« Mira qué piernas tienes, la lisura de tu cuello. / La vida te ha dejado ser bella todavía. »
Jordi Virallonga · Álbum
Biografía y amplia selección de poemas de Jordi Virallonga. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de Jordi Virallonga. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
Mira qué piernas tienes, la lisura de tu cuello. La vida te ha dejado ser bella todavía. Aún te queda tiempo para más de una noche, noches que no son un regalo, que regalas a los amigos feos, precoces pero tiernos, o a hombres que te llamaron guapa y querían estar contigo a solas una noche como un verano entero. Una noche tan sólo, y otra vez sola tras otra soledad entre las piernas. Da lo mismo, quizá es un mal comienzo, saca el álbum, ¿dónde está el mechero? Princesa de las fotos, no volverás a contar tu vida a nadie. Lejanas, irrompibles, testigos implacables que a cientos de quilómetros del tiempo, de cuando había risas y un paisaje, siguen llevándote a las playas, los amigos, la toalla de un hotel a mediados de noviembre. Mira ésta, es invierno, y unas hojas más allá la primavera de otro año y los niños corriendo la alameda, ¿si nunca ibas a morirte, qué risa entonces podía imaginarse que nunca más volverías a ser ésa? Aquí es verano. Éstas no, que no las vea nadie, o da lo mismo, también en esas calles la gente se encierra con sombras que tampoco fueron suyas. Ya siempre será así. Seguirás tomando leche hasta que llegue la vejez sin paliativos, no la muerte a la que temes menos, para dar a tus hijas una herencia de fotos que mostrar a sus novios, a sus amigos nuevos (por cierto, estás preciosa de perfil en la del puente), y entiendan en tus ojos, los suyos, que perder no es fracasar, y que la victoria significa estar sufriendo siempre para no alcanzar verdad alguna; que con su poco de amar, todo es vivir irremediablemente.
orden y concierto
-Adagio Calmo-
Para Pilar Chavarrías Alvarez
Carissima:
Aunque ser no sea lo que soy ni lo que he sido,
sino una cosa vaga,
todo significa ver
lo que estos ojos ven
porque uno
no detenta
más vida
que la suya,
y ya que lo preguntas:
Asistirás a la cerrada verdad de la quietud,
aun en la distancia,
porque son tus ojos en mí los que te llevan.
Asistirás aunque no adviertas perpetrar la emboscada
del día
o se vuelva gris el tren y acucie la insistencia una patria
sin edad.
Asistirá de nuevo el tiempo
triángulo amoroso de un antiguo anhelo,
sin que le importe al tiempo un álamo
el riesgo de poseer al tiempo, a ti o al pensamiento que te
lleva a cientos de quilómetros por nada más extraño
que su hora.
Adulta o
no,
la alameda se repite:
la alameda se repite como un obcecado mirador de despertares.
Agradece pues esas miradas desbandadas
como el alojo de un cuerpo en un cuerpo que le vence,
así el jolgorio de verano en los ulises de las playas,
tal el vicio en el cerebro de los hombres de Instituto
(entonces yo era una pena y no estaba,
yo estaba rindiéndome a escondidas de los curas a Sachmis de Karnak).
Pero como en ti se obcecó el clima de aquel aire, estarás durmiendo.
Dormir fue siempre en ti un particular viaje,
una parcial totalidad de andar despierta,
abandonada siempre como abandonándote,
como si ya en el avión no encontraran más que tu maleta,
como si te hubieran secuestrado en Oriente al comprar una tetera,
como si me hubiera tragado el desagüe y no me
encontraras al licuarse las burbujas de jabón.
Todo este anacoluto -que rima con grazie di tutto,
es decir con falta de coherencia emocional-
viene a cuento
de que me pareció tu nombre entero un bar pequeño,
pueblo anexionado al empeño de poder a toda edad,
sólo por el son y serpenteo de una sonrisa limpia, cerrado
caracol, embrión del reposo que al
estallido brama... oh
sí dime ¿cuándo amando a las mujeres te
llamé mujer?
Amando el
verde amé la tropelía de tus ojos donde quiera
que se urdiera una fatiga,
aquí,
como si de veras habitara alguien
capaz de residirte sin tú abandonarle.
El frío afila la vagina de los puentes
(qué fría maquinación esta de así respirar).
La alameda se repite en su ingenua vocación filmada
como el culo de un mandril en un álbum de animales;
restará ahí siempre como el museo egipcio,
como los felinos y marmóreos pechos de Sachmis de Karnak.
Amando los felinos y marmóreos pechos de Sachmis de Karnak
amé los tuyos,
mis horas bajas:
el revisitado estado donde no se hacía viejo ni jamás,
la hora de volver a casa,
una especial mala uva por la cual bebo tanto y pierdo
poco a poco la memoria
y el futuro que no siendo mío cruzará de nuevo la estupidez de
amar,
es decir, de volver a conocerte.
Decía
que aunque febrero no sea ya tu mano en el cambio de luna
y un teléfono hilvane
y sepas que no hay razón en esta telefónica ventura,
es inútil saber que eres tan sólo tú quien pasas,
o yo, o todos los ojos de este tren saltando álamos,
un mandril, el recuerdo fotográfico en las bolsas de maíz,
el cauce seco que quizá ensombreciera un viaducto,
o Sachmis de Karnak en el museo de mis ojos,
ya los tuyos.
sólo nosotros,
por mucho que el observatorio espere persiga y aguarde
a todos los cometas en su idiota trayectoria,
o nos prometan que dentro de cien años, ya pesar de los primates,
la flor del junco reflorecerá.
Quiero decir, quería se entendiera,
que a veces sólo a veces gran amor es casi siempre un infortunio,
lo es respirar así, tan como queriéndolo, como contando pulsaciones.
y tú lo sabes
-llegaste azul, azul al verde y lo supiste todo-,
porque escribir esto es amarte
aun al desaguar lo que todos dejamos de ser levantando losas, buscando
playas.
Tampoco yo demostraré que aquel tiempo de laurel y de jardines
y de cuerda y de columpio y de atado a los cipreses;
de testigo insobornable de una infancia infame, pasó,
aunque ocupe también ahora el sueño ajeno
(así un labio dejado en el cristal) ,
de habitar un lugar que aun siendo mío
es de alguien que pronto volverá
por todo aliento que le fue arrebatado.
Estoy cansado, D' Artagnan, es cierto
que no merece la vida una pregunta.
En realidad las cosas me son así
por eso que no supe ser a tiempo, tú ya sabes:
llegó abril y tus ojos de cometa
se asomaron a la apatía de las próximas playas.
Nunca quise retenerte.
En realidad las cosas fueron así,
entonces no te dije,
y quizá eso lo hubiera aclarado todo, te digo,
ya que no lo preguntas.
Se leyó a sí mismo los versos que había escrito y se negó, nunca más, a recibirse. Era un mal poeta, pero un hombre extraordinario.
centinela Esperar, sufrir, dar vueltas por la casa, atender un regreso, desear verdad y venganza, cavar la bajeza. Nada más puedo hacer con todo esto que soy, aun sabiendo que, cuando tienes pavor, la peor soledad es la del centinela.
No es el verdugo quien dicta ni atiende los asuntos mundanos. Sólo hace su trabajo. También el asesino que asesina, la víctima que muere, los testigos que atestiguan que sí, que no o quién sabe, todos ellos, la gente que pasaba, la prensa que pensaba, hacían su trabajo. Mas no temáis. Ni ellos ni yo ni nadie debemos responder ante la historia. Si acaso el rey o dios, que son irresponsables, paradigmas verbales del odio y de la gloria.
« Mira qué piernas tienes, la lisura de tu cuello. / La vida te ha dejado ser bella todavía. »
« orden y concierto / -Adagio Calmo- »
« Se leyó a sí mismo / los versos que había escrito »
« Esperar, sufrir, / dar vueltas por la casa, »
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