Poesía Universal

Jorge Carrera Andrade

Biografía y amplia selección de poemas de Jorge Carrera Andrade. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Jorge Carrera Andrade. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Jorge Carrera Andrade

14 poemas seleccionados
1.

Amigo de las nubes

Forastero perdido en el planeta
entre piedras ilustres, entre 
		máquinas
reparto el sol del trópico en monedas. 
		

Ciudadanos de niebla, hombres del viento
y del disfraz azul, 
		de la alcancía
y del dios de los números:
Yo leo en vuestras 
		máscaras floridas. 
		

Manjar de espinas con sazón de hielo
me brindáis cada día. 
		Nada os pido
cínicos hospederos de este mundo,
guardianes de un 
		incierto paraíso. 
		

Mercaderes de avispas:
Soy hombre de los trópicos azules.

		Os espío por cuenta de la luna.
Soy agente secreto de las nubes.
2.

Amor es más que la sabiduría...

Amor es más que la sabiduría:
es la resurrección, vida segunda.

		El ser que ama revive 
		
o vive doblemente.
El amor es resumen de la tierra,
es luz, es 
		música, sueño
y fruta material
que gustamos con todos los 
		sentidos.
¡Oh mujer que penetras en mis venas
como el cielo en los 
		ríos!
Tu cuerpo es un país de leche y miel
que recorro sediento.

		Me abrevo en tu semblante de agua fresca,
de arroyo primigenio
en 
		mi jornada ardiente hacia el origen
del manantial perdido.
Minero 
		del amor, cavo sin tregua
hasta hallar el filón del infinito.
3.

Biografía

La ventana nació de un deseo de cielo
y en la muralla negra se posó 
		como un ángel.
Es amiga del hombre
y portera del aire.

		
Conversa con los charcos de la tierra,
con los espejos niños de 
		las habitaciones
y con los tejados en huelga.

		
Desde su altura, las ventanas
orientan a las multitudes
con 
		sus arengas diáfanas.

		
La ventana maestra
difunde sus luces en la noche.
Extrae la 
		raíz cuadrada de un meteoro,
suma columnas de constelaciones.

		
La ventana es la borda del barco de la tierra;
la ciñe mansamente 
		un oleaje de nubes.
El capitán Espíritu busca la isla de Dios
y 
		los ojos se lavan en tormentas azules.

		
La ventana reparte entre todos los hombres
una cuarta de luz y un 
		cubo de aire.
Ella es, arada de nubes,
la pequeña propiedad del 
		cielo.
4.

Canciã“n

Canción de la manzana

		
Cielo de tarde en miniatura:
amarillo, verde, encarnado,
con 
		lucero de azúcar
y nubecillas de raso,

		
manzana de seno duro
con nieves lentas para el tacto,
ríos 
		dulces para el gusto,
cielos finos para el olfato.

		
Signo del conocimiento.
Portadora de un mensaje alto:
La Ley 
		de la gravitación
o la del sexo enamorado.

		
Un recuerdo del paraíso
es la manzana en nuestras manos.
Cielo 
		minúsculo: en su torno
un ángel de olor está volando.
5.

Concha marina

Entre la 
		arena, es la concha
lápida recordativa
de una difunta gaviota.
6.

Cuaderno del paracaidista

Sólo encontré dos pájaros y el viento,
las nubes con sus mapas 
		enrollados
y unas flores de humo que se abrían buscándome
durante 
		el vertical viaje celeste.

		
Porque vengo del cielo
como en las profecías y en los himnos,

		emisario de lo alto, con mi uniforme de hojas,
mi provisión de vidas 
		y de muertes.

		
Del cielo voy bajando como el día.
Humedezco los párpados
de 
		aquellos que me esperan: he seguido
la ruta de la luz y de la lluvia.

		
Buen arbusto, protéjeme.
Dile, tierra, a tu surco mojado que me 
		acoja
y a ese tronco caído
que me enseñe el calor, la forma 
		inerte.

		
¡Aquí estoy, campesinos europeos!
Vengo en nombre del pan, de las 
		madres del mundo
de toda la blancura degollada:
la garza, la 
		azucena, el cordero, la nieve.

		
Fortalecen mi brazo ciudades en escombros,
familias mutiladas, 
		dispersas por la tierra,
niños y campos rubios viviendo, desde hace 
		años,
siglos de noche y sangre.

		
Campesinos del mundo: he bajado del cielo
como una blanca umbela 
		o medusa del aire.
Traigo ocultos relámpagos o provisión de muertes,

		pero traigo también las cosechas futuras.

		
Traigo la mies tranquila sin soldados,
las ventanas con luz otra 
		vez, persiguiendo
la noche para siempre derrotada.
Yo soy el nuevo 
		ángel de este siglo.

		
Ciudadano del aire y de las nubes,
poseo sin embargo una sangre 
		terrestre
que conoce el camino que entra a cada morada,
el camino 
		que fluye debajo de los carros,

		
las aguas que pretenden ser las mismas
que ya pasaron antes,

		la tierra de animales y legumbre con lágrimas
donde voy a encender el 
		día con mis manos.
7.

Cuerpo de la amante

I

		
		Pródigo
		cuerpo:
dios, animal dorado,
fiera de seda y sueño,
planta y 
		astro.
Fuente encantada
en el desierto.
Arena soy: tu imagen

		por cada poro bebo.
Ola redonda y lisa:
En tu cárcel de nardos

		devoran las hormigas
mi piel de náufrago.

		
II
TU boca, fruta abierta
al besar brinda
perlas en un 
		pocillo
de miel y guindas.
Mujer: antología
de frutas y de 
		nidos,
leída y releída
con mis cinco sentidos.

		
III
NUCA:
escondite en el bosque,
liebre acurrucada

		debajo de las flores,
en medio del torrente,
Alabastro lavado

		mina
y colmena de mieles.
Nido
de nieves y de plumas.
Pan 
		redondo
de una fiesta de albura.

		
IV
TU cuerpo eternamente está bañándose
en la cascada de tu 
		cabellera,
agua lustral que baja
acariciando peñas.
La cascada 
		quisiera ser un águila
pero sus finas alas desfallecen:
agonía de 
		seda
sobre el desierto ardiente de tu espalda.
La cascada quisiera 
		ser un árbol,
toda una selva en llamas
con sus lenguas lamiendo

		tu armadura de plata
de joven combatiente victoriosa,
única 
		soberana de la tierra.
Tu cuerpo se consume eternamente
entre las 
		llamas de tu cabellera.

		
V
FRENTE: cántaro de oro,
lámpara en la nevada,
caracola de 
		sueños
por la luna sellada.
Aprendiz de corola,
albergue de 
		corales,
boca: gruta de un dios
de secretos panales.

		
VI
TU cuerpo es templo de oro,
catedral de amor
en donde 
		entro de hinojos.
Esplendor entrevisto
de la verdad sin velos:

		¡Qué profusión de lirios!
¡Cuántas secretas lámparas
bajo tu piel, 
		esferas
pintadas por el alba!
Viviente, único templo:
La deidad 
		y el devoto
suben juntos al cielo.


		VII
TU 
		cuerpo es un jardín, masa de flores
y juncos animados.
Dominio del 
		amor: en sus collados
persigo los eternos resplandores.
Agua 
		dorada, espejo ardiente y vivo
con palomas suspensas en su vuelo,

		feudo de terciopelo,
paraíso nupcial, cielo cautivo.
Comarca de 
		azucenas, patria pura
que mi mano recorre en un instante.
Mis 
		labios en tu espejo palpitante
apuran manantiales de dulzura.
Isla 
		para mis brazos nadadores,
santuario del suspiro:
Sobre tu 
		territorio, amor, expiro
árbol estrangulado por las flores.
8.

Dictado por el agua

I
Aire 
		de soledad, dios transparente
que en secreto edificas tu morada

		¿en pilares de vidrio de qué flores?
¿sobre la galería iluminada

		de qué río, qué fuente?
Tu santuario es la gruta de colores.

		Lengua de resplandores
hablas, dios escondido,
alojo y al oído.

		Sólo en la planta, el agua, el polvo asomas
con tu vestido de alas de 
		palomas
despertando el frescor y el movimiento.
En tu caballo azul 
		van los aromas,
Soledad convertida en elemento.


		II

		Fortuna de cristal, cielo en monedas,
agua, con tu memoria de la 
		altura,
por los bosques y prados
viajas con tus alforjas de 
		frescura
que guardan por igual las arboledas
y las hierbas, las 
		nubes y ganados.
Con tus pasos mojados
y tu piel de inocencia

		señalas tu presencia
hecha toda de lágrimas iguales,
agua de 
		soledades celestiales.
Tus peces son tus ángeles menores
que 
		custodian tesoros eternales.

		
III
Doncel de soledad, oh lirio armado
por azules espadas 
		defendido,
gran señor con tu vara de fragancia,
a los cuentos del 
		aire das oído.
A tu fiesta de nieve convidado
el insecto aturdido 
		de distancia
licor de cielo escancia,
maestro de embriagueces

		solitarias a veces.
Mayúscula inicial de la blancura:
De retazos 
		de nube yagua pura
está urdido su cándido atavío
donde esplenden, 
		nacidos de la altura
huevecillos celestes de rocío.

		


		IV

		Sueñas, magnolia casta, en ser paloma
o nubecilla enana, suspendida

		sobre las hojas, luna fragmentada.
Solitaria inocencia recogida
en 
		un nimbo de aroma.
Santa de la blancura inmaculada.
Soledad 
		congelada
hasta ser alabastro
tumbal, lámpara o astro.
Tu 
		oronda frente que la luz ampara
es del candor del mundo la alquitara

		donde esencia secreta extrae el cielo.
En nido de hojas que el verdor 
		prepara
esperas resignada el don del vuelo.

		


		V
Flor 
		de amor, flor de ángel, flor de abeja,
cuerpecillos medrosos, 
		virginales
con pies de sombra, amortajados vivos,
ángeles en 
		pañales.
El rostro de la dalia tras su reja,
los nardos que arden 
		en su albura, altivos,
los jacintos cautivos
en su torre delgada

		de aromas fabricada,
girasoles, del oro buscadores:
lenguas de 
		soledad, todas las flores
niegan o asienten según habla el viento

		y en la alquimia fugaz de los olores
preparan su fragante 
		acabamiento.

		


		VI
¡De 
		murallas que viste el agua pura
y de cúpula de aves coronado
mundo 
		de alas, prisión de transparencia
donde vivo encerrado!
Quiere 
		entrar la verdura
por la ventana a pasos de paciencia,
y anuncias 
		tu presencia
con tu cesta de frutas, lejanía.
Mas cumplo cada día,

		Capitán del color, antiguo amigo
de la tierra, mi límpido castigo.

		Soy a la vez cautivo y carcelero
de esta celda de cal que anda 
		conmigo,
de la que, oh muerte, guardas el llavero.
9.

Edición de la tarde

La tarde lanza su primera edición de golondrinas
anunciando la nueva 
		política del tiempo,
la escasez de las espigas de la luz,
los 
		navíos que salen a flote en el astillero del cielo,
el almacén de 
		sombras del poniente,
los motines y desórdenes del viento,
el 
		cambio de domicilio de los pájaros,
la hora de apertura de los 
		luceros.
La súbita defunción de las cosas
en la marea de la noche 
		ahogadas,
los débiles gritos de auxilio de los astros
desde su 
		prisión de infinito y de distancia,
la marcha incesante de los 
		ejércitos del sueño
contra la insurrección de los fantasmas
y, al 
		filo de las bayonetas de la luz, el orden nuevo
implantado en el 
		mundo por el alba.
10.

El objeto y su sombra

Arquitectura fiel del mundo,
realidad, más cabal que el sueño.
La 
		abstracción muere en un segundo:
sólo basta un fruncir del ceño.

		
Las cosas. O sea la vida.
Todo el universo es presencia.
La 
		sombra al objeto adherida
¿acaso transforma su esencia?

		
Limpiad el mundo -ésta es la clave-
de fantasmas del pensamiento.

		Que el ojo apareje su nave
para un nuevo descubrimiento.
11.

El

país del exilio 
		no tiene árboles...


		El país 
		del exilio no tiene árboles.

		Es una inmensa soledad de arena.

		Sólo extensión vacía donde crece

		la zarza ardiente de los sacrificios.

		El país del exilio no tiene agua.

		Es una sed sin límites,

		sin esperanza de cercanas fuentes

		o de un sorbo en el cuenco de una piedra.

		El país del exilio no tiene aves

		que encanten con su música al viajero.

		Es desierto poblado por los buitres

		que esperan el convite de la muerte.

		Alza el viento sus torres deleznables.

		Sus fantasmas de arena me persiguen

		a través de la patria de la víbora

		y de la zarza convertida en fuego.
12.

El viaje infinito

Todos los seres viajan
de distinta manera hacia Su Dios:
La raíz 
		baja a pie por peldaños de agua.
Las hojas con suspiros aparejan la 
		nube.
Los pájaros se sirven de sus alas
para alcanzar la zona de 
		las eternas luces.

		
El lento mineral con invisibles pasos
recorre las etapas de un 
		círculo infinito
que en el polvo comienza y termina en el astro
y 
		al polvo otra vez vuelve
recordando al pasar, más bien soñando
sus 
		vidas sucesivas y sus muertes.

		
El pez habla a su Dios en la burbuja
que es un trino en el agua,

		grito de ángel caído, privado de sus plumas.
El hombre sólo tiene la 
		palabra
para buscar la luz
o viajar al país sin ecos de la nada.
13.

Golondrinas

Que me busquen mañana.
Hoy tengo cita con las golondrinas.
En las 
		plumas mojadas por la primera lluvia
llega el mensaje fresco de los 
		nidos celestes.
La luz anda buscando un escondite.
Las ventanas 
		voltean páginas fulgurantes
que se apagan de pronto en vagas 
		profecías.
Mi conciencia fue ayer un país fértil.
Hoyes campo de 
		rocas.
Me resigno al silencio
pero comprendo el grito de los 
		pájaros
el grito gris de angustia
ante la luz ahogada por la 
		primera lluvia.
14.

Inventario de mis únicos bienes

La nube donde palpita el vegetal futuro,
los pliegos en blanco 
		que esparce el palomar,
el sol que cubre mi piel con sus hormigas de 
		oro,
la oleografía de una calabaza pintada por los negros.
las 
		fieras de los bosques del viento inexplorados,
las ostras con su 
		lengua pegada al paladar,
el avión que deja caer sus hongos en el 
		cielo,
los insectos como pequeñas guitarras volantes,
la mujer 
		vista de pronto como un paisaje iluminado por un relámpago,
la vida 
		privada de la langosta verde,
la rana, el tambor y el cántaro del 
		estómago,
el pueblecito maniatado con los cordeles flojos de la 
		lluvia,
la patrulla perdida de los pájaros
-esos grumetes blancos 
		que reman en el cielo-,
la polilla costurera que se fabrica un traje,

		la ventana -mi propiedad mayor-,
los arbustos que se esponjan como 
		gallinas,
el gozo prismático del aire,
el frío que entra a las 
		habitaciones con su gabán mojado,
la ola de mar que se hincha y 
		enrosca como el capricho de un vidriero,
y ese maíz innumerable de 
		los astros
que los gallos del alba picotean
hasta el último grano.

Versos y pensamientos de Jorge Carrera Andrade

4 citas
« Forastero perdido en el planeta / entre piedras ilustres, entre »
Jorge Carrera Andrade · Amigo de las nubes
« Amor es más que la sabiduría: / es la resurrección, vida segunda. »
Jorge Carrera Andrade · Amor es más que la sabiduría...
« La ventana nació de un deseo de cielo / y en la muralla negra se posó »
Jorge Carrera Andrade · Biografía
« Canción de la manzana / Cielo de tarde en miniatura: »
Jorge Carrera Andrade · Canciã“n
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