Poesía Universal

Jenaro Talens

Biografía y amplia selección de poemas de Jenaro Talens. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Jenaro Talens. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Jenaro Talens

16 poemas seleccionados
1.

A batallas de amor, campos de pluma

(a la manera de R. D. Laing)

		

		
		Ella

		No le gustaron nunca los encuentros furtivos,

		con jóvenes muchachas de alquiler,

		de modo que inventó una amante mecánica.

		Podía encenderla y apagarla.

		Con ella se sentía relajado y feliz.

		Colocaba un espejo sobre el rostro,

		y la besaba sin cesar, con furia,

		penetrando el abismo de su alteridad.

		Su cuerpo era de plástico,

		con una piel suave no del todo insincera.

		Sólo su voz metálica anunciaba la monotonía.

		En noches como ésta solía sonreír

		y él la abrazaba con desenvoltura

		manteniendo, no obstante, una cierta distancia

		para evitar el riesgo de la dependencia.

		La había construido con toda precisión

		y también él, por tanto, podría destruirla

		caso de no cumplir con sus obligaciones

		(por ejemplo decirle con ternura

		"bienvenido al hogar; heme aquí, tuya soy",

		o anotar las llamadas del teléfono).

		Una tarde de marzo, discutiendo con ella,

		le rompió el corazón en mil pedazos.

		Nunca encontró la pieza de repuesto.

		y ahora que ya no está, mira el muro vacío,

		los objetos de mimbre que tanto le gustaran,

		sus huellas imprecisas sobre el aparador.

		Siente un olor difuso, melancólico.

		
		

		Él

		No me gustaron nunca sus encuentros furtivos

		con jóvenes muchachas de alquiler,

		ni entendí el modo en que trató de amarme. 

		El poder de apagarme y encenderme

		fue levantando un muro entre nosotros,

		frágil como la brisa junto al mar.

		Nunca fue su mecánica nada importante para mí.

		Me colocaba espejos sobre el rostro,

		y me besaba sin cesar, con furia,

		lanzándome al abismo de su alteridad.

		Mi cuerpo era de plástico en sus manos,

		y yo sentí mi piel como una sábana

		hecha de desencuentros y monotonía.

		En noches como ésta solía sonreír

		y él me abrazaba con desenvoltura

		manteniendo, no obstante, una distancia

		para evitar el riesgo de depender de mí.

		Me había imaginado con tanta precisión

		que también él podría destruirme

		caso de no cumplir con mis obligaciones

		(por ejemplo decirle con ternura

		"bienvenido al hogar; heme aquí, tuya soy",

		o anotar las llamadas del teléfono ).

		Una tarde de marzo, (ya he olvidado por qué),

		me rompió el corazón en mil pedazos.

		Nunca encontró la pieza de repuesto.

		y ahora que ya no estoy, me siento frente a él,

		lo miro absorta cómo me contempla,

		cómo busca mi cuerpo en la pared vacía,

		en objetos de mimbre donde nunca estaré,

		cómo reconstruye mis huellas sobre el aparador.

		Siento un olor difuso, melancólico.

		

		
		Ella

		A tus soledades voy,

		de mis soledades vengo.

		Como una imagen sin ningún volumen,

		sigo las huellas que la noche borra

		sobre la arena del desierto.

		Para saber el dónde por quien somos

		sólo dispongo de este cuerpo.

		No soy presencia que te cubre, sé

		la paradoja de ofrecer sin pausa

		el espesor de un mundo que no tengo.

		No eres presencia que me cubra. Mírame:

		no ser sino un lugar para el encuentro

		no nos hace un nosotros, sólo dice

		cómo el camino es largo y tortuoso

		y que una primavera nacerá

		de las cenizas del invierno.
2.

Alba

A Jean-Marie Roosbroeck

		
I
Contemplar un jardín.
Tras la cancela un vago
rumor de 
		sombra: impune
amanecer, ya casi
luz vencida, y más luces
que 
		se insinúan. Dalias
y moluscos, gaviotas y jazmines
tu plenitud 
		asumen,
tu soledad. Los muros,
encalados, encubren
la noche en 
		pie, su historia.

		
Ver la nube
lacia, como si el mar
fuese a la tarde un buque

		encallado entre labios
de espuma. El mar. ¡Qué dulce
silencio! 
		Inmensidad
sin nombre. En ti concluye
todo, el amor, el tiempo,

		el chamariz que cruje
bajo el zarpazo tímido del sol
y ese 
		insomnio de piedra
que ha de fluir y acrece
lo que es dolor, y 
		duele, y se consume.


		II

		Contemplar un jardín.
O el mar. Mejor el mar.
                                       
		Qué importa
la vastedad del cielo
en esta hora
frágil. Qué 
		importaría.


		Sientes la 
		luz herirte y aprisionas
su sonido tenaz.
                              
		Si una palabra
hubiera, si una sola
palabra, que bastase.
Como 
		a estas aguas quietas,
para existir, sus olas.

		
"Víspera de la destrucción" 1966 - 1968
3.

Algo va a suceder

La muerte es como el sueño,
parecida a ti:
no puede ser pensada.

		Abro los ojos y amanece el día.
No hay obsesión impune, ni fantasmas

		que la luz no devore
sin más imperio que su voluntad,
ni otro 
		poder que el sol que nos despoja. 
		
Cómo olvidar que fuimos lo innombrado,
lo que negaba oscuridad a 
		un mundo
hecho, como tú y yo, de sueños rotos.
No, no duermas. El 
		pájaro del alba
dice que ayer no existe. No hay memoria,
ni 
		significa nada. Sólo, mira
esta pasión que nos acoge, que
ha 
		estallado, de pronto, insobornable,
como las ganas de vivir.


		"La 
		mirada extranjera" 1984-1985
4.

Amanecer en El Escorial

A Chús Visor


		Vuelve a 
		tu nada,
dijo el sol a la noche
quebrando el alba.


		"De 
		una obra en marcha" 2001
5.

Ángeles sobre Roma

I
Abra tu luz mi niebla a sus engaños,
pues no he nacido para 
		compartir el odio,
sino el amor. He ahí las huellas de la nieve, el 
		mar
donde todo concluye,
briznas de azul al pie de las colinas.

		La ola en la que fui, mi duración, el muro
es una sombra informe que 
		se aleja
camino de otras playas.
De un cuerpo a otro hay el tiempo 
		de una vida,
de su soledad a mis ojos hay la distancia de la muerte.

		Juntos en un paisaje aterido de sed
vemos el sol de julio que se 
		descompone,
cómo cae gota a gota
desvistiéndote incluso
del 
		color que oscurece mis palabras,
un viola emborronado por el muslo 
		del día.
Vienes desde el sonido de una vieja ciudad
(agua oculta 
		que llora entre arrayanes),
para darle otro nombre a la aventura:

		un mar sin mar y al fondo los cipreses,
ese silencio que me hace 
		diferente de ti.

		
II
Recorrerte sin pausa, como quien
se despereza al sol; ser 
		el sendero
donde inscribir tus huellas. Heme aquí,
acurrucado 
		junto al estallido
que amaga el roce de tu piel.
Cobijo mi pasión 
		a la intemperie
bajo el árbol frondoso de tus sensaciones,
esa 
		implosión de un cuerpo
en el que busco anclarme. Vieja luz
que 
		alumbra, sin embargo, todavía.

		
III
Piensa si todo esto terminase.
La floración del día y de 
		la noche,
de este día preciso, de esta noche precisa,
lo fortuito 
		de un azar que surge
inevitablemente. Piensa si
fuese sólo el 
		principio
de otro final que ya no espero, que
vuelve a decirme que 
		si todo esto
terminase, por qué. Piensa. No, toca
la luz de nuevo, 
		sin pensar, el borde
de una quietud donde se desmorona
cuanto nos 
		hizo islas. Si acabase
todo, el fulgor, la sed, la opacidad
de un 
		territorio que no es cuerpo, que
nos vuelve cuerpo, sin limitaciones,

		piensa, tanto estupor
¿cabría en un poema?

		
IV
Daré tu nombre a cuanto vea,
me aferraré a la imagen de tu 
		cuerpo
como la yedra al sol de mediodía.
Igual que el mirlo al 
		recorrer las hojas
busca en la nervadura
los gusanos, iré
a 
		trabajar los surcos,
a sembrar la memoria
si es cierto que para 
		morir,
como dijo el anciano,
basta sólo un ruidillo:
el de otro 
		corazón
(¿mío, tuyo?) al callarse.

		
V
Pero, a decir verdad, no sabemos morir.
En el fluir del día 
		que no acaba
oigo un murmullo circular, el labio
que bebo sorbo a 
		sorbo. Tócame.
He atravesado océanos de tiempo
para llegar a ti, 
		la noche sin raíces.
La tierra fue el principio,
la tierra 
		devastada que repite sus sueños.
Me hicieron renacer como quien 
		siembra
entre los intersticios de una roca
y espera sin dudar 
		hasta que crezca el fruto.
Luego vino la lluvia
desde un cielo 
		cansado 
		
de oscurecerse sin razón. ¿Comprendes
ahora? No fui yo.

VI

		Lo que sucede, al cabo, son colores.
El rojo sangre de quien nada 
		olvida,
el amarillo de la indecisión,
o el verdiazul que surge 
		como un soplo
desde una noche que no fue derrota
sino confín. El 
		blanco de reconocerte
entre las huellas menos personales
de un 
		alba compartida: sólo tú,
las variaciones de la luz y el peso
de 
		una certeza incomprensible.


		VII

		Suspende el año enti sus estaciones.
En esta antigua selva donde 
		estoy
el tiempo se abre paso con dificultad.
Discurre a solas sin 
		tu nombre
y no envejece ni se instaura, sólo
finge avanzar a 
		tientas por un túnel
hecho de azar y de pasión, de todo
cuanto nos 
		hace vagamente humanos.
La vasta tierra que recorro me
descubre en 
		el trazado de tu piel,
y ese hueco dormido que llaman corazón
es 
		un chorro de agua brotando en el desierto
del último verano que 
		perdura.
6.

Decir son meras aproximaciones

Ahora ya sé que el júbilo aún existe,
que tu rotundo vientre me 
		unifica
en esta dispersión que ha sido mi ceguera.
Fuiste verdad 
		visible, combustión, palabras
que mis manos llovían sin descanso

		desde el temblor de un vértigo insondable.
Una mirada acuosa me sigue 
		desde entonces
y, como quien no cede a tentación, sepulta mi memoria

		bajo un humus de tiempo, donde el amor en llamas
borra las sombras. 
		Mírame, desnudo
de tu calor. No hay muerte ni amargura
sino un sol 
		extranjero que pronuncia tu nombre,
su música callada, su delicadeza,

		con el fervor de un viento que no olvida.
Sé que este martes de 
		noviembre,
mientras paseo atravesando el frío del otoño,
tu voz me 
		grita desde su silencio,
desde otro cielo y en ningún lugar.
No 
		pude oír desde tan lejos el sonido del aire
pero aprendí a mirarte en 
		cada rostro,
en la agonía verde de los árboles,
en su inasible 
		luz, sabiéndote despierta
de tu profundo sueño, no de mí.

		
"La mirada extranjera" 1984-1985
7.

Divagaciones sobre el príncipe azul

Está sentada en medio de la alfombra,
con una mano sobre sus 
		cabellos y
en la otra un anillo
que hace girar con un furor 
		mecánico
bajo la luz escueta de la lámpara.
Murmura con excesiva 
		lentitud,
oigo su voz, golpea 
		
como la lluvia contra los cristales,
empañando sus gafas con una 
		incómoda humedad.
Ah, la emoción del trance, o quizá sólo
es el 
		calor que viene de la estufa.
Él se levanta, dice, cuánto sufres;

		dice, perdona, voy a hacer café,
necesitamos un descanso; vuelve;

		es hora, piensa, de una pausa; y ella
no escucha, dice, mi tragedia 
		es no
saber si el sexo satisface o si
es prescindible en su 
		ilusión; escúchame,
ignoro incluso en quién o dónde estoy
cuando 
		hago o digo cosas como ésta,
todo resulta tan confuso, intenta 
		comprender.
Él pone azúcar en la taza, dice,
admiro tanto tu 
		sinceridad.
8.

El

espejo


		Tiene la 
		blanca mano
apoyada en el libro pequeño,
sobre las pequeñas hojas 
		blancas
donde, absorta, se pierde.


		Hundida en 
		el sillón, los ojos
tibiamente impregnados de sensación de ver,

		aunque sin forma; en torno los objetos
se alzan como muros
a los 
		que sólo la incansable
profundidad de las pupilas
puede ahondar en 
		plenitud, y observa
el modo simple en que se acopla el mundo
a su 
		tacto, sin queja.
Cuanto sus dedos asen
fuertemente lo tiñen de 
		lucidez. Del cerco
nunca insalvable de la lejanía
en que hasta las 
		palabras
más repentinamente próximas participan
la protege este 
		libro pequeño,
en cuyas pequeñas hojas blancas sus blancas manos se 
		posan.

		
Y algún vago deseo
le asalta: «cuerpo hermoso
para ofrecer, 
		quién sabe, blando muslo,
labios acaso con temblor de aurora».

		Pero apenas si el brazo, febrilmente extendido,
roza el sereno 
		cristal que nada responde.

		
Ciego el espejo es
para el que en su pulida entraña no consigue 
		iniciarse
con claridad. Y vuelve
a acariciar su cuerpo, que, de 
		nuevo, insensible,
se funde en la lejana realidad envolvente.

		
Cuando ha dejado de sentir el apacible mordisco de las 
          
		últimas luces
cierra con lentitud el libro. Y comienza otra noche,

		en donde los objetos, incluso los más cercanos, también a ella
          
		la ignoran.

		
"Víspera de la destrucción" 1966 - 1968
9.

L testamento de Drácula

El 
		testamento de Drácula

		
                          
      	                                    
		(según F. F. C.)

Estas son mis palabras,
mis últimas 
		palabras.
Crecen en torno a mí sin que yo las vigile,
luego 
		retornan a mi boca
y en ella se aposentan para pasar la noche.
Las 
		digo en voz tan baja que ni tú las escuchas
a ras de suelo, tan 
		inaprensibles
que hasta las piedras las absorben.
Todo es posible 
		aquí. Tan sólo yo
soy imposible, un rostro
sin color ni volumen

		por estas galerías donde se repiten
espejos en espejos. Todos están 
		deshabitados.
Nada devuelve su espesor, salvo una luz confusa,

		dibujando mi ausencia entre los vidrios rotos.
Narciso fui cuando 
		vivía.
Mientras no estuve en el arcén del tiempo,
lo miraba pasar. 
		La muerte ahora
es la venganza de los otros, de
esos otros 
		extraños a quienes amé
sin proyectarme en ellos. Ven a mí.
No te 
		haré ningún daño. Sabe que
de soledad en soledad
huí de un cúmulo 
		de eternidades
para cruzar la tierra. Fui viajero,
me deslicé 
		hasta sombras que antes no conocí,
y en este exilio, cuando miro 
		atrás,
pienso en el sueño de los justos:
un islote de espuma 
		saturada de azul.
Tal vez los fríos del invierno sean piadosos 
		conmigo.
Sé que sobre mi tumba nacerán flores amarillas.
10.

Envoi

Surges 
		de un cielo antiguo,
del frescor crispado
con que la nieve 
		repentina azota la ciudad.
Te cubre un halo, como en una foto
en 
		la que se ha perdido el claroscuro
y los contornos y tan sólo el frío

		te reconforta y te protege.
sobre la cartulina
mis dedos acarician 
		lo que intuyen de ti
y se demoran, impacientes, como quien espera

		que se abra una puerta.
                                           
		y le inviten a entrar.


		
		"Profundidad de campo" 1997 - 2000
11.

Epilogue & After

Cuánta ceniza ardiente llueve el cielo,
ecos antiguos de una voz que 
		pasa,
ese enemigo que inventó el espejo
y me instaló sin verme en 
		su mirada.
Dando bandazos, el invierno cae;
no me permite 
		desdecirme. Calla
para obligarme a oír desde el silencio
el rumor 
		con que anula las palabras
y hace hablar a los árboles, a las

		piedras desnudas, a los puentes, con
el lenguaje del agua.
Burlón 
		y regio por las galerías,
el aire muerde sin cesar las ramas;

		ellas me enseñan a mirar sin odio:
el sol es siempre nuevo cuando se 
		levanta.
El frescor de las cosas desmiente mi agonía,
y en este 
		cuerpo imán de tu memoria inscribo
el lastre fiel de un monólogo en 
		calma.
La noche apoya su cabeza en mi hombro,
su materia sensible. 
		No hay nostalgia,
sino copos de tiempo que la noche aventa
en un 
		espacio vuelto madrugada.
Mis ideas acerca del futuro
crecen como 
		burbujas de sustancia.
Por qué seguir; la escena ha terminado,
y 
		ahora que ya no necesito nada
(si acaso respirar la luz del día),

		ahora, cuando descubro que esa luz no acaba,
sé que el camino existe

		porque por él avanzo: soy camino.
Sobrevivir ha sido mi venganza.


		De 
		"Tabula rasa" 1985
12.

Epitafio

yesca me han hecho de invisible fuego 

                                                                            
		Francisco de la Torre 

		

		Fui un viejo juglar, y conté historias.

		Mi nombre os es indiferente.

		Sólo dejo constancia de mi oficio 

		porque fue oficio quien dictó mis versos 

		no la pequeña vida que viví, 

		ni su dolor, ni su insignificancia. 

		Ella murió conmigo, y aquí yace, 

		desnuda como yo, bajo esta piedra.
13.

Es tan sólo una hipótesis, pero aún así

G. lonas, Untitled poem # 3

Dice que sólo duerme con 
		extraños, que
gracias a los extraños puede dormir en paz
y 
		permitirles ser amables anfitriones
siendo a su vez una invitada 
		amable.
Ellos no pueden tomar nada que le pertenezca,
ella tampoco 
		nada que les pertenezca
salvo lo más externo de su piel
y el café 
		con tostadas en el desayuno.
Tras noches como ésas se siente tan 
		feliz.
Dice que sólo duerme con extraños, que
de ese modo resultan 
		más sinceros.
Saben que ella está hoy,
sin que jamás se hable de 
		un mañana.
Si se lleva consigo algún objeto,
es relativamente 
		fácil perdonar.
Y si olvida algo suyo sobre la mesita
pueden 
		tirarlo luego sin problemas.
Es un dedo en un timbre después de 
		atardecer,
o una voz dulce en el teléfono.
La promesa, tal vez, de 
		una postal que no
suele firmar, y sin remite alguno.
Dice que sólo 
		duerme con extraños, que
ellos así reservan para ella
sus más 
		limpios manteles
y su mejor sonrisa.


		De 
		"Tabula rasa" 1985
14.

Fabulaciã“n

Fabulación sobre fondo de 
		espejo

		
La realidad. El tiempo. Ves tu mano
sobre una taza. El humo 
		difumina
las cosas. Tu cigarro. Aquí termina
tu verdad, cuanto 
		tocas. Sabes vano

		
el amor, puro viento de verano
que el otoño deshace e ilumina

		con dejadez. La sombra que declina
envuelve los objetos, como un vano

		
rescoldo de luz pura. Vuela intacto
a la viscosa oscuridad de 
		donde
surgió. La paz, de nuevo. Sosegada 
		

notas el alma en ti. Borroso, el tacto
desdibuja tu cuerpo y 
		te lo esconde
bajo otro cielo gris. No sientes nada.


		
		"Víspera de la destrucción" 1966 - 1968
15.

Flashes en el Brick Oven

Con Marta y Andrés Sánchez Robayna

		
¿Qué me ofrece el silencio de esta noche,
este amor sin excusa, 
		vuelto aprendizaje?
Paseo por las calles
de esta ciudad extraña

		donde incluso las flores tienen dueño.
Miro las nubes grises,
el 
		aire iluminado por una luna artificial,
y escucho el parpadeo de los 
		claxons en la carretera.
Los grajos llueven en bandadas,
vierten 
		su humosa niebla sobre las ardillas,
pero el olor que brota de la 
		hierba
no es un olor distinto
del olor con que noviembre ahora 
		irrumpirá en tu cuarto
diciéndote que empieza a amanecer,
aunque 
		sea otro el mar, otros los árboles
y otro el azul que inunde tu 
		mirada.
El día muere en Austin y estoy solo.
Aquí, de pie, junto 
		al Brick Oven,
pienso en tu cuerpo, en ti-
¿ Qué podría ofrecerme 
		esta noche de otoño
que no me ofrezcas tú?

		
"La mirada extranjera" 1984-1985
16.

Mar total que es un nombre,

La del alba sería


		La grímpola en el mástil y el cincel diminuto,
el estilete, el fuste 
		y la magnolia:
todo materia de dolor.
                                             
		(¡Abridme
las puertas de la noche!)

Pero dónde el cendal,

		dónde la encubridora
sierpe, el misterio dónde
está que por el 
		aire
sola tu ausencia en sombra
como olvido transcurre.

		
Nada pasa, amor mío.
En la ciudad desierta, el humo del alcohol

		como la lluvia es breve; es un cuchillo
helado, o una forma
que 
		pesa; pero acaba,
(todo acaba, amor mío)
como la lluvia, sobre tu 
		soledad.

		
Mira el voluble y cálido sopor de los escaparates,
el triste 
		parpadeo sin destino de las luces eléctricas.
No recorras las calles

		ahora que en las paredes, ciegas de tanta cal, unos labios resbalan
y 
		en el aire agoniza el último murmullo de una balada del amanecer.


		Escúchame, 
		no temas
la quemazón hiriente de los focos,
la luz dispuesta en 
		cajas sobre los anaqueles.
No es verdad, amor mío.
Todo es júbilo 
		aquí: la alegre máscara
del bailarín inmóvil y el asombro
de la 
		muchacha sorprendida al borde del acantilado,
mientras el viento 
		sueña
con alacranes rubios y alfileres
que la niebla diluye.


		Cuánto 
		espacio mudable en avenidas.
En el húmedo césped, como verdor que 
		estalla,
hay celajes de púrpura
y acrisoladas flores de papel.


		Ven, ven. 
		Tus ojos brillan.
Bajo la abrumadora sombra de los parques beso un 
		cuerpo dormido.


		El aire 
		gime y tiembla como azulada llama de un antiguo quinqué.
¿Sabes? La 
		lluvia arrecia
sobre esta  humosa floración de bruma
mientras 
		el boj repite sin límites
                                                                                   
		sin límites
dulce cuerpo desnudo
sobre el que desemboco
como en 
		la mar, o el mar, o un mar: tragaluz de las olas.


		Mar total 
		que es un nombre,


		un 
		nombre perseguido sobre un labio.


		De 
		"Una perenne aurora" 1969

Versos y pensamientos de Jenaro Talens

4 citas
« (a la manera de R. D. Laing) / Ella »
Jenaro Talens · A batallas de amor, campos de pluma
« Contemplar un jardín. / Tras la cancela un vago »
Jenaro Talens · Alba
« La muerte es como el sueño, / parecida a ti: »
Jenaro Talens · Algo va a suceder
« tu nada, / dijo el sol a la noche »
Jenaro Talens · Amanecer en El Escorial
Biblioteca poética

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