Poesía Universal

Jaime García Terrés

Biografía y amplia selección de poemas de Jaime García Terrés. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Jaime García Terrés. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Jaime García Terrés

8 poemas seleccionados
1.

Amor, el animoso hermano...

Amor, el 
		animoso hermano

		menor de las virtudes, al nacer ha trocado

		mi corazón en una madre;

		que así pasa la noche calculando

		los años de sus hijos, y pregunta

		si los poderes que gobiernan la vida del más tierno

		son redentores o maléficos; si las estrellas que rigieron

		su nacimiento auguran vida al amor, o muerte.

		Ah, corazón, ¿en dónde buscas?

		¿Son aquéllos los hados que presiden tus días?

		Saben bien que hay un rostro, en cada una

		de cuyas mágicas miradas la belleza

		abre las páginas del Libro del Destino

		que la fortuna del amor inscriben.

		

               
		Ah, corazón, ella y sus ojos

		te enseñaran mayor astrología.

		Encima del dictado de las horas natales,

		sobre los signos y las conjunciones,

		en la misericordia de sus ojos está ya señalado

		si el pobre amor aguarda vida o muerte.

		Si esos agudos rayos, revistiendo

		mortales filos, del amor urgiesen la partida

		(aun cuando los cielos acordaren

		entronizar un sino diferente;

		aun cuando los astros más propicios, en cruce

		con la más generosa de las constelaciones,

		hubiesen bendecido el natalicio,

		y rogado a la tierra solidaria

		que alfombrase la ruta del nacido,

		de cuantos bienes confortaren esta sangre joven),

		al más leve desdén de la belleza,

		el amor hallará definitivamente muerte.

		Pero si en ella prevalecen los influjos piadosos,

		y dora del amor humilde la esperanza:

		(aunque desfavorables ennegrezcan

		las miradas celestes, la cuna del amor;

		pese a que todos los diamantes

		en la corona del soberbio Júpiter

		determinen agobios a su frente )

		podían los ojos de ella rescatarlo;

		sonríe la belleza y el amor sobrevive.

		Ay, si el amor perdura, ¿dónde, si en ella no,

		si no en sus ojos, sus oídos, en su pecho, si no

		en el aliento suyo esconderé al amor de la temible muerte?

		Pues en la vida que le dieren otros sitios,

		perecerá el amor con estar vivo.

		O si el amor perece, ¿dónde, si en ella no,

		sino en sus ojos, sus oídos, en su pecho, sino

		en el aliento suyo, dispondré los funerales?

		En tumba semejante recluido

		el amor vivirá, con estar muerto.
2.

Arquitecturas

íntimas

		

		Hay poemas edificados 

		en una sola tarde

                                     
		sin mayor problema

		porque rotundos brotan a la luz vespertina

		como microcosmos totales,

                                                            
		hechos

		y derechos,

                          
		don ágil de la musa.

		

		Otros en cambio piden años

		enteros de labor dispersa:

		borradores innúmeros

                                                 
		tras investigaciones

		minuciosas en muy diversos climas.

		

		Pero nada sabemos,

                                           
		cualesquiera que sean

		los casos,

                      
		del temblor oculto;

                                                                 
		nada nuevo

		logramos aprender de los caminos,

                     
		más breves o más largos;

		que conducen el sueño a su cabal destino

		abriéndonos los ojos ante su pericia.
3.

Balada

Esta manera de soñar que tengo.

                 
		tan a lo vivo, tan sin ley,

		a mis labios imparte contradicciones y desvíos. 

		El grito se confunde con la más honda tristeza; 

		la tormenta fecunda calmas decisivas. 

		En un mismo papel quedan grabados

		hijos diversos de diversa llama.

		por este sueño mío. vagabundo.

		

		Los lunes me levanto belicoso,

		el miércoles me sabe amarga ya la boca,

		taciturno fallece todo el viernes,

		y el sábado me río descaradamente.

		Jornadas van, jornadas vienen,

		jamás iguales entre sí,

		por este sueño mío, vagabundo.

		

		Las palabras que dije, las coplas que medí,

		verdades fueron un instante,

                                                   
		después nada.

		Testimonio caduco, mantienen su postura,

		perpetuas en su gesto momentáneo,

		cual momias de convento.

		A la vez concebidas, muertas, embalsamadas,

		por este sueño mío, vagabundo.

		

		Señores y señoras, desnudo tiempo soy

		con alas imperiosas.

		

		Desconozco la tregua; fluyendo me transformo

		al ritmo de un tic-tac voluble,

		siervo leal que mira

		por este sueño mío, vagabundo.
4.

Cantar

de Valparaíso

		

		¿Recuerdas que querías ser un poeta  telúrico?

		Con fervor aducías los admirables ritos del paisaje, 

		paladeabas 

		nombres de volcanes, ríos, bosques, llanuras, 

		y acumulabas verbos y adjetivos 

		a sismos o quietudes (aun a las catástrofes 

		extremas del planeta) vinculados.

		

		Hoy prefieres viajar a medianoche, y en seguida 

		describes episodios efímeros. 

		Tus cuadernos registran el asombro 

		de los rostros dormidos en hoteles de paso. 

		Encoges los hombros cuando el alba precipita

		desde lo alto de la cordillera blondos aluviones.

		

		¿Qué pretendes ahora? ¿Qué deidad escudriñas?

		Acaso te propones glorificar el orbe claroscuro

		del corazón. O merodeas al margen de los cánticos,

		y escribes empujado ya tan sólo

		por insondables apetencias,

		como fiera que busca su alimento donde la sangre humea,

		y allí filos de amor

		dispone ciegamente.
5.

Conjuro

De tu mirada llena las bienaventuranzas

		aguardamos, rotundo sol de mayo:

		Aquellos cuerpos en la calle

		solos están. Huye la pena misma

		de su lado. Catástrofes y fiebres

		asédianlos ajenas a distancia.

		Y les niega raíces la tierra que su sombra hiere.

		

		No permitas que rueden abolidos

		como fardos mostrencos a los pies de la vida.

		

		Roce tu llama todo resto feraz,

		y suenen sus injurias y su gozo reviente;

		una brava pasión en la morada 

		los acompañe y abra las ventanas mustias 

		a la contigua tempestad, diluvio de linajes. 

		

		Tu corazón invade limbos, sol numeroso y único; 

		ara piedras inánimes con furibunda primavera: 

		Déjalo desgranarse

		sobre la carne de los débiles.
6.

El

retrato


		                       
		Un portrait porte absence et présence...

                                                                                             
		Pascal

		

		Me hiere tu silencio

		brevemente cubierto

		de laureles. Todavía

		te miro como a una sombra

		que se divide, a veces,

		en fragmentos milenarios:

		aquí la nube, allá

		el vacilante aroma de la tierra.

		

		Paso a paso, naufragando

		detrás de cada muro,

		acontece mi sueño, renacido

		entre semillas cotidianas;

		paso a paso. Manchas, flores

		de grave claroscuro. Noble desierto

		en que se pierden los exilios

		numerosos; en que los enigmas

		desbordan el cauce de la carne

		y sollozan una vaga muerte

		de aire macizo. Espejos

		que se vuelven puntas de fuego.

		Laberinto...

		Todas las señales

		presagian el hondo amanecer alado.

		

		Pero tu voz no llega.
7.

Esta

desmemoria mía

		

		Yo no tengo memoria para las cosas que pergeño.

		Las olvido con una

		torpe facilidad. Y se despeña

		mi prosa por abismos fascinantes,

		y los versos esfuman su tozudez como si nada.

		

		A veces ni siquiera recuerdo los favores

		de la bastarda musa pasajera,

		ni los ayes nerviosos del alumbramiento.

		No sé, pero me cansan tantos

		anacrónicos ecos, tantos rastros

		gustados a deshora. 

		

		Mejor así, progenie de papel y de grafito.

		Mejor que te devoren 

		los laberintos del cerebro,

		apenas declarado tu primer vagido.

		

		Así yo seguiré sin lastre alguno

		fraguando más capullos (devociones 

		efímeras, incendios absolutos), 

		y después otros más, y más aún, hasta morir del todo.
8.

Éxodo

Calla, 
		viento. Que no te escuche nadie.

		Ni las humildes torres

		apenas esbozadas,

		ni las fieras murallas

		de cálidos colores.

		Calla tu fiel silencio generoso,

		velando mi secreto

		a todos los oídos.

		Claros, celestes ríos

		ilustran tu sendero.

		Los pájaros más leves te navegan.

		Acaricia, protege todo ello

		con mucha suavidad.

		Pero que nadie sepa,

		a orillas de mi pena,

		del afán que la mueve. Por igual

		vuelen tus átomos agudamente,

		como balas de nada diminutas,

		que llegan sin que nadie las espere,

		y se van

                  
		sin que nadie las retenga.

Versos y pensamientos de Jaime García Terrés

4 citas
« animoso hermano / menor de las virtudes, al nacer ha trocado »
Jaime García Terrés · Amor, el animoso hermano...
« íntimas / Hay poemas edificados »
Jaime García Terrés · Arquitecturas
« Esta manera de soñar que tengo. / tan a lo vivo, tan sin ley, »
Jaime García Terrés · Balada
« de Valparaíso / ¿Recuerdas que querías ser un poeta telúrico? »
Jaime García Terrés · Cantar
Biblioteca poética

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