« Queda curvo el firmamento, compacto azul, sobre el día. Es el redondeamiento del esplendor: mediodía. »
Jorge Guillén
Generación del 27 (1893–1984)Generación del 27 · Poesía pura del gozo, la plenitud del ser, el cántico de la luz y el mediodía
Poemas de Jorge Guillén
1.
Advenimiento
Advenimiento
¡Oh luna, cuánto abril, qué vasto y dulce el aire! Todo lo que perdí volverá con las aves. Sí, con las avecillas que en coro de alborada pían y pían, pían sin designio de gracia. La luna está muy cerca, quieta en el aire nuestro. El que yo fui me espera bajo mis pensamientos. Cantará el mi señor. En la cima del ansia. Arrebol, arrebol. Entre el cielo y las auras. ¿Y se perdió aquel tiempo que yo perdí?. La mano dispone, dios ligero, de esta luna sin año.
2.
Amor dormido
Amor dormido
Dormías, los brazos me tendiste y por sorpresa rodeaste mi insomnio. ¿Apartabas así la noche desvelada, bajo la luna presa? tu soñar me envolvía, soñado me sentí.
3.
Anillo
Anillo
Ya es secreto el calor, ya es un retiro de gozosa penumbra compartida. Ondea la penumbra. No hay suspiro flotante. Lo mejor soñado es vida. El vaivén de un silencio luminoso frunce entre las persianas una fibra palpitante. querencia del reposo: una ilusión en el polvillo vibra. Desde la sombra inmóvil, la almohada brinda a los dos, felices, el verano de una blancura tan afortunada que se convierte en sumo acorde humano. Los dos felices, en las soledades del propio clima, salvo del invierno, buscan en claroscuros sin edades la refulgencia de un estío eterno. Hay tanta plenitud en esta hora, tranquila entre las palmas de algún hado, que el curso del instante se demora lentísimo, cortés, enamorado. ¡Gozo de gozos: el alma en la piel, ante los dos el jardín inmortal, el paraíso que es ella con él, óptimo el árbol sin sombra de mal! Luz nada más. He ahí los amantes. Una armonía de montes y ríos, amaneciendo en lejanos levantes, vuelve inocentes los dos albedríos. ¿Dónde estará la apariencia sabida? ¿Quién es quien surge? Salud, inmediato siempre, palpable misterio: presida forma tan clara a un candor de arrebato. ¿Es la hermosura quien tanto arrebata, o en la terrible alegría se anega todo el impulso estival? (¡Oh beata furia del mar, esa ola no es ciega!) Aun retozando se afanan las bocas, inexorables a fuerza de ruego. (Risas de Junio, por entre unas rocas, turban el límpido azul con su juego.) ¿Yace en los brazos un ansia agresiva ? Calladamente resiste el acorde. (¡Cuánto silencio de mar allá arriba! Nunca hay fragor que el cantil no me asorde.) Y se encarnizan los dos violentos en la ternura que los encadena. (El regocijo de los elementos torna y retorna a la última arena.) Ya las rodillas, humildes aposta, saben de un sol que al espíritu asalta. (El horizonte en alturas de costa llega a la sal de una brisa más alta.) ¡Felicidad! El alud de un favor corre hasta el pie, que retuerce su celo. (Cruje el azul. Sinuoso calor va alabeando la curva del cielo.) Gozo de ser: el amante se pasma. ¡Oh derrochado presente inaudito, Oh realidad en raudal sin fantasma! Todo es potencia de atónito grito. Alrededor se consuma el verano. Es un anillo la tarde amarilla. Sin una nube desciende el cercano cielo a este ardor. ¡Sobrehumana, la arcilla!
4.
Cima
Cima
de la delicia ¡Cima de la delicia! Todo en el aire es pájaro. Se cierne lo inmediato resuelto en lejanía. ¡Hueste de esbeltas fuerzas! ¡Qué alacridad de mozo en el espacio airoso, henchido de presencia! El mundo tiene cándida profundidad de espejo. Las más claras distancias sueñan lo verdadero. ¡Dulzura de los años irreparables! ¡Bodas tardías con la historia que desamé a diario! Mas, todavía más. Hacia el sol, en volandas la plenitud se escapa. ¡Ya sólo sé cantar!
5.
Desnudo
Desnudo
Blancos, rosas... Azules casi en veta, dos, mentales. Puntos de luz latente dan señales de una sombra secreta. Pero el color, infiel a la penumbra, se consolida en masa. Yacente en el verano de la casa, una forma se alumbra. Claridad aguzada entre perfiles, de tan puros tranquilos que cortan y aniquilan con sus filos las confusiones viles. Desnuda está la carne. Su evidencia se resuelve en reposo. Monotonía justa: prodigioso colmo de la presencia. ¡Plenitud inmediata, sin ambiente, del cuerpo femenino! Ningún primor: ni voz ni flor. ¿Destino? Oh absoluto presente!
6.
Dominio
Dominio
del recuerdo Un recuerdo -pasado deleitoso- me ataca y se apodera tanto de mí que interna primavera me somete a su acoso. Aquel amor aun vibra bajo el impulso de una imagen, mero fantasma. Pido, quiero. un imán se me impone fibra a fibra. El espíritu invade mi existencia con poder soberano. Espíritu ya es cuerpo. ¿Quién presencia tal fusión, tal arcano? Amor, que fue tan fuerte durante aquel minuto fenecido, saliendo de su nido mental en sensación se me convierte. Mi memoria ya es carne, ya un placer -soñado- resucita, ya la verdad de mi vivir da cita. ¿Alma, cuerpo ? Mi ser.
7.
Duermes
Duermes
. Mi mano toca sueño. Duermes... Duermes. Mi mano toca sueño. Duermes. Gozo de tu inocencia confiada, de tu implícita forma en esa noche que hace tan suya con amor la mano. Te siento dormir sin verte, serenísima, sagrada, nunca imagen de la muerte, y oponiéndote a la nada triunfar como piedra inerte. La delicada masa de tu sueño se espesa junto a mí, sin paz nocturna, que así convive con la invulnerable, cuyo retorno al despertar es siempre la súbita inmersión en nuestra dicha. Sumido en un calor de dos, el sueño relaja su clausura, casi abierta dulcemente hacia el día aún isleño. Calor, amor. La historia tras la puerta.
8.
El hondo sueño
El hondo sueño
Este soñar a solas... ¡Si tu vida de pronto amaneciese ante mi espera! ¿Por dónde voy cayendo? Primavera, mientras, en tomo mío dilapida su olor y se me escapa en la caída. ¡Tan solitariamente se acelera -y está la noche ahí, variando fuera- la gravedad de un ansia desvalida! Pero tanto sofoco en el vacío cesará. Gozaré de apariciones que atajarán el vergonzante empeño de henchir tu ausencia con mi desvarío. ¡Realidad, realidad, no me abandones para soñar mejor el hondo sueño!
9.
El mar es un olvido...
El mar es un olvido...
El mar es un olvido, una canción, un labio; el mar es un amante, fiel respuesta al deseo. Es como un ruiseñor, y sus aguas son plumas, impulsos que levantan a las frías estrellas. Sus caricias son sueños, entreabren la muerte, son lunas accesibles, son la vida más alta. Sobre espaldas oscuras las olas van gozando.
10.
Hacia el final
Hacia el final
Llegamos al final, A la etapa final de una existencia. ¿Habrá un fin a mi amor, a mis afectos? Sólo concluirán Bajo el tajante golpe decisivo. ¿Habrá un fin al saber? Nunca, nunca. Se está siempre al principio De una curiosidad inextinguible Frente a infinita vida. ¿Habrá un fin a la obra? Por supuesto. Y si aspira a unidad, Por la propia exigencia del conjunto. ¿Destino? No, mejor: la vocación Más íntima.
11.
La
La
caricia adormece... La caricia adormece, y a una región conduce más cercana a la tierra, a su silencio y sueño, bien tendidos, dichosos. Y tu cuerpo está ahí, remoto y mío, inmóvil, invisible, descuidado, y mientras me abandono a su nostalgia, la oscuridad absorbe en su sosiego de gran remanso nuestro amor flotante.
12.
Las doce en el reloj
Las doce en el reloj
Dije: ¡Todo ya pleno! Un álamo vibró. Las hojas plateadas sonaron con amor. Los verdes eran grises, el amor era sol. Entonces, mediodía, un pájaro sumió su cantar en el viento con tal adoración que se sintió cantada bajo el viento la flor crecida entre las mieses, más altas. Era yo, centro en aquel instante de tanto alrededor, quien lo veía todo completo para un dios. Dije: Todo, completo. ¡Las doce en el reloj!
13.
Los
Los
fieles amantes Noche mucho más noche: el amor ya es un hecho. Feliz nivel de paz extiende el sueño como una perfección todavía amorosa. Bulto adorable, lejos ya, se adormece, y a su candor en la isla se abandona, animal por ahí, latente. ¡Qué diario Infinito sobre el lecho de una pasión: costumbre rodeada de arcano. ¡Oh noche, más oscura en nuestros brazos!
14.
Melenas
Melenas
¡Oh melenas, ondeadas a lo príncipe en la augusta vida triunfante: nos gusta ver amanecer -¡doradas surgen!- estas alboradas de virginidad que apenas tú, Profusión, desordenas para que todo a la vez privilegie la esbeltez más juvenil, oh melenas!
15.
Mis manos y mis labios y mis ojos...
Mis manos y mis labios y mis ojos...
Mis manos y mis labios y mis ojos rehacen con creciente embeleso próximo al éxtasis, activo sin embargo, un incesante viaje de reconocimiento que a la vez descubre tanta comarca donde nunca es tarde: Aurora permanente sobre cimas y valles. Entre las combas y las sombras de tu hermosura no me pierdo, y tu nombre claro proyecta luz muy personal sobre tu cuerpo, que está en mi amor y fuera de su mágico radio secreto. Y a esa tu vida, más allá, bajo sol y luna me entrego, toda tú estás conmigo, nuestro doble futuro yo lo quiero.
16.
Perfección
Perfección
Queda curvo el firmamento, compacto azul, sobre el día. Es el redondamiento del esplendor: mediodía. Todo es cúpula. Reposa, central sin querer, la rosa, a un sol en cenit sujeta. Y tanto se da el presente que el pie caminante siente la integridad del planeta.
17.
Pleno amor
Pleno amor
¿Amor envuelve en las
formas
de un viento? Se transfigura
bajo un viento nuestro abrazo:
concentrándose está en lucha.
Triunfo habrá para los dos,
gocémonos. ¡Oh, no hay burla
contra la fe ya animal
de toda la
criatura!
Desaparece la estancia.
Una luz de anhelo y súplica
crea un ámbito al amor
con muros de sombras juntas.
Infinita, sí,
trascurre
la noche. Pero se ajusta
-con la precisión de un mundo
soñado por la absoluta
claridad- a este clarísimo
destino: nuestra
ventura.
Y la ventura despacio
va confiándose -nunca
más
estrellas en el cielo-
a una pesadumbre suya.
Mientras -la carne
es también
alma, reina tu blancura-
un ritmo acoge y acrece
la
obstinación -¡qué profunda
masa tanta noche en vela!-
de esta casi
calentura,
de este buen ardor.
Palpitan,
humildemente nocturnas,
las estrellas como si
regalasen una luna
de paz.
Paz en la verdad.
II
En la verdad.
Y se anuncia
lo más fabuloso. ¿Tumba
para una resurrección,
para llegar a ser pluma
casi indistinta del aire,
aire sobre el
mar, espuma
que fuese nube en un cielo
con voz de mar?
No hay más ruta
que este más allá mortal:
vértigo de una dulzura
que de más vida en más vida
se atropella, se derrumba,
-¡llega a
tal embriaguez
el ser que desde su altura
conspira al
derrumbamiento!-
y va a la noche desnuda
con un ansia de
catástrofe,
o de postrer paz, en fuga
final ¿hacia qué reposos,
qué aplanamientos, qué anchuras?
¿O hacia la aniquilación
desesperada?
Concluya,
concluya tanta inminencia.
Todo se confía -nunca
más
estrellas en el cielo--
a su pesadumbre muda,
fatal.
¡Sea!
Fatalmente
puede más que yo la angustia
que me entrega a la
catástrofe,
-todo conmigo sucumba-
que no será... que no es
una
catástrofe -¡brusca
perfección!- por más que abdique,
y se
desplome y se hunda
-amor, amor realizado-
el alma en su carne:
puras.
18.
Salvacion
Salvacion
Salvación de la primavera Ajustada a la sola desnudez de tu cuerpo, entre el aire y la luz eres puro elemento. ¡Eres! Y tan desnuda, tan continua, tan simple que el mundo vuelve a ser fábula irresistible. ...Mi atención, ampliada, columbra. Por tu carne la atmósfera reúne términos. Hay paisaje. Esos blancos tan rubios que sobre tu tersura la mejor claridad primaveral sitúan. Es tuyo el resplandor de una tarde perpetua. ¡Qué cerrado equilibrio dorado, qué alameda!...)
19.
Susana y los viejos
Susana y los viejos
Furtivos, silenciosos, tensos, avizorantes, se deslizan, escrutan y apartando la rama alargan sus miradas hasta el lugar del drama: el choque de un desnudo con los sueños de antes. A solas y soñando ya han sido los amantes posibles, inminentes, en visión, de la dama. Tal desnudez real ahora los inflama que los viejos se asoman, tímidos estudiantes. ¿Son viejos? Eso cuentan. Es cómputo oficial. En su carne se sienten, se afirman juveniles porque lo son. Susana surge ante su deseo, que conserva un impulso cándido de caudal. Otoños hay con cimas y ráfagas de abriles. -Ah, Susana. -¡Qué horror! -Perdóname. ¡Te veo!
Versos y pensamientos de Jorge Guillén
Selección destacada« El alma vuelve al cuerpo, se dirige a los ojos y reconoce el agua, la luz, el aposento. »
« Cuando está Federico no hace ni frío ni calor, hace Federico. »
« La historia es solo voluntad del hombre. »
« La hombría del hombre, de muchos hombres, se cansa atrozmente. »
« Una vida no cabe en la memoria. »
« Al recuerdo se agarra la existencia / con ansiedad de historia convivida. »
« Atención, escuchad: el alba es una obra. »
« Mi ser es mi vivir acumulado. »
« Respiro, no agonizo, vivo y vivo [...]¿Y cómo respirar? Con gran ahogo,a no ser que se mienta o se compartala brisa del Poder. y Soy, más, estoy. Respiro]. »
« Vivir es algo más que un ir muriendo / Vivir es convivir en compañía. »
« Cántico es la poesía del sí vital. »
Poemas y obras destacadas
Antología de poemas inmortales
Reúne las composiciones poéticas más aclamadas de Poemas de Jorge Guillén, donde la maestría del verso y la hondura del sentimiento alcanzan su máxima expresión.
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Una antología indispensable que demuestra por qué su poesía sigue viva y resonando con fuerza en el corazón de los lectores actuales.
Algunos libros de poesía de Jorge Guillén:
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