Poesía Universal

Joan Margarit

Biografía y amplia selección de poemas de Joan Margarit. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Joan Margarit. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Joan Margarit

13 poemas seleccionados
1.

Amada Regina

En todas 
		las ciudades busco siempre
un hotel que llevara el nombre de ella.

		El Regina de Roma y su fachada
severa y gris, fascista, de granito.

		El Regina de Londres, frente a un parque
tristísimo al crepúsculo. El 
		Regina
con las piedras negruzcas de Bruselas.
El cálido Regina de 
		París,
junto al «quai» solitario de barcazas.
El Regina y su 
		zócalo de moho 
		
lamido por las aguas oscuras de Venecia.
Y cuando ella murió, y 
		él no viajaba ya,
el último Regina, en el bullicio
del centro, en 
		Barcelona,
le acogió con sus gélidos espejos
y con su delicada 
		marquesina
de hierro y de cristal en la calle Bergara.
Regina 
		amada, hoteles y mujer:
algunos negros bultos en la noche,
la 
		caldera encendida y los neones
de tu nombre, violentos de tanta 
		soledad.
Ciudades que están llenas de imprevistos
hitos de amor.


		* * *
2.

Caligrafía

Ha apoyado la frente en el cristal
frío, empañado, con trasluz de 
		invierno.
Escribe el nombre de ella y, a través
de las líneas que 
		traza con el dedo,
la ha visto en un paraje solitario
con el mar y 
		las rocas en la noche.
Al fondo, las estrellas: de pronto, las 
		gaviotas
alzan el vuelo como un resplandor
al paso de un falucho. 
		Se ha engañado:
detrás de la ventana hay una calle
que el alba 
		hace más triste, sin un alma,
con coches aparcados.
Tras las 
		líneas comienza a amanecer:
el sol naciente borrará ese nombre
en 
		la escarcha rosada del cristal.


		* * *
3.

Cosas en común

Habernos conocido
un otoño en un tren que iba vacío;
La radiante, 
		aunque cruel
promesa del deseo.
La cicatriz de la melancolía
y 
		el viejo afecto con el que entendemos
los motivos del lobo.
La 
		luna que acompaña al tren nocturno
Barcelona-París.
Un cuchillo de 
		luz para los crímenes
que por amor debemos cometer.
Nuestra 
		maldita e inocente suerte.
La voz del mar, que siempre te dirá

		dónde estoy, porque es nuestro confidente.
Los poemas, que son cartas 
		anónimas
escritas desde donde no imaginas
a la misma muchacha que 
		un otoño
conocí en aquel tren que iba vacío.


		* * *
4.

* * *

Edad roja


		                                                                        
		A Àlex Susanna

		
Tanto tiempo has tardado en aprender
que llegas tarde al gran 
		amor:
Que nunca habrás vivido una edad de oro.
Las rosas de 
		Ronsard
nunca serán perfume en tu mirada,
ningún otoño habrá de 
		deshojar,
en los brazos de nadie, lentos pétalos.
Con el olvido 
		tapas los espejos
igual que acostumbraban en las casas
donde había 
		un difunto.
No vuelven las mujeres con las cuales
cambiabas años 
		de tu soledad
por un fugaz momento de ternura.
Tan ardiente es la 
		vida en el otoño,
que en las horas de angustia no podrás
amar ni a 
		la mujer que ya has perdido.


		* * *
5.

Embraceable you

Es triste poner Gershwin sin poder abrazarte.
Somos el blanco y negro 
		de una vieja película:
las parejas bailando, y los barcos de guerra

		que han de zarpar al alba. Quizá fui aquel muchacho
que pereció en 
		combate, y tú aquella muchacha
que nunca olvidaría la canción.

		Vivimos en la sombra su mañana perdido
en oscuros bailables. Pero 
		hoy, aquella música
se toca en los conciertos y nadie ya la baila.

		Hemos errado el tiempo, destruido los recuerdos.
La fiesta está 
		acabando: guarda el último baile
-la luz de oro del saxo y una pieza 
		de Gershwin-
para cuando se acerque
la hora de embarcar en el 
		buque de guerra.


		* * *
6.

Faros en la noche

Intento seducirte en el pasado.
Las manos al volante y esta luz
de 
		club nocturno del tablier me dejan
-fantasía invernal- bailar 
		contigo.
Detrás de mí, igual que un gran camión,
el mañana hace 
		ráfagas de luces.
No lo conduce nadie y me adelanta,
pero ahora tú 
		y yo viajamos juntos
y el coche puede ser el dos caballos
de los 
		años sesenta hacia París.
"Je ne regrette rien" canta Edith Piaf.

		Bajo la ventanilla, entra la noche
fria de la autopista, y el pasado

		se aproxima de cara, velozmente:
cruza y me ciega sin bajar las 
		luces.


		* * *
7.

Flores blancas en la niebla

Sábanas grises de la escarcha
cubrían el bancal de los almendros;

		pero llegaron lluvias como máscaras
y la hierba borró los espejos del 
		frío.
En la invernal mirada un aire cálido
comenzaba a mentir
a 
		aquellas alas grises
de pájaros erráticos en árboles desnudos.
En 
		una sola noche de tibieza
con reflejos de sombra en el espejo,
los 
		almendros se abrieron en sus flores.
Tú llegaste también
en un 
		tiempo de frío y soledad:
El amor fue la brisa
sobre la escarcha 
		gris. Las flores olvidadas
extendían olor a primavera
en el ámbito 
		helado, nieve cálida
de breves flores blancas. Con tristeza
las 
		recuerdo durante aquel invierno
que en una sola noche las heló.


		* * *
8.

Historia en un ático

La vida 
		convirtiéndose -¿recuerdas?-
en viajes y trabajo.
La terraza, las 
		vistas, y nosotros
mirando hacia otra parte: así acostumbra
a 
		iniciarse el error: Pero al final,
hacía tanto frío que una tarde

		cerramos la terraza de aquel ático.
Sabes lo que te ofrezco: un viejo 
		buitre
a quien el miedo hace volar más alto
y que prepara su 
		vertiginoso
descenso hacia las últimas carroñas.
Del confuso 
		negocio del amor
quedan sólo las últimas monedas
de un tesoro 
		saqueado. Conversemos,
ya que nosotros siempre hemos hablado,
y la 
		conversación tiene el calor
que desea quien sube a un tren nocturno

		como el que se me lleva: mi pasado
se borra y el futuro ya no es 
		nadie.
Es otra clase de felicidad.


		* * *
9.

Horarios nocturnos

Acostado a tu lado, oigo los trenes.
Cruzan mi frente sus fugaces 
		luces
rasgando el horror tibio de esta noche.
La pausa de silencio 
		me deja una luz roja,
una nota sobre este pentagrama
de cables y 
		de vías oscuras y brillantes.
Acostado a tu lado,
oigo cómo se 
		alejan con el ruido más triste.
Quizá me he equivocado no subiendo a 
		uno de ellos.
Quizá el último acierto
sea -abrazado a ti-
dejar 
		pasar los trenes en la noche.


		* * *
10.

La carta

Mirabas siempre hacia adelante
como si allí estuviese el mar. Creabas

		de esta manera un movimiento de olas
ajeno y mítico en alguna playa.

		Nos unía la fuerza peligrosa
que da al amor la soledad.
Aún hace 
		temblar entre mis dedos,
de forma imperceptible este papel.
Camino 
		abandonado entre tú y yo,
cubierto por las cartas, hojas muertas.

		Pero sé que el camino persiste.
Si abandono la mano sobre el pequeño 
		fajo,
la siento descansar sobre tu espalda.
Solías escuchar hacia 
		adelante
como si allí estuviese el mar, ya transformado
en una voz 
		cansada, ronca y cálida.
Poco nos une aún: sólo el temblor
de este 
		papel tan fino entre los dedos. 
		


		* * *
11.

Mujer de invierno

Hoy que la soledad
es la última forma del amor,
esta triste ciudad 
		ha hecho que pierda
lo que había perdido, ya, de ti.
¿A qué has 
		venido?
¿Quién eres, si eres sólo
la imagen en el fondo del pozo 
		de mí mismo?
He quemado tu cuerpo en mi interior,
todo ha llegado 
		demasiado tarde.


		* * *
12.

Paisaje cerca del aeropuerto

Guarda un aire burgués de veraneo

		y a la vez de escapadas clandestinas,

		pero ya es un suburbio. La ciudad

		surge en el horizonte de la playa.

		Comienza a amanecer, los albañiles

		encienden una hoguera al pie de una obra.

		Calles entre jardines silenciosos

		acaban en la playa, y el asfalto

		se cubre de un sutil tapiz de arena.

		Despintado y cerrado, hay un viejo club náutico

		mirando el herrumbriento sol que surge

		despacio desde el mar.

		Un avión sobrevuela a baja altura:

		una pátina rosa recubre el fuselaje

		por el lado del mar.

		Vulgares, atestadas en verano,

		dignas y desoladas en invierno,

		son igual que el amor estas afueras.
		


		* * *
13.

Remolcadores entre la niebla

Amiga de la noche, reluciente,
lúcido disco de la luna:

		avanzas junto a mí por la playa, iluminas
estancias con espejos para 
		amantes
a los que aflije el plazo de una noche.
Tú y yo cruzamos 
		la ciudad caída.
Hay hojas de periódico arrastrándose
como heridas 
		de guerra, son gaviotas
que mueren en el agua de algún muelle.

		También cartas de amor que pasan cuentas
como viejos recibos de 
		negocios.
El viaje hacia la sombra nos exije
decidir compañía: yo 
		he escogido
esos ríos espesos, relucientes
de dos armas doradas, 
		dos trompetas:
una cálida y negra, la de Clifford
como un fuego en 
		la nieve de las calles
y la blanca, que apenas puede oirse
en la 
		pútrida noche con letreros
de los hoteles tristes de Chet Baker.

		Paso junto a amenazas de paredes
y escaleras de metro con los bultos

		de los que duermen bajo los cartones.
Son las sombras que tocan en la 
		noche.
Esperaba un acuerdo sobre fines
y nunca hallé finalidad 
		alguna.
Esperé incluso la pasión del náufrago
por encender un 
		fuego frente al mar
pero nadie deseaba ser salvado.
Creí que 
		contaría con la gente
en asuntos de versos y valores.
No sabía que 
		todas estas cosas
sólo indicaban cómo envejecía:
de pronto todo el 
		mundo estaba lejos
y, mientras, yo escribía este poema
sabiendo 
		que el mañana estaba hecho
de un arte para mí desconocido.
Conocí 
		a una mujer: bailaba y, juntos,
escuchamos un "Autumn leaves" como 
		este
que en la Rambla, magnánimos, los plátanos
murmuran con las 
		hojas en la noche.
Era una mujer de orden, tenía bellas manos:

		¡Dios, era mi mujer! Cómo bailaba
cantándome al oído cada pieza,

		cómo reía cuando la abrazaba.
Hoy abrazo a la noche y escucho el 
		«Loverman»
en el que Parker equivoca el tiempo.
Los faroles 
		lejanos son los ojos
vidriosos de algún perro.
La música consuela, 
		nada más:
está dentro de mí junto a mis penas,
interpretándolas 
		con claridad
y sentimiento, aunque sin esperanza.
Ya cayó la 
		ciudad de mi futuro.
Camino entre leyendas pisoteadas
del otoño 
		del cuerpo pero aún
hallo hospitalidad en un relámpago
del Café de 
		la Ópera: entre tanto,
al final de la Rambla, en los peldaños
que 
		bajan por el muelle de barcazas,
una sirena muerta está flotando
y 
		es arrastrada por las sucias aguas.

Versos y pensamientos de Joan Margarit

4 citas
« En todas / las ciudades busco siempre »
Joan Margarit · Amada Regina
« Ha apoyado la frente en el cristal / frío, empañado, con trasluz de »
Joan Margarit · Caligrafía
« Habernos conocido / un otoño en un tren que iba vacío; »
Joan Margarit · Cosas en común
« A Àlex Susanna / Tanto tiempo has tardado en aprender »
Joan Margarit · * * *
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