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Javier de Bengoechea · A una mejilla blanca
Biografía y amplia selección de poemas de Javier de Bengoechea. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de Javier de Bengoechea. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
( Madrigal póstumo ) Lento el carmín, cayó de su mejilla. Ya se apagó ese pétalo de fuego. Ya no es la sangre más desasosiego que el de saberse quieta y amarilla. Aquella de antes, ágil y sencilla, es esta dura realidad de luego. Jugó la rosa a terminar. Yo juego a lamentar su lenta maravilla. Ahora todo es igual de diferente: la llamarán como antes la llamaban, la olvidarán inolvidablemente... En un principio fue lo que se acaba. Sigue siendo lo mismo. Solamente que ya no está una rosa donde estaba.
Ejercicios de amor, los que ahora hago, y los que hacen conmigo. Sacrificios sin duda, y de dudosos beneficios. Hoy, mérito es amar. Ayer, halago. Antes, cuando los cisnes sobre el lago, amante era el mejor de los oficios. La humanidad, delicias y delicios pagándose con besos. No era pago. Dichosa aquella edad, pero se acaba, y el aquel -nunca más-- de todo ello... Se amaba, ¿de verdad?, pero se amaba. Porque el labio era rojo y era bello, deseaba, buscaba, y lo besaba. ¡Y amor, Dios mío, amor llamaba a aquello...!
Aquel clavel que abrió tu llamarada... Aquella inolvidable quemadura... Aquella doble y única locura, ¡ay!, maravilla fue, mas será nada. Recordaré el clamor de tu mirada. Recordará tu voz mi mordedura, mas se deshojará mi dentadura sobre el otoño de mi boca helada. Ese beso me pesa gravemente. Ha de caer a tierra por mi peso, pero puedo y te amo todavía. Y en los alrededores de mi frente tendrá la maravilla de aquel beso su consulado de melancolía.
( Madrigal decadente ) Esa garganta en que su voz habita, adelgazada, amor en lo que cabe, ni es comparable a nada ni se sabe con qué vecinos pájaros limita. Y si, a tal perfección, trino imita, podría tutearse con el ave este soneto de la voz más suave. si su más suave voz me lo recita. Su voz tan suave apenas si se siente. Como suelen soñar los aburridos, sueño un morir poético y consciente. Primero han de morir otros sentidos. Yo bien lo sé: definitivamente la muerte me arrastrará por sus oídos.
Dos perfiles, son dos, en el inerte yacer del afilado caballero, pero un solo perfil, el verdadero, haciendo la moneda de su muerte. Moneda del vivir -azar y suerte- ya jugó su caer triste y austero, y ahí está el amante más sincero esperando un amor que lo despierte. Ya en línea y trazos fieles se resume su enérgico morir tan delicado, de amante que en olvidos se consume. Qué fragancia de besos que no ha dado. Oh valeroso y único perfume. Oh, el morir en olor de enamorado.
La escalera del viento hacia Tu altura, se deshace en mis pies, y yo no puedo subir, oh Dios, y sin subir, me quedo flotando como pluma a la ventura. ¿En dónde estoy, oh Dios, o en qué postura pondré mi vida, o cómo desenredo los hilos de mi ansia, y me hallo, y cedo -a quién, mi Dios- mi peso de amargura? Así impaciente, por llegar, me estiro, y me rompo la vida, y más me afano, y arriba voy volando en un suspiro... Mas Tu cielo es un velo tan lejano... ¿En dónde estoy, mi Dios, en dónde? Y miro, y estoy sobre 1a palma de Tu mano.
E. Queridísima y diestra profesora de mi difícil corazón inquieto, ¿podrías restaurarme este soneto que, amarillento, tu atención implora? Mira cómo mi voz se decolora, cómo se ha oscurecido este cuarteto. Un tratamiento mágico y discreto recompondría su esbeltez sonora. Discretísima, docta criatura, pasas como una tenue veladura sobre mi corazón y sus pesares... Pasas tus manos sabias, cuidadosas. Imperceptibles, diminutas rosas, yo beso en mí tus huellas dactilares.
Mala es mi sombra, mala. ¿Me convino nacer? Pero nací. O así lo cuentan. Y si me busco en mí, mis manos tientan una pared al fondo de un camino. Yo soy un ser nacido a contra sino. Los hombres formidables me lamentan. Aumentan segurísimos, y aumentan mis posibilidades de asesino. Soy una solución que siempre yerra. (Siguen en pie la muerte y sus baluartes.) Un hospital en medio de una guerra. Me llamo trece, y me apellido martes. Pero sé lo que soy: algo de tierra rodeada de Dios por todas partes.
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