Jorge Enrique Adoum

Biografía y amplia selección de poemas de Jorge Enrique Adoum. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica. Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Antología lírica (7 poemas seleccionados)

El desenterrado

Escapa por tu vida: no mires tras de ti.

Génesis, XIX, 17

Si dijeras, si preguntaras de dónde

viene, quién es, en dónde vive, no podría

hablar sino de muertos, de substancias hace

tiempo descompuestas y de las que sólo

quedan los retratos; si preguntas de nuevo,

diría que transcurre el cuarto al fondo

de la casa, que conserva destruyendo labios

como látigos, rostros, restos de útiles

inútiles y de parientes transitorios

en su soltera soledad.

Pero ¿quién puede todavía

señalar el lugar del nacimiento, quién

en la encrucijada de los aposentos, halla

la puerta por donde equivocó el camino?

Detrás de su ciega cerradura, el hombre

y su mujer ajena, que la tarde devuelve

puntualmente, suelen engañarse con amantes

abandonados o difuntos, desvestirse a oscuras,

cerrar los ojos, primero las ventanas, y con la voz

y con las manos bajas, incitarse a dormir

porque hace frío. Pero un día despiertan

para siempre desnudos, descubren la edad

del triste territorio conyugal, y se toleran

por última vez, por la definitiva, perdonándose

de espaldas su muda confesión de tiempo compartido.

Y a través de caderas sucesivas, volcadas

como generaciones de campanas, el seco río

de costumbres y ceniza continúa, arrastra

flores falsas, recuerdos, lágrimas usadas

como medallas, y en cualquier hijo recomienza

su antepasado cementerio.

Y es duro apacentar

el alma, y es preciso salvarla de la tenaz

familia: apártala de tu golpeado horario

y sus descuentos, defiéndela renunciando

a las uñas que ya nada pueden defender,

ayúdame arrancando las difíciles pestañas

que al sueño estorban, las ropas, las

palabras que establecen la identidad

desenterrada.

Porque desnudo y de nuevo

sin historia vengo: saludo, grito, golpeo

con el corazón exacto la vivienda

del residente, quiero tocar sus manos

convertidas en raíz de mujer y de tierra, y otra vez

pregunto si estuve aquí desde antes,

cuándo salí para volver amando este retorno,

si he llegado ya, si he destruido

el antiguo patrimonio de miedo y abalorios

por donde dios se abrió paso a puñetazos,

si cuanto tuve y defendía ha muerto

de su propio ruido, de su propia espada,

para sobre la herencia del salvaje tiempo

y sus secretos, para sobre sus huesos

definitivamente terrestres y quebrados,

sobre la sangre noche a noche vertida

en la verdura rota, en los telares,

recién nacer o seguir resucitando.

De
"Ecuador Amargo" 1949

Jorge Enrique Adoum

El perseguido

¿Es posible que esto sea toda

la historia, solo un día? ¿Una noticia

de ayer, perdida en la penúltima

página, la cotización caída ?

Te cobran por la fuerza, los arriendos

vencidos de la tierra, te cobran por las cosas

que tu lámpara hizo agonizar a puro nimbo

y por el corazón y sus jóvenes bestias

que pacen suspirando:

la pólvora, tu amante,

se sacude las manos: "asunto concluido".

Ya eres el que ibas a ser, el mismo polvo

del que algo te aliviaba tu cepillo de ropa.

Cumpliré tus encargos, sigo siendo

el que eras. Ave de paso. Animal profético.

Salud, ángel de paso, irremediablemente intacto.

De "Los
cuadernos de la tierra" (IV) 1952 - 1962

Jorge Enrique Adoum

Entonces ¿no hay olvido?

y no podré jamás confundirme de puerta

y a nunca equivocarme de rostro de tranvía

comenzar el destino en la otra mano

con una llave o un sombrero diferentes

sin recorrer la misma duda y a la misma hora

la misma calle con el mismo pie

no entrar de nuevo al cuarto de uno

donde uno se espera y nunca sale

esperando al teléfono llamadas de una voz

que antes se escuchaba con el vientre

noticias de ojalá

el horóscopo para ayer que no acierta tampoco

y se mira crecerle los adioses en la cara

y no hay gillette para el recuerdo

no hay jabón para lo sido lo cernido

de las ruinas de uno mismo argamasa de la edad

como un templo donde ya no sucede nada cierto

y tantas moscas rondándome

simple muñón de ti mi antes

y en la mirada también queda lo sucio de estos dolores

puesto su sucio a remojar a fondo

por lo menos con esto me distraigo

me corrijo la vida como debió haber sido

hago cuentas de cuánto debo irme

para no estar conmigo en otra parte

escondiendo analgésicas teorías

olvidando soluciones criminalmente justas

manuscritos de la tempestad al fin y al cabo

con lo demás no hay cómo son las piedras honestas

del que no fui y seguí siendo otras veces

del que quise nacerme sin mancha de pasado

y si remueven un poco me verían debajo

echando una lagrimita por aquello

atónitos con melanosis

santos retorcidos por la sabiduría

equilibristas con espasmo y catalepsia

raquíticos hipertróficos enfisematosos

lánguidos místicos agónicos

esqueletos forrados de pergamino pardo

esqueletos envueltos con mosquitero

dos rodillas recuerdo de otra pierna dos dientes

reliquia de la vieja religión en la mejilla

De "Yo
me fui con tu nombre por la tierra" 1964

Jorge Enrique Adoum

Fugaz retorno

La cocina estaba todavía salpicada

de harina y oraciones; la nodriza

arropaba al fantasma de la noche,

buscaba el itinerario de las naves

que trajeran de regreso a un vagabundo.

Habían enmohecido las imágenes, envejecido

el ruido. En las grandes tinajas

el eco de voces conocidas repetía

la cuenta del dinero. Se hablaba

de adulterios cercanos, de inversiones.

"Hay afuera un día de luz, de humana

paz y de manzanas. Hay canciones y avanza

una multitud que vive y crece. De ella

es el reino del futuro. El que sea digno

ahora merecerá ese día y será amado.

Yo sé qué hora es, cómo me llamo, a dónde

voy lleno de orgullo y de noticias.

Y no estaré mucho tiempo entre vosotros".

No hubo sacrificio de vino o de cordero.

La madre, entre dos lágrimas severas,

me habló por mi bien, me indicó bondadosa

el buen camino, preguntó si tenía otro sombrero.

Mas mi hermano, el que solía fabricar delgadas

flautas para acompañar el canto de los sembradores

y que aún temía la dureza de la herencia

y la mirada del búho como un sacerdote,

no pudo dormir.

"Yo quiero merecer

el amor que tú has visto. ¿Cuándo

es la felicidad?"

"Mañana".

Y corrimos, como dos fugitivos, hasta

la dura orilla donde se deshacían

las estrellas. Los pescadores nos hablaron

de victorias sucesivas en provincias cercanas.

Y nos mojó los pies una espuma del alba,

llena de raíces nuestras y de mundo.

De
"Notas del hijo pródigo" 1953

Jorge Enrique Adoum

Home sweet home

de qué carajo sirvió todo el amor sobre todo

si después de todo llegaron las explicaciones

esa excrecencia que le nace al destino

cuando ya se han gastado por el uso los cuerpos

entonces me voy yendo

pero nos quedamos quedándonos

animalmente atados entre nosotros dos

y vivieron felices muchos años

De
"Prepoemas en postespañol" 1979

Jorge Enrique Adoum

De "Yo me fui con tu nombre por la tierra" 1964

It was the lark,
bichito, no nightingale*

No es fácil injertarse en ti, ísima mía.

Me doy cuenta de que fue risa y no tos

lo que te dije, y debo despensar las cosas

que puse en tu silencio, y salir de tus bocas de

y dejarte, mitad sola, gastada por mis vellos.

Es el día consuetudinario, conozco su censura.

Se diría que el agua usada del llanto desbordara

de anteojos, baúles, bodegas, por mi culpa,

que todas las guerras que pacen amarradas

se fueran galopando a comer, solo porque

me olvidé de sufrir anoche, y fuera el centinela,

o me hubiera ido a volver, descuidando la tierra.

No es fácil ser feliz: primero, no nos dejan

y, quién sabe, será también la falta de costumbre

o tal vez haya que aprender, pero cómo, desterrado.

Metí amor
en esa habitación de cejijunto,

en esta sólida soledad que debo hacer a un lado

pues no cabemos ya los dos al mismo tiempo,

mas parece que hubiera que aguantar toda la vida,

hacer cola en el mundo, esperar que los demás

pasen primero a casarse o comer o a sus negocios,

para empezar a vivir sin sentirse culpable,

conmutándome a tu lado la pena de durar.

* "It was de lark, the herald of the morn, no nightingale"

de la escena quinta del acto tercero de Romeo y Julieta,

de Shakespeare.

De "Yo
me fui con tu nombre por la tierra" 1964

Jorge Enrique Adoum

La visita

(Capítulo
de novela)

Llamo a la
puerta.

-Quién es, pregunto.

-Yo, contesto.

-Adelante, digo.

Yo entro.

Me veo al que fui hace tiempo.

Me espera el que soy ahora.

No se cuál de los dos está más viejo.

De "Yo
me fui con tu nombre por la tierra" 1964

Jorge Enrique Adoum

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