Poesía Universal

Irene Sánchez Carrón

Biografía y amplia selección de poemas de Irene Sánchez Carrón. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Irene Sánchez Carrón. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Irene Sánchez Carrón

14 poemas seleccionados
1.

Al final

"Los ojos ven, el corazón presiente."
                                                                       
		Octavio Paz

Que pocas cosas duelen. Digamos, por ejemplo,

		que se puede no amar de repente y no duele.

		
Duele el amor si pasa
hirviendo por las venas.
Duele la 
		soledad,
latigazo de hielo.

		
El desamor no duele. Es visita esperada.
No duele el desencanto. 
		Es tan sólo algo incómodo.

		
Somos así, mortales
irremediablemente,
sin duda acostumbrados

		a que todo termine.

		
De "Porque no somos dioses" 1998
2.

Amanecer

Mientras duermes te miro.

Me recuerdas 
el frío de las 
		fuentes en los labios,
el prado debajo de la espalda,
la 
		indescifrable danza de las nubes,
el dulce sabor de diminutos dedos 
		en la masa,
la tierra en las uñas,
los pies mojados en los 
		charcos,
los bolsillos repletos.

		
Contigo junto a mí
los días recobran la suave textura de la cera

		y repiten mil veces el amanecer.

		
Contigo junto a mí
veo pasar de largo la tristeza.

De 
		"Escenas principales de un actor secundario" 2000
3.

Carpe

Diem para un 
		amante indeciso

		

                                  
		Tómame ahora que aún es temprano

                                                                   
		Juana de Ibarbourou

		

		

		No entiendo tus palabras

		ni los goces que ofreces

		siempre para más tarde,

		siempre un poco más lejos,

		como una cena fría 

		tras el castigo impuesto. 

		

		Sólo sé dar razón de aquí, 

		de este momento,

		de tus labios frutales 

		saliendo del invierno,

		de mis manos hambrientas

		rebuscando en el fuego,

		del sabor de tu espalda 

		cuando empieza el deshielo.

		

		Gocemos todo aquí,

		si puede ser ahora,

		lo presente y concreto,

		lo seguro y lo cierto, 

		los placeres del alma 

		con el cuerpo.

		

		No entiendo tu lenguaje

		de promesas al viento.

		

		Sólo quiero saber:

		¿te quedarás más tiempo?


		De "Ningún mensaje 
		nuevo" Editorial Hiperión 2008
4.

De

senectute

		

		Cuando yo era muy niña

		las viejas se peinaban como diosas.

		Me gustaba acercarme y contemplar

		el sencillo ritual de cada día:

		las viejas, sentadas a la puerta, 

		esperaban tranquilas a sus hijas 

		que llegaban alegres, bulliciosas,

		a deshacer el moño del día anterior.

		

		Con la mirada absorta de la infancia,

		observaba caer los escasos cabellos

		sobre los hombros secos y la espalda abatida.

		Las viejas elevaban hacia el cielo su rostro

		con los ojos cerrados

		y no podía yo quitar mis ojos

		de la piel transparente de sus sienes,

		de la azulada red de duras venas,

		de los largos mechones apagados.

		

		Así avanzaba otro día,

		se tejían las trenzas con esmero,

		se trataban asuntos de mujeres,

		a veces susurrados, 

		a veces relatados con viveza,

		mientras peinas y horquillas

		flotaban en la blanca palangana. 

		

		Cuando yo era muy niña

		las viejas iban siempre de negro 

		y vivían 

		cara al sol en silencio y con los ojos cerrados, 

		y se peinaban

		como si fueran diosas.

		Pero aquel elegante recogido que tanto me gustaba 

		acababa cubierto por un pañuelo negro,

		un día más, oculto.

		un día más, perfecto.
		


		De "Ningún mensaje 
		nuevo" Editorial Hiperión 2008
5.

El agua ciegamente

La costumbre me trae hasta tu cuerpo
o la necesidad de los planetas.

		Esa costumbre ciega de semilla,
la que hace descender por las 
		gargantas
el agua ciegamente,
la que guía a las aves migratorias

		año tras año por la misma ruta,
la que impulsa en algún lugar remoto

		esta brisa que ahora desordena 
		
tu pelo. Y sonríes,
con costumbres de sol en su sistema.
6.

El escondite

Tengo miedo.

Jugábamos al escondite.
Yo me ocultaba 
		
y tú me perseguías.
Pasaron largas horas 
y tú no me 
		encontrabas.
Pasó la primavera,
se esfumaron los largos días de 
		verano
y vino el otoño con su crujir de madera seca
y vino el 
		invierno con su dolor de corazón sepultado en la nieve.          

		Te espero en mi rincón        
		
y tengo miedo.
7.

El poeta aguarda, impaciente, la llegada de alguna musa

(Estudio de escritor. Mesa de gran tamaño. Estanterías 
		llenas de libros.
Puerta al fondo entreabierta. El personaje camina 
		de un lado a otro del escenario.) 
		

Que alguien recomponga los jarrones
rebosantes de rosas.

		Necesito más luz
sobre el brazo desnudo que ahora escribe.
Los 
		libros, que se vean desde todos los ángulos.
Unas hojas tiradas por 
		el suelo pueden
crear ambiente. 
		
Si es posible, 
que caiga por completo la noche.
Una luna 
		entre nubes
podría sugerir un halo de misterio.
En la calle
que 
		parezca que la lluvia ha caído.

		
Ella entrará por la puerta del fondo.
Traerá el cabello húmedo 
		-podría haber un fuego 
		
donde secarlo lenta, muy lentamente-.
No hablará.
No hablaré. 
		
El silencio es lo más apropiado.
No elevaré los ojos para verla

		hasta pasado un rato.

		
Ella irá hacia las rosas con aire ensimismado
y mirará la luna 
		caminar por mi cielo.

		
Necesito más luz sobre mi mano.
Necesito más luz sobre las rosas

		y un fuego y una luna y un cielo
antes de que ella llegue.

		
Y que haya llovido.
8.

El sur, el sueño

"Esa vana costumbre que me inclina
                      
		Al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina."
                                                                                   
		J. L. Borges

Todo se ha ido borrando tiempo adentro
y he 
		vuelto al sur inmóvil de la siesta.

		
Tú tal vez dormirás en la penumbra
de altos techos de cal. Te 
		estoy buscando
entre el calor sin horas de la tarde
mientras muere 
		de sed la vieja fuente
y vomitan geranios los balcones.

		
Vine porque las noches se llenaban 
de un sol loco vertido por 
		las calles.

		
Vine porque volví a escuchar los cascos
de caballos sin rumbo por 
		el pecho.

		
Todo se ha ido borrando tiempo adentro.

Vine para morir. 

		
Llamo a tu puerta.
9.

En los parques

En otoño era fácil darnos a la emoción
de deambular sin rumbo y 
		disfrutar pisando
las hojas en los parques.
Fue antes de que 
		supiéramos que sólo caen las hojas
secas, envejecidas, amarillas y 
		muertas,
como marchitas páginas.

		
Si fuésemos capaces aquí, en este momento,
de sujetar las riendas 
		y frenar el galope,
sin querer llegar nunca,
acariciando el suelo, 
		el aire acariciándonos,
sin saber hacia dónde, sin pensar en el 
		cuándo,
sin final ni principio,

		
y en un girar continuo de palabras al viento,
cerrar todos los 
		libros, quedarnos detenidos,
tender el alma al sol
tenue de los 
		recuerdos que alguna vez quemaron
los labios y los ojos, y que ya 
		sólo son
desorden de papeles.
10.

Equipaje

Mantén, camino, tú, la esperanza.

Van cayendo los días
en 
		las secas cunetas de mis años,
pasan las estaciones,
otros son los 
		viajeros que hoy marchan a mi lado,
ha caído algún árbol que estuvo 
		antes erguido
y las aves que perdieron el rumbo
vuelan ya de 
		regreso.

		
Manténte tú, camino,
con cansancio y con sed, con hambre y con 
		deseo,
y dame tus placeres,
tu empinada hermosura hacia el ocaso.
    
		
De "Atracciones de feria" 2002
11.

Escultor con estatua

Duermo bajo tu luz y me despierta
un eco de latidos que viene de muy 
		lejos.

		
Dejo caer mis dedos
por el caudal crecido de tu inmóvil cabello

		y acaricio tu rostro,
tus mejillas, tus labios,
con mis ojos 
		cerrados,
en lo oscuro, despacio,
voy a tientas, recorro
la 
		nieve antes no hollada de tu carne.

		
Quiero sellar las grietas 
que el tiempo helado forma
y 
		cerrarte los ojos sobre sueños
y tenerte por siempre en mi hermosa 
		mentira.

		
Quiero habitar tus brazos
que sólo viste el aire
y entrar al 
		cielo inmóvil de tu alma
y ver mi soledad reflejada en tu pecho.

		
Bajo mis manos eres
la luz del primer día.
12.

Geografía

"Eres libre" -dijiste.
Yo te miré en silencio
con la expresión 
		absurda
de esas viejas muñecas
que se pierden un día
tras 
		haberse arrastrado
por todos los caminos
sin rumbo de la infancia.

		
"Puedes ir donde quieras"
-dijiste. Y de repente
encogieron 
		los mapas,
no hubo puertas abiertas,
una goma invisible
borró 
		todas las calles
y entonces fue el dolor 
		
un camino sin tierra y sin orillas.
13.

Infancia

Soñaba el corazón…

		¡Oh sueños de la escuela!

		Concha Méndez

		

		Calles estrechas, 

		balón, 

		cristales rotos,

		la rodilla escociendo sobre el suelo,

		última fila en clase,

		solitarias vocales buscando consonantes,

		los números en serie bajo las uñas sucias

		y un nombre escrito en todos los cuadernos,

		en todas las paredes,

		sobre tu propio aliento en el espejo,

		tu mano en el alféizar alimenta a los pájaros 

		mientras repites

		que España limita al norte con el mar Cantábrico

		y alguien te clava espigas

		en el jersey de lana.


		De "Ningún mensaje 
		nuevo" Editorial Hiperión 2008
14.

Ley de vida

No pudrirse:
imposible deseo de las frutas.

		
No pararse:
ambición y condena de las fuentes.

Los pastos 
		van cerrando
el camino sin nombre del collado
por el que tú 
		volvías.

		
Conozco bien las piedras
desde donde tus ojos oteaban
los 
		tesoros del valle.

		
Subo la cuesta 
y nadie va delante.
Bajo y tu sombra
no me 
		sigue los pasos.

		
Mi corazón se ha vuelto
charco turbio de lluvia
donde tiembla 
		tu rostro.

Versos y pensamientos de Irene Sánchez Carrón

4 citas
« "Los ojos ven, el corazón presiente." / Octavio Paz »
Irene Sánchez Carrón · Al final
« Mientras duermes te miro. / Me recuerdas »
Irene Sánchez Carrón · Amanecer
« amante indeciso / Tómame ahora que aún es temprano »
Irene Sánchez Carrón · Carpe
« senectute / Cuando yo era muy niña »
Irene Sánchez Carrón · De
Biblioteca poética

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