la existencia
como un lebrel al pie de tu partida.


	Te esperé casi 
	al borde de la herida
y a dos pasos no más de la demencia.
Te esperé 
	en la angustiosa transparencia
de aquella noche en el reloj vencida.


	Pero qué 
	inútil la mortal espera:
Sin pensarlo cité la primavera
cuando el 
	invierno helaba mis rosales.


	Y hoy que casi 
	olvidaba tu presencia,
me estoy enamorando de tu ausencia
a través de 
	mis propios madrigales.
5.

Fatiga

Ya no te quiero tanto. Poco 
	a poco
mataste la ansiedad de tu cariño,
y el alma atormentada de 
	aquel loco
vuelve otra vez a ser alma de niño.


	Presiento el reventar de 
	otra quimera,
describe un semicírculo el poniente,
y la esperanza de 
	otra primavera
promete al corazón otra simiente.


	Enflora la ilusión, el alma 
	espiga.
Agonizan la angustia y la fatiga.
En las pupilas se detiene el 
	llanto,


	y una voz interior me va 
	diciendo,
que aunque sigo tu imagen bendiciendo,
estoy dejando de 
	quererte tanto.
6.

La

mujer imposible


	Bella como la 
	noche y como ella insegura
la mujer imposible llegó a mi corazón.

	Tenía en la mirada un poco de amargura
y tal vez un poquito de menos 
	ilusión.


	No dije una 
	palabra. Respeté la ternura
que sellaba sus labios a toda confesión.

	Una anillo de llanto suplía en su cintura
la vanidad coqueta del fino 
	cinturón.


	Su voz era la 
	misma. Un poco más callada
como si presintiera que estaba la alborada

	reuniendo silencios para poder nacer.


	No adelanté un 
	reproche. No quise interrogarla
y comprendí que el llanto que estaba por 
	llamarla
jamás a mi cariño la dejaría volver.
7.

Maternidad

Un arrullo de sangre por 
	las venas.
Un cansancio de luz en las pupilas,
un escozor de ala en 
	las axilas
y en la carne un preludio de azucenas.


	Un lento madurar de horas y 
	penas,
sordo río de noches intranquilas,
y en el simple silencio en 
	que te exilias,
buscar los senos y encontrar colmenas.


	Sentir más cerca la razón 
	del nido.
Pulsar toda la espera en un latido,
analizar la curva en las 
	corolas,


	y escuchar que tu angustia 
	se convierte
en un llanto que triunfa de la muerte
sobre un 
	encendimiento de amapolas.
8.

Que

Qué horrible es el olvido


	¡Qué horrible 
	es el olvido!
Es mejor la nostalgia
con su anillo de llanto
ciñendo 
	el corazón.
Cuando hablamos de "ella"
sin sentir que morimos,
ya no 
	vale la pena
nuestra inútil canción.


	¡Qué horrible 
	es el olvido!
Ver la mujer amada
y no sentir que el alma
se curva 
	de dolor.
Cuando cerca a su nombre
ignoramos la espina,
ya no vale 
	la pena
nuestra estéril canción.


	¡Qué horrible 
	es el olvido!
Saber que la quisimos
y que sigue en la sangre
sin 
	producir dolor.
Cuando nos resignamos
a vivir con su ausencia,
es 
	porque ha envejecido
por dentro el corazón.


	Y entonces, ya 
	la vida
no vale una canción.

Versos y pensamientos de Jorge Robledo Ortiz

4 citas
« Canción sin luz / Cómo duele la noche »
Jorge Robledo Ortiz · Cancion
« que / no verán tus ojos ausentes y morenos, »
Jorge Robledo Ortiz · Carta sin ortografía
« Te quiero así, / con celos y con rabia, »
Jorge Robledo Ortiz · Egoísmo de amor
« Te esperé con / la sangre detenida »
Jorge Robledo Ortiz · Espera
Biblioteca poética

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