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Jaime García Terrés · Amor, el animoso hermano...
Biografía y amplia selección de poemas de Jaime García Terrés. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de Jaime García Terrés. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
Amor, el
animoso hermano
menor de las virtudes, al nacer ha trocado
mi corazón en una madre;
que así pasa la noche calculando
los años de sus hijos, y pregunta
si los poderes que gobiernan la vida del más tierno
son redentores o maléficos; si las estrellas que rigieron
su nacimiento auguran vida al amor, o muerte.
Ah, corazón, ¿en dónde buscas?
¿Son aquéllos los hados que presiden tus días?
Saben bien que hay un rostro, en cada una
de cuyas mágicas miradas la belleza
abre las páginas del Libro del Destino
que la fortuna del amor inscriben.
Ah, corazón, ella y sus ojos
te enseñaran mayor astrología.
Encima del dictado de las horas natales,
sobre los signos y las conjunciones,
en la misericordia de sus ojos está ya señalado
si el pobre amor aguarda vida o muerte.
Si esos agudos rayos, revistiendo
mortales filos, del amor urgiesen la partida
(aun cuando los cielos acordaren
entronizar un sino diferente;
aun cuando los astros más propicios, en cruce
con la más generosa de las constelaciones,
hubiesen bendecido el natalicio,
y rogado a la tierra solidaria
que alfombrase la ruta del nacido,
de cuantos bienes confortaren esta sangre joven),
al más leve desdén de la belleza,
el amor hallará definitivamente muerte.
Pero si en ella prevalecen los influjos piadosos,
y dora del amor humilde la esperanza:
(aunque desfavorables ennegrezcan
las miradas celestes, la cuna del amor;
pese a que todos los diamantes
en la corona del soberbio Júpiter
determinen agobios a su frente )
podían los ojos de ella rescatarlo;
sonríe la belleza y el amor sobrevive.
Ay, si el amor perdura, ¿dónde, si en ella no,
si no en sus ojos, sus oídos, en su pecho, si no
en el aliento suyo esconderé al amor de la temible muerte?
Pues en la vida que le dieren otros sitios,
perecerá el amor con estar vivo.
O si el amor perece, ¿dónde, si en ella no,
sino en sus ojos, sus oídos, en su pecho, sino
en el aliento suyo, dispondré los funerales?
En tumba semejante recluido
el amor vivirá, con estar muerto.
íntimas
Hay poemas edificados
en una sola tarde
sin mayor problema
porque rotundos brotan a la luz vespertina
como microcosmos totales,
hechos
y derechos,
don ágil de la musa.
Otros en cambio piden años
enteros de labor dispersa:
borradores innúmeros
tras investigaciones
minuciosas en muy diversos climas.
Pero nada sabemos,
cualesquiera que sean
los casos,
del temblor oculto;
nada nuevo
logramos aprender de los caminos,
más breves o más largos;
que conducen el sueño a su cabal destino
abriéndonos los ojos ante su pericia.
Esta manera de soñar que tengo.
tan a lo vivo, tan sin ley,
a mis labios imparte contradicciones y desvíos.
El grito se confunde con la más honda tristeza;
la tormenta fecunda calmas decisivas.
En un mismo papel quedan grabados
hijos diversos de diversa llama.
por este sueño mío. vagabundo.
Los lunes me levanto belicoso,
el miércoles me sabe amarga ya la boca,
taciturno fallece todo el viernes,
y el sábado me río descaradamente.
Jornadas van, jornadas vienen,
jamás iguales entre sí,
por este sueño mío, vagabundo.
Las palabras que dije, las coplas que medí,
verdades fueron un instante,
después nada.
Testimonio caduco, mantienen su postura,
perpetuas en su gesto momentáneo,
cual momias de convento.
A la vez concebidas, muertas, embalsamadas,
por este sueño mío, vagabundo.
Señores y señoras, desnudo tiempo soy
con alas imperiosas.
Desconozco la tregua; fluyendo me transformo
al ritmo de un tic-tac voluble,
siervo leal que mira
por este sueño mío, vagabundo.
de Valparaíso ¿Recuerdas que querías ser un poeta telúrico? Con fervor aducías los admirables ritos del paisaje, paladeabas nombres de volcanes, ríos, bosques, llanuras, y acumulabas verbos y adjetivos a sismos o quietudes (aun a las catástrofes extremas del planeta) vinculados. Hoy prefieres viajar a medianoche, y en seguida describes episodios efímeros. Tus cuadernos registran el asombro de los rostros dormidos en hoteles de paso. Encoges los hombros cuando el alba precipita desde lo alto de la cordillera blondos aluviones. ¿Qué pretendes ahora? ¿Qué deidad escudriñas? Acaso te propones glorificar el orbe claroscuro del corazón. O merodeas al margen de los cánticos, y escribes empujado ya tan sólo por insondables apetencias, como fiera que busca su alimento donde la sangre humea, y allí filos de amor dispone ciegamente.
De tu mirada llena las bienaventuranzas aguardamos, rotundo sol de mayo: Aquellos cuerpos en la calle solos están. Huye la pena misma de su lado. Catástrofes y fiebres asédianlos ajenas a distancia. Y les niega raíces la tierra que su sombra hiere. No permitas que rueden abolidos como fardos mostrencos a los pies de la vida. Roce tu llama todo resto feraz, y suenen sus injurias y su gozo reviente; una brava pasión en la morada los acompañe y abra las ventanas mustias a la contigua tempestad, diluvio de linajes. Tu corazón invade limbos, sol numeroso y único; ara piedras inánimes con furibunda primavera: Déjalo desgranarse sobre la carne de los débiles.
retrato
Un portrait porte absence et présence...
Pascal
Me hiere tu silencio
brevemente cubierto
de laureles. Todavía
te miro como a una sombra
que se divide, a veces,
en fragmentos milenarios:
aquí la nube, allá
el vacilante aroma de la tierra.
Paso a paso, naufragando
detrás de cada muro,
acontece mi sueño, renacido
entre semillas cotidianas;
paso a paso. Manchas, flores
de grave claroscuro. Noble desierto
en que se pierden los exilios
numerosos; en que los enigmas
desbordan el cauce de la carne
y sollozan una vaga muerte
de aire macizo. Espejos
que se vuelven puntas de fuego.
Laberinto...
Todas las señales
presagian el hondo amanecer alado.
Pero tu voz no llega.
desmemoria mía Yo no tengo memoria para las cosas que pergeño. Las olvido con una torpe facilidad. Y se despeña mi prosa por abismos fascinantes, y los versos esfuman su tozudez como si nada. A veces ni siquiera recuerdo los favores de la bastarda musa pasajera, ni los ayes nerviosos del alumbramiento. No sé, pero me cansan tantos anacrónicos ecos, tantos rastros gustados a deshora. Mejor así, progenie de papel y de grafito. Mejor que te devoren los laberintos del cerebro, apenas declarado tu primer vagido. Así yo seguiré sin lastre alguno fraguando más capullos (devociones efímeras, incendios absolutos), y después otros más, y más aún, hasta morir del todo.
Calla,
viento. Que no te escuche nadie.
Ni las humildes torres
apenas esbozadas,
ni las fieras murallas
de cálidos colores.
Calla tu fiel silencio generoso,
velando mi secreto
a todos los oídos.
Claros, celestes ríos
ilustran tu sendero.
Los pájaros más leves te navegan.
Acaricia, protege todo ello
con mucha suavidad.
Pero que nadie sepa,
a orillas de mi pena,
del afán que la mueve. Por igual
vuelen tus átomos agudamente,
como balas de nada diminutas,
que llegan sin que nadie las espere,
y se van
sin que nadie las retenga.
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