Biografía

Vida

Poemas de Jorge Guillén (Valladolid, 18 de enero de 1893 – Málaga, 6 de febrero de 1984) deslumbró por su portentosa voz lírica y su capacidad única para transformar las emociones más intensas en versos inolvidables. Su vida estuvo consagrada al arte de la palabra, explorando el misterio del amor, el destino y la belleza del mundo con enorme carisma.

Frente a las incertidumbres de su tiempo, defendió con valentía la libertad de creación y la autenticidad del sentimiento más puro. Su obra poética permanece como una joya imperecedera que sigue emocionando a lectores de todas las generaciones por su frescura y hondura humana.

Jorge Guillén

Generación del 27 (1893–1984)

Generación del 27 · Poesía pura del gozo, la plenitud del ser, el cántico de la luz y el mediodía

Lírica y Versos

Poemas de Jorge Guillén

19 poemas seleccionados
1.

Advenimiento

¡Oh luna, cuánto abril,
qué vasto y dulce el aire!
Todo lo que 
		perdí
volverá con las aves.

		
Sí, con las avecillas
que en coro de alborada
pían y pían, 
		pían
sin designio de gracia.

		
La luna está muy cerca,
quieta en el aire nuestro.
El que yo 
		fui me espera
bajo mis pensamientos.

		
Cantará el mi señor.
En la cima del ansia.
Arrebol, arrebol.

		Entre el cielo y las auras.

		
¿Y se perdió aquel tiempo
que yo perdí?. La mano
dispone, dios 
		ligero,
de esta luna sin año.
2.

Amor dormido

Dormías, los brazos me 
		tendiste y por sorpresa
rodeaste mi insomnio. ¿Apartabas así
la 
		noche desvelada, bajo la luna presa?
tu soñar me envolvía, soñado me 
		sentí.
3.

Anillo

Ya es secreto el calor, 
		ya es un retiro
de gozosa penumbra compartida.
Ondea la penumbra. 
		No hay suspiro
flotante. Lo mejor soñado es vida.


		El vaivén  de un 
		silencio luminoso
frunce entre las persianas una fibra
palpitante. 
		querencia del reposo:
una ilusión en el polvillo vibra.


		Desde la sombra 
		inmóvil, la almohada
brinda a los dos, felices, el verano
de una 
		blancura tan afortunada
que se convierte en sumo acorde humano.


		Los dos felices, en las 
		soledades
del propio clima, salvo del invierno,
buscan en 
		claroscuros sin edades
la refulgencia de un estío eterno.


		Hay tanta plenitud en 
		esta hora,
tranquila entre las palmas de algún hado,
que el curso 
		del instante se demora
lentísimo, cortés, enamorado.

		
¡Gozo de gozos: el alma en la piel,
ante los dos el jardín 
		inmortal,
el paraíso que es ella con él,
óptimo el árbol sin 
		sombra de mal!

		
Luz nada más. He ahí los amantes. 
Una armonía de montes y ríos,

		amaneciendo en lejanos levantes,
vuelve inocentes los dos albedríos.

		
¿Dónde estará la apariencia sabida?
¿Quién es quien surge? Salud, 
		inmediato
siempre, palpable misterio: presida
forma tan clara a un 
		candor de arrebato.

		
¿Es la hermosura quien tanto arrebata,
o en la terrible alegría 
		se anega
todo el impulso estival? (¡Oh beata
furia del mar, esa 
		ola no es ciega!)

		
Aun retozando se afanan las bocas,
inexorables a fuerza de ruego.

		(Risas de Junio, por entre unas rocas,
turban el límpido azul con su 
		juego.)

		
¿Yace en los brazos un ansia agresiva ?
Calladamente resiste el 
		acorde.
(¡Cuánto silencio de mar allá arriba!
Nunca hay fragor que 
		el cantil no me asorde.)

		
Y se encarnizan los dos violentos
en la ternura que los encadena.

		(El regocijo de los elementos
torna y retorna a la última arena.)

		
Ya las rodillas, humildes aposta,
saben de un sol que al espíritu 
		asalta.
(El horizonte en alturas de costa
llega a la sal de una 
		brisa más alta.)

		
¡Felicidad! El alud de un favor
corre hasta el pie, que retuerce 
		su celo.
(Cruje el azul. Sinuoso calor
va alabeando la curva del 
		cielo.)

		
Gozo de ser: el amante se pasma.
¡Oh derrochado presente 
		inaudito,
Oh realidad en raudal sin fantasma!
Todo es potencia de 
		atónito grito.

		
Alrededor se consuma el verano.
Es un anillo la tarde amarilla.

		Sin una nube desciende el cercano
cielo a este ardor. ¡Sobrehumana, 
		la arcilla!
4.

Cima

de la delicia


		¡Cima de la delicia!

		Todo en el aire es pájaro.
Se cierne lo inmediato
resuelto en 
		lejanía.


		¡Hueste de esbeltas 
		fuerzas!
¡Qué alacridad de mozo
en el espacio airoso,
henchido 
		de presencia!


		El mundo tiene cándida

		profundidad de espejo.
Las más claras distancias
sueñan lo 
		verdadero.


		¡Dulzura de los años

		irreparables! ¡Bodas
tardías con la historia
que desamé a diario!


		Mas, todavía más.

		Hacia el sol, en volandas
la plenitud se escapa.
¡Ya sólo sé 
		cantar!
5.

Desnudo

Blancos, rosas... Azules casi en veta, 
		
dos, mentales. 
Puntos de luz latente dan señales 
de una 
		sombra secreta. 
		
Pero el color, infiel a la penumbra, 
se consolida en masa. 

		Yacente en el verano de la casa,
		
una forma se alumbra. 
Claridad aguzada entre perfiles, 
de 
		tan puros tranquilos 
		
que cortan y aniquilan con sus filos 
las confusiones viles. 

		Desnuda está la carne. Su evidencia 
		
se resuelve en reposo. 
Monotonía justa: prodigioso 
colmo de 
		la presencia. 
		
¡Plenitud inmediata, sin ambiente, 
del cuerpo femenino! 

		Ningún primor: ni voz ni flor. ¿Destino? 
		
Oh absoluto presente!
6.

Dominio

del recuerdo


		Un recuerdo -pasado deleitoso-
me ataca y se apodera
tanto de mí 
		que interna primavera
me somete a su acoso.

		
Aquel amor aun vibra
bajo el impulso de una imagen, mero

		fantasma. Pido, quiero.
un imán se me impone fibra a fibra.

		
El espíritu invade mi existencia
con poder soberano.
Espíritu 
		ya es cuerpo. ¿Quién presencia
tal fusión, tal arcano?

		
Amor, que fue tan fuerte
durante aquel minuto fenecido,

		saliendo de su nido
mental en sensación se me convierte.

		
Mi memoria ya es carne, ya un placer
-soñado- resucita,
ya la 
		verdad de mi vivir da cita.
¿Alma, cuerpo ? Mi ser.
7.

Duermes

. Mi mano toca 
		sueño. Duermes...


		Duermes. Mi mano toca 
		sueño. Duermes.
Gozo de tu inocencia confiada,
de tu implícita 
		forma en esa noche
que hace tan suya con amor la mano.


		Te siento dormir sin 
		verte,
serenísima, sagrada,
nunca imagen de la muerte,
y 
		oponiéndote a la nada
triunfar como piedra inerte.


		La delicada masa de tu 
		sueño
se espesa junto a mí, sin paz nocturna,
que así convive con 
		la invulnerable,
cuyo retorno al despertar es siempre
la súbita 
		inmersión en nuestra dicha.


		Sumido en un calor de 
		dos, el sueño
relaja su clausura, casi abierta
dulcemente hacia el 
		día aún isleño.
Calor, amor.
La historia tras la puerta.
8.

El hondo sueño

Este soñar a solas... ¡Si tu vida
de pronto amaneciese ante mi 
		espera!
¿Por dónde voy cayendo? Primavera,
mientras, en tomo mío 
		dilapida

		
su olor y se me escapa en la caída.
¡Tan solitariamente se 
		acelera
-y está la noche ahí, variando fuera-
la gravedad de un 
		ansia desvalida!

		
Pero tanto sofoco en el vacío
cesará. Gozaré de apariciones

		que atajarán el vergonzante empeño

		
de henchir tu ausencia con mi desvarío.
¡Realidad, realidad, no 
		me abandones
para soñar mejor el hondo sueño!
9.

El mar es un olvido...

El mar es un olvido,
una canción, un labio; 
		
el mar es un amante, 
fiel respuesta al deseo. 

Es como un 
		ruiseñor, 
		
y sus aguas son plumas, 
impulsos que levantan 
a las frías 
		estrellas. 
		

Sus caricias son sueños, 
entreabren la muerte, 
son lunas 
		accesibles, 
		
son la vida más alta. 

Sobre espaldas oscuras 
las olas 
		van gozando.
10.

Hacia el final

Llegamos al final,

		A la etapa final de una existencia.

		

		¿Habrá un fin a mi amor, a mis afectos?

		Sólo concluirán

		Bajo el tajante golpe decisivo.

		

		¿Habrá un fin al saber?

		Nunca, nunca. Se está siempre al principio

		De una curiosidad inextinguible

		Frente a infinita vida.

		

		¿Habrá un fin a la obra?

		Por supuesto.

		Y si aspira a unidad,

		Por la propia exigencia del conjunto.

		¿Destino?

		No, mejor: la vocación

		Más íntima.
11.

La

caricia adormece...


		La caricia adormece,

		y a una región conduce
más cercana a la tierra,
a su silencio y 
		sueño,
bien tendidos, dichosos.


		Y tu cuerpo está ahí, 
		remoto y mío,
inmóvil, invisible, descuidado,
y mientras me 
		abandono a su nostalgia,
la oscuridad absorbe en su sosiego
de 
		gran remanso nuestro amor flotante.
12.

Las doce en el reloj

Dije: ¡Todo ya pleno!

		Un álamo vibró.
Las hojas plateadas
sonaron con amor.
Los 
		verdes eran grises,
el amor era sol.
Entonces, mediodía,
un 
		pájaro sumió
su cantar en el viento
con tal adoración
que se 
		sintió cantada
bajo el viento la flor
crecida entre las mieses,

		más altas. Era yo,
centro en aquel instante
de tanto alrededor,

		quien lo veía todo
completo para un dios.
Dije: Todo, completo.

		¡Las doce en el reloj!
13.

Los

fieles amantes


	
		Noche mucho más noche: el amor ya es un hecho.
Feliz nivel de paz 
	extiende el sueño
como una perfección todavía amorosa.
Bulto adorable, 
	lejos
ya, se adormece,
y a su candor en la isla se abandona,
animal 
	por ahí, latente.
¡Qué diario Infinito sobre el lecho
de una pasión: 
	costumbre rodeada de arcano.
¡Oh noche, más oscura en nuestros brazos!
14.

Melenas

¡Oh melenas, ondeadas

		a lo príncipe en la augusta
vida triunfante: nos gusta
ver 
		amanecer -¡doradas
surgen!- estas alboradas
de virginidad que 
		apenas
tú, Profusión, desordenas
para que todo a la vez

		privilegie la esbeltez
más juvenil, oh melenas!
15.

Mis manos y mis labios y mis ojos...

Mis manos y mis labios 
		y mis ojos
rehacen
con creciente embeleso
próximo al éxtasis,

		activo sin embargo,
un incesante viaje
de reconocimiento que a la 
		vez descubre
tanta comarca donde nunca es tarde:
Aurora permanente

		sobre cimas y valles.


		Entre las combas y las 
		sombras
de tu hermosura no me pierdo,
y tu nombre claro proyecta

		luz muy personal sobre tu cuerpo,
que está en mi amor y fuera de

		su mágico radio secreto.
Y a esa tu vida, más allá,
bajo sol y 
		luna me entrego,
toda tú estás conmigo,
nuestro doble futuro yo lo 
		quiero.
16.

Perfección

Queda curvo el firmamento,
compacto azul, sobre el día.
Es el 
		redondamiento
del esplendor: mediodía.
Todo es cúpula. Reposa,

		central sin querer, la rosa,
a un sol en cenit sujeta.
Y tanto se 
		da el presente
que el pie caminante siente
la integridad del 
		planeta.
17.

Pleno amor

¿Amor envuelve en las 
		formas
de un viento? Se transfigura
bajo un viento nuestro abrazo:

		concentrándose está en lucha.
Triunfo habrá para los dos,

		gocémonos. ¡Oh, no hay burla
contra la fe ya animal
de toda la 
		criatura!
Desaparece la estancia.
Una luz de anhelo y súplica

		crea un ámbito al amor
con muros de sombras juntas.
Infinita, sí, 
		trascurre
la noche. Pero se ajusta
-con la precisión de un mundo

		soñado por la absoluta
claridad- a este clarísimo
destino: nuestra 
		ventura.
Y la ventura despacio
va confiándose -nunca
más 
		estrellas en el cielo-
a una pesadumbre suya.
Mientras -la carne 
		es también
alma, reina tu blancura-
un ritmo acoge y acrece
la 
		obstinación -¡qué profunda
masa tanta noche en vela!-
de esta casi 
		calentura,
de este buen ardor.
                                   
		Palpitan,
humildemente nocturnas,
las estrellas como si

		regalasen una luna
de paz.
             
		Paz en la verdad.

		
II
En la verdad.
                        
		Y se anuncia
lo más fabuloso. ¿Tumba
para una resurrección,

		para llegar a ser pluma
casi indistinta del aire,
aire sobre el 
		mar, espuma
que fuese nube en un cielo
con voz de mar?
                            
		No hay más ruta
que este más allá mortal:
vértigo de una dulzura

		que de más vida en más vida
se atropella, se derrumba,
-¡llega a 
		tal embriaguez
el ser que desde su altura
conspira al 
		derrumbamiento!-
y va a la noche desnuda
con un ansia de 
		catástrofe,
o de postrer paz, en fuga
final ¿hacia qué reposos,

		qué aplanamientos, qué anchuras?
¿O hacia la aniquilación

		desesperada?
                           
		Concluya,
concluya tanta inminencia.
Todo se confía -nunca
más 
		estrellas en el cielo--
a su pesadumbre muda,
fatal.

		
            
		¡Sea!

		
                         
		Fatalmente
puede más que yo la angustia
que me entrega a la 
		catástrofe, 
		
-todo conmigo sucumba- 
que no será... que no es
una 
		catástrofe -¡brusca
perfección!- por más que abdique,
y se 
		desplome y se hunda
-amor, amor realizado-
el alma en su carne: 
		puras.
18.

Salvacion

Salvación de la primavera


		Ajustada a la sola 

		desnudez de tu cuerpo,
entre el aire y la luz
eres puro elemento.


		¡Eres! Y tan desnuda,

		tan continua, tan simple
que el mundo vuelve a ser
fábula 
		irresistible.


		...Mi atención, 
		ampliada,
columbra. Por tu carne
la atmósfera reúne
términos. 
		Hay paisaje.


		Esos blancos tan rubios

		que sobre tu tersura
la mejor claridad
primaveral sitúan.


		Es tuyo el resplandor 
		
de una tarde perpetua.
¡Qué cerrado equilibrio
dorado, qué 
		alameda!...)
19.

Susana y los viejos

Furtivos, silenciosos, tensos, avizorantes,
se deslizan, escrutan y 
		apartando la rama
alargan sus miradas hasta el lugar del drama:
el 
		choque de un desnudo con los sueños de antes.

		
A solas y soñando ya han sido los amantes
posibles, inminentes, 
		en visión, de la dama.
Tal desnudez real ahora los inflama
que los 
		viejos se asoman, tímidos estudiantes.

		
¿Son viejos? Eso cuentan. Es cómputo oficial.
En su carne se 
		sienten, se afirman juveniles
porque lo son. Susana surge ante su 
		deseo,
que conserva un impulso cándido de caudal.

		
Otoños hay con cimas y ráfagas de abriles.
-Ah, Susana. -¡Qué 
		horror! -Perdóname. ¡Te veo!

Versos y pensamientos de Jorge Guillén

Selección destacada
« Queda curvo el firmamento, compacto azul, sobre el día. Es el redondeamiento del esplendor: mediodía. »
Jorge Guillén · Perfección
« El alma vuelve al cuerpo, se dirige a los ojos y reconoce el agua, la luz, el aposento. »
Jorge Guillén · Más allá
« Cuando está Federico no hace ni frío ni calor, hace Federico. »
Poemas de Jorge Guillén
« La historia es solo voluntad del hombre. »
Poemas de Jorge Guillén
« La hombría del hombre, de muchos hombres, se cansa atrozmente. »
Poemas de Jorge Guillén
« Una vida no cabe en la memoria. »
Poemas de Jorge Guillén
« Al recuerdo se agarra la existencia / con ansiedad de historia convivida. »
Poemas de Jorge Guillén
« Atención, escuchad: el alba es una obra. »
Poemas de Jorge Guillén
« Mi ser es mi vivir acumulado. »
Poemas de Jorge Guillén
« Respiro, no agonizo, vivo y vivo [...]¿Y cómo respirar? Con gran ahogo,a no ser que se mienta o se compartala brisa del Poder. y Soy, más, estoy. Respiro]. »
Poemas de Jorge Guillén
« Vivir es algo más que un ir muriendo / Vivir es convivir en compañía. »
Poemas de Jorge Guillén
« Cántico es la poesía del sí vital. »
Poemas de Jorge Guillén
Trayectoria lírica

Poemas y obras destacadas

Antología de poemas inmortales

Reúne las composiciones poéticas más aclamadas de Poemas de Jorge Guillén, donde la maestría del verso y la hondura del sentimiento alcanzan su máxima expresión.

Sus versos exploran la belleza de la naturaleza, el anhelo del amor verdadero y la búsqueda de sentido ante los enigmas del destino.

Una antología indispensable que demuestra por qué su poesía sigue viva y resonando con fuerza en el corazón de los lectores actuales.

Algunos libros de poesía de Jorge Guillén:

Edición física recomendada para disfrutar de su obra lírica: